11-09-2026, 09:38 AM
(Última modificación: 11-09-2026, 09:40 AM por Miyori Hoshino.)
Los cinco niños no necesitaron escuchar una segunda advertencia, la enorme figura del gran Oni frente a ellos bastó para que el valor que habían mostrado apenas unos instantes se evaporara de inmediato, el primero bajó la pierna con cautela, otro retrocedió torpemente y, en cuestión de segundos, los cinco comenzaron a correr sendero arriba.
— ¡Esto no termina aquí! — gritó uno de ellos mientras se alejaba — ¡Tu dojo está muerto!
Los demás continuaron corriendo detrás de él, lanzando alguna que otra mirada nerviosa por encima del hombro hasta desaparecer entre los árboles. Ahora aquel pobre niño de pelo azabache permaneció unos segundos en el suelo, respirando con dificultad con los labios claramente empolvados, después apoyó ambas manos contra la piedra y se obligó a ponerse de pie, sus piernas todavía temblaban y uno de sus brazos dolía al moverlo debido al sangrado, pero consiguió mantenerse erguido con el pecho inflado de dignamente pese a la paliza recibida, alzó la mirada hacia Hanma.
— Gracias, señor… — dijo con una pequeña reverencia — si usted no hubiera llegado… — no terminó la frase, en cambio, miró hacia el sendero por donde habían desaparecido los otros niños.
— Quiero agradecerle como es debido, mi maestro estará encantado de recibirlo… ¿podría acompañarme?, podemos ofrecerle algo de comer y un lugar donde descansar… — aguardando a la respuesta del Oni, pronto comenzó a guiar el camino ladera arriba, su paso era lento por los golpes recibidos pero no demostró debilidad ante su salvador, estaba decidido a cumplir con su palabra.
El dojo se encontraba mucho más arriba, apartado de los caminos principales pero sin duda el aroma de aquella delicia culinaria se hacía cada vez más fuerte, era como seguir una corriente grato al olfato de cualquier experto en la cocina. En cuanto encontraron el empedrado que figuraba un muro terrenal a la fachada de una residencia sin letrero.
De hecho, a primera vista, aquel lugar parecía abandonado por la maleza creciente alrededor, la madera de la fachada había perdido su brillo hacía tiempo y algunas zonas necesitaban reparaciones al evidente acumulación de agua estancada en ciertos puntos del tejado entrante, ahora al entrarse al patio exterior todo parecía estar completamente limpio aunque apenas había señales de actividad, solo una jovencita de apariencia gyojin con aletas en sus orejas, ojos ambarinos y sus manos tenían telas que señalaban estar adaptadas a la vida acuática, vestía de un kimono de seda floreado rosa, en ese momento ella estaba barriendo las hojas caídas de un roble viejo como el dojo sin duda era la responsable de la limpieza de aquel sitio.
El muchacho abrió la puerta corrediza de la entrada con toda confianza — ¡Maestro! ¡Ya regresé!
Desde el interior llegó con una tos profunda y prolongada, un anciano apareció apoyándose pesadamente sobre un bastón, era un Gyojin Koi de edad avanzada, con escamas apagadas por los años de su vejez y a pesar de eso tenía un rostro amable que contrastaba con su apariencia fúnebre, apenas dio unos pasos antes de detenerse para recuperar el aliento tras su tos seca.
— Has vuelto… — murmuró con una sonrisa — ¿Qué te ocurrió, Akaza?
—Los alumnos de los otros dojos me atacaron otra vez, no me di cuenta que me seguían desde el puerto… — explicaba el pobre niño con los puños apretados y la cabeza gacha, era reflejo de su impotencia.
— Otra vez… — dijo el anciano con una voz baja mientras se acercaba al chico con cierta preocupación sobre su alumno.
—Esta vez, fueron cinco… me golpearon entre todos… — levantó la mirada hacia su maestro y posterior a eso giró su atención hacia el Oni de pelo escarlata — Pero este señor llegó y los hizo marcharse…. — el pequeño mencionó lo ocurrido con una expresión de profundo agradecimiento y admiración.
El anciano dirigió sus ojos hacia el enorme Oni y tras unos instantes de analizarlo, como si estuviera atento a sus intenciones, finalmente inclinó respetuosamente la cabeza — Entonces debo agradecerle personalmente.
Una nueva tos interrumpió sus palabras, la jovencita dejó de barrer y se acercó al anciano muy preocupada, pero él levantó una mano para indicarle que estaba bien — Este dojo… — continuó después de recuperar el aliento… — hace mucho tiempo que dejó de ser respetado en esta montaña. — con cierta dificultad tomó camino hacia el interior haciéndole una señal al niño y su acompañante, Hanma, de seguirle hasta la estancia donde encontraron una pequeña mesa y tomó asiento, esperando que el gran Oni sintiera comodidad en ese cojín tan pequeño.
— Los demás dojos nos repudian, hace algunos días incluso robaron nuestro letrero… — suspiró con gran pesadez —- En esta isla, quitar el letrero de un dojo no es una simple burla, es un desafío, significa que el dojo debe presentarse ante los demás y demostrar que merece conservar su lugar en la montaña. — Su expresión se volvió nostálgica pero sonreía a pesar de las circunstancias presentadas, sin duda era un anciano humilde y noble — Pero yo ya no tengo la fuerza necesaria para enfrentar más desafíos… — su mano se cerraron alrededor de su bastón… — Mi cuerpo apenas puede sostenerme, y él… — miró ahora al joven que continuaba leal a ese viejo dojo sin gracia — todavía es un novato, es mi único alumno…
Ante esa presentación el niño bajó la cabeza, apretando los puños, el silencio pronto se hizo presente mientras el aroma invadía la instancia abriendo el apetito de los presentes, era como si una olla fue destapada y el humo se coló por todas partes, no tenían más alumnos, no tenían un maestro capaz de defender el honor de su dojo, y sin embargo… se sentía como estar en un cálido hogar. — Pero no permita que todo esto le impida aceptar nuestra hospitalidad, después de haber ayudado a mi alumno, lo mínimo que podemos ofrecerle es un buen plato de comida, mi amada nieta cocina un delicioso estofado de res con vegetales hervidos y arroz. — Mencionaba el señor con una enorme sonrisa, orgulloso de su amada nieta.
Sin embargo, aquel jovencito de uniforme manchado por el lodo y pisadas de otros no parecía dispuesto a dejar el asunto allí, giró su cuerpo en dirección de su salvador, e inclinó su cabeza hasta pegar su frente hasta el suelo — ¡Señor! — exclamó con voz alta y llena de determinación. — Por favor, salve el dojo de mi maestro…. — no levantó la cabeza pero claramente se le escuchó tragar saliva de lo nervioso que estaba — Yo lo vi, vi lo que hizo allá abajo…. usted es sin duda muy fuerte…. s-si usted nos ayuda, quizás podamos recuperar nuestro letrero y demostrar que nuestro dojo todavía merece estar aquí.
— ¡Esto no termina aquí! — gritó uno de ellos mientras se alejaba — ¡Tu dojo está muerto!
Los demás continuaron corriendo detrás de él, lanzando alguna que otra mirada nerviosa por encima del hombro hasta desaparecer entre los árboles. Ahora aquel pobre niño de pelo azabache permaneció unos segundos en el suelo, respirando con dificultad con los labios claramente empolvados, después apoyó ambas manos contra la piedra y se obligó a ponerse de pie, sus piernas todavía temblaban y uno de sus brazos dolía al moverlo debido al sangrado, pero consiguió mantenerse erguido con el pecho inflado de dignamente pese a la paliza recibida, alzó la mirada hacia Hanma.
— Gracias, señor… — dijo con una pequeña reverencia — si usted no hubiera llegado… — no terminó la frase, en cambio, miró hacia el sendero por donde habían desaparecido los otros niños.
— Quiero agradecerle como es debido, mi maestro estará encantado de recibirlo… ¿podría acompañarme?, podemos ofrecerle algo de comer y un lugar donde descansar… — aguardando a la respuesta del Oni, pronto comenzó a guiar el camino ladera arriba, su paso era lento por los golpes recibidos pero no demostró debilidad ante su salvador, estaba decidido a cumplir con su palabra.
El dojo se encontraba mucho más arriba, apartado de los caminos principales pero sin duda el aroma de aquella delicia culinaria se hacía cada vez más fuerte, era como seguir una corriente grato al olfato de cualquier experto en la cocina. En cuanto encontraron el empedrado que figuraba un muro terrenal a la fachada de una residencia sin letrero.
De hecho, a primera vista, aquel lugar parecía abandonado por la maleza creciente alrededor, la madera de la fachada había perdido su brillo hacía tiempo y algunas zonas necesitaban reparaciones al evidente acumulación de agua estancada en ciertos puntos del tejado entrante, ahora al entrarse al patio exterior todo parecía estar completamente limpio aunque apenas había señales de actividad, solo una jovencita de apariencia gyojin con aletas en sus orejas, ojos ambarinos y sus manos tenían telas que señalaban estar adaptadas a la vida acuática, vestía de un kimono de seda floreado rosa, en ese momento ella estaba barriendo las hojas caídas de un roble viejo como el dojo sin duda era la responsable de la limpieza de aquel sitio.
El muchacho abrió la puerta corrediza de la entrada con toda confianza — ¡Maestro! ¡Ya regresé!
Desde el interior llegó con una tos profunda y prolongada, un anciano apareció apoyándose pesadamente sobre un bastón, era un Gyojin Koi de edad avanzada, con escamas apagadas por los años de su vejez y a pesar de eso tenía un rostro amable que contrastaba con su apariencia fúnebre, apenas dio unos pasos antes de detenerse para recuperar el aliento tras su tos seca.
— Has vuelto… — murmuró con una sonrisa — ¿Qué te ocurrió, Akaza?
—Los alumnos de los otros dojos me atacaron otra vez, no me di cuenta que me seguían desde el puerto… — explicaba el pobre niño con los puños apretados y la cabeza gacha, era reflejo de su impotencia.
— Otra vez… — dijo el anciano con una voz baja mientras se acercaba al chico con cierta preocupación sobre su alumno.
—Esta vez, fueron cinco… me golpearon entre todos… — levantó la mirada hacia su maestro y posterior a eso giró su atención hacia el Oni de pelo escarlata — Pero este señor llegó y los hizo marcharse…. — el pequeño mencionó lo ocurrido con una expresión de profundo agradecimiento y admiración.
El anciano dirigió sus ojos hacia el enorme Oni y tras unos instantes de analizarlo, como si estuviera atento a sus intenciones, finalmente inclinó respetuosamente la cabeza — Entonces debo agradecerle personalmente.
Una nueva tos interrumpió sus palabras, la jovencita dejó de barrer y se acercó al anciano muy preocupada, pero él levantó una mano para indicarle que estaba bien — Este dojo… — continuó después de recuperar el aliento… — hace mucho tiempo que dejó de ser respetado en esta montaña. — con cierta dificultad tomó camino hacia el interior haciéndole una señal al niño y su acompañante, Hanma, de seguirle hasta la estancia donde encontraron una pequeña mesa y tomó asiento, esperando que el gran Oni sintiera comodidad en ese cojín tan pequeño.
— Los demás dojos nos repudian, hace algunos días incluso robaron nuestro letrero… — suspiró con gran pesadez —- En esta isla, quitar el letrero de un dojo no es una simple burla, es un desafío, significa que el dojo debe presentarse ante los demás y demostrar que merece conservar su lugar en la montaña. — Su expresión se volvió nostálgica pero sonreía a pesar de las circunstancias presentadas, sin duda era un anciano humilde y noble — Pero yo ya no tengo la fuerza necesaria para enfrentar más desafíos… — su mano se cerraron alrededor de su bastón… — Mi cuerpo apenas puede sostenerme, y él… — miró ahora al joven que continuaba leal a ese viejo dojo sin gracia — todavía es un novato, es mi único alumno…
Ante esa presentación el niño bajó la cabeza, apretando los puños, el silencio pronto se hizo presente mientras el aroma invadía la instancia abriendo el apetito de los presentes, era como si una olla fue destapada y el humo se coló por todas partes, no tenían más alumnos, no tenían un maestro capaz de defender el honor de su dojo, y sin embargo… se sentía como estar en un cálido hogar. — Pero no permita que todo esto le impida aceptar nuestra hospitalidad, después de haber ayudado a mi alumno, lo mínimo que podemos ofrecerle es un buen plato de comida, mi amada nieta cocina un delicioso estofado de res con vegetales hervidos y arroz. — Mencionaba el señor con una enorme sonrisa, orgulloso de su amada nieta.
Sin embargo, aquel jovencito de uniforme manchado por el lodo y pisadas de otros no parecía dispuesto a dejar el asunto allí, giró su cuerpo en dirección de su salvador, e inclinó su cabeza hasta pegar su frente hasta el suelo — ¡Señor! — exclamó con voz alta y llena de determinación. — Por favor, salve el dojo de mi maestro…. — no levantó la cabeza pero claramente se le escuchó tragar saliva de lo nervioso que estaba — Yo lo vi, vi lo que hizo allá abajo…. usted es sin duda muy fuerte…. s-si usted nos ayuda, quizás podamos recuperar nuestro letrero y demostrar que nuestro dojo todavía merece estar aquí.
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