Keep the dream alive | PR | Entrenamiento (Kenbunshoku Haki)
#1
3 de Primavera, Año 18.

No podía negar lo inevitable, y muy a pesar de lo que su mente le exigía, una vez finalizaron los Juegos del Cielo se reencontró con una sensación bien conocida por su elitista forma de abarcar el núcleo central por el cual se rigió su infancia, sumergida en incontables entrenamientos; Cansancio. Y no era para menos, esa filosofía estricta lo acompañó a lo largo de su vida hasta la actualidad, destinado a darlo todo en cualquier momento, hasta que no quedase ni un poco de energía en el tanque, o los progresos fuesen suficientes para comprarle un breve descanso, caso que, de cara a cualquiera que lo conociera un poco, casi nunca sucedía.

Debido a ello, durante su participación en las pruebas dedicadas a la presencia de Zarutsuki, se dedicó a dar cada partícula de su esfuerzo hasta la conclusión de la competencia, y aunque no estuvo sujeto realmente a un desgaste colosal, similar al vivido en Kutsukku, privarse de beber o comer cualquier cosa que afectase a su rendimiento generó que al finalizar el día, su cuerpo le pasase factura, y a penas pudiese moverse sin sentir la molesta fatiga que ataca cuando no hay suficiente energía que recomponer por falta de alimentos ingeridos. No consumió nada desde la llegada a Skypiea, con la Knock Up Stream sorprendiéndolos desde el segundo uno, y posteriormente las largas tres horas siguiendo un camino oscuro entre la vegetación a las afueras de Shandora.

Aprovechó cada segundo de reponer fuerzas, y tras una buena cena junto la posterior ducha en esa noche del dos de Primavera, durmió en la vivienda particular que le designaron una vez abandonó las gradas. Aunque, siendo sinceros, ese descanso se vio interrumpido múltiples veces a lo largo de la velada, despertándose con la feroz sensación en el pecho de que, efectivamente, estaba perdiendo el tiempo, pues las palabras del Emperador seguían resonando en su cabeza, argumentadas desde el misterioso uso de algo llamado Kenbunshoku Haki, mostrando que podía ver más allá de las apariencias, percibir emociones. Ese concepto por sí mismo resultaba exageradamente útil, y sumándose a la extraña energía que le permitió a Bartolomeow tocarlo, comenzaba a preguntarse si la isla por encima del Cielo ocultaba otros misterios capaces de volverlo más poderoso, y acercarlo a su objetivo.

La avaricia no existía en su corazón, sólo una ambición inmensa por cambiar el mundo, tal y como Kuraku demostró que podía ser posible en la sociedad de Skypiea. ¿O en el fragor de la pelea sus emociones se mezclaron? En retrospectiva, sólo podía pensar en ganar, quizás el objetivo real se perdió con esa profunda sensación que lo llevó a no rendirse en ningún momento de la final.

Pero no ganó, y aunque tampoco fue derrotado en aquel contexto desfavorable, al despertar en la mañana siguiente sólo tenía en claro algo: Iba a dedicarse a buscar indicios o información sobre el Kenbunshoku Haki, con la idea principal de aprenderlo e incorporarlo a sus estrategias de combate. Quizás fue esa la inspiración que lo terminó levantando a altas horas de la madrugada, con un descanso correcto más no ideal, aunque sin una pizca de sueño, pues su motivación reemplazaba a la susodicha necesidad, y la posibilidad de empezar a moverse generaban en él un impulso adicional.



Moviéndose inmerso en el fulgor de su akuma, comenzó a investigar de manera pacífica y curiosa los confines de la isla por encima del mar, llegando más pronto de lo que imaginaba al poblado Birka, un sitio donde los birkanianos parecían abundar en relación a otros seres alados que ya había presenciado tanto en el torneo, como en su propia aventura por el South Blue y el Grand Line. Desde ahí, creyó que sería buena idea indagar entre las personas que habitualmente poseen información, ya sean ancianos o vendedores ambulantes de alimentos, a uno de estos últimos le compró un bocadillo a la par que decidía reincidir en la conversación, porque hasta ahora no habían conseguido ofrecerle algo útil, o siquiera cercano al concepto de un maestro, y Shin comenzaba a frustrarse, entendiendo que cada minuto perdido era uno en donde no progresaba.

—¿De verdad no sabes donde encontrar a alguien que me enseñe el Kenbunshoku Haki? —hizo una breve pausa, ajustándose el bolso donde llevaba varias pertenencias y mudas de ropa por si acaso, aunque era ampliamente reconocible por su uniforme —¡O gente fuerte! Alguien capaz de pelear debería entender sobre eso. —dio un bocado a la par que observaba al sujeto sin demasiada ilusión, prácticamente resignado a otro fracaso y buscando con la vista a alguien nuevo para seguir su investigación. Para su suerte, terminó dirigiendo su atención a quien tenía enfrente otra vez al escuchar sus palabras.

—¿Fuerte? —el sujeto se llevó una mano al mentón, observando hacia arriba durante escasos segundos, como si estuviese contemplando una serie de casualidades o juzgase si la información que iba a darle es correcta en relación a lo que el marine buscaba —Deberías conocer a Jalindra. —ahí es cuando Hasegawa retomó el contacto visual, contestando mientras masticaba.

—¿Y quién es? —tan sencillo como eso, se había ganado su intriga.

—Hasta donde sé, la llaman "chica prodigio", acabo de venderle su almuerzo por el bosque. Deberías apurarte si quieres encontrarla, hasta donde me dijo, se marcharía después de terminar su entrenamiento. —le dio la ubicación exacta, y los ojos de Shin se iluminaron con esa energía que lo atacaba cuando estaba completamente decidido a algo. El sujeto se preparó para levantar su puesto rodante y seguir recorriendo las pacíficas tierras de Skypiea, intentando ganar algo adicional esa jornada, sólo que el albino se interpuso en su camino.

—¡Eso es! ¡Me salvaste el día, viejo! —exclamó Hasegawa, envolviéndose en el fulgor de su fruta.

—¡Oye! ¡No soy tan...! —pero no llegó a completar la frase, porque en menos de un parpadeo, había desaparecido. Al mismo tiempo, unos cuantos berries caían frente al humilde trabajador, quien se quedó observando la trayectoria del dinero hasta el suelo, entendiendo que se trataba de una propina. —Estos jóvenes de hoy en día, han perdido la paciencia... —susurró para sí, recogiendo el gesto del marine, quien no lo arrojó de mala gana.

Bajo su perspectiva, le tendió el dinero al hombre, pero él tardó demasiado en recibirlo y sencillamente se fue. Detalles de no esperarse y moverse a velocidades absurdas con su fruta, y se entendía cuando recordaba el tiempo limitado que les permitían estar en Skypiea, no quería perderse la oportunidad de encontrarse con la afamada "chica prodigio", término con el que Hasegawa fue prácticamente criado, mentiría si dijera que no estaba repleto de expectativas, ¿qué tipo de entrenamiento estaría realizando?



Se terminó el bocadillo en lo que recorría las direcciones que aquel vendedor ambulante le facilitó, guardando el envoltorio del mismo en un bolsillo de su bolso para encontrar el lugar adecuado donde tirarlo después, y repleto de expectativas continuó avanzando. Fue relativamente sencillo reducir el tiempo de viaje que tardaría habitualmente, porque sumado al ritmo frenético que acostumbraba, decidió alzarse en vuelo y llegar todavía más pronto, reconociendo el pequeño claro mencionado por quien le vendió su comida, le resultó fácil tomar la decisión de descender en tierra firme, justo ahí.

Los efectos visuales dorados lo rodearon en su aterrizaje, llegando al suelo con suma facilidad pues ya había practicado ese tipo de llegadas abruptas, y cuando permitió a ese instante respirar, rodeado de naturaleza, comenzó a buscar señales de un entrenamiento épico digno de la afamada "chica prodigio", sin embargo, el silencio colosal de rastros humanos le causaba una incertidumbre que no podía terminar de acallar a medida que buscaba con la vista, sus orbes cerúleos, presencia "humana" en los alrededores. Fue ahí cuando la vio, en una posición que indicaba meditación, de espaldas y con las alas blancas que simbolizan su raza birkaniana replegadas, en completo silencio.

Aparentemente no se había dado cuenta de su llegada, y considerando que no hizo tanto ruido como tal, y que estaban a unos cuantos metros de distancia, tenía sentido que no lo escuchara. El shock inicial le causó cierta decepción, porque además a primera vista no daba indicios claros de ser fuerte, pero sus emociones no le causaron la necesidad de subestimarla, a lo largo de su aventura aprendió que esa es la peor opción posible al conocer a alguien nuevo. Sólo... se veía diferente a lo que imaginaba por un entrenamiento, apaciguando su ilusión, aunque aún así, e inundado levemente por la decepción, desactivó su fruta, decidido a dar el primer paso para acercarse a la chica.

Fue en ese instante, súbito, que la escuchó por primera vez.

—Incluso aunque no soy lo que esperabas, ¿vas a venir? —el marine no pudo verlo, pero el gesto de Jalindra se mantuvo serio por completo, dejando quieto en su lugar al contrario antes de que complete su movimiento. Fue tras ese shock que finalmente pisó, aún sin avanzar, imaginando que había sido una coincidencia —Bien, esto puede ser interesante. —aún dándole la espalda, la chica se puso de pie, abriendo los ojos. Su interés radicaba en que apareció repentinamente dentro de su rango de Haki, tomándola ligeramente por sorpresa.

Hasegawa durante escasos segundos creyó que fue escuchado, aunque eso no explicaba el motivo puntual de su frase, descolocándolo una segunda vez. No le sucedía eso de manera seguida, así que quería llegar al fondo del asunto rápidamente, o al menos todo lo pronto que su ímpetu por no lucir desesperado le permitiera —Asumiré que eres Jalindra. Un comerciante me habló de ti. —confirmó, a medida que la birkaniana se daba vuelta. En ese instante el Comandante se dio cuenta de que era realmente joven, y se sorprendió una tercera vez, ¿habrían más? Iba a sacarlo de quicio a ese ritmo —Busco a alguien fuerte capaz de enseñarme o explicarme lo que es el Kenbunshoku Haki. Lo escuché del Emperador Zarutsuki. —y como si hubiese recibido una revelación, el gesto sereno y serio de la joven mostró una expresión, sus labios abriéndose como señal de sorpresa.

—Tú eres... —no verbalizó lo que le seguía a esa frase, pero lo identificó como vencedor de la prueba de Céfiro y finalista en los juegos del Shichibukai, lo que cerró su pequeña gesticulación facial como si todo cobrase sentido repentinamente.

Shin tenía otra manera de interpretarlo, claro está.

—¡Asombroso! ¡Espectacular! ¡Único! ¡Poderoso! —ante cada nuevo adjetivo, realizaba una nueva pose diferente, en el borde del ridículo. El remate de su broma lo encontró adoptando la misma postura tranquila del principio, volviendo a un tono de voz normal y confesando —Pero Shin Hasegawa la mayor parte del tiempo. —asintió repetidas veces. Eso le sacó una pequeña risa que Jalindra intentó contener, confesando su crimen.

—Te vi en los Juegos. Y supongo que buscas el "Kenbunshoku" Haki por lo que escuchaste tras el resultado. —la sonrisa no desaparecía de su rostro, el albino había entrado en su gracia por las tonterías y también, no mostrar ni ápice de hostilidad en su aura. En contraposición, una bombilla pareció encenderse sobre la cabeza de Shin, y golpeó su palma izquierda con el puño derecho, su propio "eureka".

—¡Ajá! Así que sabes de eso. ¡Dime que sí! Necesito aprender a utilizarlo, si es posible. Investigarlo si no lo es, y formas de contrarrestarlo. Si en lo que ustedes llaman "mar azul" hay más personas con este tipo de habilidades, no pueden volver a tomarme desprevenido. —un pequeño silencio le llegó a modo de respuesta inmediata, Jalindra entrecerrando los ojos mientras "analizaba" a Hasegawa.

—¿Y por qué crees que debería enseñarte? —si iba a aceptarlo como alumno, le interesaba aprender sobre los motivos existentes detrás de la enorme ambición que percibía en el albino, y Shin, sin saber que la chica ya estaba usando esa extraña energía desde el principio, veía justo serle sincero al respecto.

Al final, no existían emociones negativas respecto a su objetivo final.

—Si viste las pruebas, entonces sabes una parte. —hizo una pausa, tomándose aquel momento en serio —Quiero ser el mejor marine de la historia. Pero supongo que no es suficiente sin explicarte lo que hay detrás de eso. —entonces cierra los ojos, exhalando un muy leve suspiro. —Voy a evitar aburrirte con política o ideales que muchos consideran "imposibles". Lo mío puede resumirse en que... —alzó el puño cerrado a la altura de su pecho, levantando sus párpados y enfocando su mirada cerúlea en la verde de Jalindra.

—Mi sueño es que todos puedan ver el mismo cielo.

La pausa no fue muy larga, suficiente para que su sonrisa emanase un brillo que consigue reflejarse en las iris contrarias, produciendo un muy leve efecto cristalino que no tarda en desaparecer —Me uní a la marina por tradición familiar, y decidí quedarme para cumplir ese deseo. Lo heredé de alguien más. —eleva la vista al cielo, con una pequeña cascada de pensamientos tan tristes como alegres abrumándolo, una extraña mezcla nostálgica. La chica frente a él lo detecta aunque sin cambiar su porte, manteniendo la expresión que muchos vincularían a una prodigio. Shin podía reconocerlo, por cada vez que se observaba al espejo durante su crianza, entiende ese tipo de presión, aún y si no sabía la forma que tenía Jalindra de lidiar con eso.

—Bien, te lo enseñaré. —de manera casi instantánea, el albino bajó su brazo, sin romper el contacto visual. Le estaba prestando toda la atención del mundo —Pero antes, debes entender que es el "haki". —la mención individual a ese término le hizo abrir ligeramente los labios —Cada ser vivo existente posee una energía en su interior dispuesta a despertar. Y ese poder se divide en dos utilidades que ya experimentaste. —examina las reacciones de su futuro alumno, cerciorándose de que le está siguiendo el ritmo aún y si recortaba la información a terminología práctica. —Busoshoku Haki. O "Haki de Armamento". Una manera de exteriorizar la energía de tu interior sobre el cuerpo, como si fuese una armadura invisible. Te habrá sorprendido ver que tu rival de la final pudo tocarte a pesar de ser intangible, este poder sirve en su forma inicial para eso, poder tocar aquello que nuestros cuerpos no podrían en un principio. —el marine asiente, manteniéndose en silencio —Ya aprenderás otras utilidades del Busoshoku Haki cuando sea el momento, por ahora y para no marearte, quédate con eso. —concluyó.

—Y luego... el Kenbunshoku Haki, lo que estabas preguntando. —suspira, no le agobia hablar de ello pero es su manera de separar ambas explicaciones —También se le llama Haki de Observación. A rasgos generales, te permite ver esa energía invisible de la que te hablaba en los demás, las "auras" de los seres vivos. Cada una tiene su propio color, y se antepone a tus cinco sentidos, porque sencillamente "sientes" esas presencias. También las emociones e intenciones, es muy útil para detectar personas ocultas o posiciones enemigas. —asiente, concluyendo la separación de los dos poderes. Shin... permaneció extrañamente callado.

—¿Y bien? Ahora que lo sabes, ¿cuál quieres aprender? Porque la forma de llegar a dominarlos cambia drásticamente según tu elección. —entendiendo que finalizó con las explicaciones, volvió a su actitud usual.

—Hm... —se llevó la diestra al mentón, pensando en las prioridades inmediatas que esas extrañas habilidades abrían frente a sus ojos, y no tardó mucho en definir que el Haki de Observación llamaba con más énfasis su atención —¡El Kenbunshoku! Quiero entender qué es lo que se siente poseerlo. Zarutsuki no fue sutil cuando dijo que nos dominó la avaricia. Quizás, entrenarlo consiga darme el equilibrio mental que necesito. —esa frase tan breve consiguió hacerle levantar una ceja a la maestra.

—¿Oh? —ladeó la cabeza durante breves instantes, y no pudo contener la sonrisa —Pues es un excelente punto de partida. ¡Vamos a ello! Entiendo que no tienes tiempo infinito aquí. —entonces se dio la vuelta, ubicándose exactamente en el centro de aquel pequeño campo abierto en mitad del bosque —Siéntate, jugaremos un rato con tus sentidos. —Hasegawa decidió seguirla y hacer caso, al final, siempre fue muy disciplinado a la hora de tratar con artes de combate desconocidos o nuevas técnicas.



—Una de las mejores maneras para empezar a sentirlo, es renunciar a tus métodos convencionales de detección gradualmente. Ignorar lo que escuchas y observas, hasta conseguir entrar en contacto con lo que va más allá. —el albino permanecía de pie frente a Jalindra, decidiendo sentarse frente a ella utilizando sus rodillas de soporte y dispuesto a interpretar qué es lo que le estaba dando a entender con esas palabras —Básicamente es luchar contra lo que haces por instinto. —asintió, con la misma expresión serena que la ha visto mantener mayoritariamente —Casi olvido decirlo, pero el Kenbunshoku Haki también sirve para percibir el poder de las personas a tu alrededor. Presencia, emociones y poder. —levantó el índice a la altura de su mentón.

—Es bastante útil. —reconoció, suspirando ante lo que imagina, será una tarea bastante complicada. —Renunciar a mis sentidos... suena a algo peligroso. —rascó su cervical, ligeramente desconfiado de algo así, aunque no tenía motivos reales para no creerle, al final fue la única persona que le habló sobre el Haki con tanta precisión, enseñándole sobre la distinción entre sendas energías y sus funciones.

—En realidad, sería mejor que lo entrenes con animales. Sus intenciones son menos complejas y suelen guiarse más por instintos de supervivencia que emociones como tal, pero no habría nadie corrigiéndote si lo intentas solo, así que es momento de empezar. ¡Cierra los ojos! E intenta encontrar la distancia exacta entre nosotros, voy a imaginar con mucha fuerza que mi intención es atacarte, deberías percibir mi hostilidad. —se cruzó de brazos y esperó pacientemente que el marine obedeciera, y no fue hasta que lo hizo que empezó a moverse con todo el cuidado a no hacer ruido que pudo.

Hasegawa escuchó sus pasos, no necesitaba una audición privilegiada para fiarse del sonido cuando sólo parecía poder concentrarse en ello, porque el mundo se había apagado, profundizando el ruido de la naturaleza, o la forma en que la brisa se cortaba alrededor de los movimientos de Jalindra. Pero no iba a hacer trampa, porque es precisamente lo que la rubia le explicó, si se dejaba llevar por lo intuitivo y cedía a esos impulsos iniciales, no estaría profundizando en el uso de su propio Kenbunshoku Haki, sólo se repetiría en el mismo error.

Entonces buscó más allá. Percibir lo imperceptible, el propio concepto de ver sin ver, como si estuviese intentando adivinar el siguiente movimiento de un rival jugando ajedrez, visualizando la energía latente de su interior a la que Jalindra hizo referencia y... fallando estrepitosamente en sus intentos.

Por más que intentara, sólo conseguía centrarse en sus oídos, incapaz de silenciar a los pájaros cantando, o los típicos chillidos de roedores entre arbustos o césped. La maestra de ojos verdes había dejado de generar ruido, olvidando a nivel espacio la posición en la que creía que estaba, y volviéndola invisible para su espacio mental.

No se iba a rendir tan pronto. Tenía pruebas claras de la existencia del Haki en las palabras de un Shichibukai, y en la forma tan extraña que su oponente en la final de los Juegos tuvo para conseguir golpearlo múltiples veces, entonces si otros pudieron, no podía escudarse en que el concepto mismo resultaba ridículo. Se aferraba a una de los conceptos básicos de aquella energía, esa que explicaba que todos la tienen.

Su respiración gradualmente se volvía más calmada. Intentaba separarse de la relajación absoluta, de la meditación, o de ese punto donde visualizaba recuerdos antes que la realidad misma, porque no podía evitar verse abrumado por el último combate que disputó, corrigiendo sus errores una y otra vez y buscando la fórmula de la victoria, o en su defecto, recordar la promesa que le hizo a Himari. Los caminos que compartía con Kuroshiro, o la senda que ya recorrió junto a Omuyaga.

Eran imagenes muy fáciles a las que recurrir cuando se quedaba a solas con el silencio de su mente.

Otro suspiro. Jalindra no interfiere, quizás entiende que está luchando contra sus propios sentidos, incluso lo que los pensamientos le estaban gritando, interfiriendo con su avance. Y también sabe que anteponerse a ello sin excusas es un paso crucial a percibir lo que está más allá de lo humanamente posible. Notar esas claras señales de esfuerzo le hacen sonreír ligeramente.

Por su parte, Shin empieza a eliminar una a una las interferencias que su cabeza le ponía delante. Incluso si algunas eran memorias agradables, o lugares seguros donde refugiarse cuando la propia fortaleza que tanto valora flaquea, porque su manera de vivir no es invencible ni inexpugnable, habitualmente debe recurrir al núcleo de su fuerza, y curiosamente es esa postura la que termina abriéndole la primera puerta.

No fue con precisión absoluta, ni mucho menos una claridad total, pero en medio de la oscuridad y el silencio mental empezó a percibir una silueta llameante a su izquierda, no muy lejos de su propia posición. Eso lo alertó, y súbitamente giró el rostro hacia el sitio de donde provenía, abriendo los ojos en el proceso.

Su estado de concentración se rompió, y la llama desapareció abruptamente, terminando en un breve contacto visual con Jalindra.

—¿Eso qué...? —no pudo terminar la frase por su asombro, se notaba ese shock inicial en la manera que abrió los ojos, pero la rubia mantenía su calma, entendiendo que Shin había dado con una de las primeras claves que lo ayudarían a despertar su Kenbunshoku Haki.

—¿Hm? ¿Qué viste? —otra vez ladeó la cabeza, repleta de curiosidad.

—Dejé de hacerle caso a mis sentidos, incluso a mis pensamientos, y apareció una especie de llama donde estás parada ahora. —sumó uno más uno —¿Esa es la energía de la que me hablaste? —miró sus propias manos, incrédulo ante algo semejante —...el Haki. —reconoció, volviendo a observar a los ojos a Jalindra.

—Correcto. —expresó, con cierta solemnidad, aunque Shin volvió a hablar antes de que la joven expresase alguna conclusión.

—¡A que soy un talento natural! —se señaló con el pulgar de su diestra, bastante más alegre de lo que cabría esperar después de hacer ese esfuerzo colosal desde su mente y espíritu, sin embargo, y a pesar de la leve risilla que se le escapó a Jalindra, Shin no tardó en volver a las explicaciones serias, mostrando que estaba genuinamente implicado en aquel asunto. —Pero desapareció a penas abrí los ojos. —echó la vista hacia al frente de nuevo, intentando asimilar la idea de que deberá repetir ese proceso con su visión activa y luego en constante movimiento, a las velocidades que él acostumbra a manejar.

—Evita desilusionarte, Shin. —manteniendo la sonrisa por la broma anterior, lo señaló —No te ves como el tipo de persona que se deja llevar por la frustración ante un reto. —colocó ambos brazos en jarra, como si quisiera inspirarlo tras percibir que se está esforzando genuinamente. —Al principio pensé que íbamos a estar aquí más tiempo hasta que consiguieras el primer avance, pero me sorprendiste. —estaba preparando el siguiente paso —Mañana estaré aquí a la misma hora. Hasta entonces, adéntrate en el bosque y repite lo que acabas de hacer, sólo que en vez de buscarme a mí, intenta encontrar animales, te debería resultar más sencillo con ellos. —entonces, se dio la vuelta, dispuesta a irse.

—De acuerdo, asumiré el peso de ser un alumno abandonado. —bromeó, dispuesto a ponerse de pie con tal de seguir las indicaciones de Jalindra —Nos vemos mañana. —la saludó, instante donde los dos se dirigieron a lugares diferentes. Lo complicado sería encontrar algún sitio con el ruido suficiente como para entender que habían animales cerca, y eso le tomaría un rato antes de volver a repetir el estado mental al que fue guiado mediante la conocedora del haki.



La caminata no fue demasiado larga, aunque tuvo que pensar en como seccionar el entrenamiento considerando que no pensaba volver esa misma noche a la parte céntrica de Shandora y además, sus intenciones inmediatas estaban concentradas en aprovechar todo el tiempo que tuviese disponible en perfeccionar el uso del haki. Por eso, cuando se adentró en una zona bastante densa a nivel sonoro, donde podía percibir desde su audición diversas señales de vida silvestre, volvió a apoyar las rodillas en el suelo para sentarse de esa manera tradicional que aprendió en su familia, y automáticamente cerró los ojos.

El proceso fue idéntico al anterior. Repetir y repetir, quizás podía llegar a volverse aburrido pero cuando se dio cuenta que no le servía de nada reabrir viejas heridas o concentrarse en nuevos objetivos entendió que parte de aquel proceso sería también vencer a esa necesidad de algún estímulo que calle su habitual tendencia de irse hacia los lados más negativos de sus memorias. Se mantuvo firme, impasible ante el poco ruido mental, algo que siempre intenta evitar con su excéntrica personalidad, y partiendo desde ese punto empezó a dejarse envolver por la misma búsqueda a la que llegó instantes atrás.

No se trataba sólo de meditación, ni mucho menos permitir que la fatiga física lo arrastre, llevándoselo al sueño. Era algo más, ese punto medio entre acallar sus sentido, pensamientos, y al mismo tiempo permanecer perfectamente consciente. Intentó detenerse en cada paso o avance que consideraba por la simple razón de poder repetir ese proceso de manera automática, y fue en esa extraña recapitulación de secuencias que sintió algo nuevo y que quizás, había pasado por alto la primera vez.

Sentía una expansión creciente, de algo a lo que no podía ponerle nombre, como si su propia consciencia sobre el entorno formara una especie de cúpula a su alrededor, donde era sensible a cualquier ser vivo que atravesase su rango. Aquello duró unos pocos segundos porque no tardó en desaparecer al instante en que fue plenamente consciente de aquel hecho, frustrándose por la idea de que estuvo genuinamente cerca de mantener el flujo energético hasta la posibilidad mínimo de controlarlo y no sólo dejarse llevar, sin embargo no permitió que venza la frustración.

—Esto es un fastidio... —reconoció, porque indirectamente también se estaba enfrentando a su peor enemigo, él mismo. Convivir solo con sus ideas, lejos del ruido que busca constantemente, y anteponerse a un nivel mental sobre los demonios que lo acechaban. En esos dos intentos se dio cuenta de algo singular respecto a la búsqueda del Haki, no tiene que dejar de sentir sus emociones, sólo volcarlas a un segundo plano, automatizar la percepción de ese algo que se encuentra más allá, y le resultaba agobiante, era imposible estar cómodo o contento con quedarse quieto y buscar una energía sobre la cual nunca había escuchado hasta Skypiea.

Pero debía hacerlo. De otra forma, ¿cómo cumpliría su sueño?

No saldría de ahí sin notar avances claros, por ende bajó los párpados otra vez, concentrándose en llegar al mismo punto de concentración que le permitió expandir sus sentidos. O mejor dicho, encontrar uno nuevo, el sexto, esa energía que debía aprender a llevar a la realidad con la misma naturalidad que pueden tener sus ojos, o mismamente el olfato. De esa manera, agudizó esa extraña percepción, apagando conscientemente todo lo demás y cerrando los ojos.

En ese mar oscuro de absoluta nada, relajó el cuerpo y evitó perder la noción de sus ideas entre el pasado y el futuro que imaginaba, se centró en el presente, en la expansión de la energía y regular el desgaste que podía llegar a sentir si empleaba de manera desproporcionada la susodicha habilidad, y por primera vez tras esos intentos fallidos comenzó a percibirlo, pequeñas "luces" a su alrededor. En lo alto, aves que había visto en los árboles mientras llegaba, y en lugares donde no tenía referencia alguna de animales.

Los percibía como pequeñas lámparas en mitad de una niebla oscura, y tenía que concentrarse en completa quietud para mantener esa imagen y no perderla, acostumbrarse a la sensación y entender desde qué punto de su actividad cerebral se activaba para facilitar una nueva incursión hacia ese sitio de su mente. Sostuvo la activación del Haki hasta que nuevamente se apagó, dándose cuenta de que incluso estaba evitando respirar con tal de mantener el Kenbunshoku en uso, lo cual le generó sentimientos encontrados.

Mientras retomaba aire, algo agitado, entendía el nulo valor en combate que tendría esa habilidad espiritual si no conseguía dominarla en movimiento, pero también, que eso fue un verdadero avance, y sumados de a poco, los pequeños pasos pueden trazar grandes recorridos

Durante el resto de la tarde repitió el proceso, una y otra vez, sin parar. Sus únicas pausas eran para recomponer el aliento o evitar fatigarse con series de expansión irrisorias, mantenía el equilibrio entre entrenamiento práctico y fructífero en contraposición de ganarse sobre esfuerzos que limitasen sus avances, pero cuando la noche se acercaba, la percepción de poder en forma de auras pequeñas y posiciones pasó a segundo plano, porque cuando estaba tranquilamente en búsqueda de aprender a mantener el haki activo sin gastos considerables de energía, una nueva sensación se sumó a la información que ese sentido aumentado le proporcionaba.

Una de esas "lámparas" pequeñas le transmitía... miedo. Como si estuviese en constante alerta, una intranquilidad creciente que no parecía relajarse nunca. El animal estaba entre la maleza y no podía identificarlo con certeza si abría los ojos, sólo reconocía el entendimiento total del terror que lo asolaba. Entendía la sensación, era parecida al estado mental en el cual entra al momento de combatir, sin la parte de estar asustado por su fuerte confianza en sí mismo, sin embargo, el hecho de mantener la guardia en alto casi que por instinto resultaba familiar.

Ahí fue que abrió los ojos, preguntándose si Jalindra se refería a eso cuando puso de ejemplo a los animales. ¿Podía engañarse al Haki, acaso? ¿Alguien sería capaz de atacar sin mostrar intenciones hostiles? Las preguntas no desaparecían mientras veía la maleza moverse, justo donde se encontraba el animal al que no podía dejar de prestarle atención mientras mantenía el Kenbunshoku activo. Esa experiencia había resultado impresionante, y aunque no fue con un humano, sentía que al otro día la mitad del trabajo estaría hecha, de momento le convenía volver al poblado, alimentarse y encontrar un lugar apto donde descansar.

La satisfacción por sus progresos no duraría demasiado, y al recostarse en una cama volvió la sensación de estar perdiendo el tiempo.



4 de Primavera, Año 18.

Como si fuese una especie de cábala, Shin volvió a repetir la misma rutina que el día anterior. Se movió utilizando su fruta del diablo de manera directa, maximizando su velocidad, buscó al mismo vendedor de comida que el día anterior, comprando exactamente el mismo bocadillo y lo comió mientras, tras dejarle al sujeto una propina idéntica a la vez pasada, se dirigía al punto de reunión con Jalindra. No fue puntual en el sentido de llegar exactamente a la misma hora, aunque no estuvo demasiado lejos de conseguir la hazaña.

La maestra del Haki estaba ahí, entrenando ese extraño sexto sentido con el que Hasegawa entró en contacto hace prácticamente veinticuatro horas, y esta vez el marine irrumpió en la escena tras su aterrizaje con más energía, entendiendo que no le faltaba demasiado para terminar de dominar el Kenbunshoku —¡Yõ, Jaaaaali! —saludó muy a su estilo, acercándose a ella con la palma levantada a la altura de su sien derecha, a escasos centímetros de parecer un saludo militar, y no tardó en seguir desbordando energía, anunciando sus progresos —Tenías razón sobre los animales. Pude percibir presencia, poder y emociones, pero todavía no es algo aplicable en combate... así que no diría que domino esta habilidad. —un breve suspiro, decir aquello no le costaba pero sí llegaba a generarle un poco de frustración.

Resultados inmediatos, eso buscaba. Aunque no por ello iba a saltarse el entrenamiento y refinamiento de sus aprendizajes.

La chica se puso de pie, y se dio la vuelta con la misma expresión serena a la que ya se había acostumbrado —Buenos días a ti también. —contestó, cerrando los ojos y conteniendo la gracia que le causó el apodo —Veo que dormiste bien, estás más animado que ayer. —el albino se inclinó hacia delante de manera automática, negando con el índice de su diestra.

—¡No, no, no! Con suerte fueron cinco horas. Sólo estaba ansioso por terminar de ajustar la precisión del Kenbunshoku Haki. —afirmó, simulando una pose heroica —¡Sólo me falta dominarlo en movimiento y con los ojos abiertos! Estoy tan cerca... —instantáneamente se llevó ambas manos a la cabeza, a lo que Jalindra negó con la propia, una manera de indicar que quizás era la parte más difícil, casi tanto como encontrar la punzada inicial que abre el mundo a esa nueva energía latente.

—No quiero romper tus ilusiones, pero todavía vas a tener que esforzarte. —confesó, sin reparo alguno —Date la vuelta, Shin Hasegawa. —hizo caso al pedido. —Si bien, el Kenbunshoku Haki en este nivel no te ayuda a predecir ataques, la mezcla entre la presencia y las emociones puede darte información sobre quienes quieran atacarte, pero no quiere decir que sea un arma infalible. —entonces empezó a gestionar sus intenciones —Activa tu Haki, te lo mostraré. —siguiendo la indicación, cerró los ojos y extendió aquella aura como había aprendido a hacerlo el día anterior, notó de inmediato la llama creciente en la silueta reconocible de Jalindra, asombrado ahora que podía verlo claramente con la diferencia entre ella y los animales pequeños, y de manera prácticamente instantánea se percató de que se movía hacia su zona frontal.

Lo raro, es que no sentía intenciones hostiles, era una sensación cálida, extremadamente amigable, al menos hasta que... un golpe pequeño lo agarró desprevenido, justo en su abdomen, zona que hizo intangible casi de inmediato, aunque era tarde. Si hubiese sido un ataque letal, no la habría contado en caso de contener aquel Haki de Armamento, ¿era esa acaso la complejidad emocional a la que se refería en comparación a los animales? —Eres una tramposa. —reconoció finalmente, negando con la cabeza.

—De acuerdo, a partir de ahora no te enseñaré los límites de la habilidad que estás aprendiendo. —ironizó la menor, a lo que Hasegawa retrocedió inmediatamente en su postura.

—¡Era broma, era broma! Lo prometo. Quiero aprenderlo todo. —emergió su lado disciplinado, incapaz de dejar a medias la cultura detrás de una nueva enseñanza, eso causó otro momento de risas entre ambos y la continuación del entrenamiento.

—¡Bien! Entonces desde donde lo dejamos. Me esconderé detrás de los árboles de allí, y manteniendo los ojos abiertos y además, caminando de un lado a otro, deberás adivinar donde estoy. —parecían preparados exactamente para eso, eran cuatro, casi que en fila, y Shin esta vez debía añadir a su estado de concentración absoluta un recorrido y la invasión de los sentidos comunes al sexto que estaba en proceso de despertar.

El marine asintió, y negado a hacer trampas suspiró, entendiendo el desafío que aquello iba a representar. Se dio la vuelta y espero los segundos que la chica le indicó, entonces utilizó el mismo proceso mental referido al día anterior. Tardó varios minutos, donde la rubia se limitaba a esperar avances con toda la paciencia del mundo, porque el de orbes cerúleos no encontraba la manera de percibir su aura, o la de cualquier animal en simultáneo que observaba con sus ojos y los sonidos resultaban más presentes.

Al menos hasta que de una forma quizás natural, o víctima de algún trance, siguió esa extraña misma punzada y logró expandir su aura, aunque antes de seguir empezó a caminar de un lado a otro. En ese mismísimo instante volvió a perder la concentración y se rompió el flujo de Haki que consiguió, pero no se frustró porque eso sería cederle terreno mental al fracaso, y no estaba dispuesto a cometer semejante error.

Volvió sobre sus pasos y dio un aviso a la pobre Jalindra —Dame sólo un momento, estoy cerca. —tras decir aquellas palabras cerró los dientes con fuerza, como delegando la frustración al cuerpo, y no fue hasta que su mandíbula se relajó que volvió a intentarlo. Esta vez cerró los ojos, con la diferencia de que comenzó a moverse tal y como Jalindra se lo pidió, de esa forma y con más esfuerzo consiguió volver a expandir el alcance de aquel extraño Haki, y por primera vez en toda su vida... abrió los ojos a la par que emanaba esa energía, logrando mantenerla con muchísimo esfuerzo y de manera relativamente inestable considerando lo importante que es la precisión en un combate —De izquierda a derecha... estás en el tercer árbol. —podía ver la llama de su aura, envolviendo la silueta reconocible de la chica de alas blancas, siendo en ese instante que las expande y confiesa con una sonrisa que Hasegawa no puede ver.

—¡Me atrapaste! —una exclamación que confirmó, mientras aún caminaba, el elevado progreso que logró tras repetir el mismo ciclo una y otra vez. Lastimosamente no puede relajarse en ese momento, porque todavía siente que ante el más mínimo esfuerzo volverá a perder ese estado de percepción máxima, y la chica de ojos verdes lo detecta, pasando a la última fase del entrenamiento —¿Quieres intentar esquivar algunos golpes mientras evitas perder la activación del haki? —no iba a ser un entrenamiento físico, de hacerse daño. Jalindra simplemente fintaría los golpes sin llegar a conectarlo en caso de tener la posibilidad, el objetivo era lograr que Hasegawa pueda hacer esas diferentes acciones al mismo tiempo a la par que se acostumbraba finalmente a convivir con el Kenbunshoku Haki, por eso no tenía nada que temer, y contestó con una seguridad total.

—¡Claro que sí! —exclamó, notándose el esfuerzo en su voz. Y desde ahí, sólo le quedaba un camino de ida por el sendero de perfeccionar los hakis, donde estaría todo el día practicando junto a Jalindra esa última parte fundamental.



Shin se dio cuenta de inmediato que la rubia exageró, porque literalmente no se trataba de un entrenamiento de contacto, parecía más un baile. Ella se acercaba, hacía el ademán de los impactos y Hasegawa salía del entorno tan pronto como podía, todavía no había mecanizado la habilidad como para además, sumar los movimientos de su fruta del diablo, lo cual era un detalle importante, y así se mantuvieron durante muchísimo rato.

En ocasiones, Shin sencillamente perdía su concentración y volvían a distorsionarse los sentidos a los que respondía, obligándose a cerrar los ojos y descoordinando sus movimientos y reacciones, instantes donde la rubia hacía un sólo comentario —¡Perdiste! —nunca llegaba a conectar un golpe, su autocontrol era impresionante, pero a Shin le molestaba de sobremanera escuchar ese único anuncio, por lo que se obligaba a repetir de manera inmediata, reactivando el haki y sumergiéndose una segunda vez en los intentos por terminar de controlar la percepción de las auras, emociones y el poder a la par que no se frenaba.

Cada vez lograba moverse más rápido, por lo que Jalindra ajustaba el ritmo y volvía a presionar al albino, obligándolo a ir más y más deprisa con sólo sus capacidades físicas. Intentaba seguir sus movimientos a la par que se concentraba en las difusas emociones que expresaba y la propia aura, en simultáneo seguía su presencia cuando cambiaba de ritmo, siguiéndola entonces con el haki. En ningún momento llegó a intuir mediante el Kenbunshoku algo parecido a la predicción de una ofensiva, sin embargo, como es un atacante a distancia le bastaba con reconocer dónde estaba su enemigo para actuar en consecuencia, sumándose a la propia sensación de hostilidad que la rubia estaba trabajando a la perfección, partiendo de esa base nuevamente con tal de terminar de ajustar su coordinación de sentidos normales, haki y movimientos.

Se tomaban breves descansos en donde Shin seguía manteniendo el Kenbunshoku activo a la par que se hidrataba, y poco a poco se iba acostumbrando a ese esfuerzo constante, entendiendo la manera de conseguir tenerlo presente de manera permanente sin sentir que estaba perdiendo energía que no recuperaba. Ese avance también fue señalado por la maestra —A más distancia abarques, mayor será el costo sobre tu cuerpo. Agotar tu energía puede llevarte a la muerte. —especificó, detalle que Hasegawa tendría presente a rajatabla, cuidando en todo momento los gastos que producía y los efectos adversos en según qué situaciones.

Por ahora, y según su entendimiento, no debía hacer grandes demostraciones, sólo acostumbrarse a esa sensación, y con el pasar de los minutos se iba volviendo más y más fácil.

No desacreditó lo costoso que podía ser aprender a utilizar el haki, porque su esfuerzo había sido constante durante el día anterior y varias horas de ese mismo, donde Jalindra también ponía todo de sí con tal llevarlo a ese punto en que coordine todas sus habilidades, y mientras menos dificultades presentaba de cara a seguir movimientos fuera del rango visual común, más no ofensivas, mejor le ganaba la espalda, obligándolo a alejarse mediante la detección de presencias.

El punto de quiebre llegó cuando en uno de esos arranques por la espalda, Shin empezó a moverse como lo haría en un combate real, y en vez de alejarse físicamente, usando sus capacidades normales, se envolvió en el fulgor dorado de la pika y se elevó varios metros hacia el cielo, ganando altura y alejándose de la rubia en menos de lo que dura un parpadeo. Ni siquiera ella pudo seguir con precisión la transición del marine, quien a medida que ascendía redujo la velocidad para disfrutar las vistas y confirmar que, efectivamente, al hacer aquello su haki no se desactivó, y manteniendo el vuelo, formando gracias a su brillo una especie de segundo sol mucho más cercano al suelo, redujo al máximo su rapidez y empezó a descender al mismo espacio del que partió, con una sonrisa de oreja a oreja. No fue Hasegawa el primero en hablar, Jalindra tomó la palabra, devolviéndole el gesto —¿Sigue activo? —cuestionó, observando a los ojos a su alumno.

—Sí. —observó sus manos, transformadas en el elemento luz a la par que mantenía también sus pensamientos activos y el Kenbunshoku. Su respiración se presentaba tranquila a pesar del esfuerzo físico y sólo tenía palabras de agradecimiento hacia la rubia, quien fue mucho más paciente de lo que quizás habría sido él, sólo que antes de siquiera poder hablar sobre ello, fue interrumpido en sus pensamientos, quizás una pequeña señal de que todavía el proceso de tener el haki activo no estaba del todo automatizado.

—Tu siguiente paso, será utilizar el Kenbunshoku Haki mientras piensas en otros asuntos y realizas acciones opuestas al sentido de mantenerlo activo. Todavía no lo dominas al cien por ciento, pero ya no me necesitas para lo que te queda —relajó su postura, una señal clara de que ahí estaba la conclusión del encuentro —Ese poder tuyo... eres rápido. —se mantuvo observando el fulgor que desprendía la silueta del albino, y se guardó los verdaderos pensamientos respecto al aprendizaje de semejante habilidad en conjunto con la fruta del diablo que Hasegawa consumió.

—Si quiero conseguir mis objetivos, no me alcanzará sólo con ser rápido. Debo encontrar otras maneras de afrontar combates donde consigan superar esa desventaja. —recuerda a Curok Odail, las propias complicaciones con su rival de la final. Y entiende, entonces, que estuvo enfocándolo de manera incorrecta todo este tiempo, ignorando una de las propiedades primarias de su habilidad, todo en él es luz. —Quizás esto sea el principio de algo más grande. Creía que no iba a descubrirlo sin antes entender del Haki. —recuerda el resultado, la derrota de su equipo en los juegos, la sensación de irse con las manos vacías y sobre todo, la creciente frustración que ocultó a sus compañeros, conviviendo con ella en silencio —No olvidare lo que dijo Zarutsuki. —confirma, diciendo aquellas palabras con el gesto radiante que acostumbra.

—Entonces úsalas para eliminar las emociones que pueden nublarte, y sigue aprendiendo. Ya aprendiste a utilizar el Kenbunshoku Haki, te resta integrarlo por completo a ti. —enalteció, dejando con los labios entreabiertos al marine, quien intenta idear nuevas maneras de seguir poniéndose a prueba en ese terreno, aún enormemente desconocido y prácticamente inexplorado. —Debes comprobar por tu cuenta el rango de metros, la manera de mantener tu atención en varias presencias que detectes con el haki y además, tus sentidos habituales. Y sobre todo, no confiarte ciegamente por haber aprendido a "ver sin ver". —se cruzó de brazos, prácticamente juzgando las posibles reacciones de Hasegawa.

—Ya aprendí esa lección. —esta vez, se relajó. Fue inconsciente, pero se sorprendió por algo —¿Eh? —volvió a observar su mano, y luego a Jalindra, contagiando su entusiasmo —Je, no se desactivó. —la rubia negó con la cabeza, viendo en la actitud infantil del marine y al mismo tiempo, aquel porte soberbio y seguro que exclamaba crianza de niño prodigio una empatía concreta, en el fondo se alegró del progreso de otro alumno, manteniéndose fiel a su filosofía. Por otro lado, Shin empezaba a ver con buenos ojos la idea de estudiar tanto sobre las frutas por lo visto con la extracción durante el torneo, y los hakis, intentando ampliar conocimientos.

No podía quedar desprotegido por falta de información.

Aunque, recordando la sensación de gratitud hacia Jalindra, Shin volvió a mirarla a los ojos.

—Sobre lo que dije ayer, en ese mundo que imagino, reina la paz. Mi manera de decirte "gracias" será buscando hacerlo realidad. —cerró ambos puños, y bajó los brazos, su gesto irradiando incluso más luz que su propio poder.

—De una u otra forma, ese destino te concierne a ti. Yo he hecho todo lo que podía hacer para ayudarte, pero no eres el único con una voluntad que pretende hacer realidad. —le da la espalda, impasible y con ese porte de prodigio que sólo la gente de su clase sabe mantener con total y completa naturalidad —Hay mucha gente en Skypiea intentando aprender sobre el haki, desde ahora... todo depende de ti, Shin Hasegawa. —respetando el entrenamiento que supieron tener, y las sonrisas que el albino consiguió sacarle, le dedica una adicional, de soslayo, confirmando el compañerismo por haberlo hecho más poderoso —Hazte fuerte. —hace mucho tiempo no sentía esa adrenalina, el sentimiento de tener delante una montaña imposible de escalar, y tener la determinación o el estado de locura suficiente para decidir hacerlo independientemente de cualquier costo, ese era él, y así pretendía mantenerse hasta que su aventura llegase al final al que estuviese destinado.

Aunque si era una conclusión desafortunada, pretendía torcerlo todo lo que fuese capaz.

—Lo haré.

No necesitaba más palabras.



5 de Primavera, Año 18.

Tras volver a donde descansó, recogió sus cosas y sorpresivamente mantuvo el Haki activo durante todo el trayecto. Se cambió de ropa, se dio un baño y cenó, pues pretendía volver a Shandora tan pronto como terminase sus asuntos en aquel poblado Birka, y no fue hasta el día siguiente que todo tuvo un poco más de sentido. Despertó, realizó su rutina habitual y volvió a salir con el bolso colgando de su hombro derecho y los ojos cerrados a medida que caminaba. Esquivaba a las personas al poder detectar sus presencias en una manera de seguir acostumbrándose al haki, y como las tres veces que pasó por exactamente el mismo lugar, visitó a su ahora prácticamente vendedor ambulante de alimentos de confianza.

—¡Eh, viejo! —lo saluda elevando su mano libre, y se apoya en el puesto con su descaro habitual. Ahora puede ver claramente su aura al mismo tiempo en que lo mira a los ojos, se está acostumbrando a un ritmo sorprendentemente alto a esa nueva habilidad, lo cual lo alegra profundamente. —Pronto me iré, y quizás no volvamos a vernos en la vida. ¿No es triste? —lo dijo con una sonrisa tan grande en los labios que no parecía estar hablando en serio, pero cortó el melodrama de cuajo —Dame lo de siempre, así recuerdo el mejor puesto de comida de Skypiea durante el resto de la semana. —se colocó las gafas de sol, reflejando la reacción levemente temerosa del hombre a través del cristal negro.

—L-lo siento, muchacho, ya no me queda de ese bocadillo. —repentinamente, sintió algo extraño. Una desconfianza descomunal hacia las palabras del dueño del puesto, la certeza total de que estaba mintiendo, ¿así se sentía detectarlo a través del haki? Shin pasó de una expresión feliz a su actitud seria, y decidió hacerle una única pregunta.

—Oye, no me estarás mintiendo, ¿verdad? —el mayor suspiró, y de un cajón sacó el alimento demandado por el marine, aunque eso lo extrañó —¿Por qué...? —ladeó la cabeza, aminorando la seriedad ficticia que pensaba imponerle ante el desconcierto.

—Es la hora del almuerzo, y también es mi favorito... —confesó, temeroso de enfadar a un cliente que incluso le había dejado propina, pero Shin no parece reaccionar a ello, y simplemente contesta a su manera.

—Pues te lo compro. —sacó el dinero de su monedero, y también recogió otro bocadillo de los que el hombre tenía expuestos —Este también. —mantuvo ese en su diestra mientras pagaba, dejándole la misma cantidad de propina que siempre, ahora sobre en su mano. Fue ahí que guardó su compra, aunque el hombre decidió tenderle el alimento de la discordia al marine.

—Joven, se olvida... —sin embargo, fue interrumpido.

—¿Eh? No me molestes, viejo. Te dije que te lo compraba. —entonces le dio la espalda, sin recibirlo, comenzando a caminar. Sólo que antes se dio la vuelta, observándolo de perfil —Cómetelo antes de que me arrepienta y vuelva a por él. —y le sacó la lengua, su típico gesto destinado a jugar con las personas irritándolas, desplegando en todo su esplendor esa personalidad excéntrica e impredecible. El albino volvió a alzar vuelo con su fruta del diablo, envolviéndose en ese característico brillo dorado, y atrás sólo dejaba unas enseñanzas que lo acompañarían toda su vida, una maestra agradable, y los agradecimientos del vendedor, por la propina y el regalo del bocadillo.

—De verdad... van a volverme loco. —buscó su propia comida, y dijo esas últimas palabras a la par que masticaba, dispuesto a volver a la parte céntrica de Shandora, aún con su nuevo poder activo, el Kenbunshoku Haki.

Let there be light
[Imagen: vEBNZb3.png]


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Keep the dream alive | PR | Entrenamiento (Kenbunshoku Haki) - por Hasegawa Shin - 31-08-2026, 04:49 PM

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