[Navegación, P.A] La caída de la División 30
#6
El tiempo en el cielo corría a un ritmo presuroso. Terminados los Juegos del Soberano, Zarutsuki, Ouka Shichibukai y regente de la Isla sobre las Nubes, les dió una semana a todos los extranjeros visitantes para disfrutar de las comodidades, la cultura y la sabiduría de Skypiea; esa semana, que pareció eterna en un principio, estaba a punto de terminar. La tierra firme y el Mar Azul los reclamaba de regreso. Las responsabilidades, también. Y el papeleo.

Oh, el papeleo.

Enji maldecía diario al cabrón que decidió, en el pasado remoto, que se debía llevar un registro, un inventario, una nota, una constancia y un largo etcétera de cuestiones burocráticas para cada movimiento dentro del brazo armado del Gobierno Mundial. Eran el músculo del gobierno: ¿Por qué no bastaba con golpear duro y encerrar a los tipos malos? Eso se le daba bien, bastante bien. Pero ¿llenar formularios? Prefería mil veces masticar su propio veneno como desayuno.

—¿Hm? Juan, no digas tonterías. La única forma de que se deshagan de mí es que me maten… ¡Y ya la tienen difícil si quieren matarme!

Prefirió evitar el trauma de mirar a Akira, quien seguramente estaría llevando a cabo esa sucia estrategia de manipulación pectoral.

¿Por qué la vida no podía ser más sencilla?

Enji, que hasta entonces había estado recostado sobre el mascarón, se incorporó de un salto cuando la sombra de un enorme ave pasó por encima suyo. Parpadeó, somnoliento, y se estiró en el lugar mientras echaba un vistazo al barco. ¿Todos estaban trabajando? Bien. La División 75 se les uniría en cualquier momento, lo cual era un alivio. Esa hermosa chica de orejas extrañas sería una buena distracción para… el asunto.

La figura que apareció en el cielo resultó mucho más estilizada de lo que un Ñordiki acostumbraba, y se estaba acercando. Enji expandió su Kenbunshoku, sintió su presencia y leyó sus emociones, desgranando ese cansancio y hastío que lo acompañaba, además de una férreo sentido de la responsabilidad. Esa ave tenía una misión. No era una criatura cualquiera y así lo demostró al pararse a su lado, sobre el mascarón, y soltar en sus manos una encomienda. Se trataba de un murciélago mensajero y traía consigo cuatro cartas, con cuatro nombres escritos en ellas.

Stroud Re… Nanashi ( habían tachado un primer intento fallido de escribir su apellido ), Hasegawa Shin, Kael Omuyaga y…

—Saint Enji… hijos de puta, que mal que suena —bufó, separando su carta de las demás y abriéndola de inmediato. ¿Por qué le entregaban a él la correspondencia de todos?—. “ A la atención del señor Saint Enji Vangelis-sama, Comodoro de la Marina…” —Empezó a leer, alto y claro para que todo mundo se enterase. No tenía secretos que guardar a sus compañeros—. “Inmenso talento e increíble capacidad…” ¿Escucharon eso? Soy bárbaro —señaló, hinchando el pecho, y siguió leyendo—. Stroud Nanashi y Hasegawa Shin… subordinados… Nyra Kuroshiro… Omuyaga… blablabla… ¿“Siempre suya”? ¡Pero bueno, Patricia! ¡Shihahaha! ¿Escucharon eso, chicos? ¡Nos ascendieron! ¡Y tenemos nuevos novatos!

No perdió tiempo y bajó del mascarón para llamar a Stroud, el único marine de los mencionados que no tenía planeado visitar el Transit ese día.

—¡Eh, Nanashi! Llegaron órdenes del Cuartel General. Despídete de tus compañeros y ven al Transit, ¡que ahora eres un honorable miembro de la GLORIOSA División Treinta! De nada. ¡Shihahaha! —y cortó—. Dios, ese chico siempre suena como si le estuviera vigilando un superior.

Los preparativos para el viaje seguían viento en popa y, poco a poco, los nuevos miembros de su división fueron llegando.

—Eh, mucha llaga, esto es tuyo. —Arrojó a Kael su carta nada más verlo llegar—. Ahora estás bajo mi mando. Bienvenido al Transit. —El siguiente en asomarse fue Stroud, a quien se acercó y puso la carta contra su pecho. Ese muchacho de cabellos rubios era demasiado serio, demasiado recto, todo lo contrario a él—. Póngase cómodo, comandante. Pero no demasiado. Bienvenido al Transit. —Y el siguiente fue Shin, el brillante finalista. A él le arrojó la carta como si se tratase de una tarjeta—. Bienvenido al Transit, bichito de luz. No “ambiciones” nada, por favor. —Por último, se asomó a la barandilla y vio a Nyra maravillada con el épico mascarón de su nave—. ¡Bienvenida tu también, preciosa! Al fin, una buena incorporación. ¡Venga, gente! ¡Pónganse en orden que nos toca bajar! Y si es la mitad de turbulento de lo que fue subir… ¡Quizá perdamos a Juan en el camino! ¡Shihahaha!

Ordenó a todos terminar de abordar, acomodar sus cosas y prepararse mientras él, fiel a la tradición, se ataba al mascarón del frente para atestiguar el descenso de primera mano. Su capa de comodoro en los hombros. Una única prenda de ropa interior celeste bajo la misma. Era hora de volver al trabajo.

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RE: [Navegación, P.A] La caída de la División 30 - por Enji - 02-09-2026, 05:49 PM

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