25-08-2026, 07:30 PM
(Última modificación: 25-08-2026, 07:33 PM por Miyori Hoshino.)
La manera en que nuevas personas lelgan a nuestras vidas siempre suele ser diferente, algunas pueden conocerte de una manera casual, otras por medio de una desdicha, y otras… aparecen ofreciendo una mano salvadora.
Me sostuve con fuerza de la baranda de la aquella rueda giratoria, encogida sobre mí misma, aunque mis pies parecían estar a punto de salir de la plataforma, no escuchaba más que las risas de los infantes quienes no dejaban de repetir “¡más rápido!”, mis manos se sentían como mantequilla sobre el metal y, cuando pensé que ya no podría resistir más… de pronto, la rueda se detuvo.
Por el impacto, reboté contra el suelo de metal, golpeándome la cabeza, un quejido escapó de mis labios mientras el mareo comenzaba a sentirse, acompañado de aquel desagradable malestar que oprimía mi estómago.
Escuché la voz de alguien aunque con mis sentidos distorsionados apenas podía comprender sus palabras, mucho menos era capaz de responderle en aquel momento. Abrí lentamente los ojos mientras me incorporaba hasta quedar sentada, “Los niños son crueles” dijo aquella voz entre risas.
En ese momento levanté la mirada para reconocer al dueño de aquella voz, de aquella persona que me había sacado de ese apuro, y desde de la posición en la que me encontraba, lo primero que pude distinguir fueron sus ojos escarlata, intensos y brillantes, contrastando con el azul de un cielo despejado que se extendía detrás cuál fondo artístico, su piel nívea y su cabello azabache destacaban aún más bajo aquella luz del cielo, y su rostro habían prueba de una historia de algún peligro al que se había enfrentado o simplemente el infortunio de una vieja herida hecha cicatriz.
— G-gracias… — dije con voz leve y temblorosa aunque cargada de agradecimiento de mi parte, mi mano derecha se aferró al tubo más cercano y, haciendo un poco de fuerza, intenté ponerme de pie. Mis rodillas temblaban mientras mi cabeza continuaba dando vueltas.
Tomé la bolsa que él me ofrecía y la acerqué a mis labios, dejando bastante claro que realmente sentía que iba a vomitar, sin embargo, solo pude tener un par de arcadas sin que mi estómago llegara a devolver nada, al menos había logrado contenerse. — Un poco más en esa rueda y creo que de verdad me habría vomitado encima… — mencioné con una sonrisa tenue, sintiéndome un poco más tranquila… – Mi nombre es Miyori Hoshino… ¿Puedo saber el nombre de mi salvador?
Me sostuve con fuerza de la baranda de la aquella rueda giratoria, encogida sobre mí misma, aunque mis pies parecían estar a punto de salir de la plataforma, no escuchaba más que las risas de los infantes quienes no dejaban de repetir “¡más rápido!”, mis manos se sentían como mantequilla sobre el metal y, cuando pensé que ya no podría resistir más… de pronto, la rueda se detuvo.
Por el impacto, reboté contra el suelo de metal, golpeándome la cabeza, un quejido escapó de mis labios mientras el mareo comenzaba a sentirse, acompañado de aquel desagradable malestar que oprimía mi estómago.
Escuché la voz de alguien aunque con mis sentidos distorsionados apenas podía comprender sus palabras, mucho menos era capaz de responderle en aquel momento. Abrí lentamente los ojos mientras me incorporaba hasta quedar sentada, “Los niños son crueles” dijo aquella voz entre risas.
En ese momento levanté la mirada para reconocer al dueño de aquella voz, de aquella persona que me había sacado de ese apuro, y desde de la posición en la que me encontraba, lo primero que pude distinguir fueron sus ojos escarlata, intensos y brillantes, contrastando con el azul de un cielo despejado que se extendía detrás cuál fondo artístico, su piel nívea y su cabello azabache destacaban aún más bajo aquella luz del cielo, y su rostro habían prueba de una historia de algún peligro al que se había enfrentado o simplemente el infortunio de una vieja herida hecha cicatriz.
— G-gracias… — dije con voz leve y temblorosa aunque cargada de agradecimiento de mi parte, mi mano derecha se aferró al tubo más cercano y, haciendo un poco de fuerza, intenté ponerme de pie. Mis rodillas temblaban mientras mi cabeza continuaba dando vueltas.
Tomé la bolsa que él me ofrecía y la acerqué a mis labios, dejando bastante claro que realmente sentía que iba a vomitar, sin embargo, solo pude tener un par de arcadas sin que mi estómago llegara a devolver nada, al menos había logrado contenerse. — Un poco más en esa rueda y creo que de verdad me habría vomitado encima… — mencioné con una sonrisa tenue, sintiéndome un poco más tranquila… – Mi nombre es Miyori Hoshino… ¿Puedo saber el nombre de mi salvador?
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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