29-08-2026, 03:23 AM
Karate siempre le sorprendía con color, canción y aromas múltiples, siempre le metía un recuerdo digno de atesorar a veces bueno, a veces malo. Nunca el mismo, sin embargo, este… este recuerdo parecía cada vez… Esta vez. Parecía un dejavu el que se apoderaba de su mente. Ahora cuando caminaba por cada calle de Karate deseaba que avanzara más rápido el tiempo. Deseaba ir hacia el frente. hacia La Gran Línea, pero era muy inexperta aún. Demasiado confiada, demasiado inocente. Pero su ímpetu impulsado por el fuego será suficiente. Estaba segura de ello.
El cigarrillo era el único amigo que tenía en esas noches tan frías. Uno que se aseguraba de mantenerla cociente y aferrada a un mundo que estaba ya listo para recibirla. El mundo del mañana. Pero ahora mismo estaba cagada de frio. Si hubiera hecho algo de caso habría traído ropas más abrigadoras. Ropa que le había dado el médico de la tripulación y ella en su increíble estupidez no había querido por que supuso que el trato de antes seria aceptado y se iría en un carruaje a completar la misión. La confianza. La confianza es la madre de las derrotas. Y ella n se cansaba de deambular entre madre y madre.
Maki movía su increíble melena verde al viento de la medianoche mientras fumaba con pasión uno de los últimos vestigios de su vicio que le quedaban. Nunca había sido una mujer apacible. Pero esta vez estaba algo cabreada por la situación. Algo lanzaron a su lado, una piedra, su daga salió relampagueante —He… quien putas eres… tienes daño cerebral? por qué hablas así de raro… te has caído y te pagaste en la cabeza o solo tienes un trastorno...— Maki se alejó un poco manteniendo su guardia, solían a veces abordarla algunos tontos. Creyendo que era una inocente e indefensa chica, pero en realidad era un tifón de acero y puñetazos si actuabas con poco tino.
Momento en que de pronto de dentro del bar salieron lo que parecían ser un grupo de borrachos… seis hombres, grandes, gordos y con una hombría por demostrar. Apenas salieron cuchichearon entre ellos y fijaron su vista en la chica peliverde. Empujaron suavemente al muchacho que parecía grande, muy alto, pero algo flaco en comparación a los enormes hombres… —Hey muñeca te molesta este alfeñi… demonios… estas horrible… que te paso? Te quedaste mucho tiempo en el horno jajajaja— Se carcajeo el hombre más cercano viendo mejor la cara quemada de Maki que sombría apretaba los dientes y se ajustaba la guitarra al hombro. Siempre se encontraba con este tipo de imbéciles.
El cigarrillo era el único amigo que tenía en esas noches tan frías. Uno que se aseguraba de mantenerla cociente y aferrada a un mundo que estaba ya listo para recibirla. El mundo del mañana. Pero ahora mismo estaba cagada de frio. Si hubiera hecho algo de caso habría traído ropas más abrigadoras. Ropa que le había dado el médico de la tripulación y ella en su increíble estupidez no había querido por que supuso que el trato de antes seria aceptado y se iría en un carruaje a completar la misión. La confianza. La confianza es la madre de las derrotas. Y ella n se cansaba de deambular entre madre y madre.
Maki movía su increíble melena verde al viento de la medianoche mientras fumaba con pasión uno de los últimos vestigios de su vicio que le quedaban. Nunca había sido una mujer apacible. Pero esta vez estaba algo cabreada por la situación. Algo lanzaron a su lado, una piedra, su daga salió relampagueante —He… quien putas eres… tienes daño cerebral? por qué hablas así de raro… te has caído y te pagaste en la cabeza o solo tienes un trastorno...— Maki se alejó un poco manteniendo su guardia, solían a veces abordarla algunos tontos. Creyendo que era una inocente e indefensa chica, pero en realidad era un tifón de acero y puñetazos si actuabas con poco tino.
Momento en que de pronto de dentro del bar salieron lo que parecían ser un grupo de borrachos… seis hombres, grandes, gordos y con una hombría por demostrar. Apenas salieron cuchichearon entre ellos y fijaron su vista en la chica peliverde. Empujaron suavemente al muchacho que parecía grande, muy alto, pero algo flaco en comparación a los enormes hombres… —Hey muñeca te molesta este alfeñi… demonios… estas horrible… que te paso? Te quedaste mucho tiempo en el horno jajajaja— Se carcajeo el hombre más cercano viendo mejor la cara quemada de Maki que sombría apretaba los dientes y se ajustaba la guitarra al hombro. Siempre se encontraba con este tipo de imbéciles.

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