On The Ground :: PR
#1
Narrador / María Merlot / Santiago Santangelo

MUSIQUITA



Primer Acto :: Poco a poco perdiéndose en su felicidad.

Día 4, Año 18.
Primavera.
Hora: 2:16 a.m.
Habitación, Zona en los cielos.

Los recuerdos seguían nítidos en su cabeza, realzados por el horrible dolor que sintió durante todo el proceso de extracción de la maldición en forma de cebra que la azotó por meses. Cuando cerraba los ojos veía con claridad el camino azul marine, los algodones de azúcares, un mono gyojin y la marca en el estómago. Al abrirlos la realidad la golpeaba, como un enemigo sin piedad alguna — ¿Siempre dolor…? — balbuceó para sí misma, pensando que durante la mayor parte de la vida que recordaba había sido una existencia miserable, como si estuviera pagando una sentencia de otras vidas. ¿Acaso existían las otras vidas? No lo sabía, tampoco le importaba, solo quería dejar de sufrir… solo quería la vida normal que tanto soñaba, como aquella que le mostró el rojo cangrejo que la rescató de la jaula en el fondo del mar.

Se dejó caer sobre la cama. Estaba en una habitación que no era la suya. Por lo que entendió, luego de participar en los juegos de ese paraíso entre nubes, se les asignaron unas viviendas para el disfrute de la temporada social que estuvieran ahí. Ella no recordaba mucho, por suerte su den den visual había tomado fotografías y grabado todo. Aunque aún no lo curioseaba, no estaba del todo bien. Había despertado, sí. Había sido atendida por su hermana, si… y aún así se sentía fuera de lugar, como si… hubiera cometido un acto desleal, justo cuando se comió aquella fruta rayada en color blanco y negro. Una risa vacía burbujeo de sus labios. ¿Dónde estaba la novedad? Ella siempre estaba en el medio de todo, nunca pertenecía realmente a nada. Su esencia misma reflejaba eso: Mitad humana y Mitad hija del mar.

Con dolor y agonía por rechazar lo que el destino te otorgó. Aunque es paradójico porque nunca debiste consumirla en primer lugar. Tu esencia es el mar. No te acerques más a esos demonios.

La voz confusa de aquel hombre en sus sueños que se parecía tanto a Jensen Valentine, resonó en su cabeza. ¡Definitivamente no lo volvería a hacer! No deseaba volver a sentirse como lo hizo cuando se comió por error aquella fruta del averno. La primera vez cuando fue a nadar al frio mar del Reino de Drum, sus extremidades se volvieron pesadas, su salud decayó, y como una piedra se hundió. No reaccionaba, no podía ni pedir ayuda. ¡Sedada! Esa era la palabra, una especie de anestesia dada por el agua salada que la volvía inútil, más de lo que ya era, pero aunque estaba tiesa… también la embargaba un malestar… ¿Borracha? ¿Dormida? ¿Enferma? Difícil de poner en palabras pero ahí estaba, la sensación de ser asfixiada y llevada al limite por aquello que siempre la protegió.

La mujer negó con la cabeza. Se levantó de la cama. Se golpeó las mejillas. A diferencia de Hyakinthos, ella casi no dormía. Le gustaba estar despierta, vivir la libertad que siempre fue tan escasa. La pijama de dos piezas dejaba al descubierto la marca de una pata en su abdomen, una quemadura como las que tenia la Valkiria Besada por el Sol. ¿Le molestaba estéticamente? No, definitivamente no. La hacia sentir… viva. Llevó la mano al sitio, la delineó con su índice, aún ardía, supuso que con el paso de los días solo quedaría una marca muy… peculiar. ¿Podría maquillarla? ¿Podría tatuarse algo alrededor para hacerla más… colorida? No lo sabía, tampoco estaba aún en la labor de descubrirlo.

Camino hasta la ventana. El largo cabello rosado pálido danzaba con ella. La raíz empezaba a tornarse del azul celeste original. Tomó el pomo, abrió con cuidado la claraboya dejando pasar la brisa fria de la madrugada. Aquel abrazo inesperado la hizo inhalar y exhalar con consciencia del recorrido del aire por su cuerpo hasta volver a ser expulsado a la inmensidad del… espacio. Los ojos ámbar subieron al manto nocturno, más negro que nunca… con las estrellas brillando en una infinita armonía de belleza. Alzó la diestra intentando agarrar una. Imposible, ni estando tan alto, como recordaba haber ascendido, era aún capaz de alcanzarlas. ¿Por qué eran inaccesibles? ¿No tenia derecho a tener una estrella? ¿Acaso su apodo era una burla sobre aquello que nunca lograría? “Reina de Estrellas”. Y no podía coger una, ni en ese sitio que colindaba con el cielo.

— … tal vez si he tocado una estrella… sin saberlo — cerró los ojos dibujando una sonrisa de MonaLisa en sus labios rosados. El destello luminoso de Shin Hasegawa durante los juegos y luego en esa pelea que tuvo con EL MACHO. Nunca imaginó que el Malvavisco sería lo más cercano al cielo estrellado que vería — … igual de inalcanzable — entreabrió los ojos mirando a la nada. Las estrellas jamás estarían a su alcance, lo sabía bien y eso achicopalaba su corazón. No solía aferrarse a las cosas ni a nadie pero mentiría si dijera que no querría simplemente ser feliz, sin fronteras imaginarias de prejuicios humanos absurdos como el bien o el mal, la verdad o la mentira. Recordó que tenía su contacto. Si siquiera verlo solo tendría que llamarlo… ¿sería capaz de cometer semejante locura sabiendo las consecuencias de ir contra lo prediseñado por el mundo? No lo sabía, para María Merlot las personas... eran personas, ni azules ni rojas, esas etiquetas solo las ponían y seguían aquellos cuyos corazones solo sabían odiar, frustrarse y posiblemente les faltó un abrazo de chiquitos. Por suerte para ella, su padre cangrejo si la abrazo y le enseño amor y respeto y valores sociales. 

Al bajar la mirada a la otra mano, observó el aro dorado que había fabricado como un recuerdo de lo sucedido en el foso, y como una evidencia de que el Perfecto Marine Pelirrojo no era un mal esposo de mentiras como todos se lo hacían ver cada vez que hablaba de él. ¿Se habrá quitado las trenzas? ¿Ya habría visto el anillo que le regaló? No lo sabía, lo que entendía es que su lazo iba más allá de una etiqueta colocada por ella misma de manera anárquica. Compartieron un momento difícil, y luego, extrañamente, lograron entenderse a pesar de ser tan diferentes. Él le recordaba tanto a su padre, más allá del rojo de su cabello, sino de la forma justa y correcta de ser de un marine. Podría escucharlo, en su imaginación, rechinar los dientes solo al ver piratas… pensó que eso sucedería cuando recibiera sus cartas pero contrario a eso, le confesó en un abrazo que las recibió, leyó y guardó. Eso si que nunca lo espero la fémina, no cuando evidentemente él odiaba a los que como ella habían elegido un camino distinto al suyo.

A veces, en sus ensoñaciones, pensaba que hubiera sido de su vida… si aquellos ojos azul hielo nunca se hubieran posada sobre ella. Seguro una vida pacifica con su padre, amigos, escuela, siendo feliz. Sin duda, entrando a la marina… siguiendo los pasos de Juan Sebastián… tal vez ahí hubiera conocido a Bertram Gaufrid o a Shin Hasegawa o a ambos. Ahora que lo pensaba… ¿Acaso Kiwi no llevaba también ese traje azul y blanco? ¡Kiwi era un marine! Entonces, también hubiera conocido al minino… pero eso significaría que nunca se hubiera cruzado con Hyakinthos o con Maki D. Zennin. Pensar eso hizo latir el corazón de María descontrolado. ¡NO! Jamás cambiaría a sus nakamas por ninguno de ellos, no podría… los amaba tanto. El médico que le permitió seguir viviendo, que la escuchaba y consolaba con cariño y paciencia. La Valkiria que le instaba a ser mejor cada día, que la cuidaba y protegía con simpatía y lealtad.

— … disculpa, Papá. No es que no quisiera que estuvieras aquí conmigo, es lo único que cambiaría, tu vida por la mía… — musitó llevando las manos a la cara y frotándola. Se sentía como una traidora al pensar que casi no cambiaría nada si eso significaba no conocer al Algodón de Azúcar y su Unnie. Claro, la vida de su padre estaba por encima de cualquier cosa, ella daría la suya por él sin pensarlo justo como él hizo por ella… — … sé que debes estar enojado conmigo pero te prometo que no soy mala pirata, o si soy mala pirata porque no soy como una pirata de verdad — explicó a nadie en particular, regresando a la cama y tirándose sobre esta... boca abajo mientras las lágrimas empapaban la almohada — … siento que nado y no pasa nada. Estoy cansada… pero cómo podría rendirme cuando sé que estás viéndome mucho más allá del cielo. ¿Eres una de esas estrellas, verdad? Estoy segura de que si… — las palabras salían sin fuerza hasta que giró un poco la cabeza quedando de lado en la almohada, y con las lágrimas cayendo sin proponerselo — … también de inalcanzable pero sé que algún día nos veremos, te contaré mis aventuras, sobre los marines que conocí… pero sobre todo como personas cambiaron mi vida, y me enseñaron que el amor que me diste, pude obtenerlo nuevamente: sincero, puro, noble… —  pensaba en sus nakamas, y como cada uno de ellos la había salvado de una u otra forma. Primero el médico cuando la dejaron en sus brazos. Luego la iguana cuando pidió por su felicidad y la cuidó hasta que finalizó el proceso. Los amaba con una intensidad que hasta a ella la asustaba —  ¡Basta! — se regañó, levantándose nuevamente al tiempo que caminaba al espejo de cuerpo completo. ¿Qué veía? Su estampa desaliñada pero siempre preciosa — No estas enferma. Ya no más. Estas mejor, mejor que nunca… y cuando veas un charco saltarás a este y volverás a nadar… — señalo a la pelirrosada del reflejo con determinación — … por si acaso, llevemos un flotador — perdió convicción. No iba a ocultarlo, tenía miedo de volver al mar… porque la rechazó durante tanto tiempo que… tener esperanzas y verlas rotas… la… la… desbarataría peor que la primera vez porque significaría que no había ni un mono gyojin ni ningún milagro que la pudiera hacer regresar a su hogar.

Luego de eso fue a la ducha. Se lavó con un rico jabón de “Flores Skypieanas” lo que fueran esas floras que decía el empaque. También hizo lo propio con su cabello pero no sin antes retocarse las raíces celestes. Aún no era tiempo, quizás luego… cuando estuviera lista para intentar lo del mar, ahí buscaría su celeste original. El tiempo paso... se aseo, peino y vistió para cuando finalizó el tímido sol comenzaba su ascenso (o descenso considerando que estaban en el cielo?).

La ropa que encontró, no tenía nada que ver con todo el closet que tenía en el Flush Royal. Pero como siempre, así fuera un saco de papas, ella se veía hermosa. Una camisa de tirantes sencillas, sobre esta un suéter blanco que decía “Skypiea Sorpréndeme” en letras anaranjadas, un jeans y unas botas marrones, que aunque no parecieran a la moda, sin duda lo eran, muy vintage rustico si le preguntaban. Debajo de todo eso su traje de baño. En el cabello no se hizo gran cosa, se lo dejo suelto.

No había visto a sus amigos, seguro estaban durmiendo aún. Ella salió de aquella vivienda. Necesitaba salir del encierro, necesitaba recuperar los grillos en su cabeza. ¿A dónde habían ido? ¿Fueron exorcizados junto con las cebras? ¿Ahora también estaba cuerda? ¡No fue lo que pidió! Si rozaba la cordura, el único pensamiento lógico sería la muerte… no podría vivir, cuerdamente, con todo lo que paso… nadie podría — Respira respira respira — se obligó a inhalar y exhalar alejando los recuerdos del abismo — … si puedes no eres igual a ayer, ni a hace un año, ni mucho menos a la niña que ellos se robaron y… y convirtieron en una muñeca — se animó a si misma no podía continuar siendo una esclava del pasado — ¿Qué dirías si supieras que tu mas amada posesión esta marcada por un gyojin que no eres tú? — aquellas palabras salieron con sorna de sus labios. Ahora caía en que su obsesiono ex captor se enojaría mucho si viera esa marca imborrable. Esa imagen mental la hizo sonreír — Púdrete Pedro Francesco Ruíz De León Madrigal — dijo en un susurro lleno de emoción. Miró a su alrededor, muy temprano para que hubiera alguien — PÚDRETE PEDRO FRANCESCO RUÍZ DE LEÓN MADRIGAL — esta vez lo grito desde sus entrañas, se sentía taaaan bien decirle eso, ojalá estuvieran pitando sus oídos donde sea que estuviera el muy maldito. Y en la misma camada que se pudrieran todos los que alguna vez le hicieron daño… y ese pequeño pensamiento, con la brisa del alba la hizo… llegar a una resolución, la de poco a poco irse perdiendo en su propia felicidad, y libertad.



Segundo Acto :: Un pollo de apoyo.

Día 4, Año 18.
Primavera.
Hora: 9:13 a.m.
Poblado Birka, Zona en los cielos.

¿Dónde estaba?
¿Importaba?
Nunca, realmente.

Iba caminando por las calles sin fijarse realmente en nada. Habían pollos blancos y negros, y llegado un momento mas blancos que negros. El cielo azul la hizo sonreír. Luego de estar en cama, y con aquel dolor abismal, ahora todo era más colorido. La incomodidad de dejar atrás la maldición fue mermando con el paso de las horas, lo cierto que es que su naturaleza siempre fue… el mar. Bien se lo dijo la voz en su cabeza, aquella del extraño sueño que tuvo: No podía renegar de su esencia.

Se detuvo en una tienda, al entrar como siempre atrajo las miradas sobre ella. Su belleza irreal continuaba intacta, ella solo les sonrió y saludo con la diestra mientras pedía un batido de fresas y un pan de zanahoria, debía alimentarse. También vendían una variedad insana de otros panecillos pero seguro tenían ingredientes no veganos y ella evitaba comer cualquier cosa que estuviera viva, o tuviera el potencial de estarlo como por ejemplo los huevos. En fin, una vez tuvo lo que buscaba, con un descuento por ser hermosa, se sentó a desayunar y mirar a las personas pasar, no solo habían pollos sino variedades de otras razas, unas más conocidas por ella que otras. Un bocado tras otro. Disfruto del momento. Las miradas continuaban ahí, ella siempre se sentía observada por eso dejo de prestarle atención.

Al salir del local se puso a marujear por aquí y por allá, hasta que se encontró con una escena muy particular, un niño con alas blancas y cabellera morada recogiendo manzanas rojas dispersas por el suelo, a pesar de que no habían muchas personas, nadie se detuvo a ayudarlo. ¿Qué les pasaba? Daba igual, María se acercó, inclinó y empezó a recoger manzanas. Al inclinarse sintió una pequeña punzada en el estómago  — … ten, aquí tienes  —  comenzó con una sonrisa alegre. El chico al verla primero se sonrojo, luego asintió con la cabeza colocando la cesta frente a ella. No dijo nada durante el tiempo que duro la recolección  — ¡Listo! Son todas y no parece que se golpearan, qué bueno porque unas manzanas golpeada no son ricas aunque podrían servir para hacer otras cosas. Me gustan las manzanas así que se bien de que te hablo  — comentó con amabilidad hacia el niño, quien solo sonreía y asentia pero jamás le dijo nada  — ¿Y estas bien? ¿No te golpeaste? Es más… ¿Cómo te caíste? No veo ningún escalón ni nada por aquí…  — preguntó genuinamente interesada en el bienestar del pollito, quien al verla acercarse solo se sonrojo aún más y negó con la cabeza  — ¿No qué? — cuestionó ella parpadeando un par de veces sin entender al chico, porqué no hablaba — ¿Te comieron la lengua los ratones? ¡Sabia que algun día pasaría! ¡Calamidad! Diiiiiiii Aaaaaaaaaaaaaaa — le pidió acercándose mucho a él, totalmente preocupada por el crimen cometido por los roedores. El niño aturdido más bien dio un paso atrás, cayendo sobre sus nalgas y soltando un inaudible aunhsss — ¡No, no, no! Disculpa — la mestiza se disculpó, la invasión a su espacio personal había causado esa situación, así que cómo era un niño, le llegaba apenas a la cintura, lo tomo por las axilas y lo levantó sin esfuerzo, después de todo era una chica muy fuerte — ¿Estas bien? Jamás quise hacerte caer solo quería comprobar el estado de tu lengua, y si un malvado ratón se la llevo… te prometo que la buscaremos — comentó entre indignación y desasosiego. El niño negó con fuerza, moviendo sus coloridos cabellos morados luego abrió la boca y mostró su lengua intacta — ¡Ahí está, que alivio! — la mestiza sonrió aplaudiendo para ambos — Soy María Merlot, pero mis amigos me dicen MM. ¿Cómo te llamas? ¿A dónde vas con tantas manzanas? ¿Por qué no me dices nada? — se presentó y luego lo interrogó, el sonrojo aumento en las mejillas del joven quien no sabía cómo procesar la energía de la hermosa dama. Rebuscó en sus bolsillos, saco un lápiz y una libreta, y empezó a escribir. Eso le llamó mucho la atención a la pelirosada.

“Encantado de conocerla, Señorita María Merlot. Soy Santiago Santangelo”

Los orbes ámbar de la mestiza leyeron cada palabra, luego su boca formo una perfecta “O” sorprendida por la bonita caligrafía del joven y porque se estaba comunicando con ella en papel. ¿Sería una tradición en Skypiea? — Santiago Santangelo suena muy rítmico, me encanta, también estoy encantada de conocerte Santi — dijo ella inclinándose, otra vez el malestar en el estomágo, para quedar a su altura — ¿Me la prestas? — le pidió la libreta y el lápiz, el niño confundido se la dio. María Escribió algo y se lo mostró.

“¿Es algo cultural no hablar aquí? Es que soy muy parlanchina, no podre callarme mucho tiempo. Por cierto linda letra tienes” le mostró la hoja al niño, quien leyó, proceso y luego sonrió apenado por el cumplido. Tomo el lápiz de la mano de la mujer, que aun sostenía la libreta y escribió debajo de ella.

“No, no es tradición. Puedes hablar todo lo que quieras. Yo… mi voz, no tengo” la fémina vio el momento exacto en que la mirada purpurada del niño se tiño de tristeza, cuando leyó lo que decía el papel sintió pena por él y miles de preguntas llegaron en cascada a su mente ¿Por qué no podía hablar? ¿Fue de nacimiento? ¿O quizás alguien le robo la voz? Sin embargo, y a pesar de su vena cotilla, hasta ella sabía cuando no era buena indagar más por respeto que por otra cosa. Tomo el lápiz y escribió, para luego mostrarle al moradito “… ¡Claro que tienes voz! Aquí esta, en cada trazo, y es muy mona, como tú” cuando el niño lo leyó sus mejillas se tornaron del rojo mas intenso hasta el momento. Ella sonrió, y se levantó — Entonces… Santi… ¿A dónde llevas esas manzanas? — la voz salió suave, casi maternal, ahora que lo pensaba le recordaba a sus setenta hijos adoptivos, podría subir la cifra a setenta y uno. El niño recupero su libreta y lápiz y escribió rápidamente.

“Son regalos para la Señorita Jalindra”

— ¿Y la Señorita Jalindra es…? — preguntó llevando un dedo a su barbilla mientras intentaba buscar en su memoria ese nombre de algún lado, sacaría su propio cuaderno de notas pero no hizo falta porque el niño escribió con rapidez y le dio la respuesta. Claro, aunque María buscará en su bitácora ninguna encontraría información de ella.

“Mi maestra de Kenbunshoku”

— Ah… que bueno que aprendas. El conocimiento es poder — le dijo sin entender que estaba aprendiendo pero animándolo a continuar — ¿Te ayudo con la cesta? — se propuso para apoyarlo, él parecía tan delgado e indefenso, y ella, bueno, ella tenía mucha fuerza una cesta sería nada para sus músculos no músculosos. El niño escribió algo rápido en la hoja.

“¿Quieres aprender también Kenbunshoku?”

— No, ni siquiera sé que es. Solo me parece que necesitas ayudas — respondió con honestidad. Solo quería pasear por el lugar, si tenía suerte se encontraría con chicos guapos, tal vez vestidos de blanco, quizás de ojos color ciruelas.

“… te puedo decir qué es pero es muy complicado… solo aprendo porque si lo hago… no sé, quizás pueda ver mi voz de nuevo. Puedes venir conmigo, pero yo cargaré mi cesta, Señorita. Seguro conocer a la Señorita Jalindra te encantará, es una persona amable y te podría explicar mejor que yo que es el Kenbunshoku. Muchas personas quieren aprenderlo ¿Sabia?”

María leyó con detenimiento las palabras en la libreta. ¿Algo que todos querían? Eso sonaba a una información interesante, y lo cierto es que ella no tenia nada que hacer… ¿por qué no ir a descubrir que era eso llamado Kenbunshoku? — Esta bien, te acompaño pero si te cansas de la cesta déjame ayudarte ¿Sí? — aceptó con su habitual sonrisa mientras el niño asentía con emoción, señaló un camino y empezó a andar con la cesta colgando de su codo derecho, en una mano la libreta y en la otra el lápiz.

La semisirena se ajusto a sus pasos. Disfrutando del paisaje y comunicándose con el niño quien respondía a través de la escritura. En un momento ella saco su propia libreta, del bolso de medio lado que llevaba siempre consigo, y se comunicó con él de esa forma.

“Holaaaaa Santi”

“Hola, Señorita Maria”

“¿No crees que es muy místico comunicarse con escritos? Tengo un amigo por cartas, es mi esposo de mentiras, es muy divertido escribirle, y hasta hace poco descubrí que si le llegaban.”

“Si, es muy espiritual… Eh. Espere. ¿Usted está casada? Por eso el anillo en su dedo anular.”

“Si, pero no. Tengo un Esposo de Mentiras no un Esposo de Verdad. Y el anillo es el recordatorio de un evento que vivimos juntos, y que unió nuestros caminos. Mira la inscripción… dice 30 O 16. Ese día… sucedió algo muy… digamos que poco común. Ambos guardamos un secreto. Un lazo, como una hermandad, teñido de mermelada de frambuesa.”

“No entiendo lo de la mermelada…”

“… mejor así, créeme.”

“Le creo. A veces formamos lazos con quien menos lo esperamos. Es bueno saber que tiene amigos. Yo casi no tengo, solo la Señorita Jalindra es mi amiga, por eso le llevo manzanas todos los días, u otras frutas cuando no encuentro manzanas”.


La mirada ambarina de la mestiza se quedo sobre las palabras escritas del joven. Aunque no dijera nada, pudo sentir la tristeza en estas — Ahora tienes dos, porque decreto aquí y ahora que somos amigos —  declaró revolviendo el cabello morado con ternura mientras lo veía sonrojarse y sonreír, él parecía feliz ante esa sentencia.

“Gracias, Señorita María. Sé que sus deseos son sinceros… por eso también declaró aquí y ahora que usted es mi amiga. Por cierto ¿Por qué lleva un cuadernito de notas con usted?”


— Me gusta mucho escribir pero la verdad es que tengo mala memoria para recordar las cosas importantes así que por eso las anoto. Por ejemplo, mira aquí dice que el Rey de Skypiea es un tipo grande y socialista. Y aquí dice que en el cuarto camino de izquierda a derecha desde la playa hay hongos venenosos porque Algodón de Azúcar lo dijo. Y en esta otra entrada dice que la piratería tiene un trasero llamado Triana Tempestad, salió en primera página del periódico, no olvidar... debo preguntarle por la rutina de glúteos para mi Unnie —  leyó algunas entradas compartiéndola con su más reciente alevín — … algún día tendré un sitio donde podré escribir de todo y nada, y el mundo me leerá. Mucho mejor que cualquier periódico actual. Te voy a contratar como redactor de la sección de Skypiea. ¿Sí? — le propuso un puesto de trabajo en su pequeño negocio soñado, el niño rio y asintió, lo cierto era que nunca había conocido a alguien como ella. Su aprendizaje del Kenbunshoku iba avanzando... podía usarlo, en el justo momento en que ella entro en su rango, supo que no representaba una amenaza… más bien le causo curiosidad genuina por eso la persuadió para ir con la Maestra Jalindra. Habían tantas personas en el mundo, pero tan pocas que realmente valieran la pena… por eso él sería un pollo de apoyo para la preciosa mujer.



Tercer Acto :: Los Caminos de Jalindra y Santiago.

Día 4, Año 18.
Primavera.
Recuerdos de Santiago Santangelo.

Fue hace cuatros años, justo después de la primavera, cuando mi familia fue asesinada delante de mis ojos. Entraron a casa a media noche sin avisar, mi madre al escuchar los sonidos me escondió detrás de una pared falsa dónde pude ver toda la masacre, una ejecutada desde el rencor y el odio, no había otra forma de catalogarlo cuando una vez muertos se ensañaron con sus alas como si el crimen y castigo proviniera de ese rasgo justamente. Mis padres eran artistas, viajábamos por el mundo llevando alegría con los instrumentos que más nos favorecían, por cierto, yo toco el saxofón. Pase dos días encerrado en ese agujero, mis lagrimas ya estaban secas y el miedo mermo reemplazado por rabia y deseos de venganza. ¿Hacía quien? Nunca lo supe, al día de hoy... desconozco la razón de aquel vil acto criminal. ¿Cómo termine en Skypiea? Mi tío me trajo, un marinero amante del mar que prefirió dejarme en un entorno seguro que en la tierra… Fue él quien me encontró, me ayudo a enterrar a mis padres, me consoló y aunque ya no tuviera voz, me animo a seguir adelante, es lo que hubieran querido mis padres.

¿Cómo conocí a Jalindra? Una mañana hace tres años, recogiendo manzanas en un árbol a las afueras del poblado de Birka. Esta riendo, no fingidamente, sino de esas sonrisas que alumbran el rostro y parecen provenir del alma. Con su tez morena, sus grandes ojos verdes y aquellas hebras como el sol más puro. En ese momento algo retumbo en mi corazón… ¿Se podía ser tan feliz? ¿Cómo él podría sonreír como ella? Desde que quede mudo producto de la masacre… no me sentía con ganas ni derecho a ser feliz. Antes, si reía y jugaba todos los días pero… cuando te arrebatan el sentido de la vida a tan corta edad… ¿qué más queda por hacer? Solo vivir en automático, y esperar el día en que todo acabe.

Los próximos días, y no me siento orgulloso de eso aunque lo volvería a hacer, la seguí… no como un acosador, solo me detenía en aquel camino que sabía ella tomaba para ir a quien sabe dónde, o iba a esa tienda que frecuentaba cuando se le acababa algún producto. Bueno, no voy a mentir, si parecía un acosador a mis siete años… pero era joven y estúpido, aun, después de tres años, sigo siendo joven y estúpido. Claro, para mi sorpresa ella siempre lo supo, que estaba ahí o allá. Por eso el día que me encaro preguntándome la razón de espiarla, ese día, sentí que mi voz se perdió aun más en la oscuridad. No supe que decir, por eso corrí como un cobarde, y en las próximas semanas no me atreví a aparecerme por dónde sabía estaría la rubia. Shanda, la vieja birkaniana que me cuidada por petición de mi tío, llego a pensar que estaba enfermo. ¡Llamo a un médico y todo! Por esa razón, retome mi rutina de salir de casa pero esta vez evitando los sitios dónde ella podría estar… en ese entonces, no lo sabía, pero había algo extraño, una sensación que me hacia voltear en una dirección u otra. ¿Acaso me estaba volviendo loco?

No, no estaba volviéndome loco. Primero fue cuando una pequeña piedra se estampo en mi frente, justo cuando voltee porque “sentía” vagamente que alguien cerca. Luego cuando un balde de agua me empapo… fue sentir esa sensación y plassssssh, el agua provino de un techo. Y así pequeñas cosas no tan frecuente. No lo supe hasta mucho después, cuando mi camino se cruzó con Jalindra, cuando ella me sonrió y me dijo: “¿Cuánto tiempo más vas a tardar en pedírmelo?” me soltó aquel cuestionamiento y se fue. ¿Qué debía pedirle? La duda quedo girando en mi cabeza por una semana, hasta que un mañana con libreta y lápiz en mano, decidí ir a preguntarle que significaba y fue cuando me encontré con algo que cambiaría mi vida… corta vida, pero vida al final del día.

Jalindra enseñaba algo llamado Haki de Observación. Al parecer una prodigio. De esos que no tienen que esforzarse por aprender nada, ni olvidarían como usar su voz. Al principio observe el sitio de lejos, no me atrevía a entrar. Hasta que una mañana ella misma me sorprendió — ¿Qué estamos viendo? — voltee enseguida, ahí estaba en su esplendor dorado. Abrí la boca, no salió ningún sonido, me sentí patético, baje la mirada, apreté el lápiz en mi mano, respire hombro y escribí “¿Qué debo pedirte?” me arme de valor para preguntar. Ella me sonrió de manera maternal y luego una pizca de travesura brillo en sus orbes verdes  — Mi autógrafo. Por eso me sigues ¿No? — No, yo no quería su autógrafo, me tomo por sorpresa, no la perseguía por eso, solo por la luz que irradiaba y esa sonrisa que me daba paz. Rápidamente escribí en mi libreta, la mano me temblaba por los nervios y su cercanía “No” fue lo único que me salió cuando ella lo leyó se carcajeó — Tonto, que te enseñe, eso hago. Lo de antes, cuando te molestaba ¿Me sentiste no, acercarme?  Eso enseño — me explicó, la confusión se tuvo que reflejar en mis ojos morados porque su sonrisa aumento. ¿Fue ella la de la piedra, la del agua, la de todo lo demás? — Si, y no, no soy adivina pero tu cara es muy transparente. Soy un prodigio por algo. Te veo, Santiago Santangelo, y aunque no pueda ayudarte a recuperar tu voz, puedo enseñarte otras cosas, como manejar esa percepción que tienes… — lo ultimo lo dijo muy seria dejando de hablar y pasando al dojo, dejándolo con la boca abierta, y con un deseo de saber más y más. Desde ese día me volvi su discípulo, y luego simplemente una persona habitual que como agradecimiento le llevaba manzanas, en el fondo me gustaba pensar… que eramos amigos.  Por eso los caminos de ambos se habían cruzado.



Cuarto Acto :: Jalindra La Prodigio.

Día 4, Año 18.
Primavera.
Hora: 10:15 a.m.
Poblado Birka, Zona en los cielos.

La caminata los llevó a un dojo, o un recinto dónde enseñaban algo. La ultima vez que María Merlot estuvo en uno aprendió Karate Gyojin. ¿Ahí podría seguir aprendiendo para hacer sentir orgulloso a su Maestreo Bacalao? Curiosamente había mucha gente, más de la que esperaría, seguro la mujer era muy famosa. Santiago Santangelo llevó a la mestiza a un sitio apartado, debajo de un árbol de manzanas, uno muy frondoso y verde si le preguntaban. A lo lejos se veía el dojo, las personas entrando y saliendo. María observó al niño extender una manta en el suelo, luego dejar la cesta en el medio y con una seña la invito a sentarse, ofreciéndole además una botella de agua. Ahora que lo pensaba tenía sed, mucha sed.

La bebió sin preguntar mientras se recostaba del tronco del manzano. Ese sitio le da paz, tranquilidad, tanto que por un segundo cerro los ojos dejándose arropar por el sonido de la naturaleza. El dolor en su abdomen aún era latente, con el paso de las semanas dejaría de molestarle tanto, o eso dijeron sus nakamas, que curiosamente ambos practicaban la medicina.

— ¿Quién es? — una voz se interno en la neblina de su somnolencia — ¿Sí? No puedes tomar decisiones por otros, Santangelo — primero sonó intrigada, luego con un matiz cariñoso llamaba su atención — Hay muchos, no sé si pueda hacerlo… pero por algo soy un prodigio ¿no? — la risa que soltó fue amable y simpática.

Cuando María abrió los ojos se encontró con una escena muy animada. Santiago y una mujer rubia jugando a las luchitas con sus dedos pulgares. La mujer rubia se estaba comiendo una manzana — ¡JA! Gane otra vez — declaró aplastando el dedo del niño, quien solo rodó los ojos con fastidio — Despertaste bella durmiente. Bienvenida a mi Dojo, soy Jalindra. Te enseñare el Kenbunshoku. No tengo mucho tiempo, hay otros que vinieron antes, lo justo es que los atienda a ellos primero pero si usas esa bonita cabeza tuya, y con ayuda de Santangelo, entenderás de que te hablo. ¿Me sigues? — habló con rapidez mientras la señalaba con la manzana a medio morder.

María parpadeo tres veces, inclinó la cabeza, y luego bostezó — No, no te sigo — respondió con honestidad, solo había ido ahí para acompañar al niño de hebras moradas — ¿Kenbunshoku? — preguntó confundida, fue lo que dijo el pequeño antes.

— Excelente pregunta, al punto y conciso, ojalá todos mis aprendices lo entendieran la primera. Veras, hay algo que los ojos no pueden ver pero tu si puedes sentir. A veces lo confunden con un sexto sentido, puede ser, no lo sé, lo que si sé es que lo puedes entrenar, la percepción extrasensorial totalmente distinto a tus sentidos habituales — explicó con emoción y pasión por lo que tenía años enseñando. La mestiza solo asintió sin entender nada, más allá de que podía desarrollar un sexto sentido ¿no? — ¿Estas confundida verdad? —  se detuvo la mujer y la miró directamente a los ojos, verde sobre ámbar —  Calma y concentración ante la adversidad, ve venir sin verlos realmente. Calma y Concentración es la clave —  se acercó a ella y la tomó por las mejillas intentandola hacer entender esos dos conceptos — … te vi antes, en la arena, con el Señor Pawurs. Puedes hacerlo en el agua. Vayan a la cascada, debajo de ella, deja que el agua te enseñe calma y paciencia, también cuando la vida misma intente acercarse… es un método difícil pero efectivo —  la soltó sonriéndole con nobleza y una pizca de diversión, si la alumna era una mestiza, entonces le enseñaría en su elemento — Santangelo, llévala a la Cascada… guíala, yo los alcanzó luego, tengo muchos estudiantes ahora, pero confió en que podrá entenderlo con la explicación que le he dado… pero por si acaso, no la dejes sola —  lo último lo susurro para que María no escuchará. Lo cierto es que con los Juegos del Emperador, la isla se llenaba de turistas entonces muchos terminaban queriendo aprender esto y aquello, llenando su dojo y el de otros maestros. El porcentaje de éxito era bajo pero… ¿Quién era Jalindra para no darles la oportunidad? Después de todo, Jalindra La Prodigio podía con eso y más.



Quinto Acto :: La Cascada Extrasensorial.

Día 4, Año 18.
Primavera.
Hora: 11:37 a.m.
En algún lugar de la selva, Zona en los cielos.


La mestiza siguió al joven birkaniano de cabello morado. El camino tranquilo y agradable se extendía por el oeste del dojo de la dama de ojos verdes. María Merlot no entendía bien la razón para seguir al niño. ¿Para qué le serviría ver sin ver? ¿Tener más sentidos que los demás? Abrió la boca para preguntarle a su guía pero luego los grillos hicieron “Eureka”. Antes, en la isla dónde el gigante casi mato a su hermana, tal vez y solo tal vez, ella hubiera sentido su presencia antes de escucharlo o verlo destrozar la pared, hubiera podido alertar a la Valkiria Besada por el Sol, tal vez y solo tal vez, ella hubiera sentido también al monstruo en el lago… y tal vez y solo tal vez, hubiera entendido mejor a la dama quemada con los verdaderos sentimientos que sus palabras no podían exteriorizar.

Luego de la caminata en silencio, llegaron a una cascada que terminaba en un pequeño lago. Antes de preguntar Santiago se volteo y mostró su libreta, había estado escribiendo durante todo el sendero “Señorita María, en la cascada, debajo de esta, debe colocarse y meditar un buen rato. Si usted posee un poco, aunque sea un poco, de talento para el Haki será fácil, un entrenamiento intensivo pero sino tendremos que llevar más tiempo. Es lo de menos, lo importante es que medite, se sienta uno con su entorno así podrá percibir lo que realmente debe percibir, aunque sea muy básico. No descifrará los secretos del universo pero si podrá... extender una parte de usted... no sé como decirlo, y ser una con su entorno. Soy terrible para esto...”

La fémina leyó, y releyó. ¿Su entrenamiento consistía en mojarse? No le parecía terrible, considerando que la ultima vez que entreno bajo la tutela de un maestro termino haciendo trabajo doméstico, claro, volvería a subir aquella montaña de bonsáis y haría nuevamente cada una de esas actividades, las enseñanzas de su Maestro Bacalao no solo iban hacia lo bélico sino también hacia la vida misma.

Quitándose el suéter, los zapatos y el pantalón, no sin antes sonreírle a Santiago y explicarle que siempre iba con un traje de baño debajo de su vestimenta. La marca de una pata en su estómago era visible para todos. El niño suspiro aliviado, mientras ella saltaba de una roca a otra, y se colocaba en el centro de la caída del agua. Ahí se dejo primero mojar por la cortina de agua, luego se sentó en posición de loto. Estar quieta y en calma sería todo un desafío para ella.

El sonido del agua cayendo. El frescor en cada parte de su cuerpo. Al principio si se dejo invadir por lo que sentían sus sentidos pero… siendo tan hiperactiva como era, termino pensando en lo increíble que era su Unnie, quien la cuido con tanto amor durante los momentos tan difíciles. Luego pensó en Hyakinthos, su maravilloso médico… que no la cuido porque estaba pendiente de EL MACHO. ¿Cómo seguiría EL MACHO? María Merlot esperaba que mucho mejor, o quizás, fingía convalecencia para acaparar a su Algodón de Azúcar, tendría que tener una conversación muy seria con Bartolomiau. Y eso la hizo recordar a Vivi… ¿Dónde habrá quedado? Su ultima vista de ella fue cuando el Malvado y Despiadado Monstruo Cocinero se la llevó. Tenía que llamarla y buscarla, preguntarle si estaba bien, porque la mestiza creía que ninguna mujer podría estar bien cerca de ese desalmado hombre hacedor de sopas y ensaladas, y destructor de autoestimas. Seguro le estaba diciendo a Vivi que era una inútil, débil, pusilánime, fea como hizo con Maki D. Zennin, porque eso fue lo que la Valkiria Besada por el Sol le dijo… que Uker Rackham la menospreció, maltrato mental y emocionalmente y luego abandono ¿No?

Los parpados de María se abrieron, viendo a través del agua al tiempo que abría la boca y tomaba un poco de la misma. No supo cuando tiempo paso, pero ya se había aburrido. Se levantó y salió de la cascada, sentándose al lado de Santiago quien la vio con curiosidad — ¿Ya lo sé? — preguntó la chica, el niño solo negó con la cabeza — … me aburrí, no me gusta este entrenamiento — murmuró abrazando sus piernas y mirando hacia el pequeño lago. Sintió una mano en el hombro, pudo jurar vagamente que antes de que se la colocaran, también la neblina de una intención, y llámenla loca, como de simpatia. Lo que la hizo voltear y mirar al chico con la libreta alzada.

“Es difícil al principio, lo sé. Pero la calma te ayudará a sentir lo que tus ojos no pueden percibir, recuerda lo que te dijo la Señorita Jalindra. Ella busca que apagando tu vista, puedas contactar con tu sensibilidad extrasensorial. Solo ha pasado una hora. Tú puedes”.

María hizo un morrito con sus labios, suspiró y recordó que debía ser fuerte y tener habilidades bajo la manga para proteger o ser de ayuda a sus nakamas. Así que se levantó y regresó a la cascada, sentanda nuevamente en posición de loto, y sorprendentemente enfocando toda su energía en hacer nada, solo paz y tranquilidad. Su cerebro se silenció, no habían grillos ni cebras. Una misma, con todo, con nada. La verdad quizás se durmió en un par de oportunidades. Si con el maestro Bacalao no entendió nada menos ahora, no sabía que buscaba sentir, ni como aprenderlo… dudaba que estar debajo de esa cascada ayudará en algo. Se estaba frustrando. Tal vez lo mejor era regresar al Dojo y esperar que Jalindra se lo enseñará con otro método más fácil. Porque eso si, ahora tenía mucha curiosidad sobre aprenderlo.

Cuando la mujer de hebras rosadas abrió los ojos el cielo estaba oscuro. Las estrellas habían salido. Se levantó y parpadeó. ¿Cuánto tiempo estuvo meditando? ¿Y si medito? No lo sabía… aunque se sentía un poco mareada. Salto de roca en roca llegando a Santiago, quien si estaba dormido sobre el suave césped. María se sentó un rato al ver el cielo… ¿fue una perdida de tiempo? No lo sabía pero el agua siempre la hacia sentir bien, así que se iría con una gran sonrisa. Se vistió, luego tomo al niño entre sus brazos y procedió a… ¿A qué? Si ella no sabía orientarse. Bueno, eso nunca la había detenido, así que tomo el primer camino que vio, el equivocado por supuesto.

Camino un rato internándose en el espeso bosque. La luz de la luna apenas se filtraba por las ramas dejándola ver un poco del sendero. Pensó en despertar al niño pero ella podría lograrlo, si navegaba el Flush Royal encontrar el camino al Dojo sería pan comido. Por alguna razón, tenia una sensación rara en el cuerpo como si ese bioma estuviera más vivo que nunca. Un animal a la izquierda, ella volteo antes de que se moviera, un ave más allá de un par de ramas, difícil de ver hasta para su buena vista pero es que ella… no lo estaba viendo, sino como un imán muy débil que la hizo mirar hacía allá, ahora si se volvió loca, y de remate.

De pronto tropezó, pero no se cayó, solo se detuvo. Miró al joven en sus brazos. Frunció los labios. Alguien la estaba viendo, y eso si no era por su locura, luego de años de ser observada por su increíble belleza, ella tenia maestría para saberlo. Y esó se mezcló con una sensación vaga sobre eso y con un poco de miedo porque sabía, por experiencia propia… que ninguna intención entre el abrigo de la oscuridad era positiva, nada bueno. Trago saliva, siguió andando pero con un paso más apresurado, no había nada más que ellos ahí, si, eso. Se repitió. Pero la sensación no se iba, más bien aumentaba por el pánico de ser nuevamente una victima. Antes vio, en el torneo como habían personas muy excepcionales. Apretó el cuerpo del niño dormido contra su pecho.

La piel se le erizo, cuantas veces vio... lujuria, hostilidad, burla en las personas a su alrededor pero una cosa era verlo y otra estar imaginandose eso porque su corazón estaba llevando una corazonada infundada por su pasado a los extremos... como… como si los grillos en su cabeza estuvieran resonando a otra frecuencia. Volteo, giró sobre su propio eje. No vio a nadie, sus ojos no veían nada, claro la oscuridad de la selva no ayudaba mucho. Empezó a correr, el miedo la invadió, porque sentía en su piel… algo vago que no lograba etiquetar ¿Locura? ¿Cobardía? ¿Esquizofrenia? No sabía de dónde provenía, seguro fue culpa de ese mono gyojin anciano. Fue entonces cuando… la sensación se hizo más fuerte, inentendible pero latente, tanto que esta vez volteo, justo a tiempo para ver una mano enorme viendo hasta ella, se echó hacia atrás, tropezando con un tronco y cayendo sobre su trasero sin soltar a Santiago, quien se despertó al fin. Quizás escucho los pasos del monstruo sobre las ramas, tal vez fue su ansiedad protegiéndola, o su buena suerte haciendose presente.

— Hola muñeca — un hombre espantoso, como el gordo marrón de la arena pero más grotesco, sin varios dientes — ¿Por qué corres? Solo quería saludarte y decirte que nunca había visto a nadie tan hermosa como tu — escupió con una sonrisa repulsiva y melosa, pero… pero algo en María gritaba HUYE HUYE HUYE. 

— Hola… — sonrió, algo forzada bajando a ver a Santiago que tenía los ojos abiertos como platos como si estuviera viendo más cosas que ella no... — … me asustaste, por eso corrí pensé que era un enorme oso, y los osos son carnívoros pero yo no… — le hablo atrayendo su atención, porque cuando el tipo veía al niño a ella se le erizaban los vellos de los brazos, y cuando se enfocaba en ella también pero era como muchos otros hombres… no necesitaba un doctorado para identificar la lujuria podría trabajar con esta, pero con violencia no y ese tipo parecía muy energúmeno. María aprovecho para soltar la sujeción con el joven, incitándolo sin hablarle a que se parará, cuando el chico lo hizo ella también. Colocándose un paso por delante de él, protegiéndolo de la vista del aparecido.

— Un oso jra jra jra — la risa salió vulgarmente, acompañada de saliva. Un tipo desagradable — … puedo ser lo que tú quieras que sea, muñeca. Quien iba a decir que un viaje en un barco mercante me traería a este momento. De verdad estoy impactado con tu belleza… me hace desear descubrir más y más… claro, de manera amigable — pronunció recorriendo con su mirada el cuerpo de María, sus ojos gritaban lujuria pero algo más allá, o tal vez los grillos en su cabeza le decían vagamente que no confiará, que no era amigable, y que “descubrir más iba bañado de poco decoro”.

— Es bueno saberlo, me gusta ser amigable — respondió con una risa nerviosa. No era de las que entraba en pánico pero aquel hombre parecía tener un efecto sobre ella, como si lo que sintiera realmente, ella lo experimentará en carne viva… y lo que estaba sintiendo era todo y a la vez nada, y aun así no había amigabilidad en este... pero tan confuso y distorsionado que no sabía como llamarlo... Loca, se había vuelto loca... — … pero es hora de irnos, porque nos están esperando en casa. Espero podamos vernos en otra ocasión. Te presento encantada a mis nakamas — sonrió con encanto haciéndole una seña a Santiago para que avanzara. Cuando el niño dio un paso, la mirada del sujeto se volvió filosa. Y la sensación nublada a su alrededor la hizo tragar saliva.

Intenciones vagas... ¿Alucinaba? ¿Desde cuando era una juzgadora? Desde que era difícil con el individuo frente a ella.

María ignoró como sabia eso pero lo sabía, y se iba a dejar guíar por eso — ¡Corre! — le ordenó a Santiago interponiéndose entre el hombre y él — … no sé que quieres pero si me haces daño o al niño mis nakamas te harán puré de cerdo — lo amenazó con firmeza.

— … pero yo solo quiero ser tu amigo, muñeca. Y los amigos pueden jugar, y tocarse, y saborearse — las intenciones vagas que sintió antes ahora eran exteriorizadas en sus palabras. Un cerdo más, como muchos hombres que conoció en su pasado, por eso, aunque no tuviera esa sensación en su piel, lo hubiera leído al instante, justo como hizo.

— Si, claro. Y yo soy la Reina de Drum — bufó la mestiza apretando su puño listo para desencajarle la mandíbula si hacía falta — … estas mintiendo, lo sé... ¿Sabes cuantos monstruos como tu he conocido? Muchos... y te advierto, si te acercas un paso más te voy a golpear — advirtió, no era fanática de la violencia pero debía dar tiempo a que el niño huyera, claro, cuando él corrió para escapar del escenario… no le pareció que estuviera asustado, sino más bien... ¿divertido?… definitivamente, ese primo gyojin mono, no solo le saco la fruta del diablo sino también la cordura, si alguna vez la tuvo.

— … lo quería hacer por las buenas pero ya que insistes — se lanzó contra ella, pero María lo esquivo con facilidad, después de todo quedo en tercer lugar en la prueba de agilidad, era la tercera persona más rápida en esa isla. Él se veía grande, grasoso, asqueroso y para cualquiera que midiera menos de ciento ochenta centímetros poderoso pero… ella vagamente, o tal vez los grillos, le decían que era débil, muy débil, y la manera tan fácil de esquivarlo se lo demostró.

Lo iba a golpear cuando sintió seguridad... entonces, se distrajo por eso, volteo a hacia los lados, venia de la dirección por la cual se fue Santiago, en ese intervalo de duda el hombre la sujeto por el brazo. Ella gimió por el dolor, pero al segundo siguiente. Algo lo golpeo a él noqueándolo y enviándolo varios metros hacia atrás hasta estamparlo contra un árbol.

— No sé quién seas, no sé por qué haces esto pero esta tierra es de no agresión. Me encargaré de que te expulsen y nunca más puedas volver — Jalindra apareció, era ella que brillaba sin brillar. María parpadeo, sobándose el brazo y de la nada Santiago saltó a abrazarla — ¿Estas bien? — preguntó la mujer de ojos jade.

— … lo estoy, muchas gracias por ayudarme — abrazo al pequeño niño alado mientras respondía a la maestra del haki — … aunque estoy alucinando con cosas muy extrañas… yo, tal vez deba volver a mi cama en la vivienda dónde me estoy quedando con mis nakamas — musito un poco confundida. La risa de Jalindra se escuchó por el sitio.

— … ¿Cosas extrañas como una neblina confusa que no te permite ver pero te permite ver? ¿Cómo las intenciones de este cerdo? Porque su lujuria y hostilidad la sentí a kilómetros — exageró un poco, para tomarlo por el pescuezo y arrastrarlo consigo, haciéndole una seña para la que la siguiera — … de eso se trata lo que enseño. Percepción de la presencia. Percepción del poder. Percepción de las emociones. Enseño a que eso que siente vagamente, sepas que es algo que puedes desarrollar para tu beneficio. No es fácil controlarlo, algunas veces lleva más tiempo del que alguien dedicaría a una actividad, otras veces, eventos extremos pueden llevar a exponerlos empíricamente. Puedes seguir entrenándolo, cada día, meditando, escuchando tu voz interior, se hará más y más fuerte… y podrás entender muchas más cosas… más allá de la superficialidad del mundo — iba explicando.

La Reina de Estrellas de Valar, asintió distraídamente. Lo cierto es que estar en contacto con una parte de si misma mientras medito la ayudo a escuchar una lejana voz, por encima de los grillos, o lo que fuera, que le permitió percibir confusamente cosas en la oscuridad del bosque. Le sorprendía, o más bien nunca dejaba de hacerlo, todo lo que el planeta azul ocultaba. A veces se sentía como un grano de arena en la inmensidad de una playa. ¿Ella algún día podría ser alguien? Esperaba que sí, alguien que sumara a los objetivos de Hyakinthos y Maki D. Zennin.

Santiago Santangelo, su nuevo amigo. La acompañó hasta la zona donde residía actualmente. Si ella hubiera intentado seguir el camino, seguro volvía a perderse. En la calidez de la habitación, se desvistió y metió a la bañera, dónde se lavó y descansó un rato mirando el techo. Cerro los ojos, respiro profundo. Ahí estaba de nuevo, no sabía como lo hacía pero podía vagamente percibir algo más allá de la pared, en la habitación de al lado a alguien… ¿Su Unnie? ¿Una mucama? No lo sabía, lo que si es que no se parecian en nada a lo que el cerdo en el bosque le produjo. Cuando abrió de nuevo los ojos pensó que eso era una completa locura, ver sin ver. ¿Qué tanto podría hacer con eso? Debía, e iba a descubrirlo pero por ahora se pondría su pijama y volvería a la cama, fue un día largo, demasiado y hasta ella debía descansar. Mañana seguiria meditando, mañana era un nuevo día para descubrir los misterios que ocultaba cada gota del agua del inmenso océano. 




ESQUIZO ESQUIZO MERLOT
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
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On The Ground :: PR - por Maria Merlot - 27-08-2026, 01:35 AM
RE: On The Ground :: PR - por Saint Topman Warcury - 28-08-2026, 03:14 PM

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