16-09-2026, 01:19 AM
Pijama
36 de Verano, Año 18
2:10 p.m.
Cocina del Royal Flush
—Lechuga, tomate, repollo, perejil… ¡¿Por qué?! —Sus dedos terminaron masajeando su entrecejo para evitar golpear la puerta del refrigerador, que culpa no tenía de que el encargado de surtir la despensa comprara más vegetales que otros alimentos. —Moriré de inanición antes que por intoxicación ¿Qué se supone que vaya a desayunar? ¿Ensalada? —Se preguntaba a sí mismo mientras que de un manotazo cerraba la puerta del refrigerador y mordía con fuerza la carne blanda del interior de su boca, meditando en si valía la pena salir o no de la comodidad de su barco para buscar algo decente para su primera comida del día luego de haberse caído de la cama y su conclusión fue: Sí, merecía comer algo más que hierbas, pero…
—No puedo ir solo ¡Agh! —Se dio una palmada en el rostro. Aún no conocía la isla y lo poco que logró “explorar” el día anterior estaba muy cerca del barco como para indicarle un camino que lo llevara a algún mercado decente y no contaminado. —¿Y dónde se supone que está Maki? ¿Qué nadie desayuna en este barco? —Siguió refunfuñando mientras que una de sus manos rebuscaba en el bolsillo del pantalón de su pijama su fiel frasco de esencia de menta que no dudó en destapar para que el aroma pudiera llegar a su débil olfato, uno que no era capaz ni de sentir el mal olor de la isla a menos que se acercara demasiado a alguna fuente en específico. —Irresponsables…Por este motivo necesitamos a un cocinero con urgencia…tsk…un cocinero no me mataría de hambre.
2:12 p.m.
Cubierta del Royal Flush
Aún con su pijama, el médico apareció en cubierta, en donde se estiró antes de caminar hacia el sonido melódico de la conocida voz de la sirena quien parecía tener, a tan tempranas horas del día, un escándalo en la cubierta… ¿Con quién hablaba? Sin acercarse aún, la siguió con la mirada hasta darse cuenta de que sostenía un den den mushi en sus manos, uno que no se veía para nada como el caracolito que la representaba.
Sin dejar de inhalar el mentolado aroma proveniente de su frasco, se fue acercando poco a poco hacia el foco del escándalo, siendo atraído por el caos sonoro como un insecto es atraído por la luz y, finalmente, cuando estuvo más cerca y alcanzó a escuchar la conversación…Sus ojos brillaron de emoción, su corazón se aceleró y su estómago gruñó, reclamándole la comida que aún no le había dado.
Sus pasos se aceleraron y en menos de 5 segundos estuvo frente a la fuente que rodeaba el mástil principal del Royal Flush, quedando justo en medio de Maki y Merlot, lo que le sirvió para interceptar a tiempo aquel animalito de comunicación del que salía una voz como de locutor de radio.
—Hello there —. Respondió con voz perezosa y algo adormilada aún. —¿Paco Gerte? Ese es un nombre bastante raro, pero no soy quien para juzgar siempre y cuando hagas buena quesadillas —. Le habló con naturalidad a quien fuera que estuviera al otro lado de la línea y después miró a Merlot, entrecerrando los ojos, casi juzgándola. —Menos mal aparecí o mi estimada Merlot, aquí presente, me habría dejado sin quesadillas cuando tienen la cocina llena de hierbas, como si fuéramos conejos… ¿Puedes imaginar comer solo vegetales? Terrible, pero…eh… ¿En qué estábamos? —Se mordió el labio mientras miraba al den den mushi como si el animalito pudiera hacerle recordar el sentido inicial de la conversación. —¡Ah sí! Quesadillas y promociones…quiero 20, que sean de carne de ciervo, bien cocida y con queso…muchísimo queso, lo más que tengan, por el dinero ni se preocupen, necesito un buen desayuno y… ¿Cómo es esa promoción? Nosotros tenemos a un atún que es mitad humana y mitad cebra o es humana mitad cebra y atún, no estoy seguro, pero es una variante genética bastante peculiar —. Aún no recordaba que Merlot había dejado de ser una cebra en la isla del cielo. —¿Sirve para aplicar al 50% de descuento ese del que hablaste? Espero que sí, porque no verán un Cebratún en otro lado —. Alejó un poco el animalito y lo observó a detalle, definitivamente no era de Merlot.
—Oye, Merlot… ¿De quién es este den den mushi? ¿Y dónde conseguiste el número de una taquería? —Aunque aun estuviera en altavoz y pudieran escucharlo al otro lado, cuestionó a su semi sirena antes de que su mente divagara y recordara que Maki estaba a un lado. —Oe, Maki… ¿Te vas a quedar ahí muda o vas a pedir alguna quesadilla? ¿O prefieres bolitas de pulpo? —Cuando hizo esa pregunta volvió a mirar al animalito, como si el que estuviera al otro lado pudiera verlo. —Señor Gerte… ¿Venden bolitas de pulpo? A mi capitana le encantan, pero parece un poco distraída y… ¿Cómo? ¿Nombre?, ¿dirección? Ah…Creo que puede poner el pedido a nombre de eh…Bartolomeow Flint, sí…seguro él puede pagar la cuenta, es lo mínimo luego de prestarle mis servicios médicos y la dirección…eh… ¡EH, MIYORI! ¿Dónde estás? ¿Cómo se llama esta isla? —Gritó al mismo tiempo que miraba en todas direcciones, intentando localizar a la pelinaranja.
—¡Ah! Bueno, nuestra navegante no aparece, pero…puedo decir que esta isla es una basura…literalmente hablando, está rodeada de basura en todas las direcciones y ni siquiera podemos salir a la superficie para broncearnos, creo que estar tanto tiempo en túneles debe tener algún tipo de repercusión en la piel —suspiró como si acaba de dar la peor noticia del mundo. —En la superficie solo hay…contaminación y estoy más que seguro que vi nubes verdes…tsk…no es nada elegante este lugar, es tan distinto a Momoiro…pensar que luego de una isla tan paradisiaca como esa sigue este basurero es inaudito…pero… ¿Sabes de qué isla estoy hablando? Espera… ¿Su taquería está en esta isla, verdad? —Conectó dos más dos, si era una línea “internacional” nunca tendría su preciado desayuno a tiempo. Cerró los ojos con fuerza y echó su cabeza hacia atrás mientras se dejaba caer en el borde de la fuente, aun con el den den mushi en su mano.
—¿No serán marines intentando pasarse de listos? —Su tono dejó salir un dejo de preocupación antes de que su expresión se ensombreciera. —Porque si lo son, me aseguraré de venderlos por partes —. Habló con voz más grave y para nada relajada, porque solo hasta ahora pensó que podía tratarse de alguna trampa de la marina. —Pero si no lo son, espero verlos pronto por aquí con nuestros encargos… ¿Lo anotaste todo? —Volvió a relajarse como si la amenaza a los “marines” hubiera sido solo una broma. —Y el contacto eh…puedes anotar mi número, es el 1-1-9… ¿Lo repito? Ni siquiera sé si la señal aquí es buena.
Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
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