11-09-2026, 05:02 AM
Narrador / María Merlot
Una idea rondaba su cabeza.
Una idea idealista.
Una utopía.
Una idea idealista.
Una utopía.
Sentada en el mascarón con forma de Cara Melo del Flush Royal la mestiza barajaba sus opciones. ¿Qué opciones? Sanear a esa desdichada isla. Limpiarla y volverla habitable, en la superficie, no bajo tierra. ¡Las personas no eran lombrices, topos o cualquier otro animal que tuviera como su hábitat el subsuelo! A María Merlot le gustaba sentir el sol en su piel, el agua abrazarla, la luz de las estrellas guiándola y la luna siempre acompañándola… y justamente eso quería para esos desdichados habitantes de un mundo sin… color o alegría. No entendía como termino siendo un basurero, sanearla le llevaría muchísimo tiempo sin los recursos necesarios… pero ¿Acaso intentarlo estaba prohibido? Claro que no, llevaría al mundo esa historia de marginados, conseguiría inversionistas, lograría un cambio en ese sitio. Su corazón le decía que era lo justo y correcto.
Vistiéndose con un lindo vestido de dos piezas, sus infaltables zapatos sin tacón, un moño alto y su bolso de medio lado con insumos varios, decidió salir a investigar. La información era poder, y el poder era necesario para destruir sistemas, en este caso, uno lleno de basura. Dando dos pasos hacia la puerta, se detuvo, pensando en que quizás debería ir equipada… después de todo, en la oscuridad siempre acechaba el mal… que lo sabría ella muy bien. Así que cambio los zapatos por sus botas reforzadas, se coloco sus siempre bonitos guantes a medida, en su muslo derecho oculto una de sus armas, a la espalda la otra, por suerte su larga cabellera la ocultaba de ojos curiosos.
Vistiéndose con un lindo vestido de dos piezas, sus infaltables zapatos sin tacón, un moño alto y su bolso de medio lado con insumos varios, decidió salir a investigar. La información era poder, y el poder era necesario para destruir sistemas, en este caso, uno lleno de basura. Dando dos pasos hacia la puerta, se detuvo, pensando en que quizás debería ir equipada… después de todo, en la oscuridad siempre acechaba el mal… que lo sabría ella muy bien. Así que cambio los zapatos por sus botas reforzadas, se coloco sus siempre bonitos guantes a medida, en su muslo derecho oculto una de sus armas, a la espalda la otra, por suerte su larga cabellera la ocultaba de ojos curiosos.
“Estaré buscando información de Basuropolis. No puedo salvarla si no sé qué le paso. Regreso para la cena. Los quiero mucho.”
Escribió en una de las hojas de su libreta de notas, con su preciosa caligrafía. La arranco y la dejo clavada en la puerta del camarote para que sus nakamas la vieran y no se preocuparan por su ausencia en esas horas. Así fue como comenzó su travesía por aquellos túneles. De cuando en cuando se encontraba a algún habitante, cuyo gentilicio para ella era topeño. Con su bolígrafo iba escribiendo lo que le decían de la isla. Si, estaba entrevistando a las personas, su simpatia y belleza ayudaban mucho a conseguir información: superficie inhabitable, lluvias acidas, aprovechamiento de materiales, milicia local.
Luego de un rato de investigación, y considerando su terrible sentido de la orientación termino acercándose a los linderos de la “vida aceptable” y la “vida despreciable”. Lo cierto, es que ella no se dio cuenta hasta que una voz, muy juvenil la hizo prestar atención.
Luego de un rato de investigación, y considerando su terrible sentido de la orientación termino acercándose a los linderos de la “vida aceptable” y la “vida despreciable”. Lo cierto, es que ella no se dio cuenta hasta que una voz, muy juvenil la hizo prestar atención.
Señorita
Una niña, muy bonita, de grandes ojos azules como el oceano, como los de Vivi. Y una cabellera tan verde y preciosa como la de su Unnie. Inmediatamente María Merlot esbozo una sonrisa cariñosa, aquella personita le recordaba a dos de sus nakamas, y más aun cuando sus dientes imperfectos la correspondieron. ¡Y miren esas orejitas de pez! ¿Era como ella? ¡Era como ella! Los orbes de la mestiza brillaron sintiéndose identificada con la joven — ¿Grátis? — repitió tomando el envase con cuidado y mirándolo con curiosidad mientras escuchaba la explicación de la niña — ¿Los haces tú? Wow — se sorprendió porque vio que no había uno sino varios de esos brebajes, y para ser alguien tan joven comerciando... la hizo sentir llena de orgullo, después de todo era un negocio propio y si se esforzaba seguro crecería, tal vez cuando tuviera su edad, ya sería una empresaria rica. ¡A María Merlot le gustaba la ambición de esa niña! — Gracias, por supuesto que lo probaré, y te comprare algunos más… tengo 4 amigos que seguro estarán encantados de tomar una fusión de jugos especiales. ¿Cuánto cuestan? — comento metiendo su diestra al bolsillo para sacar algunas monedas y pagar los otros que se llevaría. En una mano el dinero, en la otra el jugo, eso retraso que ella lo abriera y lo bebiera — … tal vez debería llevarme 10 para las comidas… — empezó a sacar cuentas mentales, entonces al levantar la vista más allá de la niña, vio con más detalle la zona… una que le trajo un pequeño destello de desagrado y un escalofrío en su cuello por lo vivido en su pasado. ¿Qué hacia esa pequeña niña ahí? ¿Y sus padres? — … me llamo María pero mis amigos me dicen MM… ¿Cómo te llamas? ¿Dónde están tus padres? Quizás no deberías estar por esta zona… ¿quieres que te acompañe a hacia un lugar… menos… más seguro? — se presento con su encanto natural, luego le pregunto por sus representantes, y por último se ofreció a llevarla hasta dónde estuviera más segura. Lo cierto es que esa área en particular, la ponía un poco nerviosa, y jamás dejaría a una pequeña niña a merced de esa... oscuridad.
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Karma Fanático: Hyakinthos.
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