06-09-2026, 06:01 AM
Vestimenta de Hyak
Npc - Majid
Día 6 de Primavera, año 18
Skypiea
10:23 p.m.
Caminar. Eso haría.
Después de tres largos días de entrenamiento sus brazos se movían por inercia y sus piernas eran tan ligeras que dar un paso era casi como flotar. Lo único que lo hacía saber que estaba pisando la tierra era el hecho de ver hacia abajo y darse cuenta de que sus botas se plantaban con firmeza sobre el suelo; sin embargo, ninguna de esas sensaciones, que normalmente lo harían querer tirarse en su cama para dormir hasta la tarde del día siguiente, fueron suficientes para mantenerlo encerrado en la residencia que el emperador “Zukaritas” le asignó a los Valar.
La Isla del Cielo era un paraíso, uno que debía ser explorado sin importar la hora. No solo sus selvas valían la pena, si no sus ciudades, sus plantas, sus animales…su gente…Sí, sobre todo esos últimos, de hecho, le parecía una completa lástima que el emperador fuera tan específico con su política de “no comenzar conflictos”, porque el médico veía en aquella lista un laboratorio con habitantes del cielo que él no dudaría en diseccionar, solo para estudiar su interior, si las condiciones fueran distintas, pero como visitante en una isla cuyas reglas apenas conocía, prefería prevenir, así que, tenía otra idea mejor: Conocer a los skypieanos de un modo menos invasivo y más…social…en especial a uno de ellos: Majid.
El nombre del hombre llegó a su cabeza con claridad, mientras, en su habitación, ajustaba sus botas de cuero negro a sus largas piernas, el último retoque que necesitaba para que su atuendo de la noche estuviera listo. Cuando ambas quedaron, miró sus piernas, sonrió de medio lado y dejó de pensar en el cansancio de su cuerpo para concentrarse en el placer que podría experimentar aquella noche, uno que podría llegar de más de una manera.
Se miró al espejo antes de salir, lo que le sirvió para ajustar una bandana celeste a su cabeza y, al final, sabiéndose que su belleza era casi irreal, incluso para los “ángeles” del cielo, salió de su habitación con una expresión de autosuficiencia al saber que, aun sin haberse arreglado demasiado, atraería más de una mirada.
Sus pies lo guiaron hasta la entrada de la residencia y cuando abrió la puerta, el viento fresco de la noche le pegó en la cara y sacudió algunos mechones de cabello. No hacía calor, tampoco frío, era un clima perfecto, aunque poco o nada podía importarle cuando su cita de la noche lo esperaba en la entrada de su casa temporal. ¡Menos mal! Porque de otro modo se habría perdido en el camino o habría tenido que llevar consigo a Cara Melo, la montura de María Merlot, pero el animal estaba dormido y despertarlo habría sido un problema.
—¿Listo para conocer Skypiea? Te mostraré que hay más que selva, dojos y arenas de combate —. El skypieano extendió su mano y la luz amarilla de la lámpara de entrada bañaron sus dedos color canela, haciendo que su piel se viera más como el bronce. El médico solo atinó a observar el gesto, “maravillado” por la “caballerosidad” ajena…Tanto tiempo en alta mar casi le hacía olvidar que incluso en los rincones más recónditos del mundo podría encontrarse con alguna sorpresa a la que no querría hacerle daño…no de buenas a primeras al menos…Sí, siempre podía encontrarse con alguien con quien jugar antes de actuar.
—Bien, muéstrame cuanto quieras, no puedo esperar a conocer cómo se divierten acá arriba, aunque iremos a pie esta vez. Mar Celo Cara Melo está cansado, así que espero que te hayas puesto unos buenos zapatos —. Tomó la mano ajena, aunque fue él quien terminó jalando al chico hacia la salida del patio de la residencia, como si de verdad supiera a donde lo llevaría.
—Por supuesto, los mejores que tengo…más si vamos a recorrer el mercado nocturno. Hace años que no ha estado tan animado ¿Sabes? Creo que la llegada de ustedes si que ha traído vida a este pedazo de tierra —. Oyó la voz del muchacho de piel canela, pero la mente del médico se detuvo en “mercado nocturno” … ¿Qué tipo de mercado? Pensó que irían a algún bar. Su mente viajó hacia las ilegalidades del mar azul, pero dudaba mucho que en el cielo las cosas funcionaran de igual manera, así que prefirió no levantar sus expectativas y esperar un pequeño mercado artesanal en donde vendieran alguna que otra sustancia para “consentir” el cuerpo o la mente y que luego de eso vendría la verdadera diversión.
Prefirió guardar silencio y solo soltar una leve risa mientras asentía y ahora sí, se dejaba guiar por los caminos empedrados de la isla…caminos que poco a poco empezaron a ensancharse, así como poco a poco la tranquilidad y el silencio fueron quedando atrás. Más temprano que tarde la música se empezó a colar entre las hojas de los árboles y los techos de las casas, a la música le siguieron voces, risas y otros sonidos que no podía identificar con exactitud y luego, al sonido, se añadieron luces…No luces opacas como las que se encontrarían fuera de una pobre taberna, si no luces fuertes que venían de todas las direcciones.
Vida.
Sí…Majid describió ese lugar de la mejor manera y él lo dudó hasta verlo con sus propios ojos.
Vida nocturna era lo que más había en ese lugar.
No había simples puestos de ventas artesanales. La calle, ancha y con adoquines bien colocados, que parecían brillar como el oro, ofrecía de todo un poco, desde puestos ambulantes hasta grandes tiendas, restaurantes y bares que ofrecían sus servicios, gustosos, a los viajeros, incluso pudo visualizar alguno que otro consultorio médico, pequeños, pero funcionales a pesar de la hora, además de algunos locales de “adivinación” del futuro. Curiosamente, fue eso lo que más llamó la atención del médico.
—¿Creen en esas cosas aquí? —Preguntó mientras que, tomado del brazo con Majid, se acercó al ventanal de vidrio de aquel sitio, cuyo interior se mostraba como una ventana mística que le recordó a un viejo conocido del South Blue, un médico brujo con el que alguna vez llegó a hacer negocios. —Je… ¿Entramos? Tal vez quiera saber que nos depara esta noche, además…me interesa conseguir algunas hierbas medicinales para el viaje. En sitios así siempre venden remedios naturales y los prefiero a los arti…
Su mirada se había alzado a medida que hablaba y lo que vio a lo lejos fue suficiente para cortar su diálogo y hacerlo abrir los ojos de par en par, parecía haber visto un fantasma y no era para menos.
Apretó su brazo un poco más fuerte al de Majid, al mismo tiempo que mordía sus labios para intentar convencerse de que aquella maraña de cabellos rubios eran una broma de su imaginación, de su cansada mente que debía estar descansando en lugar de empezando una travesía por la vida nocturna de Shandora.
No supo cuando empezó a moverse hacia “el” rubio, sin siquiera molestarse en responder las preguntas de su acompañante de esa noche, quien decidió seguirle el paso, a pesar de su desconcierto.
—Espe… —Justo en el momento en que el médico alzó su mano para tocar el hombro de aquel “rubio” que creía conocer de algún lugar, de un muy lejano lugar que por algún motivo hacía que su corazón latiera con intensidad, detuvo en seco tanto su voz como sus acciones.
Sus ojos se aclararon, las luces dejaron de estorbar y la silueta de la persona dueña de aquellos cabellos color sol se hizo más evidente de cerca. No era un hombre, era una mujer.
Bajó su mano, decepcionado y algo avergonzado…Creía que había encontrado a alguien ¿Conocido? A alguien que su mente se negaba a revelarle, pero parece que sus ojos, concentrados solo en el cabello liso y dorado de aquella mujer, no se dieron cuenta de las curvas que componían su cuerpo.
—¡Ah! —Soltó un suspiro. —Lo siento —. Se disculpó, ya fuera que la chica se hubiera girado o no, pues, a final de cuentas, estando contra la luz, era imposible ignorar su presencia por la sombra que hacía su cuerpo sobre la mujer. —Creí que eras alguien más, señorita —. Volvió a sonreír, aunque esta vez la expresión denotó más amargura que coquetería o felicidad.
—Majid… ¿En qué estábamos? —Se giró para regresar con su acompañante. —Disculpa por la escena, pero creí que ella era otra persona…Sigamos con nuestra noche —. El médico se giró y volvió a tomar el brazo del chico, quien le dedicó una sonrisa de disculpa a la muchacha a la que parecían haber importunado.
Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
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