29-08-2026, 12:10 PM
El viento invernal azotaba las costas de Roshwan mientras el balandro requisado por la Marina navegaba de camino a casa. Kibai apostado sobre una de las vergas del foque, oteaba el horizonte con un punto de intranquilidad. No le gustaba nada que Emerald siguiese suelta, era del tipo de mercenarios que se precia de cumplir siemrpe con su objetivo, y el Trigero estaba ahora en la bodega, capturado y listo para ser entregado a las autoridades para que la Justicia cumpliese con su cometido.
Por desgracia para el mink, su instinto resultó no estar equivocado...
De pronto una deflagración de color verdoso inundó toda la parte trasera de la nave. Kibai escuchó los gritos de los marines varios metros bajo sus pies, y no tardó en llegar a sus fosas nasales el olor de la carne quemada. Desenvainado a Raimei con un siseo agudo, el mink dio un paso hacia delante, dejándose caer desde el palo del foque y aterrizando pesadamente sobre la cubierta.
A pocos metros de él, jugueteando con un tarro de esteatita lanzándolo unos cuantos centímetros en el aire para volverlo a atrapar después, Emerald sonreía juguetonamente, como si todo aquello fuese una simple broma.
— Vaya vaya... No esperaba volver a encontrarte aquí. Pensé que te habría dado esquinazo en las minas, pero te empeñas en volver a cruzarte en mi camino. Eso suele ser una muy, pero que muy mala idea.
Kibai notó como las garras se le desplegaban por acto reflejo. Una cosa era tratar de liberar a un criminal, algo perseguible y con lo que podía hasta empatizar (al fin y al cabo, era un trabajo) pero matar a sus compañeros? Esa línea estaba marcada en rojo. En un rojo muy similar al de la sangre.
Desdibujandose por la rapidez de su movimiento, Kibai se abalanzó sobre Emerald, que le lanzó el tarro de esteatita, moviendo el brazo tan rápido como una serpiente al morder. El mink vio volar hacia su rostro el recipiente, esquivándolo en el último momento, pero cuando se giró de nuevo hacia la humana peliverde, esta ya tenía sus dos armas apuntando hacia él.
El doble disparo resonó en toda la cubierta, y sendos impactos acertaron en Kibai, uno en el hombro derecho y otro rozándole la cadera izquierda. El mink soltó un gruñido de dolor, deteniendo su avance, a la vez que Emerald dejaba caer sus pistolas, renunciando a recargarlas, y extraía sus hojas cortas de las vainas que llevaba en la parte trasera del cinturón.
— Ahora estamos empatados marine, tu estás herido y yo... Bah para que miento, estás jodido, y vas a morir.
Apretando los dientes, Kibai recuperó su postura, listo para iniciar el combate.
Por desgracia para el mink, su instinto resultó no estar equivocado...
De pronto una deflagración de color verdoso inundó toda la parte trasera de la nave. Kibai escuchó los gritos de los marines varios metros bajo sus pies, y no tardó en llegar a sus fosas nasales el olor de la carne quemada. Desenvainado a Raimei con un siseo agudo, el mink dio un paso hacia delante, dejándose caer desde el palo del foque y aterrizando pesadamente sobre la cubierta.
A pocos metros de él, jugueteando con un tarro de esteatita lanzándolo unos cuantos centímetros en el aire para volverlo a atrapar después, Emerald sonreía juguetonamente, como si todo aquello fuese una simple broma.
— Vaya vaya... No esperaba volver a encontrarte aquí. Pensé que te habría dado esquinazo en las minas, pero te empeñas en volver a cruzarte en mi camino. Eso suele ser una muy, pero que muy mala idea.
Kibai notó como las garras se le desplegaban por acto reflejo. Una cosa era tratar de liberar a un criminal, algo perseguible y con lo que podía hasta empatizar (al fin y al cabo, era un trabajo) pero matar a sus compañeros? Esa línea estaba marcada en rojo. En un rojo muy similar al de la sangre.
Desdibujandose por la rapidez de su movimiento, Kibai se abalanzó sobre Emerald, que le lanzó el tarro de esteatita, moviendo el brazo tan rápido como una serpiente al morder. El mink vio volar hacia su rostro el recipiente, esquivándolo en el último momento, pero cuando se giró de nuevo hacia la humana peliverde, esta ya tenía sus dos armas apuntando hacia él.
El doble disparo resonó en toda la cubierta, y sendos impactos acertaron en Kibai, uno en el hombro derecho y otro rozándole la cadera izquierda. El mink soltó un gruñido de dolor, deteniendo su avance, a la vez que Emerald dejaba caer sus pistolas, renunciando a recargarlas, y extraía sus hojas cortas de las vainas que llevaba en la parte trasera del cinturón.
— Ahora estamos empatados marine, tu estás herido y yo... Bah para que miento, estás jodido, y vas a morir.
Apretando los dientes, Kibai recuperó su postura, listo para iniciar el combate.
