24-08-2026, 08:34 PM
Uno de esos miles de rayos, intensamente brillantes, empezó a alargarse, más y más, haciéndose cada vez más largo, pero no más fino. El rayo se dirigía hacía mi, a una velocidad lentísima, pero sin parar en ningún momento. Me lo quede mirando plasmado, sin aun entender ni darle importancia a lo que aquello significaba, como cada vez estaba más y más cerca de mi, viendo como el tamaño de este crecía ya que cada vez estaba más cerca y se podía ver su gran tamaño, el cual era algo similar a todo mi abdomen, ya no veía el rayo, ahora solo veía un tubo amarillo de gran diámetro que venía hacía mí.
El rayo convertido en cubo venía directo hacía mi, lo estaba viendo, no sabía exactamente donde me podría golpear, pero si aquello era un rayo de luz, seguramente iba a ser muy doloroso, así que intenté moverme para esquivarlo, pero nada ocurrió, mi postura no cambió. "¿Pero que me pasa...? ¿Porqué mi cuerpo no me hace caso-don...?" Pensé preocupado y extrañado de que mi cuerpo no me responda. Entonces miré hacía mi cuerpo, bueno más bien donde debía estar mi cuerpo, pero allí no estaba, mis piernas, mi torso, incluso mis brazos habían desaparecido. "¿Acaso he perdido todo mi cuerpo-don...?" Seguí preguntándome preocupado, no temía la muerte o lo que me pasase, pero tenía claro, que antes de quedarme incapacitado totalmente, prefería morirme.
"¿Pero... como puedo sobrevivir solo con la cabeza... o ni eso tengo-don...?" Extrañado también por aquella situación, porque desde donde estaba viendo todo eso, en teoría estaba descendiendo de una nube después de que alguien me empujase. Mi cabeza estaba trabajando a mil por hora intentando descubrir que estaba pasando, porque nada era normal. Volví a mirar hacía el cielo, el rayo había desaparecido y el cielo azul con su astro solar también. Ahora delante de mis ojos estaba el mar azul, el cual estaba totalmente agitado, además de ver con mis propios ojos como se creaban olas gigantes rompiendo encima del propio mar, el rugir del mar y del cielo, el cual empezó a llorar y tronar, llegaron a mis oídos.
Al escuchar el ruido de los truenos y ver como los rayos ahora de electricidad salían de este, golpeando alguno en el propio mar, giré mi vista hacía el cielo, justo en ese momento noté como volvía a caer, pero esta vez no de espaldas, sino de cara hacía el mar, que ahora se encontraba donde antes había estado el gran cielo azul y el vello y brillante astro solar.
