02-09-2026, 08:21 AM
Por un segundo parecía no reconocerme ¡La audacia! Pero le daría el beneficio de la duda, este nuevo cuerpo me ha hecho un poco menos reconocible y por más que eso pudiera frustrarme solo podía esperar que el resto aceptara el cambio. Podía escuchar mi taconear mientras caminábamos ¿Cuándo ha sido la ultima vez que había convivido con alguien que apenas conocía antes de estos juegos? Estaba tan ocupada con la tripulación que no había podido darme estos dulces gustos de conocer nuevos potenciales aliados y enemigos. —Por favor, llámame Tezca, Norova es una deuda que estoy cobrando. — No me molestaría en explicar aquello, desde mi postura en aquella cena y la triste historia que había contado no me parecía que fuera necesario.
Escuché sobre su tripulación ¿Acaso estaban en términos muy poco amigables? Tampoco me sentiría muy bien si alguien de mi tripulación me dijera tonta todo el tiempo, aunque el peliazul y el mink parecían ser mucho más amigables. Por más que el primero tuviera problemas con mi pareja. No pude evitar pensar en mi propia tripulación ¿Éramos más cercanos que ellos? Muchas de las veces me desaparecía de su lado, pero siempre regresaba, sabía que tenía el apoyo de todos porque era su increíble tesorera pero, no nos consideraría una familia… bah, la familia no sirve para nada de todas formas ¿Desde cuando soy tan cursi? —Supongo que deben de estar por ahí disfrutando: Runin y el capitán deben estar en una cita romántica o diciéndose tonterías donde ninguno de nosotros podamos escuchar ¿Me entiendes? Ah, que asco. Barald… bueno, yo creo que está vivo. —Le resté importancia, agitando la mano hacia un costado mientras miraba al frente antes de regresar al hombre del mechón blanco. — No deberías pasar tanto tiempo en tu barco, subir aquí es lo suficientemente complicado, deberías aprovechar el tiempo… El tiempo es dinero, no lo gastes. —
La noche comenzaba a cubrirnos con la oscuridad que bajaba de las lámparas apagadas, el hombre tenía razón, no encontraríamos mucho abierto si continuábamos con este paso. —Sígueme. Si hay bares… pero no te van a gustar, pareces alguien que prefiere las bebidas secas. — Me había acercado apenas a unos centímetros de su rostro mientras bajaba los lentes para mirarlo mejor: Por alguna razón me recordaba un poco a Barald ¿Tal vez era esa aura de misterio alrededor? ¿El cabello negro? ¿La falta de sonrisa en el rostro? Claramente los ojos no eran. —Veamos campeón, sería descortés llegar cerca de la hora de cierre pero… creo que merezc- merecemos el trato preferencial. — Le guiñé coquetamente, ofreciéndole la mano, ya fuera si la tomaba o no, comencé a avanzar con rapidez. —No te pierdas. — Aquella caminata rápida pasó a ser una carrera, no había obstáculos pues las calles prácticamente estaban vacías hasta que finalmente logré llegar a un restaurante que estaba a punto de cerrar, sostuve la puerta abierta con una sonrisa en el rostro, usando un poco de fuerza para terminar de abrirla frente a un confundido cocinero.
El hombre, ligeramente nervioso y cansado parecía encontrarse en un dilema. —Lo siento, pero ya cerramos. — La voz llegaba clara a mis oídos mientras me acomodaba los lentes. —La puerta seguía abierta, no se preocupe, amable señor, pretendemos no interrumpir su descanso por mucho tiempo: Usted era el único abierto. — Hablé con tanta dulzura que tal vez podría ser poco familiar para el campeón, que bueno, así podría impresionarlo también. —Hagamos esto… Pagaremos el doble y dejaremos una cuantiosa propina, solo para usted por su… increíble hospitalidad. Verá, buen señor, mi amigo aquí es el ganador de los juegos de su tierra… ¿Lo vio? ¿Lo increíble que fue? — Probablemente iba a comentar algo sobre los juegos y como era ligeramente diferente a la versión que acababa de comentar pero ni siquiera lo dejé hablar mientras caminaba a una de las mesas, apoyándome sobre esta. —¿No es un honor? ¡Todas las bendiciones para usted! El destino ha decidido que estemos en su mesa y le puedo decir una cosa: Esta es la mejor oportunidad de su vida. Campeón, ven a sentarte conmigo, es de mala educación dejar a una dama sola — ¿Un poco exagerado? Había funcionado, había logrado marear al cocinero lo suficiente para que, con cierta y cordialidad molestia, terminara por atendernos.
—…¿Qué van a ordenar? —
Escuché sobre su tripulación ¿Acaso estaban en términos muy poco amigables? Tampoco me sentiría muy bien si alguien de mi tripulación me dijera tonta todo el tiempo, aunque el peliazul y el mink parecían ser mucho más amigables. Por más que el primero tuviera problemas con mi pareja. No pude evitar pensar en mi propia tripulación ¿Éramos más cercanos que ellos? Muchas de las veces me desaparecía de su lado, pero siempre regresaba, sabía que tenía el apoyo de todos porque era su increíble tesorera pero, no nos consideraría una familia… bah, la familia no sirve para nada de todas formas ¿Desde cuando soy tan cursi? —Supongo que deben de estar por ahí disfrutando: Runin y el capitán deben estar en una cita romántica o diciéndose tonterías donde ninguno de nosotros podamos escuchar ¿Me entiendes? Ah, que asco. Barald… bueno, yo creo que está vivo. —Le resté importancia, agitando la mano hacia un costado mientras miraba al frente antes de regresar al hombre del mechón blanco. — No deberías pasar tanto tiempo en tu barco, subir aquí es lo suficientemente complicado, deberías aprovechar el tiempo… El tiempo es dinero, no lo gastes. —
La noche comenzaba a cubrirnos con la oscuridad que bajaba de las lámparas apagadas, el hombre tenía razón, no encontraríamos mucho abierto si continuábamos con este paso. —Sígueme. Si hay bares… pero no te van a gustar, pareces alguien que prefiere las bebidas secas. — Me había acercado apenas a unos centímetros de su rostro mientras bajaba los lentes para mirarlo mejor: Por alguna razón me recordaba un poco a Barald ¿Tal vez era esa aura de misterio alrededor? ¿El cabello negro? ¿La falta de sonrisa en el rostro? Claramente los ojos no eran. —Veamos campeón, sería descortés llegar cerca de la hora de cierre pero… creo que merezc- merecemos el trato preferencial. — Le guiñé coquetamente, ofreciéndole la mano, ya fuera si la tomaba o no, comencé a avanzar con rapidez. —No te pierdas. — Aquella caminata rápida pasó a ser una carrera, no había obstáculos pues las calles prácticamente estaban vacías hasta que finalmente logré llegar a un restaurante que estaba a punto de cerrar, sostuve la puerta abierta con una sonrisa en el rostro, usando un poco de fuerza para terminar de abrirla frente a un confundido cocinero.
El hombre, ligeramente nervioso y cansado parecía encontrarse en un dilema. —Lo siento, pero ya cerramos. — La voz llegaba clara a mis oídos mientras me acomodaba los lentes. —La puerta seguía abierta, no se preocupe, amable señor, pretendemos no interrumpir su descanso por mucho tiempo: Usted era el único abierto. — Hablé con tanta dulzura que tal vez podría ser poco familiar para el campeón, que bueno, así podría impresionarlo también. —Hagamos esto… Pagaremos el doble y dejaremos una cuantiosa propina, solo para usted por su… increíble hospitalidad. Verá, buen señor, mi amigo aquí es el ganador de los juegos de su tierra… ¿Lo vio? ¿Lo increíble que fue? — Probablemente iba a comentar algo sobre los juegos y como era ligeramente diferente a la versión que acababa de comentar pero ni siquiera lo dejé hablar mientras caminaba a una de las mesas, apoyándome sobre esta. —¿No es un honor? ¡Todas las bendiciones para usted! El destino ha decidido que estemos en su mesa y le puedo decir una cosa: Esta es la mejor oportunidad de su vida. Campeón, ven a sentarte conmigo, es de mala educación dejar a una dama sola — ¿Un poco exagerado? Había funcionado, había logrado marear al cocinero lo suficiente para que, con cierta y cordialidad molestia, terminara por atendernos.
—…¿Qué van a ordenar? —
Karmas

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