08-09-2026, 07:07 AM
La verdad es que es una mujer muy difícil de llevar. Demasiado difícil de llevar, cómo un ser que no esta en sus cinco sentidos solo me puedo preguntar. ¿Ella necesita siempre tener la última palabra? Esto es demasiado pesado de llevar, demasiado complicado, mucho estoy luchando con ceder, pero es que ella necesita hacerlo insufrible. Necesita hacer saber su postura y que tiene el control, me pone de mal humor, me predispone a llevarle la contraria.
Si todo tiene que hacerse a las malas entiendo que no la quieran venir a secuestrar. Es sensata, pero la verdad es que la manera de tratar a la única persona dispuesta a ayudarle es tan mala que no hay honestidad a la cual aplaudir. No es un animal al que le debo aplaudir que no lo hizo peor de lo que podría haberlo hecho. No hay complacencia alguna. Lo que si logró es mi atención, puesta en cada una de sus palabras, en su tono de voz, en su aspecto y cómo tiraba de la cadena.
Una mirada cansada, fatigada se posó sobre ella. Sintiendo que las palabras no llegaban, pero si eran respondidas. Sintiendo como tiran de la cadena que va hasta él. Aun cuando ella tiene un extremo de la cadena y tirando de ella viendo que el otro extremo viene a mí, es tan testaruda como para imponerse. Tan sencillo que es usar un poco el razonamiento, pero decidiste no oír, lo excelente es que cuando se puso de rodillas me di una oportunidad de cobrar una pequeña pero tibia venganza.
Tiré del extremo opuesto a ella. Sin aviso, sin colaboración alguna, no buscando romper la cadena, eso sería absurdo, necesitaríamos hacerle una cantidad de daño tal que se rompiera y dudaba mucho que ella tuviese acceso a tal fuerza. Por otra parte, yo si tenía acceso a más fuerza, no suficiente para hacerla quedar de plano en el suelo. Me acosté de lado, cómo un oso con pereza. Si había que despertar con el asunto del ponerse a trabajar.
Con acracia, mis acciones solo las usé para que supiera que había como imponerse, que podría ponerme con ella hasta hacer salir de allí el eslabón que vinculaba nuestras cadenas con la jaula. — No tienes las fuerza suficiente para ser mi complemento de escape, que pereza cargar contigo, si no vas a medir tus palabras bien podemos averiguar que quieren hacer contigo, si traficarte o esclavizarte. — Señalé aprovechando la oportunidad para mis alas salieran de las sombras, gigantes, imponentes majestuosas, brillantes y negras. Abiertas lo suficiente para hacerlas de diferente entre nosotros. Era un háblale a la mano.
No quería servirle, la verdad, no se lo había ganado. Yo ya había dejado de ser un sirviente de la vida nocturna y su tono, su actitud, me llevó a un punto donde mi brújula apuntaba hacia ella, pero no aceptaría ese viaje, no hasta verle fingir un cambio. Si, dando por hecho y perfilándola con un juicio prematuro de que ella no era de los que cambiaban.
Mi excelente vista ahora ya puesta hacia otro lugar pudo notar que había movimiento. Si, movimiento que se acerca. La luz que ingresaba por la parte de debajo de aquella puerta cerrada estaba cambiando. Me hizo sentarme, recostar el peso de mi cuerpo sobre mi brazos y parte de mis piernas.
De estar preparados para escapar, no, no lo estamos. Mis alas se cerraron inmediatamente y pateé el eslabón que nos anclaba a la jaula con fuerza. Ni se inmutó. Repetí mi acción par de veces más, con rabia, a duras penas y se giró y mi pie comenzó a doler. Ya no estaba firmemente anclado. Le miré directamente. — Ahí tienes. —
Me dejé caer al suelo, como si estuviera dormido nuevamente. Esperando en lo que sonaba el cerrojo una y otra vez. Pronto la puerta comenzó a sonar de aquella bisagra. Inmediatamente era el momento más oportuno. Siendo claros no hubo mejor oportunidad para esto ya hacía ella con este momento solo constaría de las habilidades de aquella marine de cabello azabache.
Cerré un ojo, y con el otro esperé paciente, siguiendo los pasos de quien venía con un candelabro alumbrando. El suelo, las diferentes cajas alrededor, actúa tranquilo y desde mi punto de vista no lo detallo bien, pero no sus pisadas a mi parecer no parecen las de un tipo pesado, pero que se puede esperar de alguien que acaba de despertar de una borrachera. No, yo le dejaría la acción a la compañera amiga de mandar y ordenar.
Si todo tiene que hacerse a las malas entiendo que no la quieran venir a secuestrar. Es sensata, pero la verdad es que la manera de tratar a la única persona dispuesta a ayudarle es tan mala que no hay honestidad a la cual aplaudir. No es un animal al que le debo aplaudir que no lo hizo peor de lo que podría haberlo hecho. No hay complacencia alguna. Lo que si logró es mi atención, puesta en cada una de sus palabras, en su tono de voz, en su aspecto y cómo tiraba de la cadena.
Una mirada cansada, fatigada se posó sobre ella. Sintiendo que las palabras no llegaban, pero si eran respondidas. Sintiendo como tiran de la cadena que va hasta él. Aun cuando ella tiene un extremo de la cadena y tirando de ella viendo que el otro extremo viene a mí, es tan testaruda como para imponerse. Tan sencillo que es usar un poco el razonamiento, pero decidiste no oír, lo excelente es que cuando se puso de rodillas me di una oportunidad de cobrar una pequeña pero tibia venganza.
Tiré del extremo opuesto a ella. Sin aviso, sin colaboración alguna, no buscando romper la cadena, eso sería absurdo, necesitaríamos hacerle una cantidad de daño tal que se rompiera y dudaba mucho que ella tuviese acceso a tal fuerza. Por otra parte, yo si tenía acceso a más fuerza, no suficiente para hacerla quedar de plano en el suelo. Me acosté de lado, cómo un oso con pereza. Si había que despertar con el asunto del ponerse a trabajar.
Con acracia, mis acciones solo las usé para que supiera que había como imponerse, que podría ponerme con ella hasta hacer salir de allí el eslabón que vinculaba nuestras cadenas con la jaula. — No tienes las fuerza suficiente para ser mi complemento de escape, que pereza cargar contigo, si no vas a medir tus palabras bien podemos averiguar que quieren hacer contigo, si traficarte o esclavizarte. — Señalé aprovechando la oportunidad para mis alas salieran de las sombras, gigantes, imponentes majestuosas, brillantes y negras. Abiertas lo suficiente para hacerlas de diferente entre nosotros. Era un háblale a la mano.
No quería servirle, la verdad, no se lo había ganado. Yo ya había dejado de ser un sirviente de la vida nocturna y su tono, su actitud, me llevó a un punto donde mi brújula apuntaba hacia ella, pero no aceptaría ese viaje, no hasta verle fingir un cambio. Si, dando por hecho y perfilándola con un juicio prematuro de que ella no era de los que cambiaban.
Mi excelente vista ahora ya puesta hacia otro lugar pudo notar que había movimiento. Si, movimiento que se acerca. La luz que ingresaba por la parte de debajo de aquella puerta cerrada estaba cambiando. Me hizo sentarme, recostar el peso de mi cuerpo sobre mi brazos y parte de mis piernas.
De estar preparados para escapar, no, no lo estamos. Mis alas se cerraron inmediatamente y pateé el eslabón que nos anclaba a la jaula con fuerza. Ni se inmutó. Repetí mi acción par de veces más, con rabia, a duras penas y se giró y mi pie comenzó a doler. Ya no estaba firmemente anclado. Le miré directamente. — Ahí tienes. —
Me dejé caer al suelo, como si estuviera dormido nuevamente. Esperando en lo que sonaba el cerrojo una y otra vez. Pronto la puerta comenzó a sonar de aquella bisagra. Inmediatamente era el momento más oportuno. Siendo claros no hubo mejor oportunidad para esto ya hacía ella con este momento solo constaría de las habilidades de aquella marine de cabello azabache.
Cerré un ojo, y con el otro esperé paciente, siguiendo los pasos de quien venía con un candelabro alumbrando. El suelo, las diferentes cajas alrededor, actúa tranquilo y desde mi punto de vista no lo detallo bien, pero no sus pisadas a mi parecer no parecen las de un tipo pesado, pero que se puede esperar de alguien que acaba de despertar de una borrachera. No, yo le dejaría la acción a la compañera amiga de mandar y ordenar.
