03-09-2026, 06:52 PM
La horda podría haberse movido, esquivado el ataque y, de hecho, probablemente habría sido lo más natural. No obstante, cuando la mujer se posiciona frente a ellos y comienza a hablar, el tonatta que hay frente a ella —un hombrecillo de poco más de medio metro, cabello oscuro y cortado tan al ras que casi parece calvo— se queda completamente atónito al descubrir que aquella mujer no es su compañero. El cual, hace ya rato que ha huido, abandonándolos.
En consecuencia, el tonatta de nariz chata y cejas gruesas, parpadea varias veces, las suficientes como para que Devon aproveche ese pequeño instante de desconcierto para hablar. Y, cuando su cerebro termina por reaccionar, intenta entablar conversación con ella como si la conociera de toda la vida.
—Bañada en oro, como tú, ¿no, guapa? —responde el mismo tonatta, haciendo una evidente referencia al dorado color de la piel de la mujer.
Mas la respuesta que recibe no es, ni de lejos, la que esperaba.
De pronto, se inicia una extraña cadena de acontecimientos. Y es que, el primero recibe el golpe directamente en el rostro, incapaz de defenderse del puñetazo de la impresionante mujer. Siente cómo se le hunde la carne bajo los nudillos protegidos por el hierro, mientras el impacto hace crujir su rostro de una forma que probablemente preferiría no volver a experimentar jamás. La cabeza comienza a zumbarle, la nariz se le parte y, antes siquiera de comprender qué ha sucedido, un velo oscuro empieza a extenderse frente a sus ojos, anunciándole que la inconsciencia está peligrosamente cerca.
Sin embargo, eso no es todo.
Pues, contra todo pronóstico, la fuerza del impacto resulta suficiente como para que su diminuto cuerpo salga despedido hacia atrás y se estrelle contra el compañero que se encontraba justo detrás de él. Este segundo tonatta es bastante diferente: más delgado, de rostro alargado y piel pálida, con un aspecto lánguido que transmite un aire de agilidad. Algo que, como Devon podrá observar, no es real. Y es que, el páliducho, no puede llegar a reaccionar antes de verse arrastrado por su propio compañero y terminar desplazándose un escaso metro.
Sí: dos de un solo golpe.
Y aunque pudiera parecer que el primero se ha llevado la peor parte, en realidad, es el paliducho quien más daño se hace al golpearse violentamente la cabeza contra el pico de la mesa que está justo al borde de la entrada.
Es entonces cuando reacciona el tercero. Quien, hasta ese momento, había permanecido aproximadamente un metro más atrás, completamente oculto a tu vista por sus propios compañeros.
De esta forma, cuando el rechoncho Tonatta reacciona al ver cómo uno de sus compañeros sale despedido y el otro termina desplomándose en el suelo, corre inmediatamente hacia el herido, que intenta ponerse en pie mientras la sangre comienza a correrle por el rostro.
—Tranquilo, yo puedo solo —responde el herido, intentando recuperar la compostura pese a la sangre que le cae por la frente.
El tonatta rollizo asiente lentamente.
Y entonces, ante tu provocación, corre hacia ti; se abalanza con el puño por delante y, pese a la enorme diferencia de tamaño entre ambos, su pequeña mano termina impactando contra tu pierna.
En consecuencia, el tonatta de nariz chata y cejas gruesas, parpadea varias veces, las suficientes como para que Devon aproveche ese pequeño instante de desconcierto para hablar. Y, cuando su cerebro termina por reaccionar, intenta entablar conversación con ella como si la conociera de toda la vida.
—Bañada en oro, como tú, ¿no, guapa? —responde el mismo tonatta, haciendo una evidente referencia al dorado color de la piel de la mujer.
Mas la respuesta que recibe no es, ni de lejos, la que esperaba.
De pronto, se inicia una extraña cadena de acontecimientos. Y es que, el primero recibe el golpe directamente en el rostro, incapaz de defenderse del puñetazo de la impresionante mujer. Siente cómo se le hunde la carne bajo los nudillos protegidos por el hierro, mientras el impacto hace crujir su rostro de una forma que probablemente preferiría no volver a experimentar jamás. La cabeza comienza a zumbarle, la nariz se le parte y, antes siquiera de comprender qué ha sucedido, un velo oscuro empieza a extenderse frente a sus ojos, anunciándole que la inconsciencia está peligrosamente cerca.
Sin embargo, eso no es todo.
Pues, contra todo pronóstico, la fuerza del impacto resulta suficiente como para que su diminuto cuerpo salga despedido hacia atrás y se estrelle contra el compañero que se encontraba justo detrás de él. Este segundo tonatta es bastante diferente: más delgado, de rostro alargado y piel pálida, con un aspecto lánguido que transmite un aire de agilidad. Algo que, como Devon podrá observar, no es real. Y es que, el páliducho, no puede llegar a reaccionar antes de verse arrastrado por su propio compañero y terminar desplazándose un escaso metro.
Sí: dos de un solo golpe.
Y aunque pudiera parecer que el primero se ha llevado la peor parte, en realidad, es el paliducho quien más daño se hace al golpearse violentamente la cabeza contra el pico de la mesa que está justo al borde de la entrada.
Es entonces cuando reacciona el tercero. Quien, hasta ese momento, había permanecido aproximadamente un metro más atrás, completamente oculto a tu vista por sus propios compañeros.
De esta forma, cuando el rechoncho Tonatta reacciona al ver cómo uno de sus compañeros sale despedido y el otro termina desplomándose en el suelo, corre inmediatamente hacia el herido, que intenta ponerse en pie mientras la sangre comienza a correrle por el rostro.
—Tranquilo, yo puedo solo —responde el herido, intentando recuperar la compostura pese a la sangre que le cae por la frente.
El tonatta rollizo asiente lentamente.
Y entonces, ante tu provocación, corre hacia ti; se abalanza con el puño por delante y, pese a la enorme diferencia de tamaño entre ambos, su pequeña mano termina impactando contra tu pierna.
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Bai Mudan
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