11-09-2026, 08:17 AM
Otra isla desolada más, parece que el destino lo aleja de los tumultos, como presagiando el día en que no sea así. De espaldas a la playa esta un bosque, el espadachín leyó sobre esta isla, no es un geógrafo ni amante de la cartografía, pero si alguien que gusta de saber. El bosque Utsukushi se extendía ante él como un lienzo de una viveza tan exagerada que rozaba lo absurdo. Los árboles monumentales custodiaban el territorio con sus copas entrelazadas, formando un domo natural que filtraba la luz del sol en un abanico de tonos cálidos. Dharma avanzaba con pasos medidos y parsimoniosos, manteniendo sus manos cerca de las empuñaduras de sus espadas gemelas de hojas largas que descansaban a los costados de su torso. Sus ojos verde oscuro, que envuelven su peculiar mirada, una vista eterna de desinterés, pero movido siempre por una curiosidad insaciable, un poco irónico, sus orbes, registraban cada anomalía del entorno. El musgo verde brillante envolvía los troncos como una piel viva, mientras de las ramas colgaban ramificaciones de una flora desconocida y extravagante. Muy bonito, muy agradable a la vista, pero lo que sucedía en la playa era lo mas importante, al menos por el día de hoy.
La debilidad de los seres mundanos radicaba en dejarse arrastrar por las apariencias banales, en confiar en la calma de un paisaje idílico antes de ser devorados. Pero Dharma no operaba bajo esas frecuencias de ingenuidad. El desprecio que sentía por los que bajaban la guardia se aplicaba aquí con el rigor de su disciplina marcial. Cada insecto brillante, cada hongo exótico y cada río cristalino era evaluado como un peligro potencial en su mapa mental. Aun sin saber los nombres de cada organismo, si que los tenia en su lista personal, de una u otra forma, pues aunque no podía ser experto en todo, el conocimiento le permitía eso mismo, conocer. Y eso mismo le dejaba ver la anomalía que estaba sucediendo, en el lugar se encontraban los vasallos del Ragnarok a los que Sigurd solía llamar hijos o hermanos o primos... realmente no eran de importancia para el espadachín, pero cumplían bien sus funciones.
El estruendo constante de las olas rompiendo contra los restos del naufragio era el único sonido que competía con el dulce y suave movimiento de la brisa con la flora de la isla, en el límite de la playa. Dharma permanecía de pie a unos pasos de la orilla, con sus ropas negras casuales agitándose levemente por la fresca brisa marina. Nuevamente su mirada se mantenía más atenta con lo que estaba presenciando, sus ojos afilados observaron la llegada de Sigurd y como este comenzaba a revolotear algunas cosas del naufragio, el gigantesco rubio volteaba el fragmento de metal carcomido por el tiempo de uso. El antiguo practicante del budismo mas radical, no necesitó acercarse para identificar la gaviota azul marino pintada en el armazón; tenia total conocimiento de el funcionamiento de las instituciones que regían este mundo, un tipo de navío de los marines, ahora con tan poca suerte ha terminado reducido a astillas flotantes en la costa de la Isla Chisi.
| Marines... si pudiera... | Un pedazo de tela atorado ondeando de forma triste, muestras los resquicios de una bandera color blanca, de su enormidad solo quedan pocas cosas pero se puede interpretar, al menos por Dharma que tiene el conocimiento de como funcionan algunos rubros de los marines. | División 60... como si importara | Dice para si mismo, aunque lo puedan escuchar los demás. | No es lo único... parece que han logrado sobrevivir ¡eh! Jahjahjah | Su risa un poco pesada y oscura aparecía, a veces podría parecer un tanto escalofriante que su tono de voz no variara, ni para lo alegre ni para lo triste, ni para nada, pero había un dejo de emoción aun en sus palabras. La ventaja por decirlo de alguna forma y sin ser experto rastreador, pero si un fan de la cacería, era que aquellos vestigios de sangre en la arena se combinaron con esta misma, aun había moronas que soltaron las bolsas de carne que sobrevivieron, hilos carmesí que se combinan con la arena de forma sutil, no tenían tanto de haberse movido, aunque la misma arena lograba conservar el rastro.
| Bro... ya era hora... |
Escuchó la ruidosa risa del capitán del Ragnarok y esa pregunta cargada de un salvaje entusiasmo por la violencia que se avecinaba. Una mueca lineal, una sutil sonrisa que apenas se esbozaba, delató la fría expectación que despertaba la situación en su interior. Aquello no era un simple contratiempo en su desembarco; era una oportunidad perfecta para por fin hacer algo entretenido desde que habían estado en Skypea. Ajusto su cuerpo y comenzó a estirar los hombros y sus brazos, esa manía que tenia cuando algo estaba por suceder o a veces solo porque si. Su cuerpo atlético se encaminaba unos pasos hacia donde estaba nuevamente el bosque.
El pelinegro concentro su mirada a donde los hilos rojos de los supervivientes se adentraban como pequeñas cuerdas que había que ir recolectando, todo eso bajo la mirada del astro rey y los arboles que intentaban resguardar en su grandeza, unos visitantes. Para alguien con la mentalidad furtiva como lo es Dharma, el escenario que la maleza ofrecía era idóneo para una cacería. Los marines que habían logrado curarse a toda prisa se habían ocultado en un bosque donde se profetizaba una letalidad salvaje. Los Ragnarok se encontraban mas que listos.
La debilidad de los seres mundanos radicaba en dejarse arrastrar por las apariencias banales, en confiar en la calma de un paisaje idílico antes de ser devorados. Pero Dharma no operaba bajo esas frecuencias de ingenuidad. El desprecio que sentía por los que bajaban la guardia se aplicaba aquí con el rigor de su disciplina marcial. Cada insecto brillante, cada hongo exótico y cada río cristalino era evaluado como un peligro potencial en su mapa mental. Aun sin saber los nombres de cada organismo, si que los tenia en su lista personal, de una u otra forma, pues aunque no podía ser experto en todo, el conocimiento le permitía eso mismo, conocer. Y eso mismo le dejaba ver la anomalía que estaba sucediendo, en el lugar se encontraban los vasallos del Ragnarok a los que Sigurd solía llamar hijos o hermanos o primos... realmente no eran de importancia para el espadachín, pero cumplían bien sus funciones.
El estruendo constante de las olas rompiendo contra los restos del naufragio era el único sonido que competía con el dulce y suave movimiento de la brisa con la flora de la isla, en el límite de la playa. Dharma permanecía de pie a unos pasos de la orilla, con sus ropas negras casuales agitándose levemente por la fresca brisa marina. Nuevamente su mirada se mantenía más atenta con lo que estaba presenciando, sus ojos afilados observaron la llegada de Sigurd y como este comenzaba a revolotear algunas cosas del naufragio, el gigantesco rubio volteaba el fragmento de metal carcomido por el tiempo de uso. El antiguo practicante del budismo mas radical, no necesitó acercarse para identificar la gaviota azul marino pintada en el armazón; tenia total conocimiento de el funcionamiento de las instituciones que regían este mundo, un tipo de navío de los marines, ahora con tan poca suerte ha terminado reducido a astillas flotantes en la costa de la Isla Chisi.
| Marines... si pudiera... | Un pedazo de tela atorado ondeando de forma triste, muestras los resquicios de una bandera color blanca, de su enormidad solo quedan pocas cosas pero se puede interpretar, al menos por Dharma que tiene el conocimiento de como funcionan algunos rubros de los marines. | División 60... como si importara | Dice para si mismo, aunque lo puedan escuchar los demás. | No es lo único... parece que han logrado sobrevivir ¡eh! Jahjahjah | Su risa un poco pesada y oscura aparecía, a veces podría parecer un tanto escalofriante que su tono de voz no variara, ni para lo alegre ni para lo triste, ni para nada, pero había un dejo de emoción aun en sus palabras. La ventaja por decirlo de alguna forma y sin ser experto rastreador, pero si un fan de la cacería, era que aquellos vestigios de sangre en la arena se combinaron con esta misma, aun había moronas que soltaron las bolsas de carne que sobrevivieron, hilos carmesí que se combinan con la arena de forma sutil, no tenían tanto de haberse movido, aunque la misma arena lograba conservar el rastro.
| Bro... ya era hora... |
Escuchó la ruidosa risa del capitán del Ragnarok y esa pregunta cargada de un salvaje entusiasmo por la violencia que se avecinaba. Una mueca lineal, una sutil sonrisa que apenas se esbozaba, delató la fría expectación que despertaba la situación en su interior. Aquello no era un simple contratiempo en su desembarco; era una oportunidad perfecta para por fin hacer algo entretenido desde que habían estado en Skypea. Ajusto su cuerpo y comenzó a estirar los hombros y sus brazos, esa manía que tenia cuando algo estaba por suceder o a veces solo porque si. Su cuerpo atlético se encaminaba unos pasos hacia donde estaba nuevamente el bosque.
El pelinegro concentro su mirada a donde los hilos rojos de los supervivientes se adentraban como pequeñas cuerdas que había que ir recolectando, todo eso bajo la mirada del astro rey y los arboles que intentaban resguardar en su grandeza, unos visitantes. Para alguien con la mentalidad furtiva como lo es Dharma, el escenario que la maleza ofrecía era idóneo para una cacería. Los marines que habían logrado curarse a toda prisa se habían ocultado en un bosque donde se profetizaba una letalidad salvaje. Los Ragnarok se encontraban mas que listos.
Off Rol
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
