06-09-2026, 08:01 PM
(Última modificación: 06-09-2026, 08:12 PM por Kibai.
Razón: Añadir regeneneraciones
)
En cuanto a escuchó a Moja removerse, Kibai se levantó de un salto para dirigirse hacia él, agachándose a su lado.
— Eh, eh colega... Despacio, no te toques mucho la cara, te he puesto una cataplasma con lo que he podido encontrar por aquí, pero no es nada muy permanente, necesitaré que me digas qué plantas traerte para hacer algo más efectivo.
El mink escuchó atentamente las instrucciones de su congénere, antes de apoyar una mano sobre la rodilla de Moja y otra sobre su tobillo. Tensando los músculos, se dispuso a tirar, pero antes, recordando lo que había olido a su llegada, le alcanzó un trozo de madera para que lo mordiera.
— A la de tres, vale? Una, dos...
Kibai dio un fuerte tirón desde la zona del tobillo de Moja, escuchando el desagradable sonido del hueso rozando contra el hueso. En cuanto la pierna estuvo colocada, una de las flechas producidas por la Akuma no Mi de Moja envolvió su pierna, sujetando la zona lesionada en su sitio.
— Hasta que te curemos del todo, tendrás que moverte lo menos posible me temo. Tú solamente dinos a Bert y a mi lo que necesitas para curarte y te lo conseguiremos, de acuerdo?
Tras darle un poco de agua al mink pantera, Kibai se levantó, acercándose a Bertram. Échando un trozo de madera más a la fogata disimulada por el canastillo, el mink se agachó al lado del pelirrojo para hablarle en voz baja.
— En cuanto pueda moverse, deberíamos cambiar de ubicación, no me gusta estar demasiado tiempo parado en un mismo sitio. Además, preferiría estar lo más lejos de la costa posible por el momento.
Con aquellas palabras, el mink dio un salto hacia una de las ramas de los árboles que circundaban el claro, procurando ignorar la punzada que sentía en el cuello cuando lo forzaba demasiado hacia la izquierda. Sin dudas el haber estado tan cerca de perder la vida era algo de lo que uno no se recuperaba fácilmente. Una vez bien posicionado comprobó como la luz decaía cada pocos minutos, lo cual solo podía significar que el atardecer estaba tocando a su fin. Sus ojos esmeralda fueron reduciendo sus iris cada vez más, pasando de ser las habituales rendijas verticales a auténticas lentes naturales para la visión nocturna. Tras captar la dirección actual del viento, el mink fue variando su posición de árbol a árbol, procurando no entrar en contacto directo con ninguna enredadera ni flor con colores demasiado vivos hasta situarse en un punto en el cual tenía el viento de cara y su espalda apoyada contra el tronco cubierto de musgo. Agachándose hasta adoptar una posición acechante, el mink calmó su respiración y su pulso, teniendo a Raimei y a Arashi bien a mano y oteando los alrededores del claro, girándose de vez en cuando para vigilar la zona que tenía a su espalda, mientras su fino olfato filtraba continuamente cualquier tipo de aroma extraño que le trajese el viento.
La Caja de Pandora
