12-09-2026, 05:14 PM
Narrador / María Merlot
¿Diez? Eso es muy generoso de su parte señorita.
¿Lo era? La mestiza pensaba que no, porque lo sería si comprará todos. ¿Debía comprarle todo a la pequeña niña? Se lo estaba pensando, así seguro lograría llegar a su meta diaria e iría a jugar o a pensar más formas de hacer dinero, le gustaba eso... de que fuera una comerciante ambiciosa desde tan joven. ¿Serían rasgos de las semisirenas? Sonrió para si misma, al atribuirse una habilidad por el mero hecho de compartir ADN y un lejano ancestro. María no solía juzgar a las personas, solo a aquellas que le recordaban “algo” que asociaba con individuos malos, y la vendedora parecía, sin dudas, una mini versión de ella.
¿Es usted visitante?
La conversación fluyo. ¿Sería una nueva amiga? ¡Esperaba que sí! María la escuchó con atención riendo cuando se golpeo la cara con la palma de la mano. ¡Qué monada! Le recordó por un momento a la tierna Vanessa de Skypiea. Quiso revolverle el cabello con la mano para calmarla, o más bien, para indicarle que no había nada de malo en su curiosidad. No pudo, las tenia ocupada. La pelirrosada era curiosa por naturaleza, muy cotilla la verdad, por eso ansiaba poder acceder al conocimiento del mundo, en su cabeza el conocimiento era poder, y ella necesitaba mucho poder para proteger a sus nakamas.
— Si, lo soy. Estoy con mis nakamas de paso. Nos sorprendió mucho este lugar. ¿Sabes por qué esta tan sucio? Antes intenté convencer al MACHO y a la Quesadilla de unirse a mi Organización Sin Fines de Lucro para sanear este lugar. Aun no tiene nombre, esta en fase beta. Justo estoy recabando información para lograr idear la mejor manera de limpiar este lugar. ¿Alguien debe comenzar, no? — se inclinó hacia ella y le susurró como si le contará un importante secreto mientras la emoción se reflejaba en sus orbes ámbar. Buscaba que aquel suspiro, uno raro si le preguntan, de la niña fuera reemplazado por un objetivo mas altruista. Y una comerciante tan joven, sería una buena adquisición para la ONG Sin Nombre.
— Si, lo soy. Estoy con mis nakamas de paso. Nos sorprendió mucho este lugar. ¿Sabes por qué esta tan sucio? Antes intenté convencer al MACHO y a la Quesadilla de unirse a mi Organización Sin Fines de Lucro para sanear este lugar. Aun no tiene nombre, esta en fase beta. Justo estoy recabando información para lograr idear la mejor manera de limpiar este lugar. ¿Alguien debe comenzar, no? — se inclinó hacia ella y le susurró como si le contará un importante secreto mientras la emoción se reflejaba en sus orbes ámbar. Buscaba que aquel suspiro, uno raro si le preguntan, de la niña fuera reemplazado por un objetivo mas altruista. Y una comerciante tan joven, sería una buena adquisición para la ONG Sin Nombre.
yo soy Yana y no tiene que preocuparse por mis padres…
— ¡Que nombre tan bonito, Yana! — le respondió con alegría colocando las monedas sobre su bandejita, esa cantidad valía más que diez botellas de jugo. Ahora si, con la mano libre, procedió a quitar la tapa del frasquito sin dejar de escuchar a la niña. ¡Quería muchísimo probar su mercancía! Se llevó la botellita a la boca pero se detuvo cando la escuchó hablar de que sus padres la apoyaban, eso hizo a María recordar un lejano pasado. Su padre, un enorme cangrejo rojo tan feo como de grande era su corazón. ¿Él la hubiera apoyado en un emprendimiento como los padres de Yana hacían con ella? ¡Claro que si! Una sonrisa nostálgica se apoderó de sus labios mientras su mirada se perdía en el agua verde que fluía más allá de ellas. Sujetando ahora el frasco con ambas manos pensó en un negocio de tartas de manzanas, no sabia hacer tartas pero le gustaban las manzanas y tenían un buen proveedor de estas en aquella isla idílica “… seguro si no lograba vender ninguna tu me comprarías todos ¿verdad? Tal vez fingiendo ser otra persona con un raro bigote para pasar desapercibido o un sombrero de mimbre” se dijo internamente, aquel gyojin que la cuido por pocos meses le demostró el significado del amor verdadero, un amor que dio la vida para salvarla… justo como después el médico rosado dio todos sus esfuerzos para mantenerla en este plano. Los amaba, tanto, a ambos.
Tan ensimismada estaba, que cuando sintió una mano en su hombro se exalto dando un brinquito y aflojando el agarre del envase que termino por deslizarse de sus manos y romperse contra el suelo con un sonoro “CLAN” superpuesto con una risa extravagante “Wurururururururu” — ¡No! — musito María primero volteando a ver a quién la había asustado por la espalda, una preciosa mujer de cabellos rojos a la que no presto mucha atención, luego miro el frasco en el piso y posteriormente a la niña con muchísima culpa — Lo siento, lo siento… me he asustado, y lo he soltado. ¡Qué tonta he sido! Voy a comprarte todos por mi error. De verdad quiero probar tus jugos, Yana, seguro son deliciosos — se disculpó inclinándose para intentar recoger algo pero era inútil... el liquido se esparció y los trozos de vidrio más bien le harían daño.
Al mismo tiempo la dama pelirroja hablaba de fondo, atrayendo a María a escucharla. La mestiza mordió su labio inferior, la mujer era la madre de Yana. Lo que la tranquilizo un poco, no estaba sola en ese sitio tan… “desagradable”, aunque le hacia sentir un deja vu su atuendo, sus gestos seductores, esa voz amable y la belleza por encima del promedio — … me alivia mucho saber que la pequeña Yana esta a buen resguardo de la vista de sus seres queridos, por un momento pensé que se había extraviado vendiendo sus jugos. Disculpa por dudar de ti como madre, debí imaginar que un padre nunca quitaría un ojo de sus retoños. Mi padre no lo hacía conmigo, aunque parecía que no me estaba vigilando si lo estaba y siempre aparecía para evitar que me cayera, cortará o hiciera alguna tontería en el fragor de mi valentia... — bromeo sonriéndole a la madre de su nueva amiguita — … mi padre siempre hacia la misma aclaratoria, no me parezco en nada a él. Él era un Cangrejo, imagino que mi madre tuvo la sangre más fuerte — comentó como si fuera verdad, y en su corazón lo era, el cangrejo muerto era su padre y punto — Encantada Ole, soy María Merlot pero puedes decirme MM. ¿Comida? Bueno, necesito comer, Algodón de Azúcar dijo que debo ganar peso así que acepto, y les voy contando sobre mi ONG para sanear este lugar. ¿Te interesaría unirte también? ¿Puede unirse Yana? — le pregunto siguiéndola como si fuera su amiga de toda la vida, y lo cierto es que María no solía desconfiar de las personas ni juzgarlas por cosas vanales como su apariencia, su vestimenta o el lugar de dónde provenían. Además, los pelirrojos hasta ahora nunca le habían hecho daño — Ole, ese periódico… ¿de cuando es? ¿Podría leerlo? — su vena cotilla informativa necesitaba saber si ya tenia esa edición, sino debía buscar la suya.
El recorrido estuvo lleno de miradas, miradas que María Merlot ignoró porque estaba muy acostumbrada a ser el centro de atención. Aunque sería egocéntrico decir que solo era por ella, porque la pelirroja y la peliverde eran hermosas. ¿Por qué intentaron tocarla? Eso si que no le gusto, estuvo a punto de golpear más de una mano pero el abanico de Olena fue más rápido. Minutos después llegaron a un sitio diferente, los ojos comerciantes de María apreciaron el cambio económico, parece que alguien de esta calle si invertía en su negocio. Por un breve instante, al recorrer con la vista el sitio exterior… un escalofrió nació de la parte de atrás de su cuello y exploto en su cuerpo, tan rápido como vino se fue… ¿Qué había sido? Nada, tonterías suyas.
Tan ensimismada estaba, que cuando sintió una mano en su hombro se exalto dando un brinquito y aflojando el agarre del envase que termino por deslizarse de sus manos y romperse contra el suelo con un sonoro “CLAN” superpuesto con una risa extravagante “Wurururururururu” — ¡No! — musito María primero volteando a ver a quién la había asustado por la espalda, una preciosa mujer de cabellos rojos a la que no presto mucha atención, luego miro el frasco en el piso y posteriormente a la niña con muchísima culpa — Lo siento, lo siento… me he asustado, y lo he soltado. ¡Qué tonta he sido! Voy a comprarte todos por mi error. De verdad quiero probar tus jugos, Yana, seguro son deliciosos — se disculpó inclinándose para intentar recoger algo pero era inútil... el liquido se esparció y los trozos de vidrio más bien le harían daño.
Al mismo tiempo la dama pelirroja hablaba de fondo, atrayendo a María a escucharla. La mestiza mordió su labio inferior, la mujer era la madre de Yana. Lo que la tranquilizo un poco, no estaba sola en ese sitio tan… “desagradable”, aunque le hacia sentir un deja vu su atuendo, sus gestos seductores, esa voz amable y la belleza por encima del promedio — … me alivia mucho saber que la pequeña Yana esta a buen resguardo de la vista de sus seres queridos, por un momento pensé que se había extraviado vendiendo sus jugos. Disculpa por dudar de ti como madre, debí imaginar que un padre nunca quitaría un ojo de sus retoños. Mi padre no lo hacía conmigo, aunque parecía que no me estaba vigilando si lo estaba y siempre aparecía para evitar que me cayera, cortará o hiciera alguna tontería en el fragor de mi valentia... — bromeo sonriéndole a la madre de su nueva amiguita — … mi padre siempre hacia la misma aclaratoria, no me parezco en nada a él. Él era un Cangrejo, imagino que mi madre tuvo la sangre más fuerte — comentó como si fuera verdad, y en su corazón lo era, el cangrejo muerto era su padre y punto — Encantada Ole, soy María Merlot pero puedes decirme MM. ¿Comida? Bueno, necesito comer, Algodón de Azúcar dijo que debo ganar peso así que acepto, y les voy contando sobre mi ONG para sanear este lugar. ¿Te interesaría unirte también? ¿Puede unirse Yana? — le pregunto siguiéndola como si fuera su amiga de toda la vida, y lo cierto es que María no solía desconfiar de las personas ni juzgarlas por cosas vanales como su apariencia, su vestimenta o el lugar de dónde provenían. Además, los pelirrojos hasta ahora nunca le habían hecho daño — Ole, ese periódico… ¿de cuando es? ¿Podría leerlo? — su vena cotilla informativa necesitaba saber si ya tenia esa edición, sino debía buscar la suya.
El recorrido estuvo lleno de miradas, miradas que María Merlot ignoró porque estaba muy acostumbrada a ser el centro de atención. Aunque sería egocéntrico decir que solo era por ella, porque la pelirroja y la peliverde eran hermosas. ¿Por qué intentaron tocarla? Eso si que no le gusto, estuvo a punto de golpear más de una mano pero el abanico de Olena fue más rápido. Minutos después llegaron a un sitio diferente, los ojos comerciantes de María apreciaron el cambio económico, parece que alguien de esta calle si invertía en su negocio. Por un breve instante, al recorrer con la vista el sitio exterior… un escalofrió nació de la parte de atrás de su cuello y exploto en su cuerpo, tan rápido como vino se fue… ¿Qué había sido? Nada, tonterías suyas.
Veo que vienes bien acompañada… ¡Bienvenida a la Gruta del Coral, señorita!
María miro al joven — Gracias, Señor Francis. Bonito lugar tienen aquí — respondió con su habitual sonrisa encantadora halagando el sitio en el proceso. Uso el nombre del muchacho porque lo escucho. Olena se inclinó contra barra, seguro anuciandola para un trato "especial" mientras la mestiza aprovechaba para dar una vuelta sobre su propio eje admirando el lugar — … me gusta que a pesar de la ubicación han logrado crear un ambiente agradable aquí. Su dueño debe ser una persona muy visionaria. ¿Crees que quiera ayudarme a limpiar la isla, Yana? — pregunto a la niña, su voz sonaba llena de vida y entusiasmo.
La invitación para comer.
María se sentó en la barra.
Una copa con el tan deseado jugo de Yana.
María se sentó en la barra.
Una copa con el tan deseado jugo de Yana.
— ¿Linda? Linda son ustedes por su hospitalidad. Claro, te esperamos Ole — le respondió a la mujer para lugar posar su mirada en la pequeña, parecía un poco tensa — … ven Yana, siéntate a mi lado. ¿Qué deberíamos comer? ¿Qué te gusta comer a ti? Trae otra copa, Señorito Francis, quiero brindar con mi nueva amiga — le pidió con una sonrisa al mestizo detrás de la barra mientras señalaba el taburete a su lado para que Yana le hiciera compañía — … ¿Sabes, Yany? ¿Puedo decirte Yany, verdad? — tomó la copa por el filamento levantándola para ver el colorido brebaje — … soy comerciante también, me gusta mucho vender y comprar de casi todo un poco pero últimamente estoy muy obsesionada con la artesanía. ¿Mira? — llevó sus labios al borde de la copa mientras hablaba pero se detuvo para mostrarle sus diseños — … este anillo fue mi primera fabricación, le tengo especial cariño porque además lo comparto con mi esposo de mentiras. Es un recordatorio de que ambos compartimos un pasado en común que nos cambió para siempre… es un perfecto hombre pelirrojo — bajo la mirada recordando el foso, luego señalo la pulsera azul celeste de siete nudos — … esta la hice para mis nakamas, son seis en total, cada una de un color distinto, la mía, por supuesto es celeste. Hice una diferente, una que regale a alguien… que significa mucho para mi... — esta vez la mirada se desvió a la derecha, y un leve sonrojo apareció en sus pómulos, por un momento el sonrojo la hizo ver aún más preciosa, tan radiante como una estrella — … él, bueno… — se acercó a la niña para susurrarle algo — … me gusta mucho pero no le digas a nadie — llevó el dedo índice a sus propios labios para sellar su leve secreto, pensar en Beltegeuse hizo latir su corazón, de una manera impropia de este — … entonces, cual es la especialidad de la casa, Señor Francis — su voz volvió a sonar normal: viva, colorida, agradable y tan embriagadora como la estampa de belleza irreal que siempre irradiaba la fémina.
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Karma Fanático: Hyakinthos.
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