12-09-2026, 04:20 AM
(Última modificación: 12-09-2026, 04:22 AM por Hyákinthos.)
Vestimenta
Día 37 de verano
11:00 a.m.
Isla Chika
Royal Flush
No hay distinción entre el día y la noche cuando el cielo no es parte del paisaje.
Solo los relojes marcan la hora, una que deja de tener importancia cuando el paso del tiempo pasa a segundo plano.
Hyak, el médico de los Valar, no se quejaba por esto. Tenía muchos “peros” sobre la decisión de anclar en una isla en donde la desgracia ambiental perseguía a los desdichados que habitaban en ella, pero sus objeciones no tenían nada que ver con la ausencia de sol, al contrario, como buen búho nocturno, aprovechaba la oscuridad para trabajar y concentrarse sin tanto esfuerzo.
Por eso ahora, sentado en una cómoda silla dentro de la enfermería, mordiendo su labio por simple manía para ayudar a esa concentración que le brindaba una mañana tan oscura, el pelirrosa revisaba su confiable mochila negra, por nada grave, era una simple rutina en la que decidía inventariar sus productos médicos.
En Skypiea lo hizo, así como en otras islas anteriores, pero en Chika, desde que llegó se la pasó recorriendo los túneles más cercanos para anotar, en su libreta, sitios que le sirvieran de referencia o, bien, entrenando el manejo del haki en conjunto con la semi sirena, por lo que solo hasta hoy, dos días después de su llegada, tenía tiempo de prestar atención a sus insumos.
—Esencia de menta —. Susurró entre dientes, dejando, por un instante, de morder sus labios, mientras que en un cuaderno distinto al que usaba para anotar aquello que olvidaba y al que usaba para anotar los detalles sobre las islas que visitaba, escribía con cuidado la cantidad de frascos llenos que aún le quedaban: Tres, para ser exactos. Ni mucho ni poco, lo suficiente para mantener su vicio por un una semana más. —Una semana es muy poco tiempo…
Giró la página para ir hacia la anterior, en donde tenía inventariadas las especias de la cocina. Leyó la lista, hasta que sus ojos fueron a parar a la “menta”. Suspiró aliviado cuando se dio cuenta de que aún tenía aquella planta en las estanterías ¡Menos mal! Porque si en esa isla la gente cosechaba…lo que sea…él preferiría evitar comerlo, por simple seguridad.
—Es un alivio —. Musitó antes de abrir uno de los frascos y aspirar la esencia, aunque no le bastó con ello, si no que se colocó parte del líquido aceitoso y mentolado en el pulso de su muñeca y dejó el frasco a un lado, abierto, dejando que el penetrante olor se esparciera por toda de la habitación, mientras él, con calma y sin verse afectado por la pureza del aroma, continuaba con su contabilización de objetos.
—Vendas —. Sacó las que había en su maleta, estaban selladas, sí, pero no eran de la mejor calidad que podía conseguir, si tuviera que decidir, las usaría para que un estudiante de medicina practique la realización de vendajes. Las puso a un lado, no las rechazaría, pero conseguiría unas de mejor calidad…Seguro en ese sitio había buenas farmacias, que suponía que debían tener debido a la cantidad enorme de enfermedades que la contaminación puede provocar en la gente. —Solo dos paquetes de dudosa calidad… ¿A quién le compré esto? —Bufó para luego seguir revisando sus pertenencias.
—Ungüentos —. Tenía dos frascos ni muy grandes ni muy chicos. Los abrió y probó la contextura con sus dedos y al sentir la consistencia cremosa, que dejaba una sensación aceitosa en la mano, arrugó la boca y se limpió la mano antes de cerrar los frascos y anotarlos también en su inventario. —Ungüentos para quemaduras…No para cicatrizar, pero…no me gusta como se sienten al tacto —. Habló consigo mismo, meditando sus opciones, pero, de nuevo, no se deshizo de ellos, solo los colocó a un lado, así como había hecho con las vendas.
—Y ahora…—Tenía dos jeringas con su respectiva aguja. Estaban selladas, pero solo tuvo que leer el exterior para saber de que se trataba. —Dos antídotos genéricos…Jmmm…es mejor que nada —. Los revisó mejor antes de colocarlos a un lado de sus otros insumos y proseguir con la revisión de sus materiales.
Lo último que revisó de su bolsa fueron tres botiquines de distinto tamaño, dentro tenían varios utensilios; sin embargo, algo de ellos no los convencía, de hecho…algo de sus materiales no lo convencía en general, parecían ser para estudiantes y no para un experto. No es como que no pudiera trabajar con ello si era necesario, pero preferiría usarlo cuando ayudaba a Maki con sus lecciones de medicina. —¿Eh? —En ese momento, al recordar el nombre de su capitana, su mente se iluminó y una sonrisa surcó su bello rostro. —¡MAKI!
—¡Creo que tendré que quitar estas cosas de mi inventario! —Se puso de pie, aunque no sin antes guardar muy bien, en su bolsa, los dos juegos de vendas, los ungüentos, antídotos, además de 2 botiquines grandes, uno mediano y uno pequeño. Al final su mochila estaba pesada, pero seguro sería un buen regalo para su capitana…además, el podía comprarse más y mejores utensilios.
Con una sonrisa de oreja a oreja, al haber encontrado a quien podía darle esos útiles de práctica para que no se perdieran, salió de su “enfermería”, no sin antes tomar de la mesa un par de aperitivos de mango que lo hicieron arrugar la nariz y hacer un gesto de querer vomitar…Los habría botado a la basura, ni siquiera sabía porque estaban en sus cosas, pero pensó más fríamente antes de tirarlos, a fin de cuentas, entre más provisiones tuvieran, mejor les iría y sí…eso incluía aperitivos de mango que sus nakama podrían comer, mientras se mantuvieras lejos, MUY lejos, de él.
12:25 a.m.
Por algún motivo que desconocía, terminó bajando por la escotilla hasta la bodega en lugar de seguir el camino recto del pasillo que lo habría llevado directamente a la habitación de las chicas. Suspiró con pesadez al tener que hacer un recorrido doble con una bolsa pesada, pero después de dar un par de vueltas por el interior del barco, encontró la puerta que buscaba.
No dio un anuncio de su llegada, se limitó a abrir la puerta y luego a escanear la habitación con su mirada. Ni Merlot ni Miyori estaban ahí, solo Maki, eso era conveniente para el médico.
—Oe, iguana —. Se acercó a ella y dejó caer, a un lado, la pesada bolsa con insumos médicos. —Hace tiempo que no me ayudas en la enfermería, si descuidas tu conocimiento médico podrías olvidarlo, así que decidí traerte estas cosas para que practiques —. Le dio un par de palmadas a la bolsa negra que había colocado a un lado. —No tienes que preocuparte por adivinar que es cada cosa, tienen nombre afuera, así que cualquiera que sepa leer tendría idea de que contiene cada recipiente y no, no me lo agradezcas, sé que soy fabuloso y generoso, pero solo lo hago porque son objetos demasiado amateurs para un médico como yo…iré a conseguir algunas cosas en ese pueblo asqueroso, asumo que debe tener buenas farmacias ¿Sabes? Porque dudo que la población de este lugar tenga buena salud cuando viven en medio de la basura —. Se encogió de hombros antes de darse la vuelta y meter las manos en sus bolsillos, haciendo que sus dedos tocaran la envoltura del aperitivo de mango que había traído consigo…De nuevo arrugó su cara, recordando de que se trataba.
—Puaj…lo olvidaba —Se giró, ahora con los dos aperitivos en sus manos. —…Tengo esta porquería…son barritas de mango o algo así, están en buen estado…ni siquiera sé porque estaban entre mis cosas, debieron traspapelarse…en fin, las detesto, así que no se te ocurra comerlas frente a mi o te tumbaré los dientes ¿Escuchaste? —Dejó las barritas a un lado de la mochila y sin esperar a que Maki pudiera cuestionarlo, salió de la habitación. Tenía cosas que hacer en el pueblo, más sitios por descubrir y ¿Quién sabe? Tal vez encontraría plantas interesantes, aunque fueran venenosas.
Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
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