25-08-2026, 07:28 PM
(Última modificación: 25-08-2026, 07:29 PM por Nyra Kuroshiro.)
Me siento a su señal, lista para escuchar la historia.
Enseguida visualizo la noche y la luna llena, y observo emocionada, pues así empiezan muchas historias de terror. Tras un naufragio del que salieron vivos de milagro, casi siento estar dentro cuando menciona los cubículos de roca en los que Kibai despertó junto a desconocidos. ¡Y algunos eran piratas! ¡Piratas que me encontré en las pruebas! ¡¿Y tuvieron que trabajar juntos contra un enemigo común para sobrevivir?! ¡Era cada vez más parecido a lo que nos pasó en Kutsukku!
Cada vez más inclinada hacia delante, escucho cómo tras matarlo y sin una confesión, las paredes se desmoronaron y pudieron salir por los pelos. Fuera de allí, en una torre… ¡estaban Pawurs y el que vendía las frutas! Al parecer los ayudaron a cambio de negocios, pero en esa situación nadie tenía demasiado dinero encima y se fueron con las manos vacías. Pero eventualmente sí que les saldría bien la jugada, porque ¡Runin tiene la misma fruta que el tipo al que se enfrentó Kibai! ¡Qué giro de los acontecimientos más raro!
Y, al final, tras unas palabras más…, se durmió.
Mi cola quedó colgando, sin saber qué hacer. ¡¡Tengo muchas preguntas!! ¡Y también quería compartir mi historia con Kibai y hablar de las similitudes de todo lo que pasó! ¡¡No puede dormirse ahora!! Aaaaaaaayyyyyyyyy…
Tras un largo suspiro, finalmente me pongo en pie y lo observo. Está agotado y es normal, pobrecito… Con un vistazo a la habitación, me fijo también en que la jarra de agua está vacía, así que voy a por ella procurando hacer el menor ruido posible.
Antes de macharme, no sólo la dejé nuevamente con agua en su lugar, sino que también dejé junto a esta un par de plátanos por si se despertaba con hambre en medio de la noche y también cerré del todo la contraventana. De ese modo, la luz no lo molestaría al alba.
Una vez con todo listo, cojo mi mochila y salgo de la casa, cerrando bien la puerta. Mientras había estado cocinando, llamé a Kael para conocer la ubicación exacta de nuestra vivienda, así que sabía dónde ir. Sin embargo…, una vez sola, los mismos pensamientos que me llevaron rondando desde la mañana volvieron a invadirme. Comencé a caminar sin fijarme en mis pasos ni a dónde me llevarían.
Me despierto con los primeros rayos de sol y me apresuro a llegar al lugar en el que se hospeda Kibai.
Como al final no sé qué habría querido desayunar, preparo un pequeño cuenquecito con macedonia, otro más grande con cereales, zumo de naranja, leche, un café muy caliente y, por último, un par de tostadas acompañadas por dos pequeños recipientes, uno con mantequilla y otro con mermelada de fresa.
Cuando consigo que quepa todo en la bandeja de puro milagro, camino leeeentamente hasta la habitación de Kibai, asegurándome de no tirar nada. Sabiendo ya que había un mueble antes de entrar, apoyo ahí la bandeja y golpeo suavecito la puerta de la habitación.
―¿Se puede? ―pregunto lo bastante alto como para que me escuche, pero rezando para no despertarlo si no era el caso.
Enseguida visualizo la noche y la luna llena, y observo emocionada, pues así empiezan muchas historias de terror. Tras un naufragio del que salieron vivos de milagro, casi siento estar dentro cuando menciona los cubículos de roca en los que Kibai despertó junto a desconocidos. ¡Y algunos eran piratas! ¡Piratas que me encontré en las pruebas! ¡¿Y tuvieron que trabajar juntos contra un enemigo común para sobrevivir?! ¡Era cada vez más parecido a lo que nos pasó en Kutsukku!
Cada vez más inclinada hacia delante, escucho cómo tras matarlo y sin una confesión, las paredes se desmoronaron y pudieron salir por los pelos. Fuera de allí, en una torre… ¡estaban Pawurs y el que vendía las frutas! Al parecer los ayudaron a cambio de negocios, pero en esa situación nadie tenía demasiado dinero encima y se fueron con las manos vacías. Pero eventualmente sí que les saldría bien la jugada, porque ¡Runin tiene la misma fruta que el tipo al que se enfrentó Kibai! ¡Qué giro de los acontecimientos más raro!
Y, al final, tras unas palabras más…, se durmió.
Mi cola quedó colgando, sin saber qué hacer. ¡¡Tengo muchas preguntas!! ¡Y también quería compartir mi historia con Kibai y hablar de las similitudes de todo lo que pasó! ¡¡No puede dormirse ahora!! Aaaaaaaayyyyyyyyy…
Tras un largo suspiro, finalmente me pongo en pie y lo observo. Está agotado y es normal, pobrecito… Con un vistazo a la habitación, me fijo también en que la jarra de agua está vacía, así que voy a por ella procurando hacer el menor ruido posible.
Antes de macharme, no sólo la dejé nuevamente con agua en su lugar, sino que también dejé junto a esta un par de plátanos por si se despertaba con hambre en medio de la noche y también cerré del todo la contraventana. De ese modo, la luz no lo molestaría al alba.
Una vez con todo listo, cojo mi mochila y salgo de la casa, cerrando bien la puerta. Mientras había estado cocinando, llamé a Kael para conocer la ubicación exacta de nuestra vivienda, así que sabía dónde ir. Sin embargo…, una vez sola, los mismos pensamientos que me llevaron rondando desde la mañana volvieron a invadirme. Comencé a caminar sin fijarme en mis pasos ni a dónde me llevarían.
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3 de Primavera
7:53 a.m.
Casa donde se hospeda Kibai
Me despierto con los primeros rayos de sol y me apresuro a llegar al lugar en el que se hospeda Kibai.
Como al final no sé qué habría querido desayunar, preparo un pequeño cuenquecito con macedonia, otro más grande con cereales, zumo de naranja, leche, un café muy caliente y, por último, un par de tostadas acompañadas por dos pequeños recipientes, uno con mantequilla y otro con mermelada de fresa.
Cuando consigo que quepa todo en la bandeja de puro milagro, camino leeeentamente hasta la habitación de Kibai, asegurándome de no tirar nada. Sabiendo ya que había un mueble antes de entrar, apoyo ahí la bandeja y golpeo suavecito la puerta de la habitación.
―¿Se puede? ―pregunto lo bastante alto como para que me escuche, pero rezando para no despertarlo si no era el caso.
Ayudante de enfermería
