[T7 - P.R.] La Niña Blanca
#1
Día 55 de verano, año 18
8:00, Hachinosu

El sol se elevaba perezosamente por el horizonte dorado de Hachinosu, la isla de los piratas, el cobijo de los maleantes, el hotel cuatro estrellas de los asesinos y la pesadilla de los estafadores, porque estafar a una persona honrada era mucho más seguro que estafar a piratas, asesinos y maleantes. Con el ascenso del sol y la consiguiente llegada de la luz del día, los delincuentes que actuaban con nocturnidad y alevosía se retiraban a sus escondites con valiosos tesoros ilícitamente adquiridos y eran rápidamente sustituidos por los delincuentes que actuaban con diurnalidad y alevosía. Las personas de bien no existían, y si alguien parecía una persona de bien, probablemente ocultaba algo estremecedor en su sótano. Los matones cambiaban de dueño constantemente, como los mercenarios, que sólo obedecen al sonido de la bolsa de monedas más tintineante, de tal modo que era habitual servir a un amo un día y pisarle la cara otro, lo cual era, contra todo pronóstico, sanísimo para la conservación de unas adecuadas condiciones laborales. Ningún magnate de los negocios ilegales de los que florecen de verdad en Hachinosu quiere vérselas con un empleado mal tratado que se haya pasado al bando contrario. Tanto tiempo llevaba la Revolución buscando un equilibrio social entre empleadores y empleados y resulta que los piratas de esta isla lo encontraron en el empleo de la increíble e indiscriminada violencia.

Pero esto último que he dicho es una mentira, porque la violencia en Hachinosu no es, como pudiera parecer, completamente indiscriminada. Existe una discriminación muy clara en la aparente repartición equitativa de navajazos, balaceras y puñetazos. Nadie, y en atención a recientes acontecimientos en la isla digo Nadie, se enfrenta a los piratas Mushoku en su propia isla, y quienes lo hacen encuentran su final entre el humo y el fuego.

Casi tres estaciones habían transcurrido ya desde los últimos grandes acontecimientos que involucraron al Heraldo y a la Catástrofe con los últimos disidentes en aquella isla donde la violencia es la Ley. Los destrozos fueron, irónicamente, catastróficos. Un sector importante de la isla fue arrasado como consecuencia al provocar la ira del líder de los Mushoku y de su leal y capaz lugarteniente. Los piratas de Grin perecieron y Hachinosu se sumió en un respetuoso y sepulcral silencio que duraría años, quizás décadas, porque nadie olvidaría jamás lo que le ocurre a quienes se oponen al caos establecido. No habría espacio ya para voces discordantes en territorio Mushoku, o al menos no habría espacio para ninguna que no estuviera ya dentro de la cabeza de Ashura. Con el tiempo, la isla fue recuperando su esplendor de antaño, aunque algunos dirán que nunca lo llegó a perder. Las casas que se perdieron en el desastre se reconstruyeron, las tabernas que explotaron reaparecieron como si nunca se hubieran ido, aunque ahora tuvieran dueños y nombres diferentes. A lo largo de dos estaciones y media, bien entrado el verano, Hachinosu ya parecía la misma de siempre. Llena de casas de la característica piedra de la región, algunas de las cuales aún acababan de empezar a acumular vegetación en sus amarillentas superficies. Y quien dice casas dice tugurios, antros de mala muerte, destilerías ilegales y tantos otros negocios de renombre que tanto gustaban a los piratas.

Pero había algo extraño en la isla. Era relativamente reciente, porque escapó de la aguileña vista del Heraldo durante algunos días, pero definitivamente estaba ahí. Había un rumor extraño en la isla, como un cántico profundo capaz de mover a las masas y de cambiar sus usos y costumbres sutilmente. El puerto de Hachinosu bullía con una actividad comercial exacerbada. Sí, había el típico trajín mañanero, la carga y descarga de los cargamentos usuales de armas, munición y pólvora, pero se notaba más activo de lo normal, como si de repente hubiera algo de gran interés por la zona. Por otro lado, en una de las plazoletas de la isla, una que estaba situada a la vista del ojo derecho de la calavera, se estaba armando un revuelo importante. Las peleas eran habituales en la isla, sin embargo esta parecía haber adquirido un carácter casi multitudinario. Y sin que Quetzalli Jr. fuera consciente de esto, alguien había mandado a un mozo a buscarle. Quién era, dónde le buscaría y qué noticias le traería era todavía un misterio sin resolver.

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[T7 - P.R.] La Niña Blanca - por Max D. Bambú - 15-09-2026, 12:15 PM
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