01-09-2026, 05:06 PM
Hora de despedirse de otra isla.
Avanzaba a paso firme sobre la cubierta, mucho más lento que su capitán pero seguro de a donde se dirigía, cargando en su hombro 2 cajas casi tan grandes como él mismo. Las llevó hasta el interior, hasta la bodega del barco, en donde las juntó al resto de cajas selladas formando así un cubo perfecto hecho de otros cubos. Tomó los extremos de la soga que se encontraba debajo de todo ese peso, ató con tranquilidad cada extremo hasta asegurarse de que todas las cajas estuvieran firmes por mucho que intentara moverlas. Tal vez volarían, pero al menos habían conseguido proteger los objetos más débiles del barco dentro de esos recipientes.
¿El resto de cosas? El propio Eros se estaba encargando de dejar anclado en su lugar todo aquello que debía mantenerse en cubierta. Durante el día, Uker se había tomado el tiempo de hacer lo mismo con todo aquello dentro de las habitaciones, incluso la de Kiyoshi, quien no había aparecido desde que tuvieron esa extraña reunión con la otra tripulación. Su propia habitación tampoco tenía muchas cosas, ni siquiera tenía una cama, por lo que lo único que tuvo que amarrar fue un armario donde guardaba toda su ropa y libros. - ¿Pudiste asegurar tus cosas, Varo? Puedo ayudarte si lo necesitas -. Le habló en cuanto se lo cruzó de pronto por el interior del navío, esperando su respuesta.
En cuanto todo estuvo solucionado, subió de nuevo a cubierta, echando un último vistazo a la isla. No había traído tanta fama como hubiera esperado, pero al menos había podido aprender esa habilidad tan útil. Había escuchado que existía otra rama de ese mismo poder, pero no le había dado el tiempo a aprenderlo, por lo que seguramente tendría que recurrir a sus compañeros otra vez. Observó a Eros y Varo, tomando posiciones para actuar en cuanto el navegante diera la señal.
En ese momento, surcando los cielos, apareció quien faltaba en el barco. - Ey, Kiyoshi... -. Lo observó, extrañado, pues traía consigo algo que el cocinero no se hubiera imaginado nunca en su vida. - ¿Una mascota? -. Nunca esperó que el médico amante de la limpieza pusiera en sus planes de vida domesticar un animal.
Quien más emocionado parecía por el nuevo viaje que debían hacer. - Bien, pero debe ser exactamente a mi señal -. Mientras decía esto, avanzó hacia el timón, analizando cuanta distancia tenían hasta las nubes no sólidas, pues desde ese punto comenzarían a caer. - Será mejor tomar velocidad, así la proa no se hunde primero y terminamos cayendo de frente -. Tampoco era mucho mejor caer de la forma más horizontal posible, la proa podía cortar el agua y aminorar la caída y lo hacían de manera correcta, pero el riesgo de terminar con el barco dado vuelta era una realidad.
Suspiró, sostuvo con fuerza la madera y cerró los ojos. Se obligó a dejar de pensar en eso, a repetir en su mente que el barco si podía con eso, tantas veces que en un momento confundió esas palabras con ánimos hacía sí mismo.
- Zarpemos de nuevo entonces -. Sonrió, dio la orden de bajar las velas para ganar velocidad y comenzaron a moverse. En menos tiempo del que creían iban a estar de nuevo en el mar que los vio subir hace poco tiempo, por lo que la preocupación podía llegar después
La paz de la isla del cielo podía ser disfrutable, fue tranquilizador tener al menos un par de días en los que no debía estar atento a absolutamente todo, pero no era su estilo. Había aprendido a apreciar la tranquilidad, pero su propio cuerpo le pedía más. Combate, sangre, peligros que superar, personas para dejar bajo sus pies. - Seas quien seas, The Maker, iré a buscarte -. Se dijo a si mismo, casi como un susurro, esa información que no había compartido con sus compañeros hasta ahora.
Ese mono idiota había decidido no responderle, había decidido hacerlo de menos, a él. Aún lo creían pequeño, el mundo aún creía que nunca llegaría a tocar a esos gobernantes, él mismo se habría creído esas cosas solo un par de semanas atrás, pero ya no más. Todos podían irse a la mierda, si lo que necesitaba para llegar a su meta era asesinar un yonko, pues así sería.
Nada iba a ponerse en medio de su destino.
Avanzaba a paso firme sobre la cubierta, mucho más lento que su capitán pero seguro de a donde se dirigía, cargando en su hombro 2 cajas casi tan grandes como él mismo. Las llevó hasta el interior, hasta la bodega del barco, en donde las juntó al resto de cajas selladas formando así un cubo perfecto hecho de otros cubos. Tomó los extremos de la soga que se encontraba debajo de todo ese peso, ató con tranquilidad cada extremo hasta asegurarse de que todas las cajas estuvieran firmes por mucho que intentara moverlas. Tal vez volarían, pero al menos habían conseguido proteger los objetos más débiles del barco dentro de esos recipientes.
¿El resto de cosas? El propio Eros se estaba encargando de dejar anclado en su lugar todo aquello que debía mantenerse en cubierta. Durante el día, Uker se había tomado el tiempo de hacer lo mismo con todo aquello dentro de las habitaciones, incluso la de Kiyoshi, quien no había aparecido desde que tuvieron esa extraña reunión con la otra tripulación. Su propia habitación tampoco tenía muchas cosas, ni siquiera tenía una cama, por lo que lo único que tuvo que amarrar fue un armario donde guardaba toda su ropa y libros. - ¿Pudiste asegurar tus cosas, Varo? Puedo ayudarte si lo necesitas -. Le habló en cuanto se lo cruzó de pronto por el interior del navío, esperando su respuesta.
En cuanto todo estuvo solucionado, subió de nuevo a cubierta, echando un último vistazo a la isla. No había traído tanta fama como hubiera esperado, pero al menos había podido aprender esa habilidad tan útil. Había escuchado que existía otra rama de ese mismo poder, pero no le había dado el tiempo a aprenderlo, por lo que seguramente tendría que recurrir a sus compañeros otra vez. Observó a Eros y Varo, tomando posiciones para actuar en cuanto el navegante diera la señal.
En ese momento, surcando los cielos, apareció quien faltaba en el barco. - Ey, Kiyoshi... -. Lo observó, extrañado, pues traía consigo algo que el cocinero no se hubiera imaginado nunca en su vida. - ¿Una mascota? -. Nunca esperó que el médico amante de la limpieza pusiera en sus planes de vida domesticar un animal.
Quien más emocionado parecía por el nuevo viaje que debían hacer. - Bien, pero debe ser exactamente a mi señal -. Mientras decía esto, avanzó hacia el timón, analizando cuanta distancia tenían hasta las nubes no sólidas, pues desde ese punto comenzarían a caer. - Será mejor tomar velocidad, así la proa no se hunde primero y terminamos cayendo de frente -. Tampoco era mucho mejor caer de la forma más horizontal posible, la proa podía cortar el agua y aminorar la caída y lo hacían de manera correcta, pero el riesgo de terminar con el barco dado vuelta era una realidad.
Suspiró, sostuvo con fuerza la madera y cerró los ojos. Se obligó a dejar de pensar en eso, a repetir en su mente que el barco si podía con eso, tantas veces que en un momento confundió esas palabras con ánimos hacía sí mismo.
- Zarpemos de nuevo entonces -. Sonrió, dio la orden de bajar las velas para ganar velocidad y comenzaron a moverse. En menos tiempo del que creían iban a estar de nuevo en el mar que los vio subir hace poco tiempo, por lo que la preocupación podía llegar después
La paz de la isla del cielo podía ser disfrutable, fue tranquilizador tener al menos un par de días en los que no debía estar atento a absolutamente todo, pero no era su estilo. Había aprendido a apreciar la tranquilidad, pero su propio cuerpo le pedía más. Combate, sangre, peligros que superar, personas para dejar bajo sus pies. - Seas quien seas, The Maker, iré a buscarte -. Se dijo a si mismo, casi como un susurro, esa información que no había compartido con sus compañeros hasta ahora.
![[Imagen: AGBzDPV.jpeg]](https://i.imgur.com/AGBzDPV.jpeg)
Ese mono idiota había decidido no responderle, había decidido hacerlo de menos, a él. Aún lo creían pequeño, el mundo aún creía que nunca llegaría a tocar a esos gobernantes, él mismo se habría creído esas cosas solo un par de semanas atrás, pero ya no más. Todos podían irse a la mierda, si lo que necesitaba para llegar a su meta era asesinar un yonko, pues así sería.
Nada iba a ponerse en medio de su destino.
