25-08-2026, 06:43 PM
Ubbe permaneció en silencio mientras Dharma hablaba; Poder, caos, destrucción, conquista, eran palabras que harían fruncir el ceño a mucha gente, pero a él no. De hecho, cuanto más escuchaba al espadachín, más entendía que, aunque sus caminos parecían distintos, ambos caminaban en una dirección parecida.
El mundo estaba podrido.
Los nobles, el Gobierno, los Dragones Celestiales, las cadenas invisibles que decidían dónde podía vivir una persona, qué podía hacer y hasta cuándo podía soñar. Todo aquello merecía desaparecer. Ubbe no lo había pensado siempre de aquella forma, solo odiaba a los marines y al gobierno por lo que le hicieron a su antiguo mentor, a Kal, y por ellos simplemente queria ser el mas fuerte, pero había sido Sigurd quien le había enseñado a mirar más allá de su propia fuerza, más allá de sus propias peleas.
Le había enseñado que la libertad no era algo que te concedieran, era algo que se conquistaba.
Y cuanto más viajaba, más comprendía que había demasiadas cosas en aquel mundo empeñadas en impedirla, su mirada se desplazó hasta Sigurd durante unos segundos. Aquel idiota gigante sentado frente a él era la persona a la que había decidido seguir. No porque fuera el más sabio, ni porque fuera el más responsable.
Sino porque era el único hombre que había conocido capaz de mirar al mundo entero y decirle que se fuera al infierno, y encima hacerlo sonriendo. Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Ubbe.
Quizá Dharma aún no era familia, eso se ganaba con el tiempo, pero podía verlo formando parte de aquello.
Porque al final no importaba de dónde viniera un hombre, importaba hacia dónde caminaba.
Y el Ragnarok navegaba hacia un futuro donde nadie pudiera arrodillarse ante nadie, aunque para construirlo primero hubiera que reducir el propio mundo a cenizas.
Ubbe apoyó ambos antebrazos sobre la mesa, haciendo crujir ligeramente la madera bajo su peso. Su mirada pasó de Dharma a Sigurd y luego a la jarra de cola zero que sostenía entre las manos. Durante unos segundos permaneció callado, observando cómo la espuma descendía lentamente por el cristal.
- Cuando era más young pensaba que hacerme fuerte era suficiente, baby... - Su voz salió tranquila, muy distinta a la que utilizaba durante los combates. - Pensaba que si podía derrotar a cualquiera... entonces nadie volvería a arrebatarme nada.
Bebió un largo trago de cola zero antes de continuar.
- Pero cuanto más viajo... más people conozco... más me doy cuenta de que siempre aparece someone diciéndole a otro cómo tiene que vivir. Reyes. Nobles. Marines. Gobiernos. Da igual el name que lleven.
Sus dedos golpearon una vez la mesa. - Siempre hay alguien intentando poner chains - La sonrisa que apareció entonces fue pequeña, pero sincera. - Así que supongo que quiero lo mismo que tú, Karma. Poder. - Se encogió ligeramente de hombros. - La diferencia es para qué quiero usarlo. - Sus ojos terminaron posándose sobre Sigurd.
- Yo quiero ser el hombre más fuerte del mundo. - No lo dijo con arrogancia. No sonó como una fanfarronada. Sonó como una certeza, como si simplemente estuviera describiendo algo que todavía no había ocurrido.
- Y cuando llegue ese día... nadie podrá obligar a nadie a agachar la head delante de mí, solo prevalecerá la ley del mas fuerte. - La sonrisa se volvió algo más salvaje. - Porque si el mundo entero está construido sobre cadenas... entonces habrá que romper el mundo entero.
Ubbe soltó una carcajada grave y relajada antes de levantar la jarra.
- Aunque bueno... como decís, primero tendremos que conseguir un barco donde quepamos los tres sin hundirlo, baby.
La broma suavizó el ambiente, pero en el fondo había algo de verdad en todo aquello. Porque mientras observaba a Sigurd al otro lado de la mesa y a Dharma sentado frente a él, tuvo la sensación de que aquel era solo el principio.
Skypiea había terminado, los juegos habían terminado. Pero el Ragnarok acababa de hacerse más grande.
Y, por primera vez desde que habían llegado a aquellas nubes, Ubbe sentía que el camino que tenían delante era mucho más interesante que cualquier premio que Zaratsuki hubiera podido ofrecerles.
El mundo estaba podrido.
Los nobles, el Gobierno, los Dragones Celestiales, las cadenas invisibles que decidían dónde podía vivir una persona, qué podía hacer y hasta cuándo podía soñar. Todo aquello merecía desaparecer. Ubbe no lo había pensado siempre de aquella forma, solo odiaba a los marines y al gobierno por lo que le hicieron a su antiguo mentor, a Kal, y por ellos simplemente queria ser el mas fuerte, pero había sido Sigurd quien le había enseñado a mirar más allá de su propia fuerza, más allá de sus propias peleas.
Le había enseñado que la libertad no era algo que te concedieran, era algo que se conquistaba.
Y cuanto más viajaba, más comprendía que había demasiadas cosas en aquel mundo empeñadas en impedirla, su mirada se desplazó hasta Sigurd durante unos segundos. Aquel idiota gigante sentado frente a él era la persona a la que había decidido seguir. No porque fuera el más sabio, ni porque fuera el más responsable.
Sino porque era el único hombre que había conocido capaz de mirar al mundo entero y decirle que se fuera al infierno, y encima hacerlo sonriendo. Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Ubbe.
Quizá Dharma aún no era familia, eso se ganaba con el tiempo, pero podía verlo formando parte de aquello.
Porque al final no importaba de dónde viniera un hombre, importaba hacia dónde caminaba.
Y el Ragnarok navegaba hacia un futuro donde nadie pudiera arrodillarse ante nadie, aunque para construirlo primero hubiera que reducir el propio mundo a cenizas.
Ubbe apoyó ambos antebrazos sobre la mesa, haciendo crujir ligeramente la madera bajo su peso. Su mirada pasó de Dharma a Sigurd y luego a la jarra de cola zero que sostenía entre las manos. Durante unos segundos permaneció callado, observando cómo la espuma descendía lentamente por el cristal.
- Cuando era más young pensaba que hacerme fuerte era suficiente, baby... - Su voz salió tranquila, muy distinta a la que utilizaba durante los combates. - Pensaba que si podía derrotar a cualquiera... entonces nadie volvería a arrebatarme nada.
Bebió un largo trago de cola zero antes de continuar.
- Pero cuanto más viajo... más people conozco... más me doy cuenta de que siempre aparece someone diciéndole a otro cómo tiene que vivir. Reyes. Nobles. Marines. Gobiernos. Da igual el name que lleven.
Sus dedos golpearon una vez la mesa. - Siempre hay alguien intentando poner chains - La sonrisa que apareció entonces fue pequeña, pero sincera. - Así que supongo que quiero lo mismo que tú, Karma. Poder. - Se encogió ligeramente de hombros. - La diferencia es para qué quiero usarlo. - Sus ojos terminaron posándose sobre Sigurd.
- Yo quiero ser el hombre más fuerte del mundo. - No lo dijo con arrogancia. No sonó como una fanfarronada. Sonó como una certeza, como si simplemente estuviera describiendo algo que todavía no había ocurrido.
- Y cuando llegue ese día... nadie podrá obligar a nadie a agachar la head delante de mí, solo prevalecerá la ley del mas fuerte. - La sonrisa se volvió algo más salvaje. - Porque si el mundo entero está construido sobre cadenas... entonces habrá que romper el mundo entero.
Ubbe soltó una carcajada grave y relajada antes de levantar la jarra.
- Aunque bueno... como decís, primero tendremos que conseguir un barco donde quepamos los tres sin hundirlo, baby.
La broma suavizó el ambiente, pero en el fondo había algo de verdad en todo aquello. Porque mientras observaba a Sigurd al otro lado de la mesa y a Dharma sentado frente a él, tuvo la sensación de que aquel era solo el principio.
Skypiea había terminado, los juegos habían terminado. Pero el Ragnarok acababa de hacerse más grande.
Y, por primera vez desde que habían llegado a aquellas nubes, Ubbe sentía que el camino que tenían delante era mucho más interesante que cualquier premio que Zaratsuki hubiera podido ofrecerles.
INFO
![[Imagen: ksMOGZu.png]](https://i.imgur.com/ksMOGZu.png)
