08-09-2026, 10:24 PM
(Última modificación: 11-09-2026, 06:52 AM por Vixen Ventress.)
Día 12 de Invierno del Año 15
10:24 p. m.
El frío de aquella noche se había instalado sobre mi cuerpo, obligándome a esconder mis manos dentro de los bolsillos. Mientras caminaba por las calles, iba mordisqueando una zanahoria y moviendo la nariz de un lado a otro como un conejito intentando lidiar con las bajas temperaturas. El viento corría entre los edificios, haciendo rugir los letreros de los establecimientos que aún permanecían abiertos. No tenía ningún asunto importante aquella noche. Solo quería beber tranquilamente y, con algo de suerte, encontrar algo decente que llevarme al estómago. Quizá incluso podría permitirme disfrutar de la noche sin terminar metida en algún problema. Aunque, siendo completamente sincera conmigo misma, probablemente estaba pidiendo demasiado.
Al doblar la esquina apareció el lugar. No era el más elegante, pero tampoco un antro de mala muerte; se veía de lo más cozy, y mi colita de conejo ya no aguantaba más esas bajísimas temperaturas. Al empujar la puerta, el cambio térmico fue instantáneo, y una mezcla inconfundible de madera, alcohol y tabaco inundó el ambiente. Me sacudí el frío de los hombros y me desabroché el abrigo con alivio, dejándome caer la pesada prenda sobre el brazo mientras buscaba con la mirada una mesa libre. Al quitarme el abrigo quedó al descubierto el saco negro que llevaba debajo, el cual revelaba mi piel y un par de collares metálicos superpuesto.

Fui directo a la barra, pedí mi bebida, di el primer trago y dejé escapar un aaaa~. —Ay, pinga, aquí vamos…
La paz duró exactamente lo que tardé en notar una voz desagradable rompiendo el fondo musical. Un tipo desaliñado, pasado de copas y con la confianza por las nubes. Decidí ignorarlo; era lo sensato, lo maduro... y, por desgracia, lo último que iba a hacer.
—¿Qué coño estás mirando? —soltó de repente.

Sostuve el vaso cerca de mis labios, lo bajé con calma e incliné la cabeza con una mueca de cabreo.
—¿Qué hay para mirar? —respondí, provocándolo un poco más.
Esperé sentada mientras empezaba a insultarme y a llamarme maldita perra asquerosa. Cuando intentó agarrarme, la paciencia se me agotó, y lo aparté con un movimiento seco. El forcejeo empezó a escalar, sillas y vasos volaron, haciendo que el barman se pusiera a cubierto. Aquello duró un parpadeo. Le planté una patada directa a los huevos que lo dejó doblado, sin aire y con los ojos en blanco, antes de mandarlo a volar contra otra mesa.
—¿No querías llamar mi atención, baboso? —le solté con una sonrisa desafiante—. Aquí la tienes, imbécil.—Grité...
El silencio fue absoluto e inmediato. Las risas se apagaron y hasta mi contrincante se congeló. Giré el rostro y vi entrar a tres hombres. Los dos primeros cumplían el perfil de guardaespaldas, pero el tercero acaparó toda la atención. Un sujeto vestido con una elegancia impecable, completamente fuera de lugar en medio de aquel desastre. Traje oscuro, chaleco, corbata perfecta, el cabello ordenado y una cicatriz cruzando su piel pálida. Pero lo que de verdad intimidaba era la katana que descansaba a su cintura. La reacción general dejó claro que no era un don nadie. Entonces, su voz grave retumbó por todo el local, exigiendo explicaciones ante lo que acababa de encontrar.
Apreté la mandíbula al instante, sintiendo un molesto calor que hizo que me mordiera el labio inferior de forma involuntaria. Reorganicé mi postura resuelta a no dejar que su fría presencia notara ni por un segundo el pulso irregular que acababa de provocarme. —Kishishishi —reí—. Bueno... quizá esta noche no iba a ser tan tranquila. Pero, desde luego, se acababa de poner mucho más interesante.
![[Imagen: HC5Abkg.png]](https://imgur.com/HC5Abkg.png)
