Inconsciencia…
El chasquido de el látigo resonaba con fuerza mientras Moja se recogía en una esquina del lugar. El olor a hierro, proveniente de la sangre, la tierra húmeda impregnaba en su pelaje, ese dolor en las costillas de las patadas, hacían que temblara de miedo. Simplemente no podía ni pararse y mucho menos desobedecer las ordenes de aquel amo que le había dicho que no se movieran de aquel lugar. Por su cabeza pasaban miles de ideas y últimamente la que mas fuerza ganaba era la de acabar con su vida y así poder acabar con su sufrimiento. El ver la muerte de sus padres años atrás con sus propios ojos, hizo algo en su cerebro que le incitaba a terminar aquello.
-Levanta, te sacaremos de aquí- dijo aquel hombre tendiéndole una mano.
Aquella mano que le habían tendido para ayudarse a levantarse, por aquella persona vestida de blanco, con el logo de la marina en la gorra. Fue algo que sin duda no olvidaría nunca en su vida. Ese simple gesto hizo que las ideas que le rondaban en la cabeza se fueran sin volver a aparecer nunca más.
Volviendo al presente…
-¡Aggg!- gritó Moja mientras intentaba incorporarse.
El dolor agudo en su cara y su pierna derecha hicieron que Moja gritara de dolor al despertarse. De pronto, algo había cambiado en el. Sentía algo extraño, aparte del intenso dolor. Faltaba la mitad de su vista, una negrura absoluta cubría el lado derecho. Aguantando el dolor intentó tocarse el ojo, pero al sentirlo lo supo con certeza gracias a sus conocimientos médicos. El globo ocular había sido rasgado por la mitad por el golpe de la caída. Descubrió que el impacto del desguace no solo le destrozó el ojo, sino que le dejó la cara ardiendo. Una punzada sorda y la falta de visión lateral que descolocaba sus instintos.
Desvió la vista hasta la pierna y esta estaba doblada en un ángulo antinatural, sin duda su tibia y peroné estaban rotos. Por suerte no era una fractura abierta y no había pérdida de sangre. Sin duda no podría caminar en una buena temporada. Tocaba recuperarse a pasos agigantados. De pronto notó algo con su mano derecha. Lo palpó un poco y al dirigir la mirada se dio cuenta que era el Bokken de madera de Kibai.
Tras eso, Moja escucho las voces de sus compañeros Kibai y Bertram. Estaban debatiendo sobre las guardias mientras intentaban hacer algo de fuego. Agarró con fuerza el Bokken de madera e intentó incorporarse torpemente, apoyando la espalda contra el tronco, intentando no mostrar debilidad mirando a ambos con su único ojo ahora.
-Kibai, tira fuerte recolócala. No quiero quedarme cojo.- le dijo a su compañero.
El tirón se sintió como si un millón de agujas se le clavaran a la vez en la pierna. Apretó los dientes y mantuvo la compostura, intentando hacerse el valiente. Una vez recolocada, Moja sacó una de sus flechas de la aro aro no mi y la enrolló con fuerza en su pierna, bloqueándola para que no se moviera. Aquello era solo algo temporal mientras conseguía un par de palos y unas vendas para hacerse una férula temporal.
El chasquido de el látigo resonaba con fuerza mientras Moja se recogía en una esquina del lugar. El olor a hierro, proveniente de la sangre, la tierra húmeda impregnaba en su pelaje, ese dolor en las costillas de las patadas, hacían que temblara de miedo. Simplemente no podía ni pararse y mucho menos desobedecer las ordenes de aquel amo que le había dicho que no se movieran de aquel lugar. Por su cabeza pasaban miles de ideas y últimamente la que mas fuerza ganaba era la de acabar con su vida y así poder acabar con su sufrimiento. El ver la muerte de sus padres años atrás con sus propios ojos, hizo algo en su cerebro que le incitaba a terminar aquello.
-Levanta, te sacaremos de aquí- dijo aquel hombre tendiéndole una mano.
Aquella mano que le habían tendido para ayudarse a levantarse, por aquella persona vestida de blanco, con el logo de la marina en la gorra. Fue algo que sin duda no olvidaría nunca en su vida. Ese simple gesto hizo que las ideas que le rondaban en la cabeza se fueran sin volver a aparecer nunca más.
Volviendo al presente…
-¡Aggg!- gritó Moja mientras intentaba incorporarse.
El dolor agudo en su cara y su pierna derecha hicieron que Moja gritara de dolor al despertarse. De pronto, algo había cambiado en el. Sentía algo extraño, aparte del intenso dolor. Faltaba la mitad de su vista, una negrura absoluta cubría el lado derecho. Aguantando el dolor intentó tocarse el ojo, pero al sentirlo lo supo con certeza gracias a sus conocimientos médicos. El globo ocular había sido rasgado por la mitad por el golpe de la caída. Descubrió que el impacto del desguace no solo le destrozó el ojo, sino que le dejó la cara ardiendo. Una punzada sorda y la falta de visión lateral que descolocaba sus instintos.
Desvió la vista hasta la pierna y esta estaba doblada en un ángulo antinatural, sin duda su tibia y peroné estaban rotos. Por suerte no era una fractura abierta y no había pérdida de sangre. Sin duda no podría caminar en una buena temporada. Tocaba recuperarse a pasos agigantados. De pronto notó algo con su mano derecha. Lo palpó un poco y al dirigir la mirada se dio cuenta que era el Bokken de madera de Kibai.
Tras eso, Moja escucho las voces de sus compañeros Kibai y Bertram. Estaban debatiendo sobre las guardias mientras intentaban hacer algo de fuego. Agarró con fuerza el Bokken de madera e intentó incorporarse torpemente, apoyando la espalda contra el tronco, intentando no mostrar debilidad mirando a ambos con su único ojo ahora.
-Kibai, tira fuerte recolócala. No quiero quedarme cojo.- le dijo a su compañero.
El tirón se sintió como si un millón de agujas se le clavaran a la vez en la pierna. Apretó los dientes y mantuvo la compostura, intentando hacerse el valiente. Una vez recolocada, Moja sacó una de sus flechas de la aro aro no mi y la enrolló con fuerza en su pierna, bloqueándola para que no se moviera. Aquello era solo algo temporal mientras conseguía un par de palos y unas vendas para hacerse una férula temporal.
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*Pienso* -Hablo- Narro
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