31-08-2026, 06:23 PM
Kibai, haciendo gala de unas increíbles capacidades físicas, me levantó por los aires tras la aparatosa caída. —¡Uepaaa! —exclamé mientras notaba cómo mis cuatrocientos kilos eran alzados cual presa de caza. Sabía que Kibai tenía unas grandes capacidades físicas, solo hacía falta echar un vistazo fugaz a sus tonificados músculos para darse cuenta. Podría decir que su fuerza física era similar a la de Enji, por supuesto, eso no tenía por qué traducirse en tener habilidades combativas similares, pero era agradable ver que la Marina disponía de grandes y prometedores soldados más allá de nuestra división.
—Perdón… —Les dije a ambos mientras aún me encontraba en el aire, escuchando las palabras de mi capitán. Kibai entonces me hizo caer, y yo caí de él, y él me hizo caer por allá por su espalda, retumbando en el suelo con la fuerza del impacto de toda mi masa. Sin hacer mucho alboroto, me puse de pie mientras me rascaba la cabeza, mirando al lado contrario de la ubicación de ambos. Me di la vuelta con sigilo al escuchar a mi espalda la voz de Kibai, tratando de que no se notase que me había vuelto a equivocar. —Instinto… —Susurré pensativo. Era algo fácil de decir para él, todos los felinos son conocidos por sus afilados instintos, después de todo. Yo, por mi parte de cangrejo… ¿Era duro? Sí, duro era, pero mi instinto animal era equivalente al de una piedra que se queda quieta mientras es embestida por las olas del mar, no esquiva, no predice, solo está.
Una vez recuperados del incidente sin culpable, los tres comenzamos a andar de nuevo. Con los ojos completamente tapados, la oscuridad empezaba a sentirse distinta, algo había cambiado. Por algún motivo, lo que de primeras se sentía como un muro negro, ahora parecía más una espesa niebla, demasiado espesa como para ver con nitidez a través de ella, pero ya era un avance. De alguna manera me las apañé para seguir a mi camarada hasta lo que él mismo describió como una zona concurrida. —Esto se ha puesto difícil… —Pensé mientras giraba mi cuello para hacer como que miraba a mis alrededores.
Entendía la finalidad de esto, la voz de Enji, que seguía en un principio, se perdió entre una macedonia de tonos distintos, era imposible seguir su pista usando mi oído. —¡Vale, llegó el momento de seguir mi instinto! —Con confianza y a paso lento, tomé la dirección en la que creía percibir su presencia. Por desgracia, mi camino se vio interrumpido por la voz aterrada de una niña pequeña. —¡Papá! Esa cosa rara nos está siguiendo… —Seguida de la voz ronca de un hombre que debería estar en sus cuarentas. —¡Aléjate de mi familia, enfermo! —Palabras acompañadas de un golpe que, si bien no me dolió, me llenó de vergüenza. —Perdón…
Fueron las últimas palabras de Enji las que resonaron en mis oídos. —Seguir el mal aliento… —Con eso en mente, comencé a andar en dirección a donde pensaba que estaba mi capitán. El camino estuvo plagado de obstáculos, obstáculos que sonaban como: “¿Pero y este qué hace?”, “No me toques, bicho raro”, “¡Mira por dónde andas, subnormal!”, “¡Vaya panda de frikis!”. Sin dudas, la alegría de la mañana inundaba las calles del cielo, por mi parte, poco más podía hacer que disculparme a medida que arrollaba a algún que otro peatón. ¿Estaba cerca de Enji? Ni idea, ¿Kibai? Hace tiempo que le perdí el rastro, ¿El sexto sentido? Tenía pinta de que se me quedó en el mar azul, a diez mil metros bajo nuestros pies.
—Perdón… —Les dije a ambos mientras aún me encontraba en el aire, escuchando las palabras de mi capitán. Kibai entonces me hizo caer, y yo caí de él, y él me hizo caer por allá por su espalda, retumbando en el suelo con la fuerza del impacto de toda mi masa. Sin hacer mucho alboroto, me puse de pie mientras me rascaba la cabeza, mirando al lado contrario de la ubicación de ambos. Me di la vuelta con sigilo al escuchar a mi espalda la voz de Kibai, tratando de que no se notase que me había vuelto a equivocar. —Instinto… —Susurré pensativo. Era algo fácil de decir para él, todos los felinos son conocidos por sus afilados instintos, después de todo. Yo, por mi parte de cangrejo… ¿Era duro? Sí, duro era, pero mi instinto animal era equivalente al de una piedra que se queda quieta mientras es embestida por las olas del mar, no esquiva, no predice, solo está.
Una vez recuperados del incidente sin culpable, los tres comenzamos a andar de nuevo. Con los ojos completamente tapados, la oscuridad empezaba a sentirse distinta, algo había cambiado. Por algún motivo, lo que de primeras se sentía como un muro negro, ahora parecía más una espesa niebla, demasiado espesa como para ver con nitidez a través de ella, pero ya era un avance. De alguna manera me las apañé para seguir a mi camarada hasta lo que él mismo describió como una zona concurrida. —Esto se ha puesto difícil… —Pensé mientras giraba mi cuello para hacer como que miraba a mis alrededores.
Entendía la finalidad de esto, la voz de Enji, que seguía en un principio, se perdió entre una macedonia de tonos distintos, era imposible seguir su pista usando mi oído. —¡Vale, llegó el momento de seguir mi instinto! —Con confianza y a paso lento, tomé la dirección en la que creía percibir su presencia. Por desgracia, mi camino se vio interrumpido por la voz aterrada de una niña pequeña. —¡Papá! Esa cosa rara nos está siguiendo… —Seguida de la voz ronca de un hombre que debería estar en sus cuarentas. —¡Aléjate de mi familia, enfermo! —Palabras acompañadas de un golpe que, si bien no me dolió, me llenó de vergüenza. —Perdón…
Fueron las últimas palabras de Enji las que resonaron en mis oídos. —Seguir el mal aliento… —Con eso en mente, comencé a andar en dirección a donde pensaba que estaba mi capitán. El camino estuvo plagado de obstáculos, obstáculos que sonaban como: “¿Pero y este qué hace?”, “No me toques, bicho raro”, “¡Mira por dónde andas, subnormal!”, “¡Vaya panda de frikis!”. Sin dudas, la alegría de la mañana inundaba las calles del cielo, por mi parte, poco más podía hacer que disculparme a medida que arrollaba a algún que otro peatón. ¿Estaba cerca de Enji? Ni idea, ¿Kibai? Hace tiempo que le perdí el rastro, ¿El sexto sentido? Tenía pinta de que se me quedó en el mar azul, a diez mil metros bajo nuestros pies.
Cajita de tortuga

![[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]](https://i.ibb.co/DX21hrt/Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg)
