17-12-2023, 11:47 PM
Aurora, transformada, alzó el vuelo, y señaló, tal y como habían acordado, a sus compañeros una zona del muro más accesible que el resto para atravesarlo mientras observaba, con odio y sed de justicia, el maltrato que estaban sufriendo los animales, al otro lado del río, por aquel enorme energúmeno. Kuraku, que había estado un rato ensimismado en sus pensamientos, tras volver en sí, sobrevoló, con suma facilidad el muro, situándose ya en el interior del territorio minero.
Al igual que Aurora, que había podido de ser capaz de verlo mientras danzaba en su majestuosa forma de ave rapaz, Tobías, Gronn y Kuraku pudieron observar, con mayor exactitud, el basto y árido terreno que se extendía ante ellos. Tal y como pudieron otear, anteriormente, al otro lado del río, se situaban las escombreras, con aquel ruin ser del látigo. Si seguían observando, río arriba, a unos 1000 metros de recorrido, el río confluía con otros dos en lo que era su nacimiento. A lo largo del río, no les era posible divisar ningún puente que uniera ambos lados del mismo de forma que, para cruzarlo, o bien debían sobrevolarlo o nadar por las contaminadas aguas del mismo. Al norte, a unos 400 metros del grupo invasor, podían atisbar la balsa residual, en la cuál se depositaba la escoria y los residuos frutos del proceso de refinamiento del metal extraído. Alrededor de aquel lugar, había dos operarios y dos operarias vertiendo aquellas sustancias nocivas que, para desgracia de la madre naturaleza, por una pésima calidad de las instalaciones del filtro, acababan desembocando en el río, siendo el mayor causante de su contaminación. Más allá de la balsa, a un kilómetro de distancia y al otro lado de uno de los ríos, se encontraba el gigantesco cráter oval de donde exportaban sus minerales, manchados de sangre, por supuesto, con unas dimensiones de un kilómetro de largo, 600 metros de ancho y 300 de profundidad. Y, por último, al este, dos grandes edificios se erigían a un kilómetro y medio del grupo. A pesar de la distancia que les separaba, podían estar tranquilos pues, aquel objetivo, no era algo de lo que ellos debían encargarse.
Para fortuna de los piratas, nadie de la mina, ni el explotador de animales, ni los operarios de la balsa, habían reparado en sus presencias. Mientras sus retinas y cerebro estaban capturando hasta el más mínimo detalle de las instalaciones y sus corazones gritaban justicia, los gritos, mugidos y latigazos, procedentes de las escombreras no cesaban. ¿Hasta cuándo iban a aguantar aquellos cuatro valerosos héroes sin darle a ese malnacido su merecido?
Al igual que Aurora, que había podido de ser capaz de verlo mientras danzaba en su majestuosa forma de ave rapaz, Tobías, Gronn y Kuraku pudieron observar, con mayor exactitud, el basto y árido terreno que se extendía ante ellos. Tal y como pudieron otear, anteriormente, al otro lado del río, se situaban las escombreras, con aquel ruin ser del látigo. Si seguían observando, río arriba, a unos 1000 metros de recorrido, el río confluía con otros dos en lo que era su nacimiento. A lo largo del río, no les era posible divisar ningún puente que uniera ambos lados del mismo de forma que, para cruzarlo, o bien debían sobrevolarlo o nadar por las contaminadas aguas del mismo. Al norte, a unos 400 metros del grupo invasor, podían atisbar la balsa residual, en la cuál se depositaba la escoria y los residuos frutos del proceso de refinamiento del metal extraído. Alrededor de aquel lugar, había dos operarios y dos operarias vertiendo aquellas sustancias nocivas que, para desgracia de la madre naturaleza, por una pésima calidad de las instalaciones del filtro, acababan desembocando en el río, siendo el mayor causante de su contaminación. Más allá de la balsa, a un kilómetro de distancia y al otro lado de uno de los ríos, se encontraba el gigantesco cráter oval de donde exportaban sus minerales, manchados de sangre, por supuesto, con unas dimensiones de un kilómetro de largo, 600 metros de ancho y 300 de profundidad. Y, por último, al este, dos grandes edificios se erigían a un kilómetro y medio del grupo. A pesar de la distancia que les separaba, podían estar tranquilos pues, aquel objetivo, no era algo de lo que ellos debían encargarse.
Para fortuna de los piratas, nadie de la mina, ni el explotador de animales, ni los operarios de la balsa, habían reparado en sus presencias. Mientras sus retinas y cerebro estaban capturando hasta el más mínimo detalle de las instalaciones y sus corazones gritaban justicia, los gritos, mugidos y latigazos, procedentes de las escombreras no cesaban. ¿Hasta cuándo iban a aguantar aquellos cuatro valerosos héroes sin darle a ese malnacido su merecido?
RESUMEN DEL TURNO
Contenido Oculto
INFO DEL NARRADOR
![[Imagen: Tb4Z3O3.png]](https://imgur.com/Tb4Z3O3.png)
