12-09-2026, 08:19 AM
“¿Gratis?”
La esperanzas de Yana quedaron ahogadas con las acciones que secundaron a esa simple pregunta.
Sus grandes ojos azules perdieron parte del brillo que habían recuperado y por un instante, su sonrisa se borró de su boca al ver que, aunque la muchacha frente a ella tomó el frasco que le ofrecía con una delicadeza digna de la realeza, el papelillo que logró insertar a un lado de la etiqueta se resbaló de entre sus dedos y terminó flotando en el aire con una lentitud tortuosa, pero que la semi sirena más adulta no fue capaz de detectar, pues en ese momento, una ráfaga de viento, de esas que de manera repentina azotaban los túneles, terminó por sacar el papel de su vista, aunque no de la vista de la más pequeña quien, en todo momento, siguió de manera disimulada la trayectoria del papel con su mensaje de “ayuda”, hasta que este terminó cayendo en el canal de aguas verdosas. Se había perdido para siempre.
Quiso abrir la boca y advertirle a la muchacha, quiso decirle la razón real de su acercamiento, pero en ese momento las palabras de la pelirrosa empezaron a salir como una metralleta que Yana sintió como una puñalada en su pecho una y otra vez. Perdió la oportunidad de escapar de manera discreta, perdió la oportunidad de que alguien la ayudara sin que ella tuviera que decir nada… ¿Qué haría ahora?
Miró a la chica, pero para cuando sus ojos azules se posaron sobre ella de nuevo, ya había recuperado la sonrisa de antes, aunque sus irises carecieran del brillo con que la había recibido. Tal vez parecía un ángel y su aura se veía como la de uno, pero…se equivocó. Si fuera un ángel, la habría ayudado, habría entendido el mensaje de inmediato. Debió suponerlo, a la gente como ella nadie la va a rescatar. Tenía que ser fuerte…Tenía que aprender a vivir con su destino, a no ilusionarse.
—¿Diez? Eso es muy generoso de su parte señorita —. Como la profesional que era recuperó el habla y el buen porte de manera casi inmediata, pero había algo distinto en ella, una lejanía que no mostró al presentarse. Tragó saliva, ya no quería venderle ningún jugo a la señorita, más que nada porque bien sabía ella lo que contenían y no deseaba hacerle daño a la muchacha con esos brebajes del demonio, capaces de emborrachar a un caballo. —Pero sería muy exagerado de mi parte venderle tantos, no quisiera abusar de su buena fe, sé que el dinero es muy importante para sobrevivir en esta isla ¿Es usted visitante? Es raro ver turistas por estas regiones, aunque siempre hay algunos extremistas del mar limpio —. Indagó un poco más, aunque solo con hacer esa pregunta quiso darse una palmada en la frente. No debió preguntar nada, pues en el fondo, muy en el fondo, sabía que de recibir una respuesta positiva la ilusión de escapar de las garras de Randall volvería a apoderarse de ella y ¡No! Debía aceptar que ella no tendría un rescate de cuento de hadas ni un final feliz.
Yana dejó escapar un suspiro corto, uno que quedaba bastante bien disimulado con la mueca de cansancio de alguien que se la ha pasado trabajando; sin embargo, en medio de eso, se escondía algo peor. La niña, tan perspicaz como ella sola, percibió un aura conocida y le bastó mirar un poco hacia un lado, a una esquina cercana, para darse cuenta de la presencia de una mujer pelirroja que, sentada con las piernas cruzadas sobre un barril, fingía leer el periódico.
Yana tragó saliva y se apresuró a responderle a la hermosa muchacha frente a ella. —¡Ah! Disculpe, no tiene que responder a ello, he sido grosera, no crea que intento averiguar cosas de usted para aprovecharme, yo no soy así —. Movió su cabeza de lado a lado, incluso se había sonrojado un poco por la vergüenza. Supo que debía cambiar de tema de inmediato. —Perdón, creo que no le dije mi nombre, señorita M.M., yo soy Yana y no tiene que preocuparse por mis padres, están cerca, vigilando que no me pase nada mientras vendo…Esta es mi idea, ellos dejan que fluya para que pueda desenvolverme mejor en el mundo —. Fingió orgullo, pues alzó su cabeza con algo de soberbia. —Dicen que es necesario y a mi me gusta y no, tampoco es necesario que me acompañe a mi casa, yo…
Antes de que Yana pudiera terminar de hablar, el sonido de unos tacones resonando por los adoquines hizo eco en el espacio en que Yana intentaba excusarse con Merlot y pronto, la dueña de aquel sonido se dejó ver, llegándole a Merlot desde la espalda y colocando un brazo sobre su hombro con suma confianza.
Olía a perfume barato y un poco de alcohol, pero aquel aroma empalagoso era recompensado por la belleza que la pelirroja exhibía sin reparo: Unas largas piernas cubiertas con botas que llegaban un poco más arriba de sus rodillas, medias aun más largas, un vestido corto lleno de holanes y encajes, un escote que dejaba poco a la imaginación y un sombrero negro, que complementaba sus ropajes de colores similares y que terminaba en una enorme pluma que era imposible de ignorar.
—Wurururururururu —. Mientras se abanicaba con su periódico, rio de forma extraña, pero que en ella se escuchaba agradable. —Veo que Yana ha hecho una nueva amiga. Pido disculpa si la ha incomodado, señorita —. La voz de la pelirroja era en demasía amable, podía ser humana, pero su tono sonaba casi como el canto de una sirena. —Es mi hija, sé que no lo parece porque no ha sacado mis orejas, pero las heredó de su padre —. Mintió con habilidad y con ese mismo tono grácil con el que había llegado. Era imposible no creerle. —¡Oh! Veo que la ha ayudado en su pequeño emprendimiento ¡Bien Yana! Sigue así y tendrás muchos clientes en un futuro —. La pelirroja levantó su pulgar hacia la niña quien, aunque la miraba con una sonrisa, apretaba con fuerza los bordes de la bandeja de madera en la que llevaba los jugos.
—Gracias por eso, señorita, aunque…por favor, permítame invitarla a comer algo por ayudar a mi hija…Le he dicho que no me gusta que parezca una niña a la que obligan a trabajar, pero tampoco quiero cortar sus alas ¿Me entiende? —En ese momento, la mujer se soltó de Merlot y se colocó a un lado de la niña, acarició su cabeza con ternura y le sonrió a la semi sirena adulta. —Ahora, por favor, acompáñeme…prometo que no será molestia, trabajo en un restaurante cercano, pero ya ve el uniforme, imaginará que tipo de clientes atraigo —. Suspiró intentando generar lástima. —No es malo tener más presencia femenina en el lugar, así que, por favor…insisto…además, es casi medio día, bueno…eso dicen los relojes, es difícil decirlo sin luz del sol, wurururu —. Volvió a reír mientras se acercaba a Merlot para tomarla del brazo, como si fuera su amiga de toda la vida y, con su otra mano, seguía abanicándose con el periódico. —¡Vamos, vamos! Soy mesera y estoy en mi tiempo de descanso, pero el chef seguro nos prepara comida a ambas…la primera va por mi parte, ya sabe, por ayudar a Yana… ¡Oh! No me he presentado, mi nombre es Olena.
La mujer no esperó más y se puso en marcha, en cambio, Yana, se quedó paralizada por un momento antes de empezar a caminar. Sus manos habían vuelto a temblar.
El camino hacia el restaurante en el que trabajaba Olena no fue el más tranquilo, pues más de un hombre e incluso, algunas mujeres, se detenían para admirar la belleza de las tres que caminaban como reinas por ese lugar, claro, algunos no se quedaban en observar, preferían gritar cosas repugnantes, Olena y Yana los ignoraban; sin embargo, lo que no podían ignorar eran los intentos de toques, los que Olena detenía con el abanico negro que llevaba en la misma mano en la que sostenía el periódico del 29 de verano, pero, al final, el esfuerzo rindió frutos.
Al final de la calle un edificio distinto a los demás, más lujoso, con forma de una cueva decorada con corales blancos y brillantes a su alrededor, recibió a las dos mujeres y a la niña. Yana quiso quedarse fuera, pero una mirada de Olena bastó para que la niña prefiera entrar con ellas.
En el interior las cosas no eran distintas a la estructura exterior, había lujo, demasiado lujo para un restaurante en una calle que lucía tan desatendida y mucho más para el tipo de clientes que parecían estar ahí a esas horas, aunque lo que más llamaba la atención era la barra al final de la pared, que era rodeada por dos escaleras en forma de caracol que llevaban a un segundo piso cuyos vidrios rojizos impedían ver las actividades realizadas del otro lado, pero…por algún motivo, el primer piso no se veía sospechoso, era solo un restaurante bar, con mesas circulares, manteles de telas finas, cubiertos de plata y comensales que desentonaban con ese ambiente.
—¡Olena! —La saludó alguien detrás de la barra cuando la mujer apareció, era un hombre, mitad humano, mitad gyojin, joven, pero sin nada en especial, pero que aun así hizo que la pelirroja se relamiera los labios, aunque él, en cambio, no evitó desviar la vista hacia la pelirrosa que estaba a su lado… ¿Dónde? ¿Dónde la había visto antes? —Veo que vienes bien acompañada… ¡Bienvenida a la Gruta del Coral, señorita! —Disimuló, mientras buscaba en su mente en donde había visto su rostro —¿Van a beber algo?
—No ahora, Francis —. Olena se acercó al mostrador, jugando con un mechón de su cabello, pero asegurándose de quedar de espaldas a Merlot para que esta no pudiera ni ver el movimiento de su boca ni escuchar lo que le susurraría al chico. —Mira el cartel de recompensa…es ella...la que él mencionó la otra vez ¿Me entiendes? —Abrió el periódico justo en la página en donde estaba el rostro de Merlot, su “nuevo” nombre y su recompensa. —¡Vamos a comer! No podemos beber sin el estómago vacío, así que por favor sírvele bien a esta chica, lo que ella desee, por favor y también algo a Yana, fue gracias a mi hermosa hija que tenemos a tan linda invitada —. La voz de Olena se volvió a oír en alto mientras que retiraba el periódico del mostrador y se apartaba del chico mestizo quien alzó una ceja ante la mención de la palabra “hija” de parte de la pelirroja, pero se adaptó rápido a la mentira, así que asintió y le sonrió a la divina pelirrosa.
—Por favor, linda, no seas tímida y pídele a Francis lo que desees, yo subiré a buscar algo en mi casillero y luego bajaré enseguida ¡Ah! Pero antes…
Tomó uno de los frascos de jugo que ahora Yana había colocado en una silla alta que estaba frente a la barra. La niña seguía sin pronunciar palabra…sentía que había condenado a MM, así que ni siquiera fue capaz de reaccionar cuando la “dulce” Olena tomó uno de los frascos y sirvió el “jugo” en una copa de cristal que Francis le ofreció.
—Toma, por favor…no puedes probar bocado sin haber degustado la maravilla que prepara mi Yana —. La mujer dejó la copa frente a Merlot y sin más que decir, subió por las escaleras que estaban a un lado de la barra, justo hacia donde estaban “los vidrios rojos”.
Contenido Oculto
Envase de Jugo
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