13-09-2026, 01:57 PM
Kisuke parecía algo pesimista acerca de la necesidad de buscar una forma de aprender la versión avanzada de sus respectivos hakis, pero Bambú tenía una visión completamente opuesta. El mero hecho de saber que existían, que era posible aprenderlos, resultaba increíblemente motivador para él. No había nada más emocionante que un libro sin leer. No tenía prisa por desarrollar las facultades más refinadas del control espiritual. Todo llegaría con el tiempo. Pero antes de hablar del periódico, Kisuke le preguntó directamente de qué estaba hablando cuando decía lo de su última búsqueda del conocimiento. Bambú volvió a inclinarse hacia delante, esta vez con ambas manos sobre sus respectivas rodillas. —Me refiero, comandante, a descifrar los secretos que ocultan los legendarios Poneglyph. —Reveló incapaz de contener su entusiasmo. —Jamás hemos visto uno, pero su lectura, su estudio o incluso su mera reproducción por medio de den den mushi visual está penada con la cárcel como mínimo. No hay nada más revolucionario que estudiar lo que no quieren que estudies, honhonhon. —Se rio ante la mera idea de volver loco al Gobierno al difundir los secretos de aquellos pilares en el seno del Ejército Revolucionario o incluso más allá. —Pero eso ya para otra conversación, aún tengo mucho que investigar para poder siquiera descifrarlos, si es que es posible. —Kisuke ya le estaba echando mano al periódico. Fue la primera página la que le dejó boquiabierto, como era de esperar. Dejó que el propio comandante reaccionase a los hechos a su manera. Para él, era un lanzamiento de gayumbos al Gobierno Mundial. El mundo iba a cambiar pronto y muy deprisa. Panda asintió con solemnidad, de nuevo erguido en su silla y abandonando el entusiasmo de hablar sobre los Poneglyph. En cuanto al resto de la noticia, Kisuke comentaba que esto les daría cierto margen de acción al estar todos los altos cargos de la marina convocados a una reunión del más alto nivel. Después de esta reunión, no obstante... Los mares entrarían en ebullición con su presencia. La marina nunca se toma nada bien la muerte de sus efectivos.
Frunció ligeramente el ceño cuando Kisuke mencionó a los Shichibukais, pues esto significaba que había llegado a una noticia que le resultaría, cuanto menos, impactante. Le miró en silencio mientras se levantaba y se iba en busca de Yamigiri, la más leal de sus espadas. No necesitó el haki de observación para darse cuenta de que su amigo sentía un gran pesar por la muerte de su rival. No había palabras que Bambú pudiera dedicarle en ese momento, ya que era un sentimiento al que debía de enfrentarse Kisuke por su cuenta. Tras tranquilizarse un poco, su comandante volvió a la mesa y releyó la noticia una vez más, deteniéndose seguramente en cada palabra, analizando todo lo que se estaba diciendo y lo que no. Pero era difícil detectar nada en aquella caja de texto, sólo que había gato encerrado. Bambú se sirvió un cigarrillo cuando su comandante se lo ofreció y lo prendió, dejando que los vapores humeantes del tabaco intentasen despejar sus pensamientos. —Sohem Burnedead tiene muy malas pulgas. Si están encubriendo las causas de la muerte de Viktor tiene que ser para no provocarle. Tengo la impresión de que no le importaría prender en llamas el mundo si alguien, Gobierno Mundial incluido, le toca los cojones. —Era su conclusión al respecto. Su idea de por qué era todo tan difuso, tan extraño. —Si Viktor Evans hubiera muerto ante un pirata o algo clamarían su nombre a los cuatro vientos, aunque solo fuera por empujar a Sohem a hacerles el trabajo sucio. —Soltó la ceniza en el cenicero de la mesa de Kisuke al tiempo que cruzó sus piernas y se apoyó ligeramente más en el lado izquierdo de la silla que en el derecho. —Es todo cuanto puedo aventurar sin más evidencias. —Concluyó, aunque sin descartar la posibilidad de estar equivocándose por completo.
Kisuke siguió leyendo las noticias, y aunque le hubiera gustado comentar con desprecio los detalles de por qué este tal Saint Enji estaba alistado en la marina, no pudo evitar regresar a su postura erguida en la silla y quedarse tenso, expectante ante la reacción de Kisuke a la siguiente página. La estaba mirando directamente a los ojos, pues la parte trasera del periódico no le ofrecía lo que quería ver. Su comandante se atragantó repentinamente con el humo de su cigarro, dándole un violento ataque de tos que le obligó a intentar beber, pero al regresar su mirada sobre el periódico, volvió a atragantarse. Bambú no pudo evitar sonreír. —Sí. —Afirmó. ¿Sí qué? Sí. Era todo lo que tenía que decir. Se empezó a reír a carcajadas mientras Kisuke comentaba la noticia de Garnet. —Deberíamos vigilar que Shirohime no caiga presa de sus encantos, la Revolución no puede permitirse los gastos que suponen estos servicios personalizados de tan alta calidad. —Kisuke, por su parte, mencionaba que igual se acercaba el momento de ir a visitar a los piratas a Punk Hazard. Aquello sería como el regalo de diez Navidades para él. —No puedo esperar, comandante. Tengo muchas ganas de volver a medirme con Garnet, honhonhon. —Y con Yojimbo, y con Triana, y con todo el que quisiera darse de puñetazos con Bambú. No había nada que le gustase más que enfrentarse a gente fuerte.
La lectura del periódico se acercaba a su inevitable final. La existencia de los Piratas Ragnarok fue una de las últimas noticias que captó la atención de Kisuke. Tenían un pato. Luego comentó el tema de la División 9. —Yo sí que conozco a Karlglass. Lo digo con un poco de vergüenza, pero lo cierto es que no me cayó tan mal como suelen caerme los marines. Coincidí con ella en los Juegos de Zarutsuki y me pareció... normal. —Se encogió de hombros ante esta sensación tan extraña para él. —Pero Skypiea es Skypiea y el Mar Azul es el Mar Azul. No creo que vayamos a ser amigos ni a correr juntos por un campo de flores cogidos de la mano. Es solo la impresión que me dio conocerla. En cuanto a Apolo... sí, estaba en Sabaody, pero no nos enfrentamos, sencillamente nos encontramos y hablamos. Él se fue por su camino y yo por el mío. No parecía tener el menor interés en impedir que me encaminase a la casa de subastas a liberar a los esclavos. —Los últimos retazos del periódico no tenían la menor importancia para el dúo revolucionario, no así los wanted que venían con el mismo. Bambú sonrió cuando Kisuke preguntó si había algo interesante en ellos. —Las hay. —Confirmó. Bambú se levantó y tomó el periódico entre sus manos. Pasó las páginas rápidamente y seleccionó una serie de Wanteds que quería que Kisuke viese, pero dejó el mejor para el final. —Permítame presentarle, comandante, a las futuras amenazas del Grand Line. Ubbe Eiby y Sigurd Haakon. —Colocó sus dos wanteds juntos sobra la mesa. Ambos miraban al Comandante de los Ejércitos del Oeste, uno con mirada seductora y otro con aparente intención de comérselo vivo. —Estos son los Ragnarok. Si quiere tener cuidado con ellos mejor quedarse con sus caras. —Concluyó Bambú. Después sacó el cartel de Karamel Knight, el de Urotora y el de Strahd Nanashi. —Los fugados de Impel Down. Karamel Knight fue Shichibukai una vez, toda una leyenda. —Acto seguido, sobre estos tres carteles colocó dos que ya eran de sobra conocidos. —Aspros y Yojimbo. Los iremos a ver pronto, pero nunca está de más ver cuán peligrosos el Gobierno Mundial cree que son. —Y finalmente, la guinda sobre aquel pastel de noticias. El último cartel de todos y el más importante. —Y por último... Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Segundo. El Puño de la Revolución. —Y depositó el último cartel sobre la mesa, sobre todos ellos, la cara de una de las figuras más importantes del Ejército Revolucionario.
Frunció ligeramente el ceño cuando Kisuke mencionó a los Shichibukais, pues esto significaba que había llegado a una noticia que le resultaría, cuanto menos, impactante. Le miró en silencio mientras se levantaba y se iba en busca de Yamigiri, la más leal de sus espadas. No necesitó el haki de observación para darse cuenta de que su amigo sentía un gran pesar por la muerte de su rival. No había palabras que Bambú pudiera dedicarle en ese momento, ya que era un sentimiento al que debía de enfrentarse Kisuke por su cuenta. Tras tranquilizarse un poco, su comandante volvió a la mesa y releyó la noticia una vez más, deteniéndose seguramente en cada palabra, analizando todo lo que se estaba diciendo y lo que no. Pero era difícil detectar nada en aquella caja de texto, sólo que había gato encerrado. Bambú se sirvió un cigarrillo cuando su comandante se lo ofreció y lo prendió, dejando que los vapores humeantes del tabaco intentasen despejar sus pensamientos. —Sohem Burnedead tiene muy malas pulgas. Si están encubriendo las causas de la muerte de Viktor tiene que ser para no provocarle. Tengo la impresión de que no le importaría prender en llamas el mundo si alguien, Gobierno Mundial incluido, le toca los cojones. —Era su conclusión al respecto. Su idea de por qué era todo tan difuso, tan extraño. —Si Viktor Evans hubiera muerto ante un pirata o algo clamarían su nombre a los cuatro vientos, aunque solo fuera por empujar a Sohem a hacerles el trabajo sucio. —Soltó la ceniza en el cenicero de la mesa de Kisuke al tiempo que cruzó sus piernas y se apoyó ligeramente más en el lado izquierdo de la silla que en el derecho. —Es todo cuanto puedo aventurar sin más evidencias. —Concluyó, aunque sin descartar la posibilidad de estar equivocándose por completo.
Kisuke siguió leyendo las noticias, y aunque le hubiera gustado comentar con desprecio los detalles de por qué este tal Saint Enji estaba alistado en la marina, no pudo evitar regresar a su postura erguida en la silla y quedarse tenso, expectante ante la reacción de Kisuke a la siguiente página. La estaba mirando directamente a los ojos, pues la parte trasera del periódico no le ofrecía lo que quería ver. Su comandante se atragantó repentinamente con el humo de su cigarro, dándole un violento ataque de tos que le obligó a intentar beber, pero al regresar su mirada sobre el periódico, volvió a atragantarse. Bambú no pudo evitar sonreír. —Sí. —Afirmó. ¿Sí qué? Sí. Era todo lo que tenía que decir. Se empezó a reír a carcajadas mientras Kisuke comentaba la noticia de Garnet. —Deberíamos vigilar que Shirohime no caiga presa de sus encantos, la Revolución no puede permitirse los gastos que suponen estos servicios personalizados de tan alta calidad. —Kisuke, por su parte, mencionaba que igual se acercaba el momento de ir a visitar a los piratas a Punk Hazard. Aquello sería como el regalo de diez Navidades para él. —No puedo esperar, comandante. Tengo muchas ganas de volver a medirme con Garnet, honhonhon. —Y con Yojimbo, y con Triana, y con todo el que quisiera darse de puñetazos con Bambú. No había nada que le gustase más que enfrentarse a gente fuerte.
La lectura del periódico se acercaba a su inevitable final. La existencia de los Piratas Ragnarok fue una de las últimas noticias que captó la atención de Kisuke. Tenían un pato. Luego comentó el tema de la División 9. —Yo sí que conozco a Karlglass. Lo digo con un poco de vergüenza, pero lo cierto es que no me cayó tan mal como suelen caerme los marines. Coincidí con ella en los Juegos de Zarutsuki y me pareció... normal. —Se encogió de hombros ante esta sensación tan extraña para él. —Pero Skypiea es Skypiea y el Mar Azul es el Mar Azul. No creo que vayamos a ser amigos ni a correr juntos por un campo de flores cogidos de la mano. Es solo la impresión que me dio conocerla. En cuanto a Apolo... sí, estaba en Sabaody, pero no nos enfrentamos, sencillamente nos encontramos y hablamos. Él se fue por su camino y yo por el mío. No parecía tener el menor interés en impedir que me encaminase a la casa de subastas a liberar a los esclavos. —Los últimos retazos del periódico no tenían la menor importancia para el dúo revolucionario, no así los wanted que venían con el mismo. Bambú sonrió cuando Kisuke preguntó si había algo interesante en ellos. —Las hay. —Confirmó. Bambú se levantó y tomó el periódico entre sus manos. Pasó las páginas rápidamente y seleccionó una serie de Wanteds que quería que Kisuke viese, pero dejó el mejor para el final. —Permítame presentarle, comandante, a las futuras amenazas del Grand Line. Ubbe Eiby y Sigurd Haakon. —Colocó sus dos wanteds juntos sobra la mesa. Ambos miraban al Comandante de los Ejércitos del Oeste, uno con mirada seductora y otro con aparente intención de comérselo vivo. —Estos son los Ragnarok. Si quiere tener cuidado con ellos mejor quedarse con sus caras. —Concluyó Bambú. Después sacó el cartel de Karamel Knight, el de Urotora y el de Strahd Nanashi. —Los fugados de Impel Down. Karamel Knight fue Shichibukai una vez, toda una leyenda. —Acto seguido, sobre estos tres carteles colocó dos que ya eran de sobra conocidos. —Aspros y Yojimbo. Los iremos a ver pronto, pero nunca está de más ver cuán peligrosos el Gobierno Mundial cree que son. —Y finalmente, la guinda sobre aquel pastel de noticias. El último cartel de todos y el más importante. —Y por último... Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Segundo. El Puño de la Revolución. —Y depositó el último cartel sobre la mesa, sobre todos ellos, la cara de una de las figuras más importantes del Ejército Revolucionario.
