10-09-2026, 07:07 AM
(Última modificación: 10-09-2026, 07:25 AM por Hyákinthos.)
Día 37 de verano
10:10 a.m.
Isla Chika
Zona "Rosa"
***“Cuartos de la gente pobre
con sus chiquillos descalzos.
Cuartos donde no entra el sol,
porque el sol es aristocrático.”
con sus chiquillos descalzos.
Cuartos donde no entra el sol,
porque el sol es aristocrático.”
No hay belleza en el paisaje cuando la contaminación reina.
El agua pura es poca, el aire impuro.
Pensar en vivir en la parte superior de la isla Chika es inimaginable para sus habitantes, Yana lo sabe mejor que nadie.
El sol nunca ha llegado tan abajo, no cuando los tragaluces, naturales o artificiales, serían una sentencia de muerte si llegaran a realizarse por el capricho de ver unos cuantos rayos de luminosidad dentro de los laberínticos túneles…húmedos, oscuros. Así ha sido desde que tiene memoria.
¿Por qué la trajeron a este mundo?
Su sonrisa, casi eterna, se desvaneció por un segundo en una mueca que arrastraba hacia abajo la comisura de sus labios mientras agachaba su cabeza y miraba la punta, cubierta de lodo, de sus botas.
¿Acaso sus padres no se dieron cuenta de que este es el peor sitio para crear vida?
Sus pasitos, quedos, se detuvieron en seco cuando sus manos, que sostenían una bandeja de cuello dividida en varias casillas, empezaron a temblar. Tenía que calmarse eso no es bueno para el negocio.
¿Y dónde estaban sus padres ahora de todos modos?
Yana inhaló todo el aire que pudo, ignoró los silbidos libidinosos de un borracho que pasaba al lado de ella y alzó la cabeza antes de que sus ojos pudieran humedecerse por culpa de preguntas cuyas respuestas, en su presente, ya no importaban.
Dejó a un lado esa mueca que gritaba “tristeza” y soltando solo un lado de la bandeja, se dio una palmadita en el rostro antes de ensanchar sus labios de lado a lado, mostrando sus dientes que, aunque blancos, estaban algo chuecos, una característica que no era extraña en una niña de 14 años que ha tenido una pobre salud bucal en lo poco que lleva de vida.
—¡Jugos! ¡Jugos de arándano rojo y manzana verde! ¡Compren, compren! —Con el aire que había tomado antes, empezó a gritar. Con la sonrisa que fingía, se dirigía a sus posibles clientes. —¡Tienen un secreto de la casa! Ya lo saben, el mejor pub de Chika: ¡La Gruta del Coral!
¿Coral?
Mientras avanzaba por las “aceras” estrechas, llenas de puestos de venta ambulante, con productos de dudosa procedencia y con personas de distintas razas acostadas, sobre cartones viejos, a un lado de precarios comercios que parecían estar a punto de venirse abajo, Yana no pudo evitar preguntarse ¿Cómo lucirían los corales?
Ladeó su cabeza y sus hombros, cubiertos con la blanca tela fina de una blusa que desencajaba con el resto de la atmósfera viciada, tocaron la piel cartilaginosa de sus orejas de gyojin…Una de las pocas herencias de su madre, además de las agallas que adornaban cada lado de su pálido cuello.
Mitad gyojin y aún así, nunca había nadado en un río, mucho menos en el mar, la idea, al igual que la visión de la luz del sol, no era más que un anhelo con el que solo podría soñar en las noches tranquilas que, poco a poco, le estaban siendo arrebatadas desde que “él” decidió que debía trabajar con clientes de manera más frecuente.
—¡Compren! El primero es de cortesía, además, si compra media docena, recibirá media hora a mitad de precio en los tratamientos especiales que brindamos las chicas en La Gruta del Coral ¡Yo podría ser su anfitriona! —Volvió a vociferar mientras avanzaba, ganándose miradas cansadas de mujeres más viejas que, desde sus esquinas, solo rodaban los ojos o dejaban escapar el humo del cigarro en dirección hacia Yana, haciendo que este se colara, no solo en su nariz si no también en sus agallas y cuando eso ocurría, su rostro se ponía rojo al intentar contener la tos que la sensación le provocaba. —¡Compren…cof cof!
Se detuvo, su rostro, de por si pálido adquirió un tono mucho más blanco y sus manos volvieron a temblar alrededor de la bandeja de madera que esta vez sostuvo con más fuerza. Sus ojos, azules, como el mar limpio que ella nunca había contemplado, se movieron de un lado a otro en movimientos rápidos, buscando con la mirada a cualquiera de sus chaperonas o a “él” mismo, quien, seguramente, no estaría contento si escuchara ese dejo de imperfección en su voz.
Algunas de las mujeres mayores, demacradas por su estilo de vida y por el ambiente tóxico en el que habitaban, sonrieron de madera disimulada y otras soltaron risas que se dejaron escuchar con más evidencia. Yana buscó tranquilizar el temblor de sus manos al respirar lento repetidas veces y, como había hecho antes, recompuso la sonrisa fingida que debía adornar su rostro. Nadie iba a humillarla.
Miró al frente, con la cabeza bien en alto.
Si su destino estaba en pasar sus días en ese asqueroso prostíbulo, disfrazado de bar, como lo era La Gruta del Coral, lo abrazaría con la frente bien en alto, a fin de cuentas, aunque sus padres la hubieran vendido por un boleto de salida de aquella isla, la vendieron al mejor postor, a fin de cuentas, era la favorita de Randall y se aseguraría de que eso no cambiara ni ahora ni nunca.
Sus pasos, de nuevo, cautos, siguieron su camino por la “acera” que estaba a un lado de un canal de agua verdosa, insalubre tal vez, que recorría el medio de la “Zona Rosa” de Chika. Esta vez decidió colocar en su aniñado rostro una sonrisa más altiva. Funcionó…Eso le trajo algunos clientes a los que, luego de entregarles un cupón de descuento del “bar”, dirigió con señas hasta el único local de esa zona que no parecía estar por caerse: La Gruta del Coral.
Para la hora de la mañana que era, el negocio iba bien, había logrado vender varios de los “jugos” que llevaba en su bandeja, pensó en tomar un descanso, pero antes de ello, miró hacia el final de la calle, un sitio más iluminado que colindaba con zonas más agradables, incluso en esa maraña de túneles, pero en los que no solía vender sus productos tan seguidos. Los buenos clientes no solían estar allá; sin embargo, tuvo una corazonada y rompiendo su rutina, caminó hacia la “luz”. No pudo haber decidido mejor.
Ahí la vio por primera vez.
Debía ser una diosa, pues ni en la tierra ni en el mar podría existir una mujer tan bella y llena de vida.
Yana enmudeció, ya no por aquel halo divino que esa mujer desprendía con su sola presencia, si no por esa aura celeste, tan libre como el viento, que la rodeaba…Sí, desde hace un tiempo había aprendido a ver los “colores” de las personas, estos le hablaban, le contaban las intenciones de la gente y en la mujer frente a ella, no detectó maldad.
¿Cómo tan puro ser estaba en una isla tan desgraciada?
La mente de Yana, así como sus acciones, se detuvieron por un segundo antes de unir cabos: Ella nunca iba a esa zona de la calle a vender y decidió ir porque presintió que le iría bien y… ¿Si era una señal? ¿Si un ser divino escuchó sus oraciones y decidió sacarla de aquel infierno, enviando un ángel a las profundidades? Podría ser.
Como nunca antes, los ojos de Yana brillaron con una esperanza que creía perdida y casi enseguida buscó en donde apoyar su bandeja con jugos en un sitio plano para poder tomar uno de los cupones de descuento del pub y un bolígrafo que siempre llevaba consigo para anotar un mensaje en un papel, antes de acercarse al ángel que había ido a su rescate.
—Señorita —. Yana sonrió, sus dientes algo chuecos salieron a relucir, pero para la vista de cualquier ser humano decente, eso solo sería parte de la ternura que suele proyectar un niño. Sus ojos azules brillaron y su cabello verde, liso y que llegaba por sus hombros, se meció hacia los lados. —¿Puede ayudarme comprando un jugo? Tome, el primero es de cortesía por ser tan bonita —. Mintió, no en lo de bonita, si no en que el primero siempre era de cortesía, aunque la persona frente a ella fuera un esperpento. —Es de arándano rojo y manzana verde… ¡Sí! Combinados, no se arrepentirá, los preparo yo misma, además, tienen una receta de la casa que los hace mejores —. Afrodisíacos y alcohol.
Yana extendió su mano, sujetando bien el jugo al pasárselo, esperando que la chica lo recibiera en sus manos con igual cuidado, pues la etiqueta se notaba medio removida y algo sobresalía de esta de forma poco natural para ser parte de la presentación del producto.
Envase de Jugo
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