05-09-2026, 12:32 PM
El ataque de los presuntamente alados mocosos prosiguió durante un rato, podía escuchar perfectamente sus voces, sus chillidos cuando estaba a punto de agarrarlos con mi pinza y sus risas una vez conseguían alejarse lo suficiente de mi rango. —Son buenos estos muchachos. ¿Qué les dan de comer a los niños de este lugar? —pensé después de pensar en Qiang y Lei, las dos gemelas que me ayudaron durante mi entrenamiento del kárate gyojin.
Traté de evitar apoyarme en mi oído, lo cual era difícil con la curiosa sensación que atravesábamos. Pero, de alguna manera, desde la pequeña llama que sentí hace unos momentos, algo comenzó a cambiar. Lo que antes era una oscuridad absoluta, ahora parecía adornada con el brillo intermitente de otras presencias. Por momentos parecía humo, otras tenían un rastro eléctrico y otras parecían desplazarse como si de viento se tratase. No entendía bien qué era lo que estaba pasando, esas presencias apenas duraban unos instantes antes de desaparecer. ¿Eran los niños? No podía estar seguro, pero de ellas emanaba una sensación de malicia juguetona y divertida, como fantasmitas que se entretienen al molestar a los vivos.
—¡Nadie está llorando! —le respondí a mi capitán mientras paraba un segundo de intentar perseguir a los muchachos, aprovechando para secarme el sudor de la frente. —Oye, ¿cómo que burdel? —pregunté mientras miraba de forma inquisitoria en su dirección, que, evidentemente, era completamente la opuesta a la que se encontraba mi capitán. Tras eso, las arremetidas de los infantes fueron remitiendo poco a poco, logrando que la paz y la tranquilidad volviesen a la calle. Me encontraba cansado, exhausto podría decir, la energía de los mocosos era verdaderamente algo de temer. —¿Cómo lo llevas, Kibai? —dije en voz alta, incapaz de saber a la distancia a la que se encontraba mi compañero de clases.
Con el silencio que ahora predominaba en la calle, pude escuchar la pregunta de Enji con mucha más claridad. —He notado algo extraño. Por un momento pude percibir algo parecido a una llama y luego, mientras los niños… ¿Jugaban? Pude percibir cosas parecidas, como si fueran fantasmitas. Pero apenas duraban un instante. —Le respondí con la pinza apoyada en mi cadera y rascando mi mentón con mi mano izquierda.
La siguiente orden de mi capitán y sensei se sintió como una jarra de cerveza fría en el desierto, como un baño después de estar trabajando en una mina, como irse a la cama sabiendo que al día siguiente no sería necesario madrugar. Sin darle ni un segundo para que se replantease la decisión, me arranqué la venda de mi rostro y, con ilusión por ver los hermosos colores de este mundo, abrí los ojos.
Mi grito al quedar cegado por la repentina y cegadora luz se pudo escuchar por toda la calle. Haciendo un esfuerzo por no hincar mis rodillas en el suelo y con los ojos achinados y llorosos, me dispuse a seguir a mi capitán. No sabía qué pretendía, pero el entrenamiento parecía estar dando resultados, así que estaba dispuesto a seguirle a donde fuese.
Traté de evitar apoyarme en mi oído, lo cual era difícil con la curiosa sensación que atravesábamos. Pero, de alguna manera, desde la pequeña llama que sentí hace unos momentos, algo comenzó a cambiar. Lo que antes era una oscuridad absoluta, ahora parecía adornada con el brillo intermitente de otras presencias. Por momentos parecía humo, otras tenían un rastro eléctrico y otras parecían desplazarse como si de viento se tratase. No entendía bien qué era lo que estaba pasando, esas presencias apenas duraban unos instantes antes de desaparecer. ¿Eran los niños? No podía estar seguro, pero de ellas emanaba una sensación de malicia juguetona y divertida, como fantasmitas que se entretienen al molestar a los vivos.
—¡Nadie está llorando! —le respondí a mi capitán mientras paraba un segundo de intentar perseguir a los muchachos, aprovechando para secarme el sudor de la frente. —Oye, ¿cómo que burdel? —pregunté mientras miraba de forma inquisitoria en su dirección, que, evidentemente, era completamente la opuesta a la que se encontraba mi capitán. Tras eso, las arremetidas de los infantes fueron remitiendo poco a poco, logrando que la paz y la tranquilidad volviesen a la calle. Me encontraba cansado, exhausto podría decir, la energía de los mocosos era verdaderamente algo de temer. —¿Cómo lo llevas, Kibai? —dije en voz alta, incapaz de saber a la distancia a la que se encontraba mi compañero de clases.
Con el silencio que ahora predominaba en la calle, pude escuchar la pregunta de Enji con mucha más claridad. —He notado algo extraño. Por un momento pude percibir algo parecido a una llama y luego, mientras los niños… ¿Jugaban? Pude percibir cosas parecidas, como si fueran fantasmitas. Pero apenas duraban un instante. —Le respondí con la pinza apoyada en mi cadera y rascando mi mentón con mi mano izquierda.
La siguiente orden de mi capitán y sensei se sintió como una jarra de cerveza fría en el desierto, como un baño después de estar trabajando en una mina, como irse a la cama sabiendo que al día siguiente no sería necesario madrugar. Sin darle ni un segundo para que se replantease la decisión, me arranqué la venda de mi rostro y, con ilusión por ver los hermosos colores de este mundo, abrí los ojos.
—Liber… ¡¡Arrgggghh, mis ojosss!! —
Mi grito al quedar cegado por la repentina y cegadora luz se pudo escuchar por toda la calle. Haciendo un esfuerzo por no hincar mis rodillas en el suelo y con los ojos achinados y llorosos, me dispuse a seguir a mi capitán. No sabía qué pretendía, pero el entrenamiento parecía estar dando resultados, así que estaba dispuesto a seguirle a donde fuese.
Cajita de tortuga

![[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]](https://i.ibb.co/DX21hrt/Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg)
