15-09-2026, 06:16 AM
No hizo nada más por ahora. Su rol, su actuar y lugar ahora era la de un oyente y su maestro el orador de la nueva doctrina. Esa fuerza y voluntad ardiente que él, el hombre con el manto del Toro Negro, marcaba a fuego en su espíritu a través de la oratoria. Ella, decidió no interrumpirlo, mirar con una mirada como la que una niña miraría a un profesor impartiendo una lección y por dos segundos, o un lapso de tiempo breve; se concentró en él y solamente en él.
— Eso es cierto, ru-ha, mi queridísimo e imponente compañero y maestro, yoooo, por supuesto que descenderé y planearé hacia destino, pero ante todo. —, hizo un movimiento sutil de cadera, su zurda a la cadera y su derecha apuntando hacia su cara con los dedos extendidos. En su rostro se mostró una sutil y suave sonrisa, una de confianza, como las que ella estaba acostumbrada a dar. — Soy una linda chica. Y como toda linda chica, debo demostrarle a las otras que yo soy mejor, porque si nos ponemos a pensarlo; ¿Que caballero no se moriría por mí, ru-ha? Además, ¿no es vital que los demás confíen en ti para la revolución? La belleza inspira confianza, y las masas generan un cambio, yo soy un cambio. Es decir, soy demasiado bella como para que la suciedad limite mi poder, ya que yo poseo el Haki del Amor. Siempre lo tuve, ru-ha, y hablando de tener, yo pronto tendré poder, aaaaah. ~ Pero eso no importa ahora, lo importante ahora es que soy muy linda. —, después de comunicar su mensaje y demostrar su idea, lo que hizo fue erguirse de forma natural y ser atenta a las nuevas palabras que él, su compañero, estaba listo para dar.
Allí calló. Cerró su boca por un rato y se puso a pensar, divagar por poco tiempo y su mirada se mostró ligeramente perdida. Como si estuviese en un pequeño trance.
No dijo nada más y se quedó quieta. En silencio. Sintió los dedos en su frente y un pequeño dolor, pero no le importó demasiado, quizás de manera instintiva activó los poderes de su fruta, como un método de auto defensa, pero cuando habló su voz se mostró distinta. — Aquí voy. —, la animada y exagerada forma de reemplazar fue reemplazada por una más grave y áspera, seria.
No tenía más cartas a la mano más allá de la corta distancia que aprovechó para atacar la mano derecha con un golpe con la palma de la mano abierta que simulaba una "cuchilla" juntando los dedos, para ser más exactos se dirigió a la muñeca utilizando la mano diestra con el poder frío que le confería su Akuma.
— Aún no tengo suficiente fuerza, no. —, y quizás... cuando se ponía así en su cabeza se hallaba aquello que no quería mostrar de forma tan abierta: La indignación hacia el mundo actual. El asco.
— Eso es cierto, ru-ha, mi queridísimo e imponente compañero y maestro, yoooo, por supuesto que descenderé y planearé hacia destino, pero ante todo. —, hizo un movimiento sutil de cadera, su zurda a la cadera y su derecha apuntando hacia su cara con los dedos extendidos. En su rostro se mostró una sutil y suave sonrisa, una de confianza, como las que ella estaba acostumbrada a dar. — Soy una linda chica. Y como toda linda chica, debo demostrarle a las otras que yo soy mejor, porque si nos ponemos a pensarlo; ¿Que caballero no se moriría por mí, ru-ha? Además, ¿no es vital que los demás confíen en ti para la revolución? La belleza inspira confianza, y las masas generan un cambio, yo soy un cambio. Es decir, soy demasiado bella como para que la suciedad limite mi poder, ya que yo poseo el Haki del Amor. Siempre lo tuve, ru-ha, y hablando de tener, yo pronto tendré poder, aaaaah. ~ Pero eso no importa ahora, lo importante ahora es que soy muy linda. —, después de comunicar su mensaje y demostrar su idea, lo que hizo fue erguirse de forma natural y ser atenta a las nuevas palabras que él, su compañero, estaba listo para dar.
Allí calló. Cerró su boca por un rato y se puso a pensar, divagar por poco tiempo y su mirada se mostró ligeramente perdida. Como si estuviese en un pequeño trance.
No dijo nada más y se quedó quieta. En silencio. Sintió los dedos en su frente y un pequeño dolor, pero no le importó demasiado, quizás de manera instintiva activó los poderes de su fruta, como un método de auto defensa, pero cuando habló su voz se mostró distinta. — Aquí voy. —, la animada y exagerada forma de reemplazar fue reemplazada por una más grave y áspera, seria.
No tenía más cartas a la mano más allá de la corta distancia que aprovechó para atacar la mano derecha con un golpe con la palma de la mano abierta que simulaba una "cuchilla" juntando los dedos, para ser más exactos se dirigió a la muñeca utilizando la mano diestra con el poder frío que le confería su Akuma.
— Aún no tengo suficiente fuerza, no. —, y quizás... cuando se ponía así en su cabeza se hallaba aquello que no quería mostrar de forma tan abierta: La indignación hacia el mundo actual. El asco.
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