12-09-2026, 06:09 AM
Halagos.
Siempre disfrutaba los halagos que la mujer de cabellos rosas le brindaba.
Por supuesto que sabía que lucía espectacular con lo que fuera que usara y claro que también era un excelente maestro, después de todo, logró enseñarle a Maki y a Miyori el uso básico de ese haki en solo unas cuantas horas. Podría hacer lo mismo con Merlot, estaba más que seguro.
El orgullo lo hizo perderse en su mente, prestando poca atención a las divagaciones o, mejor dicho, en este caso, a las válidas preguntas que la chica hacía sobre tocar lo intangible; sin embargo, pronto los golpes que ella empezó a dar lo sacaron de su ensimismamiento.
El primer golpe sonó como un flush, una ráfaga que traspasó el aire y deformó el humo por el que el puño de la mestiza pasó de corrido. El médico se sobresaltó un poco, pero al notar que estaba a una distancia lo bastante prudente para no verse afectado por ninguno de esos golpes, se quedó quieto, solo observando los intentos de la chica por hacer lo que, para cualquiera, era casi imposible.
No la detuvo, no importaba cuantas veces fallara, al contrario, con cada golpe que daba, el médico se detenía a analizar sus reflejos, la posición de sus puños, la fuerza que ejercía en sus golpes. Se notaba que sabía defenderse, al menos ante amenazas cotidianas y eso, de cierto modo, lo tranquilizó, eso significaba que, lo más probable, es que ella estaría segura en esa isla, pues dudaba que alguno de los habitantes, que para él debían ser todos enfermizos, pudiera competir con alguien sano.
Disoció, perdiéndose en los movimientos de combate de la chica por un rato más hasta que, de repente, ella se detuvo y eso hizo que el médico se diera cuenta de que, en el proceso, se había estado mordiendo su labio inferior mientras se concentraba en analizar las acciones de la chica, pero…aunque notó su tic, solo dejó de morderse la boca, ya magullada, cuando la muchacha le habló nuevamente. El miró hacia abajo para verla a la cara.
—No, claro que no eres capaz de sujetarlo, no aún al menos, simplemente quería ver si eras capaz de concentrar energía de manera empírica o algo así, pero parece que no funciona de esa manera —. Su rostro tomó un matiz pensativo mientras que una de sus manos se apoyaba en su barbilla. —Lo cierto es que hay muchas cosas que desconozco de esta nueva habilidad, pero puedo explicarte lo que sé antes de intentar cualquier cosa con fuego, porque NO…no voy a arriesgar a que tus escamas se vean sometidas a la devastación del fuego, sería una lástima, ¡Una tragedia! —expresó con más drama del necesario antes de dar un paso al frente y proceder a rodear la estopa de coco que, a estas alturas, había dejado de soltar humo blanco.
—Siéntate —. Le ordenó a la chica mientras él se agachaba para usar el encendedor una vez más y encender, nuevamente, el coco seco, incluso le dio algo de aire al abanicarlo con su mano, para que el humo que desprendiera fuera más de lo indicado y solo cuando estuvo listo, el médico se puso de pie al lado de la torre de humo y luego se giró para encarar a Merlot.
—Verás, en esa isla del cielo, Barto hizo algo que no comprendí… ¿Recuerdas al marine de luz? Su habilidad permite que se desvanezca en haces de luz y tu misma lo dijiste, una vez viste a un gato persiguiendo una luz y nunca la atrapó, porque la luz no debería poder tocarse, pero… ¡Barto lo hizo! En su combate fue capaz de tocar la luz, así que estuve investigando en la isla y descubrí a un maestro…no me preguntes el nombre, solo sé que tenía alas negras —. Hizo una pausa para ponerle rostro al maestro, pero al no conseguirlo, siguió hablando, mientras la humareda crecía cada vez más. —Ese hombre me dijo que es posible tocar a los usuarios de frutas del diablo tipo logia ¿Sabes? Esos que han comido esas frutas malditas y que sus cuerpos se vuelven uno con el elemento —. Explicó con calma antes de sentarse justo al lado de Merlot para observar el humo subir y tomarse la explicación con más calma.
—No sabía que esas frutas se llamaban así —. Sacudió su cabeza, se estaba desviando del tema. —¡Ah! Eso no es lo importante, lo que importa es que hay una habilidad llamada haki de armamento…No sé como lo logra, pero parece que recurre a la energía de tu cuerpo para endurecer tu piel y hacerla más resistente, como el hierro, al punto que es capaz de llegar a tocar incluso cosas que usualmente creeríamos imposibles de tocar…como la luz o el humo —. Al decir eso se puso de pie y cerró los ojos por un par de segundos mientras que se concentraba en sentir cierto cosquilleo en una de sus manos y cuando este empezó a hacerse más notable tanto en la palma como en sus dedos, cerró la mano en un puño y dio un paso al frente para “golpear” el humo.
Podía parecer una locura, pero su puño no traspasó hacia el otro lado, incluso se escuchó un sonido seco como si su mano se hubiera encontrado con una estructura sólida en lugar de con algo que debía escurrirse de los dedos.
—Lo ves…es posible tocar el humo —. Se apartó, terminando con ello su demostración y volvió a mirar a la chica para asegurarse que estuviera prestándole atención, aunque estaba más que seguro que sí. —La verdad no sé como logra desbloquearse, pero sé que funciona el concentrarse en la parte de tu cuerpo con la que pretendes dar el golpe…recuerdo que el maestro me mandó a meditar, pero eso no me ayudó tanto como un buen combate así que… ¿Por qué no me golpeas? Sin miedo —. Sonrió de medio lado, retando a la chica directamente. —Solo concentra tu energía en el puño que usarás…debes sentir un cosquilleo o eso es lo que yo siento…pero recuerdo que Miyori sintió sus manos pesadas, tal vez es distinto en cada persona…de todos modos, no sabremos como será en ti hasta que lo intentes…Golpea —. El médico se puso en posición de combate, tomando una postura de defensa que lo ayudaría para no recibir ningún mal golpe.
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