[PASADO] Justicia Saltarina [Priv. Vixen]
#2
Día 14 de Invierno, Año 16

La niebla se había posado sobre los tejados de ciudad Pinion, extendiéndose poco a poco por cada rincón. Siempre había amado la vista que ofrecía la terraza de aquel restaurante; desde allí, la ciudad parecía distinta, especialmente cuando la bruma comenzaba a envolverla. Frente a mí, el café aún humeaba en la taza, mientras el murmullo de las conversaciones y el sonido de las copas quedaban a mis espaldas. Más allá de la barandilla, el manto gris se enredaba en balcones y tejados como una vieja telaraña olvidada en algún rincón de una casa. Había algo casi fantástico en aquella escena. Largos hilos de niebla cruzaban de un edificio a otro, haciendo que todo pareciera atrapado en una enorme red suspendida sobre la ciudad.

Tenía entre mis manos un libro de recetas antiguas que había ganado echando un pulso contra un viejo cretino que decía llamarse a sí mismo chef. No sabía qué me había parecido más absurdo: que aceptara el desafío o que realmente creyera que podía ganarme. El día estaba siendo un diez de diez, buen café, buena lectura, y la agradable ausencia de cualquier problema que pudiera arruinarme la mañana. Aunque, considerando mi suerte, probablemente acababa de invocarlo.

Marina, la mesera de ojos cansados que me había estado sirviendo toda la mañana, apareció a mi lado con otra taza de café humeante. La dejó sobre la mesa, y soltó un suspiro que sonó a cansancio acumulado. —Aquí tiene su café señorita Ventress —murmuró, secándose las manos en el delantal—. Espero que disfrute de este momento de tranquilidad, mientras dure.

Arqué una ceja, sin apartar la vista de mi libro.

—¿Tranquilidad? Marina, cariño, estás sirviendo café en una terraza cubierta de niebla a las ocho y media de la mañana. Esto es lo más cercano a un cementerio que…

—**¡AHÁ! ¡ALTO AHÍ PANDA DE MALANDRINES, SOLTAR TODO LO QUE HABÉIS ROBADO Y DAOS EL PIRO! ¡LA EMISARIA DE LA JUSTICIA SE ENCUENTRA ANTE VOSOTROS!**—

El grito llegó hasta la terraza con una proyección teatral que me hizo soltar una risa involuntaria—Kishishishi—. Marina se llevó las manos a la cara, frotándose las sienes con un gemido apenas contenido.—Otra vez no —susurró, como si le hablara a algún dios sordo—. Por todos los santos, otra vez no.

Dejé el libro y me acerqué a la barandilla para descubrir que justo en ese momento un rayo de sol iluminaba una figura envuelta en capa escarlata en medio del mercado.—¿Quién cojones usa capas en pleno año 16? Tenía el puño en alto, la pose de un héroe de novela y un casco que brillaba como si llevara su propio foco escénico. Casi me atraganto con el café cuando la tipa resbaló con su propia prenda y aterrizó de cabeza sobre un bastardo.— Kshishishi shihihi ¿pero y esta quien pinga es?

—Esa loca otra vez —dijo Marina, observando la escena con el ceño fruncido—. No sé si es una bendición o una maldición para este barrio. Viene apareciéndose cada dos por tres con ese casco ridículo y su discurso de justicia, y sí, acaba con algún rufián de vez en cuando…pero siempre, siempre, termina dejando todo patas arriba.

No pude contener la carcajada. — ¿Un desastre con capa? Esa... Esa es la clase de loca que me gusta —murmuré, reconociendo el fuego.

Lo que siguió fue mejor que cualquier función de teatro jamás antes vista. La mocosa —porque desde mi mirador se veía que era joven, y terriblemente torpe— se levantó con una sonrisa que podía iluminar el distrito entero, sermoneando a los niños sobre la importancia del casco mientras el segundo ladrón intentaba apuñalarla por la espalda, a lo que ella respondía con un —¡Olé!— que me arrancó una carcajada genuina. Llevaba meses sin reírme así. El plato fuerte llegó con el tercero. Desde donde estaba no oía las palabras exactas, pero vi como le metió una colleja que probablemente se oyó en la costa este de la isla.

Me levanté de un salto, y mi nariz comenzó a agitarse con curiosidad. La chica terminó su discurso teatral sobre la justicia, y desapareció entre los callejones del mercado. No sé si fue el instinto, el aburrimiento, o simplemente que nadie que hiciera una entrada así merecía quedarse sin público, pero me acomodé mi chaqueta de cuero, me lleve una zanahoria a la boca, le dije a marina que me aguantara la mesa, y salté al tejado contiguo. La seguí desde las alturas, fascinada, preguntándome qué clase de lunática se ponía un casco para pelear y luego huía como si la persiguieran los de hacienda.

La encontré en un callejón cercano, sentada contra la pared mientras se quitaba el casco con un suspiro que sonó a absoluta derrota. O, al menos, eso pensé yo hasta que su estómago decidió intervenir con un gruñido largo, triste y desesperado: tenía hambre la pobre. Nadie hacía ese sonido a menos que llevara tiempo usando el aire como único nutriente. Salté del tejado. Aterricé con suavidad, las suelas de mis botas apenas rozando el empedrado mojado. Me ajusté la chaqueta, me pasé una mano por el pelo —ese cabello negro y desordenado que me hacía parecer recién salida de una pelea con un secador— me acerqué con paso pausado, deliberado, dejando que mis botas anunciaran mi llegada antes que mi voz.

—Oye tía esa colleja ha sido puro arte.—Estaba arriba disfrutando del espectáculo, y he de decir, que envidio tus pulmones ¿Te enseñaron eso en la escuela de héroes o te salió del alma?

Me incliné, quedando a su altura, y la miré directamente a los ojos. Tenía el rostro sonrojado, el casco apoyado contra el muro, y una expresión de agotamiento que contrastaba brutalmente con la energía desbordante que había desplegado minutos antes, era adorable.

—Soy Vixen —me presenté, sonriendo con ese ángulo torcido que solía usar cuando quería que mi interés se confundiera con desafío—. Y antes de que te me pongas heroica y me digas que no aceptas limosnas de desconocidas, aviso: no es caridad. Es inversión. Quiero ver qué otras técnicas de combate guardas bajo esa capa y para eso necesito que no te desmayes de hambre.

—¿Cenamos? Tengo una mesa reservada en la terraza —le dije—. O podemos quedarnos aquí, en este callejón, compartiendo comida de mercado negro mientras el atardecer cae. Tu eliges, heroína.
[Imagen: HC5Abkg.png]
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RE: [PASADO] Justicia Saltarina [Priv. Vixen] - por Vixen Ventress - 16-09-2026, 07:39 AM

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