15-08-2023, 04:47 PM
Habíamos abandonado la tranquila Villa Syrup para enrolarnos de nuevo en el barco comercial que amablemente había accedido a acercarnos en su travesía por distintas islas para estar más cerca del camino de nuestra isla objetivo, Loguetown.
En esta ocasión, pasábamos por la Isla de Yotsuba, en particular a su ciudad principal, una que destilaba aires de seriedad y orden público, no por otra razón que la gigantesca base de la Marina que se encontraba en el lugar.
- “Vaya… y ahora me traen aquí… Si es que ya no puedo ser yo mismo en ningún sitio”- pensé mientras retomaba la lectura tras mi disociación momentánea.
Era una narración de tipo histórico-fantástica que relataba las andanzas de un hombre de excepcional tamaño llamado Dain, que usualmente iba con el torso descubierto y se le conocía por su larga barba trenzada pelirroja, del que decían que era capaz de pulir las mismísimas rocas con sus puños y que tenía la energía de una montaña.
Este era un libro definitivamente ajado, bastante viejo, que había encontrado curioseando por el barco en una de mis escapadas furtivas por información. A veces era difícil estarse quieto sin hacer nada y aguardando el llegar a un nuevo destino, especialmente en este barco comercial diseñado para ser seguro, aunque lento.
- “Chicos, pronto vamos a tomar tierra según el capitán” – comentó presto Legan, sacándome raudo de la lectura – “Esta es una base de la marina, la propia isla en sí es una gran y puñetera base marina, sí. ¿Entendéis?” – tomó una pausa y continuó- “No, seguro que no lo entendéis. Escuchad, por favor. Imaginad que veis a un amable panadero, inocente, gracioso… ¡PUES SU PADRE SEGURO QUE ERA MARINE! “– exclamó, bastante exaltado, hablando como si fuéramos putos niños pequeños – “Bien, ahora imaginas que veis… no sé… ¿Una pobre anciana? ¡Su hijo será el alto cargo de la marina! ¿Qué veis a un mendigo? ¡De seguro se trata de un marine retirado! ¡Cualquier persona que veáis tiene relación con la marina!” – finalizó todavía intenso.
Era cierto que ni Junsho ni yo éramos personas fáciles o sencillas. En mi caso particular es porque no toleraba a las razas inferiores, tan simple como eso. ¿Acaso estaba a mi altura intelectual, un pez amorfo, un ser de un palmo con la cabeza llena de serrín, un medio bestia con rasgos vagamente conscientes, o un gigante que era una mera mula de carga?
No era mi culpa que esas razas estuvieran genéticamente diseñadas para servirnos a los humanos, aunque todavía estaba tratando de entender bien como clasificar a otras mucho más antropomórficas como el caso de los Lunarian, Oni o Skypeanos…
Tiene bastante gracia que eso me lo dijera un mestizo.
- “Hacedme el favor de estar quietecitos. Si queréis, ni salgáis del barco, pero por el amor de Dios, no llaméis la atención. Imaginad que sois personas buenas, razonables, y sin odio a nadie. Lo que sea mientras no arméis ningún revuelo” -recordó, en voz baja pero también amenazante.
Le miré durante unos segundos con una mueca fría, y continué su tono.
- “Vale, será así señor Sonrisas”- finalicé, mientras miraba algo aburrido para posteriormente cerrar el libro con desgana pues toda la charla me había quitado las ganas de proseguir, y algo hastiado con la situación, puse mi mentón apoyado sobre mi mano izquierda, vagamente sostenida a su vez contra mi rodilla, pues estaba en posición sedente y recostado contra una pared de madera de cubierta.
- “Literalmente están en todas partes, cabezas de chorlitos. Miréis donde miréis, Marina. Y con un poco de habilidad, que la tendrán, llegan en segundos a cualquier punto de la isla desde esa enorme base” – excretó verbalmente de nuevo, mientras se lanzaba al puerto desde el barco que aún apenas había terminado de llegar a puerto.
Me dirigí a Mihasy Junsho, el hombre que era todo alegría, y tuvimos una mirada cómplice durante unos segundos.
- “Recuérdame… ¿Por qué no le hemos matado aún?”- dije, mirando de manera ladeada el recorrido del enorme cornudo, mientras inconscientemente apoyaba el libro contra el suelo de madera de cubierta y provocaba un golpe seco y sonoro –“Se piensa que estamos locos o algo, ¿verdad?”- concluí algo molesto, pero sin variar mi tono frío, lo que daba una expresión bastante extraña visto desde fuera.
Me puse de pie, y guardé el libro en el interior de mi chaqueta, de corte algo militar y de tono blanco, combinada con una camisa roja con motivos espiral en negro, a lo que uní unos pantalones grises oscuros de corte vaquero y ajustados y unas botas con espuelas y ligera punta pronunciada de color marrón.
-“Habrá que seguir al cenutrio este, sino seguro que se trae a algún bicho extraño como a aquel tío de la tinta…” – dije finalizando con un suspiro al tiempo que divisaba una gran cantidad de barcos militares de la Marina –“Cómo no”- musité al tiempo que comenzaba a caminar lentamente hacia el interior del puerto.
En esta ocasión, pasábamos por la Isla de Yotsuba, en particular a su ciudad principal, una que destilaba aires de seriedad y orden público, no por otra razón que la gigantesca base de la Marina que se encontraba en el lugar.
- “Vaya… y ahora me traen aquí… Si es que ya no puedo ser yo mismo en ningún sitio”- pensé mientras retomaba la lectura tras mi disociación momentánea.
Era una narración de tipo histórico-fantástica que relataba las andanzas de un hombre de excepcional tamaño llamado Dain, que usualmente iba con el torso descubierto y se le conocía por su larga barba trenzada pelirroja, del que decían que era capaz de pulir las mismísimas rocas con sus puños y que tenía la energía de una montaña.
Este era un libro definitivamente ajado, bastante viejo, que había encontrado curioseando por el barco en una de mis escapadas furtivas por información. A veces era difícil estarse quieto sin hacer nada y aguardando el llegar a un nuevo destino, especialmente en este barco comercial diseñado para ser seguro, aunque lento.
- “Chicos, pronto vamos a tomar tierra según el capitán” – comentó presto Legan, sacándome raudo de la lectura – “Esta es una base de la marina, la propia isla en sí es una gran y puñetera base marina, sí. ¿Entendéis?” – tomó una pausa y continuó- “No, seguro que no lo entendéis. Escuchad, por favor. Imaginad que veis a un amable panadero, inocente, gracioso… ¡PUES SU PADRE SEGURO QUE ERA MARINE! “– exclamó, bastante exaltado, hablando como si fuéramos putos niños pequeños – “Bien, ahora imaginas que veis… no sé… ¿Una pobre anciana? ¡Su hijo será el alto cargo de la marina! ¿Qué veis a un mendigo? ¡De seguro se trata de un marine retirado! ¡Cualquier persona que veáis tiene relación con la marina!” – finalizó todavía intenso.
Era cierto que ni Junsho ni yo éramos personas fáciles o sencillas. En mi caso particular es porque no toleraba a las razas inferiores, tan simple como eso. ¿Acaso estaba a mi altura intelectual, un pez amorfo, un ser de un palmo con la cabeza llena de serrín, un medio bestia con rasgos vagamente conscientes, o un gigante que era una mera mula de carga?
No era mi culpa que esas razas estuvieran genéticamente diseñadas para servirnos a los humanos, aunque todavía estaba tratando de entender bien como clasificar a otras mucho más antropomórficas como el caso de los Lunarian, Oni o Skypeanos…
Tiene bastante gracia que eso me lo dijera un mestizo.
- “Hacedme el favor de estar quietecitos. Si queréis, ni salgáis del barco, pero por el amor de Dios, no llaméis la atención. Imaginad que sois personas buenas, razonables, y sin odio a nadie. Lo que sea mientras no arméis ningún revuelo” -recordó, en voz baja pero también amenazante.
Le miré durante unos segundos con una mueca fría, y continué su tono.
- “Vale, será así señor Sonrisas”- finalicé, mientras miraba algo aburrido para posteriormente cerrar el libro con desgana pues toda la charla me había quitado las ganas de proseguir, y algo hastiado con la situación, puse mi mentón apoyado sobre mi mano izquierda, vagamente sostenida a su vez contra mi rodilla, pues estaba en posición sedente y recostado contra una pared de madera de cubierta.
- “Literalmente están en todas partes, cabezas de chorlitos. Miréis donde miréis, Marina. Y con un poco de habilidad, que la tendrán, llegan en segundos a cualquier punto de la isla desde esa enorme base” – excretó verbalmente de nuevo, mientras se lanzaba al puerto desde el barco que aún apenas había terminado de llegar a puerto.
Me dirigí a Mihasy Junsho, el hombre que era todo alegría, y tuvimos una mirada cómplice durante unos segundos.
- “Recuérdame… ¿Por qué no le hemos matado aún?”- dije, mirando de manera ladeada el recorrido del enorme cornudo, mientras inconscientemente apoyaba el libro contra el suelo de madera de cubierta y provocaba un golpe seco y sonoro –“Se piensa que estamos locos o algo, ¿verdad?”- concluí algo molesto, pero sin variar mi tono frío, lo que daba una expresión bastante extraña visto desde fuera.
Me puse de pie, y guardé el libro en el interior de mi chaqueta, de corte algo militar y de tono blanco, combinada con una camisa roja con motivos espiral en negro, a lo que uní unos pantalones grises oscuros de corte vaquero y ajustados y unas botas con espuelas y ligera punta pronunciada de color marrón.
-“Habrá que seguir al cenutrio este, sino seguro que se trae a algún bicho extraño como a aquel tío de la tinta…” – dije finalizando con un suspiro al tiempo que divisaba una gran cantidad de barcos militares de la Marina –“Cómo no”- musité al tiempo que comenzaba a caminar lentamente hacia el interior del puerto.
