22 de Verano, Año 18
El graznido de una gaviota hizo que me despertase de sopetón y que me arrastrase por la arena intentando apartarme del origen de aquel sonido instintivamente. Aun con el corazón en el puño y con cara de auténtico terror, me quedé mirando al ave que parecía no tenerme nada de respeto, pues se acercó a mí y comenzó a picotear los cordones de mis botas. ¿Qué pasó ayer? Estaba amaneciendo y me encontraba tirado en la arena, a la orilla de la playa. Escupí con torpeza intentando sacar de mi boca algunos granos que se habían colado en ella por haber estado durmiendo en la intemperie y es que desde que habíamos llegado a Punk Hazard no hubo noche que no fuera una fiesta. Giré levemente mi torso y gran parte de la cala en la que me encontraba estaba repleta de madera quemada, jarras, barriles, carne a medio comer y brasas de hogueras que se estaban consumiendo. Tuvo que ser una fiesta la mar de interesante en la que sólo quedaba yo, y lo que más rabia me daba era que no me acordaba de absolutamente nada.
-Ugghh… -me quejaba por el dolor de cabeza mientras ponía mi mano derecha en mi frente y miraba al cielo, dejando caer mi tren superior en la fina arena de la playa. -Mierda… -maldecía en voz alta al mismo tiempo que la gaviota seguía picoteando mis botas. -Maldito pajarraco, ¡fuera de aquí!
Pegué una patada para espantar a mi molesto acompañante, que se fue volando hacia la selva. -Si no bebí casi nada.
Y era cierto, pero pese a ser tan grande y todo lo contrario a lo que pudiera parecer, el alcohol me sentaba realmente mal. Suspiré y dejé que pasaran unos minutos con los ojos cerrados, estaba tan cansado que me era más sencillo expandir mi haki de observación que moverme para intentar percibir si había alguien a mi alrededor para preguntarle qué diablos pasó anoche. Para mi desgracia, mis sospechas se confirmaron y no había nadie en toda la playa. Me levanté lentamente y agité las alas para librarlas de la arena pegajosa que las cubría. Moví con fuerza la cabeza, los brazos y las piernas para intentar quedarme lo más limpio posible y me dirigí a la selva para ver si encontraba a alguien.
Tras tres kilómetros caminando selva adentro, terminé por perderme y, aunque podría haberme ido volando, me dolía tanto todo el cuerpo que prefería estar desorientado. Alcé la mano y agarré un mango; me senté en el tronco de un árbol que estaba caído en el suelo y, mientras comía, decidí tomar un pequeño descanso.
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![[Imagen: fqQSUZC.png]](https://i.imgur.com/fqQSUZC.png)
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