02-09-2026, 04:28 PM
(Última modificación: 03-09-2026, 08:25 AM por Akira Raito.
Razón: Me faltó el spoiler con la info. de que estoy en el barco
)
Acompañé tanto a Juan como a Enji a nuestro majestuoso y glorioso Frod Transit, barco que solía ser custodiado por el gato-fiestas, aunque desconocía si esta vez el capitán pervertido se lo había llevado consigo a su airbnb en las islas del cielo. Aquel maldito gato, si siempre que me ponía al timón me meaba los pies, ahora seguro que olía las feromonas femeninas e intentaba montarme la pierna—. ”Es que es igual que el dueño” —pensé en lo que me acercaba al barco y observaba desde abajo, con los brazos en jarra, el pedazo de mascarón que nos habíamos marcado con este pedazo de velero.
—Nunca me cansaré de mirarlo, con ese cascabel y esa sonrisa, simplemente genial. Y qué dices Juan, no... Nosotros no nos vamos a ningún lado, ¿verdad que no, babosa andante? —respondí a la pregunta de Juan, que realmente me generó algo de malestar. Era cierto que desde que llegamos al Grand Line, por cada isla que pasábamos íbamos dejando a alguien, no era agradable, pero así es la vida, y mucho más siendo marine. Después me dirigí a Enji, que no podía dejar de babear cada vez que me miraba los pechos—. Cuando era hombre no te gustaban tanto mirarme —le vacilé de nuevo mientras movía cada pectoral de manera independiente, una técnica secreta para mantener al pervertido de Enji bajo mi dominio.
E ignorando por completo los mensajes de las cartas, si es que las iban a leer en voz alta, me subí de un salto al barco para empezar a organizarlo todo. A fin de cuentas, aunque el barco fuera de Enji, a efectos prácticos era mío. Quiero decir, hasta el día de hoy había sido yo quien había manejado el timón del velero y decidido a dónde ir... Pero tras el ascenso, seguramente me iba a tocar encargarme de arreglar los destrozos de nuestro pobre vehículo.
Pocos minutos después, al volver a subir a la cubierta con el Ford Fiesta en la cabeza (quien, sorprendentemente, me había seguido al subir al velero, pero esta vez no me había meado los pies sino que se mostraba bastante cariñoso), pude diferenciar como a bordo también se encontraba la división 75 y el anterior capitán de la división 60, que se presentó como el nuevo navegante. ¡SIN NI SIQUIERA PREGUNTAR!
—¡OYE TÚ, STROUD! ¡SI ERES EL NUEVO NAVEGANTE SERÁ PORQUE YO LO DIGO! Ejem, ejem... ¡STROUD, SERÁS EL NUEVO NAVEGANTE! —y que descanso en realidad. Me encantaba estar al timón del barco, pero viendo lo que era el Grand Line, mejor me centraría en mis labores de carpintera de arreglar al pobre Ford Transit para que no muriera en el intento. Demasiado estaba aguantando el barco, que no lo habíamos hecho ni una mísera revisión desde la Reverse Mountain.
Tras eso me acerqué a él para explicarle como estaba distribuido el barco por dentro para que tuviera una idea de la buena e indiscutible impecable distribución del peso de nuestros víveres y equipaje, y le coloqué al gato mirándole fijamente a la cara, sujetándolo a la altura de sus ojos. Para después de hablar, bajárselo al suelo, justo en sus pies, para que le rociara con su primera meada—. Regla número uno del Ford Transit, quien lleva el timón quedará marcado, de manera indiscutible, por el pipí del gato Ford Fiesta. Su barco, sus normas.
Tras eso observé como tanto Kael como Nyra parecían flipar con el barco. Al primero no parecía gustarle, era un chico muy serio y cualquier cosa fuera de lo común parecía impresionarle demasiado... Cosa que no entendía, ya que se había estado relacionando con la división 80 desde que llegamos a Skypiea. Nyra, por su parte, flipaba pero con ilusión, mostrándose incluso curiosa por el pelo sedoso y pomposo del gato del mascarón. Lo siguiente que hice fue ignorar las indicaciones de Stroud para dirigirme corriendo al interior de la quilla y poder asegurarme de que no tenía ningún desperfecto. El barco no se había hundido, lo que era buena señal, pero la madera estaba sufriendo un poco, así que antes de que comenzáramos el descenso hice alguna chapuza con algún remache para que aguantáramos con éxito hasta el siguiente puerto y, una vez ahí, poder terminar de revisar el velero para que pasara la ITV. Regresé a cubierta con mis compañeros e hice lo propio por ayudar, siguiendo las indicaciones del nuevo al timón, cazando las escotas para orientar la vela mayor y que no la reventara la fuerza del viento.
—Nunca me cansaré de mirarlo, con ese cascabel y esa sonrisa, simplemente genial. Y qué dices Juan, no... Nosotros no nos vamos a ningún lado, ¿verdad que no, babosa andante? —respondí a la pregunta de Juan, que realmente me generó algo de malestar. Era cierto que desde que llegamos al Grand Line, por cada isla que pasábamos íbamos dejando a alguien, no era agradable, pero así es la vida, y mucho más siendo marine. Después me dirigí a Enji, que no podía dejar de babear cada vez que me miraba los pechos—. Cuando era hombre no te gustaban tanto mirarme —le vacilé de nuevo mientras movía cada pectoral de manera independiente, una técnica secreta para mantener al pervertido de Enji bajo mi dominio.
E ignorando por completo los mensajes de las cartas, si es que las iban a leer en voz alta, me subí de un salto al barco para empezar a organizarlo todo. A fin de cuentas, aunque el barco fuera de Enji, a efectos prácticos era mío. Quiero decir, hasta el día de hoy había sido yo quien había manejado el timón del velero y decidido a dónde ir... Pero tras el ascenso, seguramente me iba a tocar encargarme de arreglar los destrozos de nuestro pobre vehículo.
Pocos minutos después, al volver a subir a la cubierta con el Ford Fiesta en la cabeza (quien, sorprendentemente, me había seguido al subir al velero, pero esta vez no me había meado los pies sino que se mostraba bastante cariñoso), pude diferenciar como a bordo también se encontraba la división 75 y el anterior capitán de la división 60, que se presentó como el nuevo navegante. ¡SIN NI SIQUIERA PREGUNTAR!
—¡OYE TÚ, STROUD! ¡SI ERES EL NUEVO NAVEGANTE SERÁ PORQUE YO LO DIGO! Ejem, ejem... ¡STROUD, SERÁS EL NUEVO NAVEGANTE! —y que descanso en realidad. Me encantaba estar al timón del barco, pero viendo lo que era el Grand Line, mejor me centraría en mis labores de carpintera de arreglar al pobre Ford Transit para que no muriera en el intento. Demasiado estaba aguantando el barco, que no lo habíamos hecho ni una mísera revisión desde la Reverse Mountain.
Tras eso me acerqué a él para explicarle como estaba distribuido el barco por dentro para que tuviera una idea de la buena e indiscutible impecable distribución del peso de nuestros víveres y equipaje, y le coloqué al gato mirándole fijamente a la cara, sujetándolo a la altura de sus ojos. Para después de hablar, bajárselo al suelo, justo en sus pies, para que le rociara con su primera meada—. Regla número uno del Ford Transit, quien lleva el timón quedará marcado, de manera indiscutible, por el pipí del gato Ford Fiesta. Su barco, sus normas.
Tras eso observé como tanto Kael como Nyra parecían flipar con el barco. Al primero no parecía gustarle, era un chico muy serio y cualquier cosa fuera de lo común parecía impresionarle demasiado... Cosa que no entendía, ya que se había estado relacionando con la división 80 desde que llegamos a Skypiea. Nyra, por su parte, flipaba pero con ilusión, mostrándose incluso curiosa por el pelo sedoso y pomposo del gato del mascarón. Lo siguiente que hice fue ignorar las indicaciones de Stroud para dirigirme corriendo al interior de la quilla y poder asegurarme de que no tenía ningún desperfecto. El barco no se había hundido, lo que era buena señal, pero la madera estaba sufriendo un poco, así que antes de que comenzáramos el descenso hice alguna chapuza con algún remache para que aguantáramos con éxito hasta el siguiente puerto y, una vez ahí, poder terminar de revisar el velero para que pasara la ITV. Regresé a cubierta con mis compañeros e hice lo propio por ayudar, siguiendo las indicaciones del nuevo al timón, cazando las escotas para orientar la vela mayor y que no la reventara la fuerza del viento.
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