29-08-2026, 05:39 PM
(Última modificación: 29-08-2026, 05:48 PM por Kisuke Kageyama.)
En un lugar de Mogaro, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía un comandante revolucionario de los de katanas en la cintura y cigarrillo colgado de la boca. Kisuke Kageyama, Gran Líder y Comandante de los Ejércitos del West Blue de la Armada Revolucionaria, se levantó con su típico ritual matutino. Desayuno rápido y contundente, con bien de proteína y carbohidratos; paso por el trono de los hombres, para su visita diaria y, después, aseo meticuloso, que, en aquella mañana incluyó arreglarse torpemente la barba de una semana que tenía. Una vez evaluó el resultado frente al espejo, se dio cuenta de que sus ojos le devolvieron una mirada triste desde el otro lado que le reflejaba.
"¿Dónde coño se habrá metido esa lunática?"
Llevaban semanas sin saber nada de Berry. De repente un día desapareció y no volvieron a saber de ella, ni se había vuelto a dejar ver por toda la isla. Kisuke sabía que, a pesar de ser una mujer muy excéntrica, era capaz de pasar desapercibida si la situación lo requería. El antiguo pescador no tenía idea de que pasaba por la cabeza de aquella mujer, y, por lo tanto, no era capaz de entender que motivos podía tener para largarse de allí sin decir nada a nadie, ni siquiera a la pobre Shirohime, con quien tenía una relación más estrecha, y se le notaba a la chiquilla bastante decaída en los últimos días. Después de lo de Dean, aquello era como una bofetada a mano abierta en el invierno a menos de 5ºC. Kisuke maldecía la mala suerte que parecía acompañar a su escuadrón. Aún así mantenía la esperanza de que algún día apareciese como si no hubiese pasado nada, como solía ser habitual en ella.
"La vida sigue... Hay que volcarse en los cachorros que nos quedan..."
A pesar de que era algo que le afectaba, más aún a nivel personal siendo el máximo responsable del escuadrón, Kisuke era perfectamente consciente de que tenía que seguir mirando adelante, fortaleciéndose él mismo y sus compañeros para afrontar aquel objetivo máximo de la Armada Revolucionaria. La opresión, los abusos de poder y la corrupción, no iban a desvanecerse sin luchar, por lo que tenían que crecer a nivel bélico, y era su responsabilidad que su escuadrón cumpliese los objetivos que le marcase su líder suprema Elizabeth D Kaiten. Recogió sus katanas que estaban apoyadas contra la pared, y se las puso en la cintura con la configuración habitual, Yamigiri en la cadera izquierda y Onikiba y Sode no Shirayuki en la cadera derecha, anudándose el manto de los toros negros y cerrando la puerta de su cuarto/despacho.
"Vamos a ver que cara trae hoy la señorita pajaritos..."
Shirohime era una muchacha muy peculiar. Era preciosa, y ella lo sabía, por eso se cuidaba tanto a nivel estético, pero estaba como un cencerro. Aún no terminaba de entender del todo ese carácter de la chiquilla pero lo que si podía ver era que su mente y su cuerpo estaban bien entrenados. Evidentemente, le faltaba un mundo todavía, pero el potencial estaba ahí. Tenía una mente aguda y ágil durante la batalla y su cuerpo se movía apropiadamente para alguien de su edad y experiencia, además, había demostrado muy buenas habilidades como tiradora. Añadiéndole a eso, como no podía ser de otra manera, el poder brutal de una akuma no mi del tipo logia, la hie hie no mi. Además, unido eso a su mente versátil e imaginativa, podía generar muchas situaciones imprevisibles, y eso era muy valioso en una batalla.
"Ni cotiza que esta chica tiene la capacidad de convertirse en un auténtico monstruo más allá de Panda y de mi mismo... kuhahahaha....
Se encaminó con paso tranquilo, mientras fumaba su segundo cigarrillo matutino (el primero era de obligatoriedad fumárselo en el trono) con la mano izquierda apoyada en la empuñadura de Yamigiri, hacia el campo de entrenamiento habitual. Kisuke llevaba varios días pensando que si quería tener la misma sinergia con Shirohime y con el propio Kelvin, tendría que interactuar más con ellos, dentro de lo que sus obligaciones de rango se lo permitiesen, para conocerlos bien y poder entenderlos. Aquello era crucial en el transcurso de una batalla por lo que estaba subiendo muchos puestos esta cuestión en la lista de prioridades del antiguo pescador. Panda estaba muy activo en el entrenamiento de los cachorros, puesto que él, aunque entrenaba con ellos cuando podía, no siempre disponía del tiempo necesario para enseñarles apropiadamente. Sabía, no obstante, que con el úrsido estaban en buenas zarpas, aunque en ocasiones se dejase llevar en exceso.
"El cabrón del Peluche los va a dejar bien curtiditos... kuhahahaha..."
Tras veinte minutos de paseo matutino, en los que se detuvo en un par de ocasiones a saludar a gente, dar alguna instrucción a algunos soldados y ánimo a los trabajadores del astillero, por el que tenía que pasar para ir al campo de entrenamiento, llegó al lugar indicado y se cruzó de brazos, apurando otro cigarrillo más mientras aguardaba la llegada de la joven revolucionaria, que no tardó en aparecer a lo lejos. Cuando llegó a donde estaba él, le saludó con su media sonrisa habitual.
-Buenos días, pajarito... Espero que estés lista porque tenemos mucho trabajo por delante... Estoy deseando ver cuanto has mejorado desde la última vez... kuhahahaha...
Un día más, un nuevo entrenamiento. Los Toros Negros miraban hacia adelante.
"¿Dónde coño se habrá metido esa lunática?"
Llevaban semanas sin saber nada de Berry. De repente un día desapareció y no volvieron a saber de ella, ni se había vuelto a dejar ver por toda la isla. Kisuke sabía que, a pesar de ser una mujer muy excéntrica, era capaz de pasar desapercibida si la situación lo requería. El antiguo pescador no tenía idea de que pasaba por la cabeza de aquella mujer, y, por lo tanto, no era capaz de entender que motivos podía tener para largarse de allí sin decir nada a nadie, ni siquiera a la pobre Shirohime, con quien tenía una relación más estrecha, y se le notaba a la chiquilla bastante decaída en los últimos días. Después de lo de Dean, aquello era como una bofetada a mano abierta en el invierno a menos de 5ºC. Kisuke maldecía la mala suerte que parecía acompañar a su escuadrón. Aún así mantenía la esperanza de que algún día apareciese como si no hubiese pasado nada, como solía ser habitual en ella.
"La vida sigue... Hay que volcarse en los cachorros que nos quedan..."
A pesar de que era algo que le afectaba, más aún a nivel personal siendo el máximo responsable del escuadrón, Kisuke era perfectamente consciente de que tenía que seguir mirando adelante, fortaleciéndose él mismo y sus compañeros para afrontar aquel objetivo máximo de la Armada Revolucionaria. La opresión, los abusos de poder y la corrupción, no iban a desvanecerse sin luchar, por lo que tenían que crecer a nivel bélico, y era su responsabilidad que su escuadrón cumpliese los objetivos que le marcase su líder suprema Elizabeth D Kaiten. Recogió sus katanas que estaban apoyadas contra la pared, y se las puso en la cintura con la configuración habitual, Yamigiri en la cadera izquierda y Onikiba y Sode no Shirayuki en la cadera derecha, anudándose el manto de los toros negros y cerrando la puerta de su cuarto/despacho.
"Vamos a ver que cara trae hoy la señorita pajaritos..."
Shirohime era una muchacha muy peculiar. Era preciosa, y ella lo sabía, por eso se cuidaba tanto a nivel estético, pero estaba como un cencerro. Aún no terminaba de entender del todo ese carácter de la chiquilla pero lo que si podía ver era que su mente y su cuerpo estaban bien entrenados. Evidentemente, le faltaba un mundo todavía, pero el potencial estaba ahí. Tenía una mente aguda y ágil durante la batalla y su cuerpo se movía apropiadamente para alguien de su edad y experiencia, además, había demostrado muy buenas habilidades como tiradora. Añadiéndole a eso, como no podía ser de otra manera, el poder brutal de una akuma no mi del tipo logia, la hie hie no mi. Además, unido eso a su mente versátil e imaginativa, podía generar muchas situaciones imprevisibles, y eso era muy valioso en una batalla.
"Ni cotiza que esta chica tiene la capacidad de convertirse en un auténtico monstruo más allá de Panda y de mi mismo... kuhahahaha....
Se encaminó con paso tranquilo, mientras fumaba su segundo cigarrillo matutino (el primero era de obligatoriedad fumárselo en el trono) con la mano izquierda apoyada en la empuñadura de Yamigiri, hacia el campo de entrenamiento habitual. Kisuke llevaba varios días pensando que si quería tener la misma sinergia con Shirohime y con el propio Kelvin, tendría que interactuar más con ellos, dentro de lo que sus obligaciones de rango se lo permitiesen, para conocerlos bien y poder entenderlos. Aquello era crucial en el transcurso de una batalla por lo que estaba subiendo muchos puestos esta cuestión en la lista de prioridades del antiguo pescador. Panda estaba muy activo en el entrenamiento de los cachorros, puesto que él, aunque entrenaba con ellos cuando podía, no siempre disponía del tiempo necesario para enseñarles apropiadamente. Sabía, no obstante, que con el úrsido estaban en buenas zarpas, aunque en ocasiones se dejase llevar en exceso.
"El cabrón del Peluche los va a dejar bien curtiditos... kuhahahaha..."
Tras veinte minutos de paseo matutino, en los que se detuvo en un par de ocasiones a saludar a gente, dar alguna instrucción a algunos soldados y ánimo a los trabajadores del astillero, por el que tenía que pasar para ir al campo de entrenamiento, llegó al lugar indicado y se cruzó de brazos, apurando otro cigarrillo más mientras aguardaba la llegada de la joven revolucionaria, que no tardó en aparecer a lo lejos. Cuando llegó a donde estaba él, le saludó con su media sonrisa habitual.
-Buenos días, pajarito... Espero que estés lista porque tenemos mucho trabajo por delante... Estoy deseando ver cuanto has mejorado desde la última vez... kuhahahaha...
Un día más, un nuevo entrenamiento. Los Toros Negros miraban hacia adelante.
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