11-09-2026, 03:19 AM
Tras pasar casi dos días navegando en mar abierto, la oscuridad que envolvía el océano, el silencio casi absoluto de aquellas aguas y las bajas temperaturas de la noche podría agobiar a cualquier marinero. Sin embargo, todo eso no importaba gracias a la compañía de Nyxara, quien, con su habitual amabilidad y serenidad, logró dispersar cualquier sentimiento de inquietud, pensar en el tiempo o incluso en malos pasados. compartiendo conmigo momentos cálidos. A decir verdad, aquel viaje terminó siendo una oportunidad inesperada para conocernos un poco más; hablamos sobre nuestro pasado sin rozar temas delicados, no queríamos tirar de esos hilos, es lo que pude percibir al hablar sobre eso, sinceramente fueron relatos simples, nada que pudiera incomodarnos… simplemente un poco de cotilleo entre dos finas damas, compartiendo historias, curiosidades y alguna que otra confidencia mientras el océano se extendía silencioso ante nosotras.
Le conté sobre las innumerables veces que mi abuela había intentado comprometerme, aunque de entre todas las historias, probablemente la que más recordaría sería el día en que terminé lanzándome por una ventana para escapar de Isla del Karate y evitar casarme con un pescador flacucho. También le platiqué sobre mi pequeño y vergonzoso problema con los hombres y mi afán por los pectorales grandes; le expliqué que era una sensación que todavía no terminaba de comprender, pero cuando tenía a uno de esos hombres frente a mí, simplemente me resultaba imposible concentrarme como debía, las ganas de morderles un pectoral ganaba toda fantasia. Poco a poco fui dejando que Nyxara conociera una faceta de mí que normalmente procuraba mantener bastante oculta, quizá por vergüenza, aunque confesar aquellas pequeñas peculiaridades parecía ser la mejor manera de conocernos un poco más, es lo que queria creer. Entre risas, historias y alguna que otra confesión inesperada, aquella noche terminamos compartiendo los bollos al vapor que mi abuela nos preparo mientras continuábamos con nuestro particular intercambio de cotilleos.
Fue así como una brisa helada me despertó de aquel sueño reparador, entre el sonido de una potente campana, me fui aproximando hacia la cubierta del barco para poder divisar lo que estaba delante de nosotras, ahí estaba, una isla gélida que daba la bienvenida a todo aquel que visitaba sus costas. A pesar del viento helado, mi cabello ondeaba contra el viento –Isla Roshwan,¿Quien es tu mejor elemento? — con aquella pregunta a la deriva, escuche los pasos de mi compañera que se unio de manera natural, compartiendo ese nuevo comienzo y recordandome que debiamos encontrarnos con otra persona, o mejor dicho…con un viejo amigo.
Ante el sonido de otra campana que se asomaba desde otra dirección, un barco que estaba a punto de anclar, ahi estaba, esa potente silueta que confirmaba la duda de Nyxara –Claro que si…– Sonrei con dulzura a ver de nuevo a Arceo, ese maldito gigante que tenia un espacio en mi corazón y mis recuerdos. Sutilmente coloque una mano sobre Nyxara para transmitirle confianza, voluntad y sobre todo apoyo, no queria indagar en su pasado, tampoco en sus miedos, simplemente queria demostrarle que tenia mi apoyo para lo que sea que necesitará.
Espero que Jesse y Seraphim, vengan pronto…asi la división ochenta y uno, estará completa –Esperando tocar puerto, estabamos mas que listos.
Le conté sobre las innumerables veces que mi abuela había intentado comprometerme, aunque de entre todas las historias, probablemente la que más recordaría sería el día en que terminé lanzándome por una ventana para escapar de Isla del Karate y evitar casarme con un pescador flacucho. También le platiqué sobre mi pequeño y vergonzoso problema con los hombres y mi afán por los pectorales grandes; le expliqué que era una sensación que todavía no terminaba de comprender, pero cuando tenía a uno de esos hombres frente a mí, simplemente me resultaba imposible concentrarme como debía, las ganas de morderles un pectoral ganaba toda fantasia. Poco a poco fui dejando que Nyxara conociera una faceta de mí que normalmente procuraba mantener bastante oculta, quizá por vergüenza, aunque confesar aquellas pequeñas peculiaridades parecía ser la mejor manera de conocernos un poco más, es lo que queria creer. Entre risas, historias y alguna que otra confesión inesperada, aquella noche terminamos compartiendo los bollos al vapor que mi abuela nos preparo mientras continuábamos con nuestro particular intercambio de cotilleos.
Fue así como una brisa helada me despertó de aquel sueño reparador, entre el sonido de una potente campana, me fui aproximando hacia la cubierta del barco para poder divisar lo que estaba delante de nosotras, ahí estaba, una isla gélida que daba la bienvenida a todo aquel que visitaba sus costas. A pesar del viento helado, mi cabello ondeaba contra el viento –Isla Roshwan,¿Quien es tu mejor elemento? — con aquella pregunta a la deriva, escuche los pasos de mi compañera que se unio de manera natural, compartiendo ese nuevo comienzo y recordandome que debiamos encontrarnos con otra persona, o mejor dicho…con un viejo amigo.
Ante el sonido de otra campana que se asomaba desde otra dirección, un barco que estaba a punto de anclar, ahi estaba, esa potente silueta que confirmaba la duda de Nyxara –Claro que si…– Sonrei con dulzura a ver de nuevo a Arceo, ese maldito gigante que tenia un espacio en mi corazón y mis recuerdos. Sutilmente coloque una mano sobre Nyxara para transmitirle confianza, voluntad y sobre todo apoyo, no queria indagar en su pasado, tampoco en sus miedos, simplemente queria demostrarle que tenia mi apoyo para lo que sea que necesitará.
Espero que Jesse y Seraphim, vengan pronto…asi la división ochenta y uno, estará completa –Esperando tocar puerto, estabamos mas que listos.

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