06-09-2026, 10:00 PM
(Última modificación: 07-09-2026, 06:17 AM por Bai Mudan.
Razón: Inserción del tema de salida
)
Previamente
Habían partido de Skypiea el día 9 de primavera del año 18, rozando la medianoche. Una idea pésima si se tenía en cuenta que les aguardaba el descenso de los —aproximadamente— diez mil metros de negrura que el Knock Upstream les había ayudado a superar en su subida, guiados además por un anciano mink tuerto.
Tuerto y a medianoche...
Quizá por esa insensatez es que habían estado navegando durante varios días antes de atisbar la tierra firme más próxima: Isla Báltigo. Bueno, por eso y porque sus cuerpos arrastraban todavía los efectos de una magnánima fiesta en la que otros piratas se habían visto arrastrados el mismo día en que debían partir todos de Skypiea.
Cosa que, paradogicamente, al menos para Bai, le había brindado la oportunidad para mantener el buen ánimo entre los re-nombrados piratas Eco del vacío. Una dinámica que, como inevitable consecuencia, había terminado en una segunda celebración, más íntima, en el Wu Wei.
Día 44 de Verano.
Momento del día: Medio día.
Localización: En el Wu Wei frente a Báltigo
Aquella tranquila mañana de verano, mientras el sol acariciaba la superficie del Wu Wei, dos medias lunas violáceas —cuya impronta revelaba una noche pésima— decoraron su piel bruñida junto a los marcados surcos de la fatiga. Sin embargo, aquello no era lo peor pues, lo más notorio residía en sus pupilas dilatadas, veladas por una tenue película que las opacaba como mudo testimonio de que, tras cruzar el umbral de la treintena, parte de la energía y vigor de la juventud se habían extinguido.
Y, dado que la tenue película se rehusaba a desaparecer aun tras haber parpadeado repetidamente, Bai, terminó dándose por vencida y se resignó a despertar sumida en un mundo borroso y tamizado por molestos destellos. Para ello, lo primero que hizo fue lanzar su diestra a ciegas hacia el lateral de cama buscando con desesperado ahínco, de la silla que descansaba junto a la cabecera.
No la encontraba.
Bai manoteó el aire con mayor vehemencia —hacia arriba, hacia abajo y a ciegas— hasta que, finalmente, asestó un golpe seco que hizo estremecer la madera y bailar peligrosamente el cuenco depositado sobre su superficie. Ahí estaba. Bai estiró aún más el brazo, intentando aproximar el cuenco hacia su posición y sintiéndo cómo sus músculos se quejaban, pero la distancia se le resistía y sus dedos no alcanzaban a rozarlo.
Se estiró un poco más, gruñió intentando alcanzarlo y, al ver que no lo lograría, se dejó vencer y rodó sobre el colchón hasta quedar boca abajo, hundiendo el rostro contra la almohada. Por la ventana, la luz se filtraba sin clemencia, atravesando la estancia para golpear de lleno a la resacosa mujer.
—Ugh... —volvió a refunfuñar antes de apoyarse sobre ambos antebrazos y, con la pesadez propia de una moribunda, reptar por la cama envolviéndose en el tibio abrazo de las sábanas de seda.
Sin embargo, en cuanto giró la cabeza para reanudar la búsqueda del cuenco, el resplandor la abordó de frente, deslumbrándola al instante. Bai entrecerró los párpados, dejó escapar una nueva protesta ahogados y volvió a estirar el cuerpo una vez más. Pero su cuerpo, fatigado y dolorido, no soportó por mucho tiempo aquella postura pues, el brazo sobre el que apoyaba todo el peso comenzó a temblar violentamente; aun así ella, que todavía procesaba todo con lentitud, continuó estirandolo tras percibir que, al fin, sus dedos tocaban el objetivo.
Sin embargo, al hacerlo, el agua se agitó de forma brusca en el interior del recipiente a causa de sus toscos movimientos. Y, en el preciso instante en que el brazo cedió, el cuenco se le vino encima.
—¡Mierda!
Parte del líquido cayó directamente sobre ella.
—¡Joder!
Tras su exclamación hubo un breve instante de silencio en el que, sin moverse, contempló con su nueva mirada —una en la que la resaca se había comido todo rastro de vida y energía— cómo el agua se bailaba sobre la madera.
Y a continuación, siendo que para ese momento Bai tenía más de medio cuerpo vencido fuera de la cama, intentó recoger el cuenco pero, al hacerlo, terminó por perder el centro de gravedad y se venció hacia delante. Consecuentemente, su figura se deslizó pesadamente por el borde del colchón y se precipitó contra el suelo, donde acabó desplomándose sobre las frías tablas con la misma elegancia que un cadáver arrojado desde un ventanal.
Y, de nuevo, hubo un largo silencio en el que no se movió.
—Bonita forma de despertar... — murmuró mientras si izquierda ascendía con patética lentitud hacia la cara —. ¿Qué coño bebí ayer? —Se preguntó pasándose la mano por la cara y arrastrando consigo el agua que todavía goteaba de la silla.
—Odio las putas resacas...
***
Apenas ataviada con la parte superior de un vaporoso haori masculino —cuyo tejido arrugado delataba haber sido arrojado por encima de la ropa interior sin el menor miramiento—, Bai avanzó a ciegas por los pasillos con paso cansado. Mientras tanto, con el nudillo en alto, pasó golpeando a su paso las puertas de los camarotes —incluso aquellos que sabía desiertos— mientras llamaba con voz cavernosa a Heras, Mahou y Zhang.
Al hacerlo, se percató de que un sabor rancio y denso le impregnaba la boca.
«Qué asco», pensó, dejando caer la frente con resignación contra el marco de una puerta.
A continuación, cerró los ojos, tomó aire y, al abrirlos para dirigir la mirada hacia abajo, terminó de asumir que ni siquiera se había molestado en vestirse más allá de lo estrictamente indispensable para no herir la susceptibilidad de sus compañeros.
«Qué pena das...», añadió para sus adentros con un suspiro, antes de volver a llamarlos.
Tras ello, Bai retomó el avance por el pasillo hasta alcanzar la salida hacia el exterior y, al cruzar el umbral, la luz la abordó de golpe, obligándola a interponer ambas palmas ante el rostro para aminorar el destello implacable del sol.
—No sabes cómo te odio ahora mismo... —le dijo al sol avanzando a ciegas mientras de fondo se dibujaba la silueta de la isla de Báltigo.
Información
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
Virtudes
Vicios
