17-12-2023, 10:21 PM
Al día siguiente, amanecí con frío. Demasiado baja aquella temperatura para estar en una isla tropical, como aquella. Algo no iba bien aquella mañana. La tienda estaba oscura aún, por lo que debía ser muy temprano, aunque una tenue luz se colaba entre los pequeños resquicios de la vieja tela que cubría los palos que confeccionaban mi hogar. Quería salir de allí y ver qué era lo que ocurría. Solo sabía que algo no iba como debería. Al salir al exterior, mis ojos se toparon con lo más hermoso que habían visto. En el cielo, una bola perfecta y despejada brillaba con intensidad, con una luz blanca. Mi corazón sintió mucha paz y cerré los ojos.
Desperté de nuevo con el Sol del medio día dándome en la cara. Me incorporé y vi horrorizado como, a mi alrededor, toda la aldea había sido arrasada. Todas las tiendas rotas y las familias se habían quedado sin hogar, sin recursos. La gente estaba muy atareada a mi alrededor, recomponiendo estacas, salvando todos los posibles muebles que podían servir. Yo estaba confundido. Vi a mi padre, Oriku pasar por mi lado y aproveché para preguntarle. Me dijo que debería hablar con Jon, que tenía que mostrarme un libro. Caminé hasta la tienda de los ancianos, la cual tenía cuatro grandes tajos en diagonal, como si un gran animal hubiese atacado el lugar. Pero sería la primera vez desde que tengo uso de memoria que habría ocurrido, pues los animales nos respetaban. Quizá algún pueblo humano con los que no habíamos hablado al llegar y que nos había percibido como una amenaza. Aunque los exploradores siempre hacían un gran trabajo con eso. Entré en la tienda de los viejos y allí estaba Jon, junto a Jull revisando unos cuadernos y recolocándolos del suelo a la estantería, donde habían permanecido seguramente desde que los leí para el primer examen de madurez. Jon, el gorila canoso, se acercó a mí.
-Te envía Oriku, cierto? Nadie te va a culpar. Este libro no lo mostramos habitualmente, ya que los jóvenes tenéis prohibido terminantemente salir en noches de luna llena. Por tus conocimientos y fuerza demostrada pensamos que deberías ser suficientemente maduro como para resistirlo, pero se ve que no. Aquí tienes, este libro te va a resolver todo sobre lo que acabas de pasar. Por suerte pudimos controlarte antes de que hicieras daño a nadie, pero Morrel acabó bastante mal. Ve a verle a la enfermería.
Agarré el libro y agradecí las palabras del sabio gorila, el cual recogió la escoba y siguió barriendo mientras yo salía de la tienda. Estaba confuso por las palabras de Jon. No sabía a que se refería con lo de que no me iba a culpar nadie. Yo únicamente me había desmayado. Pero lo primero era ir a buscar a Morrel. Corrí hacia la enfermería y la llegar, allí estaba, mi amigo macho cabrío tumbado en uno de los catres y vigilado por Gisell, el enfermero ciervo que trabajaba allí.
- Morrel! Que ha pasado? Jon me ha dicho que estabas aquí por mi culpa. Explícame que pasó anoche.
- Jóven Plátypo, no te preocupes por mí, estoy estupendamente, y en cuanto me den un poco más de esa amarga medicina, me soltarán de aquí. No debes preocuparte, la verdad es que anoche peleamos, pero sin que tuvieras consciencia fue fácil doblegarte, lo único que hacía mucho que no me convertía en mi forma Sulong. Mahajajaja.
Nunca había oído hablar de eso que la cabra llamaba "forma Sulong". Es que teníamos una forma más fuerte para luchar? Seguro que tenía que ver con la luna llena, por lo que había dicho Jon. De repente recordé el libro blanco que llevaba en la mano. Aquel libro tenía la respuesta. El ciervo me dijo que Morrel debía descansar un poco más para poder salir y me dijo que aquella tarde nos podríamos ver, así que me despedí de ambos y me dirigí hacia la espesura del bosque. Al adentrarme en él varios metros hacia dentro del bosque, me senté al lado de un majestuoso tronco, el cual acaricié antes de sentarme en una de sus raices a leer el libro que el viejo gorila me había dado.
Desperté de nuevo con el Sol del medio día dándome en la cara. Me incorporé y vi horrorizado como, a mi alrededor, toda la aldea había sido arrasada. Todas las tiendas rotas y las familias se habían quedado sin hogar, sin recursos. La gente estaba muy atareada a mi alrededor, recomponiendo estacas, salvando todos los posibles muebles que podían servir. Yo estaba confundido. Vi a mi padre, Oriku pasar por mi lado y aproveché para preguntarle. Me dijo que debería hablar con Jon, que tenía que mostrarme un libro. Caminé hasta la tienda de los ancianos, la cual tenía cuatro grandes tajos en diagonal, como si un gran animal hubiese atacado el lugar. Pero sería la primera vez desde que tengo uso de memoria que habría ocurrido, pues los animales nos respetaban. Quizá algún pueblo humano con los que no habíamos hablado al llegar y que nos había percibido como una amenaza. Aunque los exploradores siempre hacían un gran trabajo con eso. Entré en la tienda de los viejos y allí estaba Jon, junto a Jull revisando unos cuadernos y recolocándolos del suelo a la estantería, donde habían permanecido seguramente desde que los leí para el primer examen de madurez. Jon, el gorila canoso, se acercó a mí.
-Te envía Oriku, cierto? Nadie te va a culpar. Este libro no lo mostramos habitualmente, ya que los jóvenes tenéis prohibido terminantemente salir en noches de luna llena. Por tus conocimientos y fuerza demostrada pensamos que deberías ser suficientemente maduro como para resistirlo, pero se ve que no. Aquí tienes, este libro te va a resolver todo sobre lo que acabas de pasar. Por suerte pudimos controlarte antes de que hicieras daño a nadie, pero Morrel acabó bastante mal. Ve a verle a la enfermería.
Agarré el libro y agradecí las palabras del sabio gorila, el cual recogió la escoba y siguió barriendo mientras yo salía de la tienda. Estaba confuso por las palabras de Jon. No sabía a que se refería con lo de que no me iba a culpar nadie. Yo únicamente me había desmayado. Pero lo primero era ir a buscar a Morrel. Corrí hacia la enfermería y la llegar, allí estaba, mi amigo macho cabrío tumbado en uno de los catres y vigilado por Gisell, el enfermero ciervo que trabajaba allí.
- Morrel! Que ha pasado? Jon me ha dicho que estabas aquí por mi culpa. Explícame que pasó anoche.
- Jóven Plátypo, no te preocupes por mí, estoy estupendamente, y en cuanto me den un poco más de esa amarga medicina, me soltarán de aquí. No debes preocuparte, la verdad es que anoche peleamos, pero sin que tuvieras consciencia fue fácil doblegarte, lo único que hacía mucho que no me convertía en mi forma Sulong. Mahajajaja.
Nunca había oído hablar de eso que la cabra llamaba "forma Sulong". Es que teníamos una forma más fuerte para luchar? Seguro que tenía que ver con la luna llena, por lo que había dicho Jon. De repente recordé el libro blanco que llevaba en la mano. Aquel libro tenía la respuesta. El ciervo me dijo que Morrel debía descansar un poco más para poder salir y me dijo que aquella tarde nos podríamos ver, así que me despedí de ambos y me dirigí hacia la espesura del bosque. Al adentrarme en él varios metros hacia dentro del bosque, me senté al lado de un majestuoso tronco, el cual acaricié antes de sentarme en una de sus raices a leer el libro que el viejo gorila me había dado.
