El bueno, los malos y el feo [P.R - T4] [Juan & Shin]
#1
***“Aren't you scared?
Well, that's just fine”


 
Long Ring Long Land
Día 39 de Verano, Año 18
5:55 p.m.

Desde el momento en que sus pies empezaron su carrera contra el tiempo, su cerebro le gritó que no lograría llegar a la meta. Alcanzar un lugar seguro no era más que un sueño.
 
A sus pulmones empezaba a faltarle aire, sus piernas ya no se sentían, el sudor corría por su rostro, por su frente y se deslizaba hasta llegar a sus párpados y nublar su vista, haciendo que hacia el frente tuviera una visión borrosa de un cuerpo más infantil que el suyo propio.
 
Tenía todo en contra, pero, aunque creyera que las posibilidades reales de huir eran bajas, nunca detuvo sus pies, al menos debía dar tiempo a que su hermanito escapara.
 
—¡Corre! —El grito fue más un jadeo que, tal vez, quien iba en frente no alcanzó a escuchar del todo antes de dar la vuelta en una esquina y que, en cambio, quien gritaba, tropezara con un montículo de tierra.
 
Trastabilló. Sus piernas, de por sí débiles, cedieron y su cuerpo, sin que la gravedad tuviera compasión, rodó por el pasto un par de metros antes de detenerse.
 
Se quejó, sintió raspada la piel de sus rodillas, no tuvo ni siquiera que bajar sus ojos para saber que, en donde había aterrizado, el color dorado del pasto, porque el sol de la tarde hacía que se viera de ese modo, debía ahora verse rojizo; sin embargo, dejando de lado su bienestar o la posibilidad de ponerse de pie para escapar, el chico, para buscar a su hermanito con la mirada, pero lo que encontró, simplemente, hizo que su rostro palideciera y su garganta se secara.
 
—¡NALU! —El grito proferido salió rasposo, seco, con una voz más grave de lo usual para su edad. ¿En qué momento había pasado? ¿Cuándo aquella criatura dejó de ir tras de él para aparecer a un lado de su hermano?
 
¡Claro! Fue un idiota.
 
Un monstruo como él usaría el mar a su favor.
 
¿Por qué no lo pensó antes? No… ¿Por qué no miró hacia atrás? Así tal vez…solo tal vez…podría haberse desviado de su camino, podría haber distraído a esa cosa y Nalu no estaría siendo sujetado entre sus asquerosas garras.
 
—¡SUÉLTALO! —Como pudo, se puso de pie, intentó correr hacia el frente y lanzar un puñetazo limpio a aquella cosa azulada, pero la criatura, aún con el indefenso niño en una de sus manos, al que se había asegurado de colocarle un trapo en la boca para que no gritara, solo dejó escapar una risa seca y ronca que pronto fue opacada por el viento.
 
—Tu no nos sirves —. El muchachito se detuvo en seco… ¿Plural? Creyó que solo era un monstruo. —Adiós.
 
El chico, cuyas piernas ardían, quiso dar un paso atrás cuando notó como aquel ser alzaba su larga cola azulada directamente hacia él. No pudo gritar ni defenderse ni siquiera intentar frenarlo con sus manos, pues lo siguiente que supo fue que recibió una especie de latigazo justo en el lado derecho de su cara.
 
No gritó, simplemente, cayó al suelo y después, todo se fue a negro.
 

 
7:08 p.m.

Las últimas luces del día regalaban una visión naranja violácea en el cielo. Ya algunos comerciantes empezaban a encender lámparas y otros, los más precavidos, en especial los que tenían puestos más cercanos al mar, empezaban a recoger su mercancía con una premura que parecía impropia de aquellos que aún tienen mercancía por vender, más cuando sabían bien que, hace poco, nuevos grupos de personas habían arribado a la isla.
 
Era un mal día para hacer mercado.
 
Si querían comprar pescado, pues mal…los pescadores se habían retirado más temprano y, de todos modos, la pesca del día no fue la más abundante, al final, los pocos productos del mar que quedaban eran los más pequeños y revejidos, esos que solo compraría alguien muy desesperado.
 
—¿Ah? ¿500 berries por un kilo de pescado? —La aguda voz de una señora larguirucha resonó en el mercado. —No sé qué pasa con ustedes últimamente, siempre con excusas para subir el precio ¡Es un robo! Voy a denunciarlos con la marina… ¿Acaso no han visto que hoy desembarcaron agentes de la ley? Jmp —. El pescador, uno de los pocos que no había desecho su puesto, se limitó a suspirar y a negar con su cabeza.
 
—El mar se ha vuelto peligroso, doña. Usted sabe ¿no? Hay monstruos marinos acechando y…
 
—¡Cuentos de pescadores! Esta isla es segura, siempre lo ha sido…Lo repito: ¡Es un robo! Jmp…y ¡Oh! Hablando del diablo —. La larguirucha notó a un par de marines que estaban cerca, los distinguió por su uniforme blanco. No dudó en caminar hacia ellos y, como una aparición flacucha y de 4 metros, la sombra de la mujer se cernió sobre ambos hombres…bueno, hombre y… ¿Qué era el otro? No importaba, tenía uniforme marine, era todo lo que valía.
 
—¡Caballeros! Es bueno ver agentes de la ley por esta zona —. Extendió su mano, para que cualquiera de los dos besara el dorso casi esquelético. —Al fin puedo quejarme del robo que están haciendo en este mercado. Verán ustedes, estos que se hacen llamar pescadores han estado subiendo el precio de los mariscos de manera exorbitante y solo ponen excusas baratas… ¡Monstruos marinos! Habrán visto ustedes tremendo descaro, jmp…
 
El pescador afectado agachó su cabeza, sin atreverse a llevar la contraria…Monstruos marinos, sí, quienes les creerían, aunque…Volvió a levantar su cabeza y palideció al ver al marine rojo… ¿Qué era? Fácilmente podría confundirlo con cualquiera de las criaturas que, en las últimas dos semanas, habían presenciado, tanto él, como varios de sus compañeros, en el mar.
 
Quiso decir algo, pero su boca se cerró cuando uno de sus colegas intervino en la conversación de manera casual.
 
—Sí, monstruos marinos… ¿Qué vas a saber, vieja? No sales de tu casa nada más que para tirar veneno y aún así ni te enteras de lo que está pasando… ¿O no escuchaste que desaparecieron dos hijos de Berta? La niña y el niño, además de la hija mayor de Plácido ¿Por qué no denuncias eso a los agentes aquí presentes? —El hombre, que era más bajo que la señora, pero bastante ancho hacia los lados, se tiraba al hombro unas canastas de madera que ahora solo iban llenas con un par de manteles. —Perdonen, oficiales, porque los hayan detenido por un asunto sin importancia, pero yo que ustedes también me cuidaría y me mantendría alerta —. En ese momento, el hombre miró de arriba abajo al cangrejo. —Y disculpe por hablar de monstruos marinos, no tengo nada en contra de los gyojines, tengo amigos que lo son, pero el comportamiento de las criaturas que hemos visto es tan salvaje que no pueden tratarse de simples gyojines y ya…por eso hemos subido nuestros precios, trabajar en el mar en estos días es un peligro.
 
—Él…él…tiene razón —. Se unió otro pescador. —Yo vi la silueta de uno, tenía una lengua tan, tan larga como una anguila y manos que parecían garras…cre…creemos que, que…son los que se están llevando a los niños, no me sorprendería que, que…también empiecen a desaparecer adultos.
 
—Seguro piensan ofrecerlos a los dioses del mar —. De repente, lo que era una “denuncia” por precios elevados se transformó en una especie de conversatorio improvisado en donde más de un pescador se acercaba para contar su punto de vista del asunto. La vieja, en cambio, estaba parada frente al marine peliblanco, cruzada de brazos y haciendo sonar su tacón en el suelo. —Como sacrificios…no hay otra razón para que se los lleven, las familias de Berta y Plácido no tiene para pagar por un rescate…deben ser monstru…
 
—¡AYUDA! —Alguien gritó, una chica joven que en ese momento recibía en sus brazos a un muchachito cuyo lado derecho del rostro estaba cubierto de sangre, tenía una cortada larga, algo profunda, quizá había perdido su ojo, además, sus rodillas estaban cubiertas de barro y también de sangre. Respiraba a duras penas y parecía querer llorar, pero era difícil decir, por lo sudado y sucio que estaba, si salían lágrimas de sus ojos, pero lo que si quedaba claro es que sollozaba e intentaba decir algo que la chica que ahora lo cargaba, casi arrastrando, para poder llevarlo a uno de los puestos de venta para sentarlo sobre una silla.
 
—¡Oh, por todos los cielos! ¡Coral! ¡Es mi nieto! —La mujer larguirucha corrió hasta arrodillarse a un lado del chiquillo que ahora que veía a su abuela intentaba alcanzarla con sus bracitos para poder abrazarla. —¡Oficiales! No se queden ahí…alguien…cualquiera…haga algo ¡Un médico! —La mujer se quitó un pañuelo de su cabeza y lo colocó sobre el rostro del chico, no sabía que hacer para detener un sangrado como el de su cara. —¿Qué te pasó? ¿Y dónde está tu hermano?
 
Los pescadores más cercanos se tensaron. Ninguno quería decirlo en voz alta, pero lo sabían bien…a esas horas habían desaparecido los otros niños, aunque, hasta ahora, nadie más había resultado herido.
 
El niño, en cambio, en medio del dolor, alcanzó a alzar su mano para señalar al sitio de donde había venido: El noreste de la isla.
 
—Monstruo…se…se lo llevaron —. No bajó su mano. Necesitaba que el resto, su abuela, los pescadores, la vendedora que lo había auxiliado al verlo llegar o, ahora que lo veía, los uniformados, se dieran cuenta de su mensaje. —Ayúdenlo…por favor…


 
Mercado de Mariscos
[Imagen: hyakocheja.png]
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El bueno, los malos y el feo [P.R - T4] [Juan & Shin] - por Hyákinthos - 16-09-2026, 06:34 AM

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