¿Cómo puedo endurecer mi corazón si se trata de ti? :: PR :: Corazologia I
#2
Los dedos de su mano derecha estaban ocupados con un bolígrafo que se deslizaba con sutileza sobre un trozo amarillento de papel, los de la izquierda, en cambio, sostenían muy cerca de su nariz un pequeño frasco ambarino en cuyo interior un mentolado líquido, que el médico se encargaba de hacer girar una y otra vez, aromatizaba la habitación con una intensidad tal que, de abrir la puerta, el olor se extendería al pasillo; sin embargo, para el dueño del perfume, este apenas llegaba a su sistema olfativo, provocando que el hombre hiciera un esfuerzo extra por alcanzar el picante olor a menta proveniente del recipiente.

Solo un par de ruidos se escuchaban en la habitación si se prestaba atención: La respiración del pirata pelirrosa, dueño y señor de aquel espacio; la punta de la pluma contra el papel y un constante tac, tac, tac causado por el tóxico viento, frío y silbante, cuando este chocaba con la tapa exterior del ojo de buey que le servía como ventanilla en su camarote, pero a pesar del golpeteo constante de la tapa contra el borde de madera, el médico permanecía tan concentrado en su escritura que ni siquiera había notado como sus dientes se cernían con fuerza sobre su labio inferior.

No tenía espacio para distracciones, su mente, usualmente errática, hoy se centraba en un solo objetivo: Anotar todo lo que descubrió de esa isla en el día de su llegada.

Era claro que no estaban solos, las maderas que estaban dispuesta a cierta distancia de la entrada del túnel que Miyori eligió para anclar el Royal Flush, mostraban la presencia de un muelle viejo, uno que no había sido visitado en años, además, los faroles de pálidas luces amarillas, algunas funcionales, otras fundidas, dejaban en claro que este sitio no era como un Little Garden tóxico, en la isla, a la que recordó que Merlot bautizó como “Basuropolis”, existían seres pensantes.

Cuando, en la tarde, caminó más allá del viejo muelle en el que anclaron, encontró cajas de madera, de metal, residuos de materiales que seguro terminarían rodeando el océano, además de tablones de madera que estaban dispuestos como si se tratara de una vía ferroviaria. Lo que no encontró fueron personas, pero por la presencia de tantos elementos que gritaban “civilización”, sabía que debían estar por ahí, quizá en otra parte de la isla, pero no sería algo que averiguaría en esa tarde, a fin de cuentas, alejarse del barco era mala idea en un sitio tan contaminado y sea cuales fueran los peligros que estaban más allá, no quería enfrentarlos solo.

Ahora anotaba todo lo que vio en su libreta de apuntes, incluso los cambios en la coloración del agua, de la que tomó una muestra para analizar, rudimentariamente, en la habitación reservada como enfermería.

—Nota: Pedirle a Maki que acondicione mejor mi consultorio en el barco —. Fue lo único que dijo en voz alta, dándole descanso a su labio que, para ese momento, estaba magullado debido a la mordedura de sus propios dientes.

Una ráfaga de viento sopló con más intensidad y entonces, la tapa exterior de una de las ventanillas de su habitación golpeó con más fuerza la madera y se volvió a abrir, haciendo que las luces exteriores crearan una triángulo de luz en el interior del barco al mismo tiempo que la puerta de su camarote se abrió de golpe, sin aviso alguno.

El médico se sobresaltó, apretó con fuerza el frasco en su mano izquierda y soltó la pluma de su mano derecha, lo que hizo que la última palabra que escribió tuviera un rayón largo al final. Su corazón no quedó exento de reacciones, pues bombeó la sangre con tanta presión que el golpeteo en su pecho podía escucharse como un tambor en medio del silencio frío de su habitación, uno roto por la cantarina voz de la semi sirena.

—¿Merlot? Es tarde… ¿Qué haces…? —Al verla acercarse, no con un paso felino si no más como el de un conejo, dejó su pregunta a medias, pues al girar su cuerpo en su silla, sus ojos dorados se clavaron en los de la muchacha y notó en ellos un brillo inusual, uno que rayaba entre la súplica y la emoción. Se cruzó de brazos, colocándose en una posición más cómoda, alzó una ceja y sus irises miraron de arriba abajo a la mestiza, buscando en su rostro o en sus lenguaje corporal algún ápice de broma que no encontró. —Creí que estos mares no podrían sorprenderme más, pero es un error que cometo seguido. Las mareas siempre pueden llevarte a nuevos misterios —. Se levantó, con pereza y estiró sus brazos hacia el techo para quitarse la pesadez de encima, lo que provocó que la camiseta de su pijama se subiera lo suficiente para que la piel blanca de su abdomen quedara en parte descubierta.

—No dudo que sepas Kung Fu, aun recuerdo con claridad, curiosamente, lo que le hiciste a Maki antes de llegar a Drum, pero…debo aclararte que el origami es un tipo de arte que se hace con papel y el sashimi es un tipo de comida que se prepara con…pescado…algo me dice que no te gustaría, aunque… —Volvió a mirar a la chica, analizando su cuerpo por un segundo, desviándose del principal tema de conversación con una naturalidad a la que Merlot ya debería estar acostumbrada. —¿Es mi imaginación o estas más delgada? Desde que salimos de Drum no has comido como antes ¿Sabes? ¿Por qué? No digo que comas sashimi ni sushi, pero podrías intentar aumentar las porciones de ensaladas ¿Quieres que te haga un plan nutricional? No quisiera que perdieras el brillo de tus escamas —. Se quedó pensativo por un segundo antes de que la sirena mencionara algo sobre unos topos.

—¿Cuál topo? —Sacudió su cabeza, intentando centrarse de nuevo en su presente. —¡Ah! Sí, seguro…no sé…Entrenemos, mejor… ¡Eso! Aceptaré entrenarte si tu aceptas comer más —. No esperó una respuesta, pues la chica se había girado ya para salir, así que él se vio obligado a elevar un poco su voz para que lo escuchara y luego…el silencio volvió.

El taç, tac, tac de su ventana volvió a escucharse con fuerza y ahora el médico si los notó, incluso se acercó al ojo de buey para reparar el daño; sin embargo, antes de centrarse por completo en la tarea, notó un humo oscuro alzarse más allá del inicio del túnel, alguien parecía quemar algo. Se quedó observando el “espectáculo” por un momento y, entonces, una idea surgió en su cabeza: En Skypiea entrenó a Maki y a Miyo con lo que tenía a mano, nubes, pero aquí, el humo y el fuego serían más apropiados para practicar el tocar lo intangible.

Sonrío de medio lado, ya sabía que hacer con Merlot.

Terminó de arreglar su ventana, luego se lavó la cara y se cambió de ropa. Estaba listo para entrenar, aunque fueran casi las 11 de la noche.



Ropa de Entrenamiento



10:50 p.m.

En la bodega consiguió cocos. Los revisó, estaban secos, en su interior no sonaba agua y cuando los partió, el interior estaba casi deshidratado, no podían comerse. Eso habría sido una mala noticia para cualquiera, pero al verlos, el pelirrosa ensanchó su sonrisa y salió por la escotilla para subir a la cubierta, luego fue a la cocina por un encendedor. Cuando tuvo todo lo que necesitaba, bajó del Royal Flush de un solo saltó y aterrizó con firmeza sobre el suelo húmedo, antes de erguirse y elevar su mirada para buscar a Merlot.

No tardó en divisar el punto rosáceo en medio de las rocas planas, pues incluso con la poca iluminación que daban los faroles viejos de ese lado de la isla, la muchacha era notoria, como las luces de neón en un sitio oscuro.

Caminó hacia ella, mientras jugueteaba con la estopa de coco que consiguió antes en la bodega y con la otra mano, le daba vueltas al encendedor, sin dejarlo caer.

—¿Lista, Merlot? —Preguntó al llegar frente a ella, cubriéndola con su sombra y haciendo que la visibilidad de la chica disminuyera aún más. —¿De verdad sabes lo que quieres entrenar? ¿Maki y Miyori te explicaron en que consistía lo que les enseñé? Porque la verdad es que requerirás más que saber de Kung Fu o Karate o lo que sea…Necesitas concentración y te puedo guiar en el entrenamiento, pero no puedo concentrarme por ti —. Se alejó un par de pasos y dejó caer la estopa de coco al suelo húmedo, esta resonó y el eco se extendió en la cueva.

—Ahora dime… ¿Crees que es posible tocar las nubes? ¿Sostener el fuego o acunar el humo? —Se agachó para encender el coco, un proceso que le tomó un par de minutos antes de que se empezara a notar que de este salía un humo blanco. —Porque eso fue lo que le enseñé a hacer a Miyori y a nuestra capitana —dijo mientras se ponía de pie y se alejaba un paso del coco y del humo blanco que ahora creaba una cortina entre él y la semi sirena. —¿Lo intentas, Merlot? Vamos, intenta agarrar el humo sin que se escape de tus dedos.

Desde el otro lado de la cortina, el médico sonreía de medio lado. Estaba consciente de que no le había explicado con exactitud que hacer, pero lo cierto es que, antes de empezar, oficialmente, quería poner a prueba a la chica…tal vez el entrenamiento le sacara unas cuantas risas después de un extenuante día en medio de un mar de basura.



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RE: ¿Cómo puedo endurecer mi corazón si se trata de ti? :: PR :: Corazologia I - por Hyákinthos - 08-09-2026, 05:56 AM

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