14-09-2026, 11:45 PM
(Última modificación: 14-09-2026, 11:47 PM por Max D. Bambú.)
La idea de Kisuke de preguntarle a sus superiores podría ser interesante, sin embargo uno no llamaba así como así a los cabecillas de la Revolución para preguntarles sobre las escrituras más indescifrables y secretas del mundo como quien pregunta por el tiempo de la semana que viene. Sólo podría indagar sobre el tema si el momento resultaba propicio, y propicios eran pocos los momentos para preguntarle nada a los altos cargos de la Revolución. Después de todo, sólo los había visto en persona en dos ocasiones. Una si contamos únicamente a las más altas esferas del Ejército. Bambú meditaría qué hacer al respecto y buscaría alguna forma de investigar sobre el tema por su cuenta. Si la ocasión de obtener ayuda de algún otro alto cargo de la Revolución se presentaba, la tomaría gustosamente con el fin de lograr un nuevo hito para la Revolución. El reconocimiento de un trabajo bien hecho por parte de Kisuke fue todo para Bambú. No sólo sentía la inmensa satisfacción personal de casi haber alcanzado uno de sus objetivos en la vida como era descifrar las escrituras más misteriosas del mundo, sino que además su superior le congratulaba por ello. ¿Quién necesitaba un sueldo por servir a los intereses del Ejército como los perros del Gobierno lo obtenían por obedecer a sus impíos amos? Con la aprobación de sus superiores y la candente sensación en su corazón de estar haciendo Lo Correcto era más que suficiente. Toda la vida podría alimentarse de mendrugos de pan mohosos sin quejarse ni una sola vez, si llegaba al final de la misma con la sensación de haber luchado por una causa verdaderamente justa. Casi podría decirse que Bambú se ruborizó ante la felicitación de su Comandante, pero no podía decirse porque nadie podría demostrarlo. Su prominente pelaje pandil le protegía de las miradas ajenas, incluida la de este narrador. Si hubo algún rastro de rubor en aquel momento, que no digo que lo hubiera, se desvaneció sin lugar a dudas en cuanto Kisuke indagó más en el tema de Sohem y Viktor.
—Hmm... —Las deducciones de Kisuke sobre el caso de Viktor hicieron a Bambú apreciar otra cara de este complejo asunto. ¿Era Sohem un simple matón venido a más? La tirria primigenia que le tenía le indicaba que sí, pero a pesar de ello guardaba un cierto respeto por el enmascarado como rival al que superar. Quizás un respeto similar al que le guardaba Kisuke a Viktor. De algún modo quería pensar que el dinero no le importaba tanto como un amigo. Pero, ¿qué sabía Bambú de él al fin y al cabo? ¿Eran siquiera amigos esos dos o sencillamente colaboradores? Quizás Kisuke tuviera razón y al enmascarado no le importase tanto la muerte del Shichibukai como los beneficios que perdía al no tenerlo bajo sus órdenes. —Sí, no podemos sacar mucho más en claro por mucho que especulemos. Si la verdad se vuelve aparente en el futuro ya nos daremos cuenta. —Confirmó Bambú.
Cuando Kisuke comentó la posibilidad de dejar a Shirohime y a Kelvin en tierra, Bambú le dedicó unos segundos a la idea. Lo cierto es que ni se lo había planteado y quizás fuera prudente a la luz de los hechos (siendo los hechos que Garnet era alguna clase de demente sexual y que sería un milagro que no se cepillase a Shirohime. O a Kelvin. O a los dos). Pero como decía su comandante, negarles la posibilidad de viajar a otra isla sería como quitarles el derecho a vivir aventuras en tierras desconocidas. Ya bastante habían dejado atrás al aceptar unirse a los Toros Negros como para privarles, ¡aún por encima!, de tan emocionantes viajes. —Seguro que les viene bien el cambio de aires. No sé cuántas palizas más aguantará Kelvin y me da miedo seguir rompiendo en pedazos a Shirohime y que desarrolle alguna fobia por las cosas rotas o algo. —Bambú le dio otra profunda calada a su cigarrillo, pensando en la vez que lanzó al gigante a la estratosfera. —Me pregunto si podría lanzarlo más alto si aprovechase mejor el impulso de darle un par de vueltas antes... —Fue lo único que pensó el muy cabrón.
Cuando llegó el momento de presentar los carteles de Se Busca más interesantes, Kisuke hizo comentarios sobre cada uno de los grupos que el panda le iba presentando. Le alegró saber que se había quedado con el importante detalle de que Ubbe y Sigurd tenían un pato. Honestamente, verlo era el único motivo por el que querría cruzarse con ellos en el futuro. Ubbe parecía amigable, pero Sigurd le daba vibras de que intentaría comerse su pierna. En cuanto al trío de piratas legendarios, el que más llamaba la atención de Bambú era Karamell Knight. Era toda una rareza que los Shichibukai acabasen en la cárcel. ¿Qué habría hecho aquel misterioso individuo para ganárselo? ¿Había traicionado al Gobierno? ¿Por qué? En cuanto a los últimos carteles, Kisuke parecía entusiasmado con conocer a Aspros y a Yojimbo III para preguntarles por Yojimbo II y se alegraba de que hubiera sido Alhen y no El Puño el que los acompañase a la reunión en Báltigo. —Honhonhonhon, qué cosas dice comandante. A mí me parece que tiene una sonrisa muy amigable. —Comentó Bambú, aunque El Puño tenía un par de cosas que no le terminaban de convencer. —Aunque no entiendo muy bien por qué su regente en Skypiea, Zarutsuki, es miembro del Shichibukai... Bueno, claro, no sé si se lo dije alguna vez, pero Yojimbo Segundo es el emperador de Skypiea y Zarutsuki su regente. Lo dijo en los Juegos a los que asistí yo. Y Yojimbo Tercero es su heredero, claro. —Ahora que caía en la cuenta, esa información cobraba relevancia ahora que sabían de la identidad de El Puño. Quizás debería poner en orden sus conocimientos sobre el tema y elaborar otro informe...
—Hmm... —Las deducciones de Kisuke sobre el caso de Viktor hicieron a Bambú apreciar otra cara de este complejo asunto. ¿Era Sohem un simple matón venido a más? La tirria primigenia que le tenía le indicaba que sí, pero a pesar de ello guardaba un cierto respeto por el enmascarado como rival al que superar. Quizás un respeto similar al que le guardaba Kisuke a Viktor. De algún modo quería pensar que el dinero no le importaba tanto como un amigo. Pero, ¿qué sabía Bambú de él al fin y al cabo? ¿Eran siquiera amigos esos dos o sencillamente colaboradores? Quizás Kisuke tuviera razón y al enmascarado no le importase tanto la muerte del Shichibukai como los beneficios que perdía al no tenerlo bajo sus órdenes. —Sí, no podemos sacar mucho más en claro por mucho que especulemos. Si la verdad se vuelve aparente en el futuro ya nos daremos cuenta. —Confirmó Bambú.
Cuando Kisuke comentó la posibilidad de dejar a Shirohime y a Kelvin en tierra, Bambú le dedicó unos segundos a la idea. Lo cierto es que ni se lo había planteado y quizás fuera prudente a la luz de los hechos (siendo los hechos que Garnet era alguna clase de demente sexual y que sería un milagro que no se cepillase a Shirohime. O a Kelvin. O a los dos). Pero como decía su comandante, negarles la posibilidad de viajar a otra isla sería como quitarles el derecho a vivir aventuras en tierras desconocidas. Ya bastante habían dejado atrás al aceptar unirse a los Toros Negros como para privarles, ¡aún por encima!, de tan emocionantes viajes. —Seguro que les viene bien el cambio de aires. No sé cuántas palizas más aguantará Kelvin y me da miedo seguir rompiendo en pedazos a Shirohime y que desarrolle alguna fobia por las cosas rotas o algo. —Bambú le dio otra profunda calada a su cigarrillo, pensando en la vez que lanzó al gigante a la estratosfera. —Me pregunto si podría lanzarlo más alto si aprovechase mejor el impulso de darle un par de vueltas antes... —Fue lo único que pensó el muy cabrón.
Cuando llegó el momento de presentar los carteles de Se Busca más interesantes, Kisuke hizo comentarios sobre cada uno de los grupos que el panda le iba presentando. Le alegró saber que se había quedado con el importante detalle de que Ubbe y Sigurd tenían un pato. Honestamente, verlo era el único motivo por el que querría cruzarse con ellos en el futuro. Ubbe parecía amigable, pero Sigurd le daba vibras de que intentaría comerse su pierna. En cuanto al trío de piratas legendarios, el que más llamaba la atención de Bambú era Karamell Knight. Era toda una rareza que los Shichibukai acabasen en la cárcel. ¿Qué habría hecho aquel misterioso individuo para ganárselo? ¿Había traicionado al Gobierno? ¿Por qué? En cuanto a los últimos carteles, Kisuke parecía entusiasmado con conocer a Aspros y a Yojimbo III para preguntarles por Yojimbo II y se alegraba de que hubiera sido Alhen y no El Puño el que los acompañase a la reunión en Báltigo. —Honhonhonhon, qué cosas dice comandante. A mí me parece que tiene una sonrisa muy amigable. —Comentó Bambú, aunque El Puño tenía un par de cosas que no le terminaban de convencer. —Aunque no entiendo muy bien por qué su regente en Skypiea, Zarutsuki, es miembro del Shichibukai... Bueno, claro, no sé si se lo dije alguna vez, pero Yojimbo Segundo es el emperador de Skypiea y Zarutsuki su regente. Lo dijo en los Juegos a los que asistí yo. Y Yojimbo Tercero es su heredero, claro. —Ahora que caía en la cuenta, esa información cobraba relevancia ahora que sabían de la identidad de El Puño. Quizás debería poner en orden sus conocimientos sobre el tema y elaborar otro informe...
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