09-09-2026, 09:04 PM
Día 50 Verano, Año 18
Hora: 12:00 pm, Clima: Caluroso
Montañas en Isla Kárate
Isla Kárate, South Blue
El sendero que ascendía por las laderas de la montaña de Isla Karate se extendía entre enormes raíces y antiguos escalones de piedra, serpenteando cuesta arriba hacia los distintos dojos que se encontraban dispersos a diferentes alturas, el sonido de los entrenamientos podía escucharse incluso desde el camino como golpes secos contra postes de madera, pisadas firmes sobre el suelo y voces que marcaban el ritmo de cada ejercicio.
A medida que se ascendía, los gigantescos bonsáis proyectaban sombras sobre el camino mientras pequeñas corrientes de arroyos descienden desde la altura en las trincadas de rocas adentrados en el bosque, era un camino transitado por discípulos de distintas escuelas aunque no todos parecían tener la misma prisa por llegar a sus respectivos dojos.
En la brisa se podía oler una fragancia exquisita a especias combinado con verduras dulce y algo parecido al cocido de un buen estofado, aquel aroma hacía alusión a que pronto se acercaba la hora del almuerzo, y los destellos de luz que atravesaban la copa altas de los árboles eran bastante candescentes por lo que era claro que era el medio día.
En uno de los recodos del sendero, un altercado llamaría particularmente la atención de cualquier persona que transite por la zona, al parecer cinco niños vestidos con impecables uniformes blancos de karate habían rodeado a otro muchacho, también vestido con un uniforme de entrenamiento pero con kanjis diferentes en su espalda, aunque considerablemente más desgastado, era un niño de quizás diez años de edad, ojos azules, y cabellos en tonalidad azabache, los otros cinco niños se ensañaban con él entre empujones y golpes propiciados desde el suelo, todos contra su espalda y costilla pues el pobre niño mantenía una posición de encogido para amortiguar los golpes, brindando quejidos en cada patada y golpe recibido.
—- ¡Tu dojo es una burla para esta isla! — dijo uno con gran sonrisa burlesca.
— ¡Eres un perdedor, igual que tu maestro! — gritaría uno más que no se medía en cada patada a la cabeza.
Las burlas se mezclaban con las risas de los pequeños niños que se creían superiores a quien estaban lastimando, parecían disfrutar de lo que estaban haciendo, y ninguno de ellos parecía darse cuenta que detrás de ellos muy posiblemente los estaba observando un enorme Oni de casi ocho metros que transitaba por aquel mismo sendero.
Off Narrador
