10-09-2026, 01:46 AM
Día 49 de Verano del Año 18
-TUUUN TIIINN... TUUUN TIIIN...-
El Den Den Mushi suena con fuerza mientras vibra sobre una caja de madera cubierta de moho y humedades. La caja contiene un puñado de remaches y recortes de metal amontonados que tintinean unos contra otros, sumándose al estruendo que genera el caracol-transmisor.-TUUUN TIIINN... TUUUN TIIINN...-
Las llamas bailan susurrantes sobre la leña seca que he podido recolectar horas antes. Yggdrasil es una herramienta perfecta para estas funciones. Con una palanca oxidada de acero, le doy pequeños toques, meneando las brasas para que el calor se expanda uniformemente. El color marrón da paso a unos tonos negruzcos entremezclados con destellos naranjas de las ascuas que nacen. El humo florece e impregna el ambiente con un aroma ahumado y acogedor que abraza todo el campamento.Sin apartar la vista de la hoguera, extiendo la mano libre hacia atrás, palpando lentamente y con firmeza el terreno. Estoy buscando la rejilla metálica que he de colocar sobre el fuego para cocinar. Sé que la he dejado apoyada sobre la caja de metales, junto al comunicador y una sartén de barro que ha viajado conmigo desde que tengo memoria. Pero, a pesar de mis intentos por alcanzarla, no lo logro sin antes echarlo todo por los suelos con torpeza.
Me doy la vuelta, irritado por mi propia incapacidad de agarrar algo sin mirar. Debería haber usado el Hakki... Voy a recoger la rejilla cuando me distrae la tonadilla musical, lenta e interestelar, del caracolillo. No pierdo un segundo en abalanzarme sobre él, casi histérico y entusiasmado. Llevo esperando esta llamada desde hace días.
-TUUUN TIIINN... TUUUN TIIINN... ¡GOCHA!-
Se descuelga la llamada. -Hola, Sigurd al habla...- Un pequeño silencio, atento al otro lado. -Sí... Claro, sí...- Estoy esperando la noticia. La paja me sobra, pero no tarda en llegar la información. -¡¿QUÉ?! Jura que sí.- Una sonrisa se dibuja en mi cara con ilusión y maldad a partes iguales. -¿Tan cerca? ¡Voy para allá, no te muevas!- Me levanto de una sentada, con un gesto brusco pero firme. Con una patada contundente levanto un puñado de tierra que cae sobre el fuego y lo apaga al instante. Recojo a Yggdrasil y la apoyo sobre mi hombro izquierdo. -Avisa al resto del equipo, nos encontramos ahí.- Que empiece la carrera.Unas horas más tarde...
El Sol sigue imponente en lo más alto. Desde que la tormenta se fue, no ha habido quien le plante cara al astro rey. Su presencia es cálida, pero no asfixiante. El viento genera brisas frescas que apaciguan la temperatura y generan un ambiente agradable. El clima es perfecto para correr por la arena sin ahogarse en el proceso o sudar como un cerdo el día antes de la matanza del pueblo.
Llego apurado, con dificultad para coger aire y el corazón a mil por hora. Cuando alcanzo el hallazgo, ya están todos ahí. Ubbe, Dharma, Odiseo y varios de nuestros hombres, los grandes protagonistas. El primero en acercarse es el Hijo del Ragnarok, al que se le nota pletórico. Me recuerda a un niño pequeño que ha cumplido a la perfección las instrucciones de su padre para que se sienta orgulloso. -Capitán, qué gusto verte...- me hace un gesto de acercamiento con la mano y se perfila para guiarme sin quitarme los ojos de encima, buscando mi aprobación. Yo le regalo una sonrisa de aprobación. -Vas a flipar con lo que hemos encontrado.-
Tengo la intención de contradecir tanta seguridad con la certeza de que, hasta que no dé mi veredicto, está demasiado emocionado. Me contengo aun así, porque tampoco quiero pisotear su posible éxito hasta asegurarme. Con el rabillo del ojo veo a la dupla que me queda, el sureño y el espadachín. Con gesto sutil, alzo el mentón en señal de saludo. Ubbe lo capta rápido y deciden no interrumpirme frente a lo que estoy a punto de presenciar. Y qué suerte, porque es un descubrimiento apoteósico: un naufragio.
Trozos de madera revestida y pedazos de hierro reforzado. Todo esparcido por varios metros sobre la costa. Velas rasgadas, cuerdas deshilachadas y suministros flotando sobre las olas que rompen contra la orilla. Una catástrofe náutica de proporciones titánicas. No hay supervivientes ni cuerpos despedazados. Tan solo el cadáver quebrado de un navío que no ha soportado las inclemencias del mar. La víctima de un timonel que no ha estado a la altura de su propia aventura.
Doy pequeños pasos en dirección al desastre, hundiendo los pies en agua hasta la altura de los tobillos. La sorpresa no cabe en mí. Es tanta que estoy mudo, observando el panorama. Es bellísimo... Desolador. Me inclino hacia delante, apoyado sobre mis propias rodillas para alcanzar un fragmento de metal con remaches carcomidos por percebes. Sobre él, una especie de gaviota mal dibujada con pintura azul marino. Volteo la pieza de un lado a otro sobre mi mano. La analizo con detenimiento. Si tiene fauna marina adherida, es porque ha estado mucho tiempo en el agua. Probablemente sea parte de la carena del barco, por debajo de la línea de flotación. Si el logo ya dejaba en claro que esto forma parte del Gobierno Mundial, este armazón delata que estamos frente a un acorazado echado a perder. Un llamado de Dharma me distrae. Parece que no es el único rastro que tenemos.
Me adentro en la arena. No parece haber huellas ni señas de forcejeo o arrastre. El viento ha sido benévolo y ha sepultado cualquier pista en referencia a ello. Sin embargo, un puñado de hilos rojos serpentean como culebras por toda la playa hasta adentrarse en el interior del bosque. Supervivientes. Marines supervivientes. Sean quienes fueran, tuvieron la osadía de vivir, pero no salieron bien parados. Una caja abandonada de primeros auxilios revela que se curaron a toda prisa y se ocultaron entre la espesura y la maleza de aquel verde. -Vaya... Así que tenemos compañía, ehhh...- Una mueca macabra me invade el rostro mientras recojo un puñado de arena roja y lo dejo deslizarse sobre la palma de mi mano con sutileza, simulando una cascada. Grano a grano, como un enorme reloj de arena que los acerca más a su final.
Me alzo de nuevo, estoico y cargado de vigor y coraje. Una nueva cacería se acerca, no hay tiempo que perder. -Bien, muchachos, cambio de planes.- llamo la atención de todos los presentes. Una vez más, el primero al que encaro es al más pequeño de todos, Odiseo. -Reúne a las tropas y volved al campamento. Ya habéis hecho de más.- hago una pequeña pausa y aprovecho para rascarme la barba y reajustarme el cinturón con los martillos de guerra. -Quédate con Patroclo y avisad en caso de emergencia. No quiero que nadie se quede con nuestro botín sin antes presentar pelea con nosotros.- Para cuando miro al resto de comandantes, el joven humano ya ha salido disparado y ha echado mano de su Den Den para movilizar a todo el mundo. -¿Qué me decís, muchachos...? ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!-
-¡¡¿LISTOS PARA UNA NUEVA CACERÍA?!!-
En efecto, cajita feliz
