12-09-2026, 06:40 PM
Narrador / María Merlot
Alto.
Hyákinthos era alto.
Hyákinthos era alto.
Esa realidad, aunque estaba siempre ahí, a veces la pasaba por alto. Era un reflejo automático levantar la cabeza para verlo, para perderse en sus cálidos ojos amarillos. ¿Cuánto media el médico? Ella conocía todo sobre él, sabia muy bien que media exactamente un metro con noventa centímetros. También conocía otras cosas sobre el marinero..., lo solía observar, y tenia todo un diario escrito con su puño y letra dedicado al amo y señor de su vida. ¿Le asustaría saberlo? No lo sabía pero igual no tenía porque saberlo, sería su pequeño secreto de acosadora. Cuando dominará la información del mundo, y tuviera un medio de comunicación tendría una sección dedicada al más increíble, maravilloso y ético doctor del planeta azul. Todos debían conocer a tan formidable ser humano, uno que le dio razones para vivir, uno que la abrazó cuando nadie más lo hizo. Por eso confiaba ciegamente en él, lo que le dijera o hiciera, siempre estaría justificado para la mestiza. Como en ese momento, dónde intento con todas sus fuerzas sujetar el humo, aunque la lógica dijera que no se pudiera, ella solo presto atención al masculino y si debía pasar la eternidad golpeando al esquivo humo, lo haría, hasta lograr la misión encomendada por su ídolo.
No, claro que no eres capaz de sujetarlo, no aún al menos…
Su voz la hizo detenerse. Inclinó su cabeza algunos grados a la izquierda mientras lo escuchaba con atención. Él creía firmemente que podría tocar lo intocable, entonces ella también lo creería. ¡Debió traer su den den visual! Porque cuando él se puso la mano en la barbilla pensativamente, se vio aun mas hermoso. ¡Todas sus poses eran perfectas! ¿Por qué era tan increíblemente guapo y asombrosamente genial? Su corazón latió con rapidez, y una sonrisa boba se apoderó de sus labios. ¡Lo admiraba tanto! Fue una gran idea pedirle ese entrenamiento, porque podía estar a su lado y embriagarse con su presencia.
porque NO…no voy a arriesgar a que tus escamas…
Su negativa la hizo exaltar, viajar a la luna y regresar. En su mente se traducía como “NUNCA DEJARÉ QUE TE PASE NADA”. El corazón de la mestiza se descontrolo mientras internamente gritaba “¡Kyaaaaaaaaaaaa! Me quiere tanto como yo a él, me cuida, me cuida. Kyaaaaaaaaaaaaaaaa. También te quiero muchísimo, Algodón de Azúcar”, llevó sus manos a la boca para ocultar la sonrisa desquiciada y feliz mientras daba brinquitos en su lugar buscando calmar las ganas de explayarse sobre lo mucho que lo quería. ¿Por qué no lo hacia? Porque él estaba concentrado explicándole algo, algo a lo que debería estar prestando atención y no soñando con lo extraordinario de su estampa.
Siéntate
Ordenó, y como la cachorra que era, obedeció de inmediato. Sentándose sobre sus rodillas y con las manos sobre los muslos, no dejo de mirarlo. Él encendió de nuevo el coco, más humo, el humo que le gustaba pero que perdía colorido ante Algodón de Azúcar, el objeto de su devoción absoluta.
¿Recuerdas al marine de luz?
Aquella mención la hizo levantar la mirada hacia el médico. Humo, entrenamiento, fuego quedo relegado. ¿Qué si recordaba a Betelgeuse, alias el Malvavisco? ¡Por supuesto que si! Lo recordaba muy bien, tanto que desvió la mirada y un leve matiz rosado apareció en sus pómulos al tiempo que subía la diestra y rosaba sus propios labios con una suavidad que la hizo rememorar escenarios que solo conocían ambos. ¿Qué podía responder a eso? ¿Qué lo recordaba, y demasiado bien? ¿Y si esa respuesta llevaba a más preguntas? Preguntas que aun no estaba lista para responder considerando la advertencia de su Unnie, y del mismo médico, sobre los hombres vestidos de blanco. Con una sonrisa traviesa, y un asentimiento de cabeza, contesto a Hyakinthos. “Si” eso quiso decir… lo recordaba y ya. Luego sacudió la cabeza “No” pareció decir, pero la verdad solo buscaba espantar al hombre de sus pensamientos, y lo logró cuando regreso su atención al rosado frente a ella.
— Si, lo recuerdo. EL MACHO pudo tocarlo y yo ta… — le respondió al fin y estuvo a punto de decir que ella también sin ningún tipo de artilugio pero se calló — ... ta... tamiz… yo tamizo en mi cabeza la información que me estas dando. Entonces luz, agarrar, fuego, humo, se puede, frutas malditas no tocables. ¡Ay, suena confuso! — se llevó las manos a la cabeza, aunque lo escuchaba… algo en su interior se negaba a entender todo lo que el apuesto hombre le decía — ¿Haki de armamento? — repitió, ella conocía uno, el que le enseño Jalindra y Ángelo Santangelo pero no se llamaba armamento, sino de observación… ¿Serían familia? — ¿Hierro? — eso si la impactó, entonces vio en vivo la explicación del hombre, muy alto, haciéndola inclinar la cabeza hacia atrás — Woooooooow — balbuceó presenciando la escena de como lograba “pegar” al humo — ¡Eres increíble, Algodón de Azúcar! — dijo con los ojos brillando ante tanto despliegue de fabulosidad.
— Si, lo recuerdo. EL MACHO pudo tocarlo y yo ta… — le respondió al fin y estuvo a punto de decir que ella también sin ningún tipo de artilugio pero se calló — ... ta... tamiz… yo tamizo en mi cabeza la información que me estas dando. Entonces luz, agarrar, fuego, humo, se puede, frutas malditas no tocables. ¡Ay, suena confuso! — se llevó las manos a la cabeza, aunque lo escuchaba… algo en su interior se negaba a entender todo lo que el apuesto hombre le decía — ¿Haki de armamento? — repitió, ella conocía uno, el que le enseño Jalindra y Ángelo Santangelo pero no se llamaba armamento, sino de observación… ¿Serían familia? — ¿Hierro? — eso si la impactó, entonces vio en vivo la explicación del hombre, muy alto, haciéndola inclinar la cabeza hacia atrás — Woooooooow — balbuceó presenciando la escena de como lograba “pegar” al humo — ¡Eres increíble, Algodón de Azúcar! — dijo con los ojos brillando ante tanto despliegue de fabulosidad.
Lo ves…es posible tocar el humo
Ahí, rodeado de aquel halo, seguro generado por la imaginación de la mestiza... ella reafirmo su fanatismo loco por el hombre — Lo veo, lo veo, lo veo — hizo énfasis levantándose, luego lo aplaudió — Nunca lo dude, nunca de los nunca jamáses... soy yo la inútil que no podría hacer algo tan impresionante como tu. ¿Ya te dije que eres el mejor? ¡Porque eres el mejor! EL MEJOR — sonrió con los ojos brillando mientras giraba sobre su propio eje con los brazos alzados repitiendo “El mejor, el más hermoso, el mejor, el más poderoso”.
¿Por qué no me golpeas? Sin miedo…
Aquella petición la hizo detenerse de manera abrupta. ¿Golpearlo? — Nooooo — colocó sus brazos en forma de X frente a ella para reiterar su negativa — ¿Cómo podría yo golpearte? No, jamás, no levantare nunca mis puños contra ti… — negó con la cabeza, haciendo que sus largos cabellos rosados danzaran a su alrededor. Lo vio ponerse en posición de combate, María dio dos pasos hacia atrás — No, no, no y mil veces no… no pienso golpearte. Prefiero no aprender nada, antes de intentar hacerte daño. Nunca podría hacer, ni en sueños, nada que te perjudicara a ti, Algodón de Azúcar — su voz sonó dolida y mostraba su descontento ante esa petición. Dio dos pasos más hacia atrás — ¿Viví te ataco? ¿Unnie también? Eso está mal… ¿Qué les pasa? — preguntó frunciendo el ceño y anotando que debía tener una conversación muy seria con ambas mujeres, nadie… ABSOLUTAMENTE NADIE, tocaba a su médico — ¿No hay una manera diferente de aprenderlo? ¿Y si golpeo el humo, o las rocas o doy doscientas vueltas a esta explanada cargándote? — propuso en la histeria de no querer golpearlo, esperaba hubiera otra forma que no implicará atacar al masculino… cosa que no haría, ni aunque su vida dependería de ello.
INREADME
Karma Fanático: Hyakinthos.
![[Imagen: mmocheja.png]](https://i.ibb.co/WNPnSwH9/mmocheja.png)
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