05-09-2026, 05:26 PM
Nine permaneció en silencio durante unos segundos mientras escuchaba la respuesta del gigante. Esta vez no había nada que le hiciera gracia en sus palabras. La manera en la que Alex hablaba sobre Elbaf, pese a no haber estado nunca allí, había conseguido despertar algo de curiosidad en el lunarian.
La situación le resultaba extraña. Aquel gigante tenía una memoria excepcional y, sin embargo, construir una frase sencilla parecía suponerle un esfuerzo enorme. Quizás la capacidad de recordar no servía de mucho si no se sabía cómo utilizar todo aquello que se almacenaba en la cabeza.
Nine miró al cielo durante unos instantes. Las estrellas comenzaban a destacar cada vez más sobre la oscuridad de la noche. Después volvió a mirar al gigante con una pequeña sonrisa.
—Bueno, grandullón... al menos ya tenemos algo claro. Quieres volver a Elbaf. Y, por lo visto, también quieres comerte una sopa de piedras que describes como horrible. No sé cuál de las dos cosas me parece más preocupante ¡RAAAAAHAHA!
El lunarian se acercó un poco más a Alex y levantó el dedo índice, dispuesto a continuar con la lección.
—Pero has cometido un pequeño error. No puedes decir simplemente «regresar Elbaf». Debes decir «quiero regresar a Elbaf». Ese «a» es importante. Si quieres hablar correctamente, tendrás que empezar a prestar atención a esas pequeñas palabras, aunque parezcan una tontería.
Nine hizo una pequeña pausa, dejando que el gigante asimilara la explicación.
—Ahora repítelo: «Quiero regresar a Elbaf». Y esta vez quiero que lo digas sin pensar en tu lengua. Piensa en lo que quieres decir y deja que las palabras salgan. Vamos, grandullón. No me hagas arrepentirme de haberte elegido como alumno.
Una sonrisa orgullosa apareció en el rostro del lunarian. Aquella vez no parecía estar disfrutando únicamente de tener a alguien a quien enseñar. Por alguna razón, la historia de Alex había conseguido despertar su interés.
—Y cuando vuelvas a pensar en Elbaf, recuerda esa frase, grandullón. Será lo primero que quiero escuchar de ti la próxima vez que nos encontremos. Ahora vete a descansar mientras La Luna aún Arde.
Nine alzó entonces la mirada hacia el cielo nocturno. La conversación sobre Elbaf y aquellas estrellas que, según las historias de Alex, debían de ser diminutas, había despertado su curiosidad; aunque decidió guardarse sus preguntas para otra ocasión. Ya habría tiempo para conocer más sobre aquella misteriosa tierra de gigantes.
Con una última sonrisa de orgullo, el lunarian se separó del gigante y emprendió el vuelo, dejando atrás el faro y a su enorme alumno.
La situación le resultaba extraña. Aquel gigante tenía una memoria excepcional y, sin embargo, construir una frase sencilla parecía suponerle un esfuerzo enorme. Quizás la capacidad de recordar no servía de mucho si no se sabía cómo utilizar todo aquello que se almacenaba en la cabeza.
Nine miró al cielo durante unos instantes. Las estrellas comenzaban a destacar cada vez más sobre la oscuridad de la noche. Después volvió a mirar al gigante con una pequeña sonrisa.
—Bueno, grandullón... al menos ya tenemos algo claro. Quieres volver a Elbaf. Y, por lo visto, también quieres comerte una sopa de piedras que describes como horrible. No sé cuál de las dos cosas me parece más preocupante ¡RAAAAAHAHA!
El lunarian se acercó un poco más a Alex y levantó el dedo índice, dispuesto a continuar con la lección.
—Pero has cometido un pequeño error. No puedes decir simplemente «regresar Elbaf». Debes decir «quiero regresar a Elbaf». Ese «a» es importante. Si quieres hablar correctamente, tendrás que empezar a prestar atención a esas pequeñas palabras, aunque parezcan una tontería.
Nine hizo una pequeña pausa, dejando que el gigante asimilara la explicación.
—Ahora repítelo: «Quiero regresar a Elbaf». Y esta vez quiero que lo digas sin pensar en tu lengua. Piensa en lo que quieres decir y deja que las palabras salgan. Vamos, grandullón. No me hagas arrepentirme de haberte elegido como alumno.
Una sonrisa orgullosa apareció en el rostro del lunarian. Aquella vez no parecía estar disfrutando únicamente de tener a alguien a quien enseñar. Por alguna razón, la historia de Alex había conseguido despertar su interés.
—Y cuando vuelvas a pensar en Elbaf, recuerda esa frase, grandullón. Será lo primero que quiero escuchar de ti la próxima vez que nos encontremos. Ahora vete a descansar mientras La Luna aún Arde.
Nine alzó entonces la mirada hacia el cielo nocturno. La conversación sobre Elbaf y aquellas estrellas que, según las historias de Alex, debían de ser diminutas, había despertado su curiosidad; aunque decidió guardarse sus preguntas para otra ocasión. Ya habría tiempo para conocer más sobre aquella misteriosa tierra de gigantes.
Con una última sonrisa de orgullo, el lunarian se separó del gigante y emprendió el vuelo, dejando atrás el faro y a su enorme alumno.
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