Dia 9 de Primavera, Skypea, Pueblo de Birka.
ACTO I
-Qué sitio más raro, baby...
Murmuró para sí mientras continuaba caminando, durante los últimos meses había conocido personas capaces de hacer cosas que escapaban completamente a su comprensión, algunas poseían habilidades extrañas, otras parecían desafiar las leyes de la naturaleza. Incluso había conocido a una muchacha ciega que afirmaba poder percibir el mundo de una manera que él ni siquiera alcanzaba a comprender. Ver sin ver. Sentir sin mirar. Encontrar personas sin utilizar los ojos. Y todo esto sin contar su encontronazo con Jin en el torneo, su primera pelea con una “fuerza de la naturaleza”. Aquello le había parecido una locura, y seguía pareciéndoselo, pero también había conseguido que una idea se quedara clavada en su cabeza. Existían formas de hacerse fuerte que no dependían únicamente de los músculos. Y si quería seguir avanzando por aquellos mares… Si quería acompañar a gente tan cabezota como Sigurd… Si realmente queria ser el mas fuerte, tenia que conseguir aprender todas esas formas extrañas de pelear. Entonces quizá había llegado el momento de aprender algo nuevo, por eso estaba allí: Buscando a una maestra del haki, o al menos eso le habían dicho. Porque cuanto más preguntaba, más extrañas eran las respuestas.
"La chica prodigio"
Ubbe resopló, no sabía muy bien qué esperaba encontrarse; quizá una veterana curtida por cien combates, quizá una anciana sabia, quizá algún monstruo de dos metros con alas gigantes. Desde luego no esperaba que todos hablaran de ella como si fuera una leyenda, lo que sí esperaba era encontrarla pronto, porque llevaba casi una hora dando vueltas. Finalmente localizó a tres ancianos sentados sobre un banco de piedra observando la plaza principal, los tres parecían tan viejos que daba la sensación de que podían deshacerse en polvo si soplaba demasiado fuerte el viento, asi que Ubbe se acercó a ellos.
- Hey, old folks! - Los tres alzaron la cabeza lentamente- Estoy buscando a una maestra de haki - Los ancianos intercambiaron miradas.
- ¿Jalindra? - Supongo - ¿La chica rubia? - Supongo - ¿La niña? - ¿La niña? - Ubbe frunció el ceño - Sí - asintieron los ancianos al mismo tiempo, y Ubbe tardó varios segundos en procesarlo- ¿La maestra del haki es una niña? - Exclamó Ubbe extrañado - Dieciséis años tiene - Eso sigue siendo una niña - Dieciséis años - Lo acabas de repetir - Porque sigue teniendo dieciséis años.
Ubbe se quedó mirando al anciano, el anciano le devolvió la mirada, y durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada. Finalmente el viejo señaló hacia el norte -Suele pasar mucho tiempo en un claro del bosque. - Great! - Ubbe levantó una mano - Gracias, baby! - Y reanudó la marcha, los ancianos observaron cómo desaparecía por el sendero.
- ¿Creéis que aprenderá? - No - Yo tampoco - Va a romper algo - Muchas cosas - Seguramente.
Los tres asintieron con absoluta normalidad.
El bosque era tranquilo, demasiado tranquilo, y la suave brisa agitaba las hojas mientras pequeños animales revoloteaban entre las ramas. El sonido de los insectos acompañaba cada paso del gigantesco buccaneer mientras avanzaba siguiendo el sendero, aunque no tardó mucho en encontrar el claro, donde la luz del sol bañaba la hierba verde, y el viento soplaba suavemente. En mitad de todo aquello había una persona tumbada boca arriba observando las nubes. Una muchacha rubia, de piel morena y algo delgada, apenas medía una fracción de lo que medía él. Ubbe se detuvo al verla. La observó y miró alrededor, después volvió a mirarla, y miró alrededor otra vez, esperó unos segundos, nada, solo estaba ella. La muchacha seguía tumbada observando el cielo.
- ¿Que quieres grandullon? - preguntó sin verle si quiera
La joven giró la cabeza y sus ojos verdes se posaron sobre él, después sonrió.
- ¡Eh! ¡me has visto sin ver! ¡como la ciega! - entonces lo dedujo - ¡JÁ! ¿¡ASÍ QUE ESO ES HAKI!?
La joven parpadeó un par de veces antes de dejar escapar una pequeña carcajada que pareció mezclarse con el sonido del viento que recorría el claro. Lejos de burlarse de él, la expresión de Jalindra transmitía la misma diversión que tendría alguien observando a un cachorro descubrir algo que para el resto del mundo era evidente.
- No exactamente - Dijo la niña, y Ubbe arqueó una ceja en respuesta
- ¿Cómo que no exactamente? Acabas de hacerlo. Ni siquiera me estabas looking y has sabido que estaba aquí. Eso es ver sin ver. La chica aquella hablaba de algo parecido.
La muchacha terminó de incorporarse, apoyándose sobre una mano mientras observaba al gigantesco buccaneer. Durante unos segundos pareció estudiarlo con detenimiento, recorriendo con la mirada su enorme figura, las cicatrices que marcaban su cuerpo y la forma relajada con la que se mantenía de pie pese a ocupar prácticamente la mitad del claro.
- Supongo que se parece un poco -admitió finalmente- Pero si el haki fuera tan sencillo como eso, cualquiera podría aprenderlo en una tarde.
Aquella respuesta consiguió que Ubbe frunciera ligeramente el ceño, no porque estuviera enfadado, porque seguía sin entender una mierda. La joven debió notarlo de inmediato, pues terminó de ponerse en pie y comenzó a sacudirse los restos de hierba que se habían quedado adheridos a su falda. La diferencia entre ambos era ridícula; Ubbe parecía una fortaleza andante. Un muro de músculos de cuatro metros de altura capaz de arrancar árboles de cuajo si se lo proponía. Jalindra, por el contrario, apenas parecía una adolescente cualquiera. Delgada, tranquila y tan pequeña a su lado que resultaba difícil imaginar que aquella fuera la famosa maestra de haki que llevaba toda la mañana buscando.
Y sin embargo había algo en ella, algo difícil de explicar, no era fuerza, no era tamaño, ni siquiera era una postura amenazante. Era la absoluta naturalidad con la que se encontraba frente a él. Como si jamás hubiera existido la posibilidad de sentirse intimidada.
- Así que has venido hasta Birka para buscarme. Tú eres el de la semifinal, ¿no? - Yes i am, soy Ubbe, del Ragnarok! - ¿Y quieres aprender haki? - Eso también -¿Por qué?
La pregunta llegó sin rodeos, directa y simple. Ubbe respondió tan rápido como si hubiera estado esperando escucharla desde que salió de casa aquella mañana.
- Porque quiero hacerme más fuerte, baby! He perdido a muchos hombres, y me he enfrentado contra un hombre de barro, asi que tengo que encontrar formas de hacerme más fuerte si o si, baby! - Chasqueó los dedos señalando hacia la chica.
La sonrisa de Jalindra desapareció durante un instante, no porque le molestase o se enfadase por ello, más bien como alguien que acaba de escuchar una respuesta que ha oído cientos de veces antes.
- No - ¿No? - No.
- ¿Qué significa que no?
- Que esa no es la respuesta correcta. - Ubbe soltó un resoplido al escuchar esas palabras. - Pues es la única que tengo - Entonces tendrás que buscar otra respuesta, u otra maestra.
La joven comenzó a caminar lentamente alrededor de él mientras hablaba, observándolo desde distintos ángulos como si estuviera intentando resolver algún tipo de rompecabezas.
-Durante años he conocido a personas que querían aprender haki. Guerreros. Mercenarios. Aventureros. Marines. Piratas. Todos ellos llegaban diciendo exactamente lo mismo que acabas de decir tú- La muchacha levantó una mano y empezó a enumerar con los dedos.
- "Quiero ser más fuerte" "Quiero ganar más combates" "Quiero derrotar a mis enemigos" "Quiero convertirme en el mejor" Siempre es algo parecido. - Terminó de rodearlo y volvió a colocarse frente a él - Y la mayoría fracasa. - Aquello sí llamó la atención de Ubbe. - ¿Por qué? - Porque vienen buscando una herramienta.
El viento agitó las alas blancas de Jalindra mientras esta alzaba la vista para observarlo directamente a los ojos. - Y el haki no es una herramienta.
Por primera vez desde que habían comenzado a hablar, el buccaneer guardó silencio, no porque hubiera entendido la respuesta, todo lo contrario, no entendía una mierda. Porque sentía que se estaba perdiendo algo importante. La sonrisa regresó al rostro de la muchacha, una sonrisa pequeña, paciente, la sonrisa de alguien que acaba de confirmar una sospecha. La joven lo observó durante unos segundos más, esta vez con atención de verdad; ya no miraba sus músculos, ni su tamaño, ni las cicatrices. Parecía intentar averiguar qué demonios había dentro de aquella cabeza. Porque algo estaba claro, el gigantón no parecía especialmente sabio, ni especialmente culto, ni especialmente refinado. Tonto no era, pero quizá había sufrido demasiados golpes en la cabeza. De todas formas, parecía alguien honesto, que no decía las cosas por decir.
- Vale - Dijo finalmente. - Supongamos que acepto - Los ojos de Ubbe prácticamente brillaron.
- ¿YES? - He dicho supongamos. - ¡Eso es casi un Yes! - No lo es. - Lo es un poco, baby - No. - Un poco sí - Que no.
Jalindra soltó un suspiro resignado. - Antes de decidirlo quiero hacerte una pregunta - ¡Dispara! - ¿Qué crees que es el haki?
Y esta vez la sonrisa de Ubbe vaciló por primera vez desde que había llegado al claro. Porque, cuando abrió la boca para responder...Descubrió que realmente no tenía ni idea. - Esa es precisamente la pregunta que quiero que seas capaz de responder cuando terminemos tu entrenamiento-
-¡¡¡Yeah Baby!!!-
ACTO II
Jalindra permaneció unos segundos en silencio después de escuchar la respuesta de Ubbe. La joven apoyó la espalda contra el tronco de uno de los árboles cercanos y cruzó los brazos mientras observaba al gigantesco buccaneer. A diferencia de él, no parecía tener ninguna prisa por empezar el entrenamiento. De hecho, daba la sensación de que estaba valorando cuidadosamente por dónde debía comenzar.Finalmente soltó un pequeño suspiro. -Antes de que demos un solo paso más, necesito asegurarme de que entiendes qué es exactamente aquello que has venido a aprender. -Ubbe asintió inmediatamente, ilusionado. La muchacha levantó la vista hacia el cielo que se extendía sobre las nubes de Skypiea. -La mayoría de la gente cree que el haki es una técnica, otros piensan que es una especie de poder oculto, algunos incluso creen que se trata de una habilidad reservada para héroes, monstruos o elegidos por el destino. - Su mirada volvió a descender hasta encontrarse con la de él. -Todos ellos están equivocados, aunque no del todo, luego llegaremos a eso. - La seriedad de su tono consiguió captar toda la atención del buccaneer- El haki existe en cada ser vivo de este mundo, en cada persona, en cada animal, incluso en aquellos que jamás llegarán a despertar ninguno de sus poderes. - Ubbe parpadeó. -¿Todo el mundo tiene haki? - Todo el mundo tiene voluntad. - Respondió ella -Y el haki nace precisamente de ahí. - El viento agitó suavemente las alas blancas que sobresalían de su espalda. - Piensa en ello como algo que siempre ha estado dentro de ti, no es una espada que encuentras, no es una técnica que copias, no es una fuerza que obtienes desde el exterior. Es algo que ya posees y que aprendes a reconocer. - Durante unos segundos el bosque quedó envuelto por el sonido de las hojas agitándose entre las ramas. -Existen tres formas principales en las que esa voluntad puede manifestarse.
La joven levantó un dedo.
-La primera es el Kenbunshoku Haki, el Haki de observación.
Aquella palabra hizo que algo se encendiera en la cabeza de Ubbe. -¿El de ver sin ver? - Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Jalindra. - Supongo que podrías llamarlo así. - La respuesta consiguió que el recuerdo de aquella muchacha ciega regresara brevemente a su memoria. -Hace tiempo conocí a una chica que hablaba de algo parecido. -Entonces ya sabes más de lo que creía. - La joven asintió lentamente.-El Kenbunshoku es la capacidad de extender tu percepción más allá de los límites normales de tu cuerpo, no se trata únicamente de escuchar mejor o de tener buena vista, es aprender a sentir el mundo que te rodea, percibir presencias, detectar intenciones y cosas similares. - Su expresión se volvió algo más seria. - Los usuarios más experimentados incluso pueden anticipar ataques, localizar personas ocultas o sentir emociones a grandes distancias.
Ubbe soltó un silbido.
- Eso its like hacer trampas.
Jalindra asintió con la cabeza, sin terminar de entender del todo la frase del hombretón por ese idioma tan raro que usaba a veces.- Pero no es el camino que vamos a recorrer hoy. - La joven levantó entonces un segundo dedo. - El siguiente es el Busoshoku Haki.
Y esta vez la atención de Ubbe se volvió absoluta, porque aquel era el motivo por el que estaba allí, según le habian dicho ese busukuku haki era el de pegarle a los elementos y Jalindra pareció darse cuenta.
- Sí. Este es el que te interesa. - La muchacha apoyó una mano sobre su propio brazo. - Mientras que el Kenbunshoku permite extender tu percepción, el Busoshoku permite extender tu propia voluntad más allá de tu cuerpo. - Eso ha sonado muy cool y no he entendido nada. - Ubbe frunció ligeramente el ceño, y la joven soltó una pequeña risa. -Lo que intento decir es que el Busoshoku convierte tu voluntad en una especie de proteccion. - Durante unos segundos buscó una forma más sencilla de explicarlo.
-Imagina una armadura- Ubbe asintió - Una armadura que no está hecha de metal. - volvió a asentir - Una armadura creada por tu propia voluntad.
El silencio se instaló brevemente entre ambos.
-¿Y sirve para protegerte? - Entre otras cosas, si. - Respondió ella. - Aunque la mayoría de la gente lo utiliza para atacar.
La joven arrancó una pequeña hoja de una rama cercana y la sostuvo entre los dedos.
-Cuando utilizas Busoshoku fortaleces tu cuerpo, refuerzas tus defensas, endureces tus golpes, creas una especie de barrera invisible entre tú y el mundo. - La hoja escapó de sus dedos y descendió lentamente hasta el suelo. -Y precisamente por eso puede tocar aquello que normalmente no puede tocarse. La mirada de Ubbe se iluminó inmediatamente. -¡El cabrón del barro! - Correcto, los usuarios de frutas Logia. -Confirmó ella.
-Vi tu combate contra Jin, aunque su logia es de tipo tangible, a el no podrias hacerle ningun rasguño porque no dejaba de convertirse en barro. Con el Haki, eso hubiera sido diferente. Aunque fue lamentable de ver, fue inteligente por tu parte anularle de esa manera.
Respondió Jalindra.
-Y precisamente por eso creo que buscas el Busoshoku. - La muchacha cruzó los brazos. -Porque te encontraste frente a algo que tus puños no podían alcanzar. - Ubbe no respondió, no hacía falta, la expresión de su rostro ya era suficiente respuesta.
-Pero no cometas el mismo error que cometen muchos otros. - Continuó ella - El propósito del Busoshoku no es golpear a las Logias. - Esas palabras llegaron despacio, con dureza, intentando asegurarse de que quedaban grabadas en su memoria.
-Poder hacerlo es una consecuencia, no una finalidad - Los ojos de Jalindra permanecieron fijos en él. - Si empiezas tu entrenamiento pensando únicamente en eso, jamás comprenderás realmente qué es este poder.
Durante varios segundos ninguno de los dos dijo nada.
Finalmente la joven levantó un tercer dedo. -Y por último existe el Haoshoku Haki. -Su tono cambió ligeramente, no mucho, pero lo suficiente para que incluso Ubbe lo notara.
-Ese es diferente.- Ubbe se extrñó - ¿Más fuerte? - No. - ¿Más raro? - Mucho más raro.
La joven bajó lentamente la mano. - Porque no puede aprenderse. - Aquello consiguió sorprenderlo más que cualquier explicación anterior.
- ¿Qué quieres decir con que no puede aprenderse? - Exactamente eso. - Respondió ella.
-O naces con él o no lo haces. - El silencio volvió a instalarse. - Eso parece injusto. - Lo es, pero funciona así, es lo que hay - Reconoció Jalindra sin dudar, y la muchacha apartó la mirada hacia el horizonte durante unos segundos antes de volver a centrarse en él. - El Haoshoku es la manifestación más pura de la voluntad de una persona. No sirve para percibir. No sirve para defenderse. Es algo completamente distinto. - Y entonces sonrió - Pero tampoco vamos a hablar de eso hoy. - Finalmente se incorporó de la roca y comenzó a caminar hacia el interior del bosque. - Porque después de ver cómo luchas y mas o menos como piensas - La joven miró a Ubbe fijamente - Creo que ya sabemos cuál es el haki que necesitas aprender primero.
Y por la forma en que lo dijo, Ubbe tuvo la sensación de que la verdadera lección estaba a punto de comenzar.
ACTO III
La joven se puso en pie de un salto y comenzó a caminar por el sendero sin molestarse en comprobar si Ubbe la seguía, estaba claro que lo hacía, era difícil no hacerlo cuando la única persona capaz de enseñarle aquello avanzaba delante de él.
- ¿Vamos lejos? - Un poco. - ¿Muy lejos? - Para alguien con tus piernas, no. - Eso no responde a la pregunta. - Ya lo sé.
Ubbe soltó un resoplido mientras apartaba una rama de su camino.
-Soy Jalindra por cierto, aunque como me has venido buscando, supongo que ya lo sabías. - Yeah baby, gracias por entrenarme, pequeñaja - Asi que cuentame un poco quien eres, grandullón, ¿cómo has llegado hasta aquí?
Jalindra lo miró de reojo cuando esté se puso a caminar ya a su lado
¿Así empiezan los entrenamientos de haki? - Tengo curiosidad, tendré que conocerte un poco antes de entrenarte. ¿Siempre has sido así? ¿No se hacía raro? - ¿El que? - Crecer rodeado de personas que te llegaban por la cintura.
Ubbe en ese momento recordó un poco su infancia, el como era distinto a todos sus hermanos, incluso a una temprana edad ya tenia la altura de su propio padre.
- Well, era raro ser mas alto que mi padre cuando era pequeño…
La joven levantó ligeramente las cejas. - ¿Más alto que tu padre?
Ubbe soltó una pequeña carcajada mientras avanzaba detrás de ella, apartando con una mano varias ramas que prácticamente le tapaban el camino.
-GAHAHAHAHA - Mucho más alto. Cuando era un crío ya superaba bastante a mis brothers, pero al principio nadie pensó demasiado en ello, supongo que creían que simplemente iba a ser un niño big, el problema llegó cuando seguí creciendo... y creciendo... y creciendo. Llegó un momento en el que podía mirar a mi padre a los ojos sin levantar la cabeza, y poco después tuve que empezar a bajarla para hablar con él, creo que es porque era hijo de mi padre, pero no de mi mother, nunca lo tuve claro.
Jalindra dejó escapar una pequeña risa.
-¿Y no te resultaba incómodo ser tan alto? - Sometimes, sobre todo porque nadie sabía muy bien qué hacer conmigo, las casas estaban hechas para personas normales, las puertas estaban hechas para normal people, las camas estaban hechas para personas normales... y yo dejé de ser una persona normal bastante rápido. Mi mother se pasaba el día quejándose porque cada pocos meses había que arreglar algo que había roto sin querer.
La muchacha sonrió.
-¿Sin querer? - La mayoría de las veces si GAHAHA - La joven negó con la cabeza mientras seguían caminando entre los árboles.
-Y aun así hablas de ello con bastante cariño.
-Si, aunque la verdad es que mi familia nunca entendió muy bien qué hacer conmigo. - Comenzó finalmente. - No porque fueran malas personas, no lo eran, mi familia siempre fue buena conmigo, mucho más de lo que probablemente merecía cuando era pequeño. El problema era que yo era... different. - Una pequeña sonrisa apareció en su rostro
¿Por el tamaño? - La joven arqueó ligeramente una ceja. - Eso era parte del problema -Respondió él - Pero no el principal.
Durante unos segundos pareció buscar las palabras adecuadas. - Los Eiby siempre han sido una family importante, dinero, influencia, propiedades... ya sabes, ese tipo de cosas que hacen que la gente te trate de una forma distinta incluso antes de conocerte. - La muchacha asintió lentamente.
-Mis brothers eran perfectos para ese mundo; elegantes, educados, inteligentes. Siempre sabían what decir y when decirlo, aprendían modales, política, comercio, historia... todo lo que se esperaba de ellos.
Una carcajada escapó de su garganta.
-GAHAHAHAA - Y luego estaba yo - Déjame adivinar - Sí, era exactamente tan mala idea como imaginas.
La joven soltó una pequeña risa.
- Nunca conseguí encajar en ese mood, when mis hermanos aprendían a comportarse en banquetes yo estaba escapándome por las windows, mientras ellos estudiaban yo buscaba cualquier excusa para desaparecer durante horas, mientras ellos intentaban convertirse en nobles respetables, yo terminaba metiéndome en peleas o regresando cubierto de barro.
Su sonrisa se ensanchó ligeramente.
-La verdad es que creo que mis padres estuvieron convencidos durante años de que acabaría muriendo haciendo alguna estupidez - ¿Y no tenían razón? - Todavía estoy vivo - Por ahora.
Aquello arrancó una carcajada sincera al buccaneer, sin embargo, poco después la sonrisa volvió a suavizarse.
- Con el time empezó a agobiarme. Las expectativas, las rules, el apellido, la sensación de que ya había un camino decidido para mí antes siquiera de que aprendiera a walkear.
Sus dedos se cerraron alrededor de la tuerca.
-Y entonces conocí a Kal.
La expresión de Jalindra cambió ligeramente, ya que aquello parecía importante, se notaba en la voz de Ubbe.
-Lo encontré en los barrios bajos de la isla, creo que yo debía de ser poco más que un adolescente por aquel entonces, me había escapado otra vez de house y terminé donde no debía, como siempre.
Una sonrisa nostálgica apareció en su rostro.
-Era herrero - Durante unos segundos observó la pieza metálica que sostenía entre los dedos.
-La mayoría de la gente me miraba y veía un problema, veían un monster demasiado grande, un noble incapaz de comportarse como un noble, un chico que no encajaba donde se suponía que debía encajar - Su sonrisa creció ligeramente - Kal no. - El silencio se hizo durante unos segundos, Jalindra lo escuchaba mirandole de reojo. -Kal me miraba como si fuera algo increíble. -Jalindra sonrió. -Eso debió de ser agradable - No tienes idea - Respondió él.
-Por primera vez había alguien que no me decía lo que estaba haciendo mal, no me comparaba con mis brothers, no intentaba convertirme en algo distinto - La mirada de Ubbe se perdió durante unos instantes en algún punto lejano del bosque - Me enseñó a pelear, me enseñó a moverme, me enseñó a caer y volver a levantarme, me enseñó a confiar en mí mismo cuando ni siquiera yo lo hacía.
Sus dedos giraron lentamente la tuerca.
-Y sobre todo me enseñó algo que never olvidaré - La joven guardó silencio, esperando la respuesta.
-Decía que la carne siempre termina pudriéndose - La frase salió acompañada de una pequeña sonrisa - Que da igual cuánto tardes, da igual quién seas, da igual lo strong o importante que creas ser, la carne se acaba pudriendo… pero el acero prevalece.
Los ojos de Ubbe descendieron hacia la tuerca.
-Decía que eso era lo bonito del acero, que podías golpearlo, doblarlo, calentarlo, castigarlo una y otra vez, y aun así seguía existiendo. - Durante unos segundos pareció volver a escuchar aquella voz.
-"No importa de dónde vengas, Ubbe, lo importante es aquello en lo que decides convertirte, tienes que ser como el acero, da igual lo que te hagan, tu sigues en pie "
La joven no dijo nada, porque entendía perfectamente que aquellas palabras no eran suyas, eran un recuerdo.
-Cuando murió… - La frase quedó suspendida un instante - ...descubrí things sobre mi familia que nunca había querido saber.
Su voz se volvió más grave, algo más pesada.
- Hubo disturbios y violencia en la isla, hubo decisiones tomadas por gente importante que nunca tuvo que mirar a los ojos a quienes sufrían las consecuencias. - La mano que sostenía la tuerca se cerró ligeramente.
-Y una de esas decisiones acabó llevándose a Kal - El bosque pareció quedarse en silencio. -Nunca supe exactamente cuánto participó mi padre en todo aquello, quizá mucho, quizá poco, quizá ni siquiera fuera consciente de lo que iba a ocurrir - La mirada de Ubbe permaneció fija en la pieza metálica. -Pero para mí ya no importaba - Respiró profundamente - Porque comprendí que no quería pasar el resto de mi vida siendo recordado por algo que otros habían construido antes de que naciera. - Lentamente levantó la vista.
- No quería ser "Ubbe Eiby" - La joven lo observó en silencio.
-Quería ser simplemente Ubbe - Una pequeña sonrisa regresó a su rostro - Y por eso me fui al mar - La brisa agitó suavemente las hojas sobre sus cabezas - Porque si algún día la gente iba a recordar mi nombre, quería que fuera por mis propias decisiones, mis propios errores y mis propias aventuras, y algún dia, creeme que llegaré a ser el hombre mas fuerte de todos, por Kal.
Jalindra permaneció callada durante varios segundos, luego sonrió, porque acababa de entender algo importante, Ubbe había viajado hasta Birka buscando una forma de endurecer sus puños, pero la voluntad que necesitaba para despertar el Busoshoku llevaba años creciendo dentro de él, mucho antes de que escuchara la palabra haki por primera vez, mucho antes incluso de abandonar su hogar.
Había comenzado en una vieja herrería, al lado de un hombre que le enseñó que el acero no era valioso porque fuera duro, sino porque era capaz de soportar el fuego sin dejar de ser él mismo.
- Sorry baby, al final te he contado mi vida GAHAHAHA - Ya me va bien, grandullón, no te preocupes, como se suele decir, ¡es una herramienta que usaremos más adelante!
ACTO IV
La conversación fue apagándose poco a poco mientras continuaban avanzando entre los árboles, Jalindra no volvió a formular ninguna pregunta durante varios minutos, de hecho parecía satisfecha con todo lo que había escuchado hasta aquel momento y, aunque no lo dijera en voz alta, daba la sensación de que estaba ordenando cada una de aquellas respuestas dentro de su cabeza. Por su parte, Ubbe tampoco sintió la necesidad de seguir hablando, hacía tiempo que no le contaba a nadie aquella historia y, de alguna manera, resultaba extraño haber hablado tanto sobre Kal con alguien a quien apenas conocía.
La mano del buccaneer ascendió una vez más hasta la vieja tuerca que colgaba de su cuello, era un gesto inconsciente, natural, algo que hacía siempre que pensaba en él.
Durante unos segundos la sostuvo entre los dedos mientras caminaba, observando cómo la luz del sol se reflejaba sobre el metal desgastado por el paso de los años, aquella pieza no tenía ningún valor especial para nadie más, no era oro, no era una reliquia legendaria, no era una espada heredada ni una joya familiar.
Y sin embargo probablemente era el objeto más importante que poseía.
Porque cuando todo lo demás desaparecía, aquella pequeña tuerca seguía recordándole quién quería ser, no un Eiby, simplemente Ubbe.
El sendero comenzó a ascender ligeramente y la vegetación empezó a cambiar poco a poco, los grandes árboles que habían acompañado el camino durante buena parte del trayecto fueron desapareciendo, sustituidos por otros mucho más jóvenes, algunos apenas habían terminado de crecer y sus troncos todavía eran delgados y flexibles, incapaces de soportar el peso que caracterizaba a los peligros que poblaban otras zonas de la isla.
Y ahí finalmente Jalindra se detuvo, no había ninguna montaña sagrada, no había ruinas antiguas, ni templos ocultos, solo una pequeña arboleda perdida en mitad del bosque.
Ubbe observó el lugar durante varios segundos, y después volvió a observar a Jalindra, finalmente volvió a mirar alrededor.
-¿Hemos llegado? - Sí. - La respuesta fue tan natural que tardó unos instantes en procesarla -¿Aquí? - Aquí - ¿Este es el sitio donde entrenan los maestros del haki? La muchacha asintió con total normalidad. - Este es uno de los que yo uso, si.
El gigantesco buccaneer permaneció unos segundos más contemplando el lugar.
-Baby, esperaba algo un poco más espectacular - La sonrisa que apareció en el rostro de Jalindra fue inmediata - Todo el mundo espera algo espectacular - Porque normalmente las cosas importantes suelen ser espectaculares - No. La gente solo recuerda las espectaculares.
Aquella respuesta consiguió arrancarle una pequeña carcajada - GAHAHAHA
La joven comenzó a caminar entre los árboles hasta detenerse frente a uno de ellos; era un ejemplar joven, recto y saludable, cuya corteza todavía conservaba el color claro de la madera nueva, a diferencia de los colosos que crecían en otras partes de la isla, aquel árbol apenas parecía más resistente que una gran rama clavada en el suelo.
Entonces Jalindra lo señaló.
-Ubbe, arráncalo.
La sonrisa que apareció en su rostro fue inmediata, por fin, algo que entendía, algo que tenía sentido, algo que no implicaba hablar de voluntad, percepción o conceptos extraños que parecían sacados de un libro de filosofía, asi que avanzó hasta el árbol, rodeó el tronco con ambas manos y tiró de él con la misma facilidad con la que una persona normal arrancaría una mala hierba. Las raíces abandonaron la tierra acompañadas por un crujido húmedo mientras varios terrones salían despedidos en todas direcciones.
El árbol terminó descansando sobre uno de sus hombros.
-¿Así? - Perfecto - Ha sido fácil ¿Ya tengo haki? - No, bobo.
La respuesta llegó tan deprisa que consiguió borrar parte de su satisfacción, porque la muchacha ni siquiera parecía impresionada, no había admiración en su rostro, no había sorpresa. Entonces señaló el agujero.
- Ahora vuelve a plantarlo - Ubbe giró lentamente la cabeza mirando el destrozo en el suelo que acababa de generar - ¿Qué?
Vuelve a plantarlo - ¿Por qué? - Porque quiero que vuelva a crecer - ¿Y si no lo hace? - Entonces tendrás que convencerlo.
El silencio que siguió fue largo, muy largo, lo suficiente para que Jalindra terminara soltando una pequeña carcajada.
-Era una broma, grandullón - GAHAHAHA Menos mal - Aunque deberías volver a plantarlo igualmente.
Con un largo suspiro, el buccaneer comenzó a devolver el árbol a su sitio, el proceso resultó bastante más complicado que arrancarlo, tuvo que recolocar las raíces, cubrirlas de tierra, compactarla alrededor del tronco y asegurarse de que todo permanecía más o menos estable, aunque cuando terminó, el árbol seguía ligeramente torcido, pero almenos seguía en pie.
- Yeah
Jalindra lo observó durante unos segundos, después rodeó lentamente el tronco, examinó las raíces, la tierra removida, la inclinación. Finalmente asintió.
-Sobrevivirá -¡lets go baby! - El buccaneer soltó un resoplido.
La muchacha sonrió, después avanzó hasta una de las ramas más bajas del árbol y señaló una pequeña ramificación que apenas tenía el grosor de un dedo.
-Ahora quiero que sujetes esto - Ubbe miró fijamente a la rama - ¿Sujetarlo? - Sí - ¿Y ya está? - Y ya está - ¿No tengo que arrancarlo? - Noo - ¿Doblarlo? - Que no - ¿Romperlo? - Especialmente eso no.
Durante unos segundos el gigante permaneció inmóvil, aquello empezaba a parecer sospechoso, porque si algo había aprendido de Jalindra durante el tiempo que llevaban juntos era que nunca pedía algo tan simple como parecía.
Aun así, Ubbe terminó extendiendo la mano, con cuidado, mucho cuidado. La diferencia de tamaño entre sus dedos y aquella pequeña rama resultaba casi ridícula, parecía el intento de un oso por recoger una aguja, os dedos se cerraron lentamente para cogerla don delicadeza, y entonces...
CRACK.
El sonido fue seco, instantáneo, y claro: humillante. La rama quedó colgando del árbol, partida por la mitad, el silencio que siguió fue todavía peor, porque Jalindra no dijo absolutamente nada, nii una palabra, ni una sola expresión de sorpresa. Simplemente observó, como si aquello fuera exactamente lo que esperaba.
- Okay… - Murmuró Ubbe - Eso no cuenta, era de prueba - Buscó otra.
Esta vez fue todavía más despacio, controlando cada movimiento, vigilando la presión, intentando recordar la sensación exacta de sus dedos y la rama aguantó algo más, quizá un segundo, quizá dos, pero luego volvió a partirse. Después lo intentó con otra, y otra, y otra más. Conforme los minutos avanzaban, la situación comenzó a transformarse en algo profundamente irritante, no porque la tarea fuera difícil, si hubiera tenido que levantar una montaña habría entendido el problema, si hubiera tenido que luchar contra algún monstruo legendario también, pero aquello era una rama, una puta rama.
Y sin embargo cada intento terminaba exactamente igual, una detrás de otra, sin excepción, hasta que finalmente Ubbe dejó escapar un largo gruñido.
-Empiezo a odiar este fucking árbol - La sonrisa de Jalindra apareció de nuevo - El árbol no te está haciendo nada - ¡Ese es precisamente el fucking problem!
La joven dejó escapar una pequeña risa antes de acercarse lentamente, y mientras caminaba fue rozando algunas de las ramas que todavía permanecían intactas, a penas las tocaba, lo suficiente para moverlas ligeramente con la yema de sus dedos. Ninguna se rompía, ninguna se doblaba, ninguna sufría daño alguno, como regodeandose de que Ubbe era incapaz de hacer eso.
-¿Recuerdas lo que me has contado sobre Kal? - Preguntó finalmente, y el cambio de tema pilló desprevenido a Ubbe.
-¿El que de todo? - ¿Qué decía sobre el acero? - La pregunta hizo que la mano del buccaneer descendiera automáticamente hasta la tuerca que colgaba de su cuello.
- Decía que la carne siempre termina pudriéndose y que el acero prevalece - Jalindra asintió lentamente. Durante unos segundos Ubbe observó la rama que acababa de romper.
- Creo que Kal no esperaba que le diéramos una vuelta a eso, pero lo vamos a utilizar.
Aquellas palabras hicieron que Ubbe frunciera el ceño, mientras la muchacha levantaba la rama rota entre sus dedos.
-Todo el mundo entiende la parte fácil del acero. La dureza. La resistencia. La capacidad de soportar golpes - Su mirada se desplazó hacia él - Pero el acero no se vuelve valioso porque sea duro - El viento agitó las hojas sobre sus cabezas - Un bloque de acero sin forma no sirve para gran cosa, para convertirse en una espada necesita precisión y destreza, para convertirse en una armadura necesita mucho trabajo, para convertirse en una herramienta necesita delicadeza.
La rama se terminó de separar del arbol y descendió lentamente hasta el suelo.
-Y tú llevas toda tu vida aprendiendo a ser fuerte - La frase golpeó a Ubbe con más fuerza de la que esperaba, porque era verdad; toda su vida, desde niño, desde antes incluso de conocer a Kal.
- Pero nunca has aprendido a controlar esa fuerza - La joven volvió a señalar el árbol - Arrancarlo ha sido fácil, ¿verdad? Porque el árbol se oponía a ti, sus raices han intentado impedir que lo hicieras - Señaló entonces las ramas rotas esparcidas alrededor - Esto no.
Y por primera vez desde que había comenzado el ejercicio, Ubbe comprendió algo, aquella prueba no estaba diseñada para demostrarle cuánto podía destruir, estaba diseñada para demostrarle cuánto daño era capaz de causar sin darse cuenta.
- Toda tu vida has aprendido a golpear al maximo - Continuó Jalindra - Pero nunca te has preguntado cuánto es el minimo.
La pregunta quedó suspendida entre ambos mientras la brisa recorría la arboleda, y por primera vez desde que había llegado a Birka buscando una forma de hacerse más fuerte, el buccaneer empezó a sospechar que el verdadero entrenamiento no consistía en endurecer sus puños, consistía en aprender a controlarlos.
ACTO UBBE
El silencio regresó a la pequeña arboleda una vez que las palabras de Jalindra se apagaron entre el susurro de las hojas, ya que la joven no añadió nada más, no explicó el ejercicio de otra manera, no ofreció pistas adicionales ni intentó facilitarle la faena. Simplemente se apartó unos pasos y se sentó sobre una roca cercana, cruzando las piernas mientras observaba al gigantesco buccaneer con una tranquilidad que comenzaba a resultarle exasperante.
Ubbe, por su parte, volvió a mirar las ramas esparcidas alrededor del árbol; ramas rotas, ramas partidas, ramas que hacía apenas unos minutos seguían formando parte de un árbol perfectamente sano, la escena tenía algo de ridículo, ya que había combatido contra monstruos capaces de destruir edificios, había sobrevivido a situaciones que habrían matado a una persona normal diez veces, había recorrido medio mundo enfrentándose a todo tipo de peligros... y ahora se encontraba perdiendo una batalla contra una planta.
Una fucking planta, aquello era humillante.
Se pasó durante horas intentandolo, Jalindra insulso se fue un rato al pueblo, dejandolo a su aire intentandolo por su cuenta, Ubbe en cambio continuó allí. Cuando el arbol se hubo quedado sin ramas las cuales sujetar, simplemente cambio de objetivo. Cuando iba ya a por su cuarto arbol, Jalindra volvió a parecer, y Ubbe intentó concentrarse aún mas en la tarea. Con un largo suspiro se acercó nuevamente al árbol, esta vez no extendió la mano de inmediato, permaneció observándolo durante unos segundos, recorriendo con la mirada las pequeñas ramificaciones que nacían del tronco principal, siguiendo sus curvas naturales, la forma en que se balanceaban con el viento, la facilidad con la que parecían moverse sin romperse. Entonces apoyó una mano sobre la corteza, despacio, todo lo despacio que alguien de su tamaño podía hacerlo, cuando tocó la corteza, la madera crujió levemente bajo sus dedos, aunque esta vez no llegó a romperse, pero estuvo cerca, muy cerca.
-Lo estás haciendo otra vez - La voz de Jalindra llegó desde detrás de él, y Ubbe giró ligeramente la cabeza - ¿El qué? - Intentar contener tu fuerza - Aquella respuesta consiguió que el Buccaneer frunciera el ceño - Porque es exactamente lo que me has dicho que haga - No - La muchacha negó suavemente con la cabeza - Te he dicho que aprendas a controlarla, no es lo mismo - El buccaneer observó de nuevo su propia mano.
Aquella diferencia parecía insignificante, y sin embargo, por la forma en que ella lo decía, estaba claro que para Jalindra era fundamental.
- No lo entiendo, baby…
La joven se incorporó lentamente de la roca y comenzó a caminar alrededor del árbol. Lo hacía despacio, sin perderlo de vista, como si estuviera observando algo que él todavía era incapaz de percibir.
-Porque sigues pensando en la fuerza como si fuera un enemigo - Ubbe permaneció en silencio escuchandola - Cuando intentas tocar la rama piensas en no romperla, cuando intentas mover la mano piensas en reducir tu fuerza, cuando intentas sujetarla piensas en contener tus músculos - La muchacha terminó deteniéndose frente a él - Y cuanto más piensas en ello, más tensión acumulas.
Aquello hizo que el buccaneer parpadeara, porque era la verdad, cada intento era exactamente así, se concentraba, intentaba controlar cada movimiento, intentaba reducir cada gesto, e intentaba limitar cada músculo. Y cuanto más lo intentaba, peor era el resultado
- Es como si intentaras detener una avalancha sujetándola con las manos - Continuó Jalindra - Tu fuerza no es el problema, Ubbe. Nunca lo ha sido - La joven levantó una pequeña rama caída del suelo - Cuando un pájaro se posa sobre una rama, ¿crees que intenta no romperla? Claro que no - La hizo girar lentamente entre sus dedos - Simplemente sabe cuánto pesa - La rama descendió nuevamente al suelo - Y tú no sabes cuánto pesas.
La frase consiguió arrancarle una pequeña carcajada.
- Baby, peso muchísimo GAHAHAHA - ¡No me refiero a eso, estupido! - Respondió ella - Llevas tanto tiempo siendo fuerte que ya ni siquiera eres consciente de ello - La muchacha avanzó unos pasos más - Tu cuerpo hace cosas constantemente sin que te des cuenta: Aprietas los dedos más de lo necesario, tensas los hombros, cargas peso sobre las piernas, contraes músculos que ni siquiera necesitas utilizar - Los ojos de Jalindra recorrieron la inmensa figura del buccaneer - Toda tu vida has vivido preparado para empujar y golpear.
Aquellas palabras consiguieron que guardara silencio, porque, de nuevo, tenían sentido, mucho más del que le gustaría admitir, ya que desde niño había sido así, siempre más grande, siempre más fuerte, siempre obligándose a encajar con un cuerpo que parecía incapaz nunca dejar de crecer.
- Cierra los ojos - la petición llegó de sopetón, pero Ubbe obedeció - Ahora dime algo - La voz de Jalindra sonó un poco más cercana - ¿Qué notas? - El buccaneer permaneció inmóvil durante unos segundos.
-El viento - Bien, ¿que mas? - Los arboles - Mas - Te escucho moverte - Bien, mas - La joven guardo silencio unos instantes - ¿Y a ti mismo? -Aquella pregunta hizo que abriera ligeramente uno de sus ojos.
-¿Cómo que a mí mismo? - A tus músculos, tu respiración, tus hombros, tus brazos, tus piernas - La voz de Jalindra se volvió mas pausada, más tranquila, guiándolo - ¿Notas cuántas partes de tu cuerpo están trabajando ahora mismo aunque no estés haciendo nada?
El buccaneer volvió a cerrar los ojos, esta vez prestando atención de verdad, y poco a poco empezó a darse cuenta de cosas que normalmente ignoraba, la presión constante de sus pies contra el suelo, la tensión acumulada en los hombros, los músculos del cuello sosteniendo el peso de su cabeza, los dedos ligeramente cerrados incluso cuando estaban relajados, a espalda rígida, e incluso la mandíbula apretada. Era extraño.
Como descubrir una habitación de su propia casa en la que nunca había entrado.
- Estoy tenso - Murmuro finalmente, y una sonrisa apareció en el rostro de Jalindra - Exacto - La joven comenzó a caminar lentamente alrededor de él - Y ahora imagina que toda esa tensión es fuerza, porque lo es - Su voz parecía mezclarse con el sonido del viento - Piensa en cuánta fuerza estás utilizando simplemente para permanecer quieto - El buccaneer permaneció inmovil, escuchando - Ahora imagina que pudieras decidir exactamente dónde colocar cada parte de ella, no más, no menos, solo la fuerza necesaria - la muchacha levantó una mano y golpeó suavemente el tronco del árbol.
- Eso es control, el haki no consiste en hacer aparecer fuerza donde no existe, consiste en utilizar correctamente la que ya posees, controlar correctamente la fuerza que tienes y llevarla más allá.
Aquellas palabras consiguieron que algo empezara a encajar dentro de la cabeza de Ubbe, orque siempre había imaginado el Busoshoku como algo añadido, un poder nuevo, una fuerza extra como su transformación, algo que se obtenía. Pero la forma en que Jalindra lo explicaba era completamente distinta, no estaba hablando de obtener algo, estaba hablando de utilizar algo que ya tenía.
-La voluntad funciona exactamente igual - Continuó ella - La mayoría de las personas creen que la voluntad consiste en seguir avanzando cuando todo se pone difícil - La joven apoyó una mano sobre el tronco - Pero eso solo es una parte, la voluntad también es decidir, elegir, guiar, dar dirección - Sus ojos volvieron a encontrarse con los de él - Una fuerza sin dirección es solo fuerza, pero una fuerza guiada por la voluntad… - La frase quedó suspendida durante unos segundos - ...es capaz de cambiar el mundo.
El silencio volvió a extenderse por la arboleda, esta vez fue Ubbe quien observó las ramas, no como obstáculos, ni como objetivos, las observó simplemente como eran: pequeñas y flexibles. En ese momento cerró los ojos, volvió a concentrarse en toda esa fuerza que utilizaba de forma inconsciente, pensó en sus pulmones agrandando por el oxigeno, pensó en su corazón latiendo y moviendo toda la sangre por su cuerpo, pensó en sus musculos tensarse cuando empezó a mover el brazo, y por primera vez desde que había comenzado aquel ejercicio, extendió la mano sin pensar en cuánta fuerza debía utilizar, sin pensar en cuánto debía contenerse, sin intentar luchar contra sí mismo.
Simplemente prestando atención a todo su cuerpo, a todas las sensaciones; prestando atención a sus dedos, a sus músculos, a cada movimiento, y la rama se balanceó ligeramente cuando la rozó y la sujetó con los dedos, nada más. Y aunque en unos 10 segundos, la rama se partió, Jalindra sonrió, porque había sido la primera vez en toda la mañana que Ubbe había dejado de intentar vencer a su propia fuerza, y había empezado, por fin, a escucharla.
Acto IUBBE
Las horas continuaron pasando lentamente sobre Birka mientras el sol recorría el cielo en dirección al horizonte, y para cuando la luz comenzó a adquirir un tono anaranjado característico de las últimas horas de la tarde, Ubbe seguía exactamente donde Jalindra lo había dejado. No había ido a buscar comida, no había descansado, no había aprovechado para dar un paseo por el pueblo ni para distraerse observando las maravillas de la isla celeste, ya que desde que la joven se había marchado, el mundo entero parecía haberse reducido a una única tarea. Una rama, una simple y diminuta rama.
Algo que, de haberle explicado aquella situación a cualquiera de sus compañeros meses atrás, probablemente habría provocado carcajadas durante semanas, y sin embargo allí seguía, solo, concentrado, repitiendo el mismo movimiento una y otra vez.
Lo curioso era que, en algún momento durante aquellas horas, había dejado de pensar en el árbol, al principio, cada intento había girado alrededor de la rama: la observaba, la estudiaba, intentaba calcular cuánta fuerza podía soportar, intentaba anticipar el momento en el que se rompería, intentaba evitar el error. Pero poco a poco había comprendido que aquella no era la respuesta, ya que la rama nunca había sido el objetivo, ni siquiera el árbol.
El verdadero entrenamiento siempre había sido él mismo, por eso, mientras la tarde avanzaba, sus ojos dejaron de centrarse en la madera y comenzaron a dirigirse hacia dentro, como le habia dicho Jalindra, era como si durante toda su vida hubiera estado utilizando una armadura tan pesada que había olvidado que la llevaba puesta. Y ahora, por primera vez, estaba aprendiendo a quitársela, cada intento duraba un poco más que el anterior, primero fueron unos segundos, después algunos más. Y aunque las ramas seguían rompiéndose eventualmente, la frustración había desaparecido hacía ya rato, porque ahora comprendía por qué ocurría, podía sentir el instante exacto en que perdía el control, el momento preciso en el que un músculo se tensaba más de la cuenta, el pequeño error que recorría su brazo antes de llegar a la punta de los dedos.
Lo veía, lo entendía, y cada vez que ocurría aprendía algo nuevo, cuando Jalindra regresó finalmente desde el pueblo, el cielo ya comenzaba a teñirse de colores cálidos y el bosque entero parecía envuelto en una luz mucho mas calida. La joven avanzó tranquilamente por el sendero, probablemente esperando encontrar exactamente la misma escena que había dejado atrás horas antes.
Y, en cierto modo, así fue, Ubbe seguía junto al árbol, seguía entrenando, concentrado. La diferencia era que ahora no parecía estar luchando contra nada, y la muchacha se detuvo a varios metros de distancia, en silencio, observándolo. El gigantesco buccaneer tenía una mano apoyada sobre una pequeña rama, los dedos descansaban alrededor de la madera con una suavidad que habría resultado imposible imaginar aquella misma mañana. No había ninguna tensión visible en sus hombros, no había rigidez en su postura, no parecía estar conteniéndose.
Simplemente estaba alli, presente, consciente de cada parte de sí mismo, la rama permaneció intacta: Cinco segundos, diez, veinte,y continuó sin romperse Una sonrisa apareció lentamente en el rostro de Jalindra, satisfecha, porque aquello era exactamente lo que había estado intentando enseñarle desde el principio. Comprensión, moldear la fuerza con la voluntad. Cuando finalmente Ubbe retiró la mano, la rama continuaba exactamente igual que antes, balanceándose suavemente con la brisa de la tarde. El gigantesco buccaneer observó sus propios dedos durante unos instantes, como si todavía estuviera intentando comprender qué acababa de ocurrir realmente, no sentía nada espectacular, no había ninguna energía recorriendo su cuerpo, no había ninguna sensación extraordinaria.
Y sin embargo sabía que algo había cambiado, lo sabía igual que una persona sabe cuándo ha aprendido a caminar o cuándo ha aprendido a nadar, porque había dejado de pensar en ello, simplemente ocurría.
-Ahora si - La voz de Jalindra hizo que girara la cabeza y la joven se acercó hasta situarse junto a el y observó la rama durante unos segundos antes de apoyar una mano sobre el tronco del árbol - Ahora has empezado a entenderlo.
Aquellas palabras provocaron una sonrisa enorme en el rostro de Ubbe, porque por primera vez aquel dia, sentía que realmente había avanzado.
-¿Entonces ya tengo haki? - La muchacha soltó una pequeña carcajada - Lo has tenido desde que naciste, la diferencia es que ahora has empezado a controlaro.
El silencio regresó durante unos instantes mientras ambos observaban la arboleda bañada por la luz del atardecer. El viento recorría las hojas produciendo aquel murmullo constante que había acompañado toda la jornada, y por alguna razon resultaba difícil imaginar un final mejor para aquel entrenamiento.
Finalmente Jalindra dejó escapar un pequeño suspiro.
-Y hasta aquí llega mi trabajo - Ubbe giró la cabeza - ¿Ya está?¿No hay más árboles? - Por el bien del bosque, espero que no - Aquello arrancó una carcajada al buccaneer - GAHAHAHA - La joven también sonrió antes de continuar.
-Has venido buscando Busoshoku y ya tienes una base sobre la que construirlo, ahora te toca practicar, utilizarlo, equivocarte y seguir creciendo, nadie puede recorrer ese camino por ti - Sus ojos se encontraron con los de él - Y en cuanto al Kenbunshoku… - La muchacha señaló uno de los senderos que descendían hacia el resto de la isla - Busca otro maestro - ¿Tan malo soy? - No - Pero me ha costado medio demasiado conseguir que dejes de destrozar árboles cuando intentas acariciarlos, no pienso ser la responsable de enseñarte a sentir mas cosas aún.
El gigantesco buccaneer observó una última vez sus propias manos, y ya no veía únicamente unos puños capaces de destruir cosas, ya no veía solamente fuerza, ahora entendía que existía algo más detras de ella, algo invisible, algo que no nacía de sus músculos ni de su tamaño, si no de su voluntad. Una voluntad que comenzaba a extenderse mas allá de su propio cuerpo, envolviendo sus movimientos como una armadura invisible que nadie podía ver y que, sin embargo, estaba allí. Y mientras sujetaba entre los dedos la vieja tuerca que colgaba de su cuello, no pudo evitar sonreír al pensar que Kal probablemente se habría burlado de él durante dias por haberse pasado tantas horas aprendiendo a no romper una rama.
Aunque, en el fondo, también estaba bastante seguro de que se habría sentido orgulloso.
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