24-08-2026, 04:41 PM
(Última modificación: 24-08-2026, 05:21 PM por Runin D. Kitay.)
04 de Primavera | Año 18
Presente Relativo
Presente Relativo
CAPÍTULO I: ¡Sigue a la maestra!
Es la tercera vez que la fémina de mirada chocolate niega la amabilidad de los habitantes de la isla. No por malagradecida o indolente, es mera supervivencia: Si vuelve a comer otra fruta del dragón, terminará encerrada otra vez en el baño, como sucedió hace apenas un par de días. ¿Acaso le ven cara de estreñida? ¿O el aparato digestivo de ellos funciona de manera diferente al de cualquier persona normal y corriente? La culpa de ellos no es, en lo absoluto; pero eso no evitará que Runin entrecierre los ojos jurando venganza interna contra cada pitahaya que encuentre en su camino por el Grand Line.
Es por ello que pasa de largo, saludando a uno que otro poblador, escuchando las ofertas de mercado, los gritos de descuentos, las nuevas verduras obtenidas desde el mar, las clásicas frutas que solo Skypiea puede ofrecer, algún llamativo platillo creado por cocineros locales, y la inventiva de desear vender hasta la más pequeña artesanía. Si sigue comprando aretes, collares, brazaletes, adornos para el barco y, claro, ropa; ¡tanta ropa linda!, justo como la que tiene puesta esa brillante mañana; terminará por reventar la paciencia y la billetera de Barald. En su defensa, ella al menos utiliza el dinero de la tripulación para darse gustos duraderos (sin contar el vino que lleva en mano, claro); por si acaso, tiende a decir que Ryota gasta todo en apuestas, y luego finge demencia ante sus propios gastos. ¡Pan comido!
Esta vez el nombre del pobre navegante queda absuelto, solo porque sus intereses están centrados en buscar información más que en obtener cosas materiales. Le da un trago a la botella pequeña de vino que lleva antes de guardarla en su infalible morral de exploración. Se detiene en algún puesto para sorprenderse observando la gran variedad de bayas existentes en la región; cuestiona sobre ellas; pregunta sobre la obtención de madera y si tienen diferentes tipos de árboles; anota en una pequeña libreta o dibuja lo que encuentra en su camino, siempre cuidadosa de no estropear el negocio de aquellos que cordialmente se detienen a conversar con ella.
—¡No es nada! Todo por la semifinalista del último evento! ¿Has seguido entrenando o solo buscas algo de esparcimiento? —Un hombre de mediana edad cuestiona mientras coloca en la siniestra de la morena una naranja de colores rojizos que, al parecer, no tiene semillas en su interior. La amazona la guarda en su morral, cuidadosa de no hacer caer el cuaderno pequeño que lleva en su diestra.
—Fufufu, un poco de esto, un poco de aquello, cariño. No solo me gusta pelear; soy carpintera y exploradora, aunque una cosa me es más sencilla que otra, al parecer… —¿Es un lamento? Si. Recordar el desconocimiento sobre la flora y fauna de la isla le supo tan amargo como masticar jengibre de la misma raíz. No quiere volver a experimentarlo, es por ello que ha decidido continuar obteniendo información y mejorando sus verdaderas profesiones.
—¡Ah! ¡Pensé que solo eras una luchadora! Aunque claro, perdiste, seguro es porque no estás enfocada en una sola cosa. ¿No? O puede que te falta algo más que, ya sabes, solo golpear. —El ceño de la amazona se frunce de repente. ¿Se está burlando de ella? Una sola mirada es suficiente para hacerle entender que no es así, las cuestiones brotan desde el más profundo desconocimiento e inocencia; algunas veces es más fácil enojarse que ver a través de las mentiras, es una lástima que, en el caso de ella, las cosas se den por igual. Trata de sonreír aunque parece algo sardónica.
—¡No lo digo a mal! ¡Eres increíble! Solo creo que teniendo tanta fuerza podrías hacer cosas más increíbles si te centraras… ¿No crees? —El amargo sabor asciende hasta la boca de la fémina, quien suspira antes de reír con fuerza.
—¿Sabes? Creo que tienes algo de razón… —El hombre, algo dudoso, busca con la mirada a su alrededor. —En realidad no debería hablar mucho de eso, soy una persona que prefiere vivir tranquilo, sin líos pero… ¡Ah! ¡Sabía que la había visto por aquí! ¡Señorita Jalindra! Discúlpeme. —El vendedor agita los brazos antes de hacer una reverencia cuando una mujer de corta edad se da la vuelta desde otro puesto de frutas, saludándolo con un gesto de mano.
La fémina mide aproximadamente lo mismo que Runin, quizá unos cinco centímetros menos, lo constata cuando la ve acercarse hacia ellos, lleva una bolsa de manzanas amarillas en una de sus manos. El intenso verde esmeralda de su mirada ignora por un momento a la pelinegra cuando un acostumbrado saludo es emitido hacia el vendedor. —Lain, buen día. ¿Tienes algo fresco qué ofrecerme? —La seriedad impregna cada una de las expresiones de la rubia adolescente, no frunce el entrecejo, no levanta la voz más de lo necesario aunque esta se escucha clara y concisa, medida.
vLos orbes del hombre se dirigen hacia Runin, provocando que la rubia repare también en ella. ¿Esa mirada verdosa no parece aventurarse demasiado en ella? La amazona se siente vigilada, como si un escaner la analizara de arriba hacia abajo sin aparente piedad.
—La participante de los juegos, si. La amazona efusiva de golpes contundentes. —Runin separa los labios mas no logra emitir palabra alguna. —¿Tus heridas ya han sanado? ¿Cuál era tu nombre? —La kuja presiona los labios con fuerza antes de relajarse, relamiéndolos con obvia parsimonia. —Runin —Vuelve a ser interrumpida. —Kitay, ya lo recordé. —Ofuscada Runin bufa. —Mis heridas están bien, nada que el tiempo no repare. Hace falta más que un par de cortes para detenerme, cariño, fufu. —La amazona sonríe de medio lado, su pose parece más resuelta, acostumbrada a levantar el mentón y mostrarse segura de sí misma.
—¿Como, por ejemplo, el hecho de lanzarte a pelear sin analizar el panorama a tu alrededor o tu imposibilidad de reaccionar a las ofensivas de tus rivales? —Jalindra cuestiona, parece sagaz mas la pregunta es real, honesta, serena. Por algún motivo ese detalle molesta a Runin, no solo por el inevitable derechazo hacia su orgullo, sino por la seguridad impregnada en las palabras de la rubia. ¿Tan fácil es de leer?
—¡Ah! ¡Justo le decía que quizá le falte algo más que solo golpear, señorita Jalindra! Quizá… un empujón más… usted sabe. —El vendedor interviene, sonríe quédamente, parece retraído, incluso termina por entretenerse arreglando las frutas de su puesto de trabajo, todo para evitar la molesta aura de Runin.
Jalinda asiente. De repente camina alrededor de la amazona, la larga falda roja se mueve con el viento ante los repentinos cambios de posición cuando se acerca al rostro de Runin, demasiado. —¿Embelezada, cariño? —Bromea, guarda su pequeña libreta en el interior de su morral.
—¿Qué te hace estar tan segura de lo que pensé al comenzar el combate? ¿Qué tal si solo fingía no ver al enemigo para hacer más interesante el combate? —Jalinda, en toda su seriedad entrecierra los ojos, niega con suavidad alejándose del rostro de la Kuja.
—Ni siquiera estás intentando mentir de verdad. ¿No es así? —Runin hace un sonido con su lengua, empieza a molestarse. —¿Eres consciente que continuarás perdiendo peleas si no eres capaz de hacer algo más que recibir daño en ellas? —No suena a regaño, ni siquiera parece indignada, enfadada o crítica; de cierta manera desliza un poco de curiosidad envuelta en esa faz de seriedad.
—No me digas, cariño. ¿Eres algún tipo de experta en el tema? —Lain interrumpe a Runin, levantando la cabeza de las frutas, parece emocionado. —¡E-En realidad sí, señorita Runin! ¡La señorita Jalindra es impresionante! Una completa prodigio de nuestra época.
”¿Prodigio?” La palabra danza en el ambiente. Jalindra se da la vuelta para comprar algunas frutas ante la mirada de Runin. —¿Experta en qué exactamente? ¿Reflejos? ¿Combate cuerpo a cuerpo? ¿Catadora de frutas tropicales? —Lain observa a Jalindra, levanta el brazo como si quisiera responder a una pregunta de salón. La birkaniana asiente en una expresión suave. —¡Haki! —La palabra sobrevuela el ambiente entre ellos.
—¿Haki? —Pregunta la joven azabache cuando ve a la rubia poner algunas monedas en manos del vendedor. —Los únicos que mejoran son los que desean hacerlo. Aún debo hacer algunas compras pero, si quieres respuestas y optimizar tus habilidades, podrías ir en un par de horas hacia el dojo donde entreno. Quizá te podamos ayudar. Lain ¿Le ayudas con direcciones? —Respetuosamente se despide para continuar su camino.
—¡Debería ir, señorita Runin! Usted de verdad parece fuerte y por las caras que le puso a la señorita Jalindra, sé que solo quiere serlo aún más. —La mirada caoba de la amazona no se despega de la espalda de la rubia hasta que la ve desaparecer entre los diversos puestos de ventas varias. —Obtener respuestas no cuesta nada… solo digo… —Runin al fin lo mira con fijeza, le sonríe de medio lado.
—Eres bastante insistente, cariño, eso no tiende a gustarle a las mujeres. ¿Lo sabías? Es un repelente de primera categoría, fufu. —Ríe un poco. La mente va a mil, durante un instante siente que sus heridas duelen, no es algo más que mental pues han cicatrizado tras constantes cuidados y el correspondiente reposo.
—Aún así, aceptaré que me des esa dirección. A nadie le gusta quedarse con la duda y esa fachada de misterio tuya empieza a fatigarme. —Las duras palabras se diluyen ante la mirada cálida de la amazona. Sabe que el hombre solo desea ayudar, se nota a leguas la persona de buen corazón que es. ¿No son muchos así dentro de aquel poblado? Mejor dicho, de aquella isla.
—Me recuerdas a alguien, Lain. Dame una bolsa de frutas surtidas. —Esta vez piensa pagarlas, no sólo recibirlas. El emocionado y nervioso joven no duda en ayudarla, da pautas para llegar hacia el famoso dojo del que Jalindra ha hablado. ¿Es alguna estudiante? ¿Quizá la estrella del lugar? Una prodigio a la par de su maestro, la luz al final del camino, el futuro de los suyos. La seriedad no le quita años de vida, aunque sí invita a la curiosidad.
¿El famoso haki le hubiera ayudado a combatir contra Uker? ¿Contra Jin? ¿Hubiera servido contra cualquiera de sus enemigos anteriores? Algo resuena en el interior de la morena. Las palabras del emperador en aquella final de combate. Pensar en volver a perder genera mal sabor de boca, una sensación ácida que irradia por todo su cuerpo. Desea conocer más de esa habilidad.
¿Es por ello que sus pasos la dirigen hacia la dirección obtenida? ¿Que decide confiar un poco en sus instintos y deseos de obtener respuestas? ¿Qué es lo peor que puede suceder? Perder algo de tiempo de vida, nada nuevo desde que la tripulación se ha dedicado a entrenar y descansar en igual medida.
No le molesta llegar antes de las dos horas, se distrae comiendo un guineo mientras camina por la zona, guiada por las cuestiones hacia los lugareños. El lugar asignado se abre ante sus ojos, hay algunas personas, un par de ellas parecen estar meditando. ¿Debería ser delicada y esperar que terminen su momento de concentración?
—¡Hey! ¡Vengo de parte de Jalindra! Dijo que venga aquí. ¿Aún no ha llegado? —Uno de los jóvenes abre los ojos, mostrando un par de orbes color miel, parece sorprendido. —Me dijeron que es una prodigio, supongo que me presentará a su maestro de ¿haki? No fueron muy claros en el mercado. ¿Debería esperarla o puedo hablar directamente con el encargado? —La otra joven también abre los ojos, parece confundida. —¿Y bien?
—Pues… Es que la dama Jalindra… —El oji miel no parece saber cómo abordar la situación. —Si, es una prodigio, en realidad ella es…
—Sabía que vendrías, Runin Kitay tienes un sentido de curiosidad bastante peculiar. Debo admitir que no pensé que llegarías a tiempo, mucho menos antes de la hora. —La fémina de rubias hebras se abre paso junto a la amazona, pasa al interior del dojo. El par de jóvenes saludan sin perder tiempo.
—¡Bienvenida, maestra Jalindra!
—¿Maestra?
—Maestra —Concede Jalindra, en medio de su seriedad se puede percibir un atisbo de sonrisa.
—Pffff, fufufu. Así que eres más de una prodigio. —Runin niega, incapaz de aguantar la risa.
—Al parecer, sí.
—Bueno, maestra, soy toda oídos. —Ha llegado hasta ahí. Ahora desea conocerlo todo.
CAPÍTULO II: ¿La "voz"?
Las compras han sido dejadas en la cocina del establecimiento, una habitación es entregada ante la perpleja mirada de la amazona. Se permite caminar alrededor de la misma, observa a través de una ventana al par de estudiantes que ha conocido con anterioridad, parecen concentrados, ojos cerrados, cuerpo relajado, piernas cruzadas sobre enormes rocas. ¿Jalindra las habrá llevado hacia ese lugar? Debe ser fuerte si tiene personas a su cargo. ¿No? No tiene planeado quedarse demasiado tiempo en aquel lugar, solo quiere saciar su más insana curiosidad antes de volver al barco con sus amigos.
Una mano acaricia su hombro, provocando que se sobresalte sin darse cuenta. ¿Cuándo ha llegado hasta ahí? Es bastante silenciosa. La fémina de rubias hebras mantiene la seriedad con que la conoció en el mercado, la invita a sentarse un momento, incluso ha colocado una pequeña charola con dos tazas de té que ahora yacen sobre el suelo del cuarto, la alfombra se ve limpia, así que no teme tomar asiento con las piernas cruzadas.
—Gracias por el té de… ¿manzanilla? ¿yerba buena? —Huele la bebida, no le parece ser de alguna planta conocida, aún así bebe del contenido. —El chico del mercado parecía emocionado contigo. ¿Alguien que también desea ser tu discípulo? ¿Alguien que quiere aprender a hacer más que vender fruta? —La amazona arquea una ceja, extrapolando las frases dichas en el mercado a algo completamente diferente, solo para ver si la rubia logra captar la referencia. Ella se dedica a disfrutar de cada sorbo de su té.
—Escuché del haki cuando el emperador dijo que lo usó para determinar el último combate. ¿Es eso lo que dominas, cariño? —No recuerda la palabra en sí, no le hace falta, la idea general martilla su cabeza una y otra vez. —Lo que al parecer necesito para hacer más que recibir golpes y fallar otros tantos. —La taza es depositada sobre la charola. Jalindra asiente, ha permitido que Runin, de alguna manera, se explaye en cuestiones propias de alguien ansiosa, sedienta de información, de obtenerlo todo para “ya”.
—Existen diferentes tipos de haki, Runin. Podría enseñarte dos de ellos por mi propia mano, pero creo que hay uno que podría beneficiarte. Es justamente lo que comentó el emperador durante el final del último combate en aquel evento. —La voz de Jalindra es pausada, clara, precisa. —Haki de observación. —La amazona saborea esas palabras al pronunciarlas después de Jalindra.
—¿Qué te parecería aprender a observar aquello que se encuentra fuera del rango de tu vista? Por cuestiones físicas tus reflejos son incompatibles con aquello que realmente sucede a tu alrededor. No importa cuánto lo intentes, lo único que pareces tener es tu instinto y la esperanza de actuar antes que la otra persona. ¿No es eso demasiado restrictivo, Runin? —Los labios de la amazona se fruncen sin poder evitarlo, la realidad dicha desde otra persona golpea más fuerte que al pensarla uno mismo.
—“La voz”, “el sexto sentido”, “el color de las cosas”. Existen diferentes formas de llamarlo. Nos permite tener una percepción extrasensorial de lo que sucede a nuestro alrededor, no es algo físico, nada que puedas resolver con una buena vista, buen oído, ni siquiera el tacto, no. —Cada palabra parece más irrisoria que otra, aun así la fémina escucha, en especial al ver a Jalindra ponerse de pie, instándole a hacer lo mismo.
—Emociones, percibir presencias sin verlas directamente, saber cuando un enemigo es más débil o fuerte que tú; son sólo algunas de las cosas que puedes obtener si consigues aprender el haki de observación, y, claro, masterizarlo. —Runin sigue a la señorita de orbes verdosos, la acompaña hacia la ventana de nueva cuenta, Jalindra hace un ademán para que vuelva a prestar atención a los otros dos estudiantes.
Estos parecen enfrentarse uno al otro, no pelean de manera agresiva, al contrario, son más medidos, como una danza de golpes que buscan ser esquivados. Es elegante, premeditado, recibir el mínimo daño. ¿Por qué parecen más concentrados de lo que Runin alguna vez lo ha estado al combatir? La mirada fija, aún así parecen ver más allá de lo que aparece frente a sus ojos.
—Podrás ver auras únicas para cada ser vivo, el tamaño de estas depende del poder que poseen, incluso el color te daría información de otros. ¿Te están mintiendo? ¿Tienen miedo? ¿Son hostiles o buscan ser amigos? Nada podrá escapar de tí… —La mirada verdosa choca contra el chocolate de la amazona. —¿Podrías dejar de lado tus sentidos y enfocarte en algo completamente nuevo? ¿Eres capaz de dejar el instinto básico humano para adentrarte a algo de lo que no tienes certeza alguna? Concentrarte en lo desconocido y ser una con ello.
La cuestión danza en el aire. En el exterior se escucha a ambos estudiantes esforzarse en su intercambio infructífero de golpes que culmina en el error de alguno de ellos al desconcentrarse. Una risa acaricia el ambiente, una queja es exhalada, tal parece haber recibido un fuerte golpe. Las quejas no demoran en llegar. Runin levanta los hombros en un gesto que parece aburrido o desinteresado, a pesar de ello una sonrisa aparece en sus labios, la mirada brilla ante la idea de enfrentarse a algo que no estaba en sus planes. ¿Por qué habría de botar la toalla antes de siquiera empezar? Tienden a decir que es mejor aprender algo que pueda o no servir a futuro a no saber absolutamente nada.
—¿Tendré que entrenar con ellos o podemos acelerar un poco las cosas? No creo quedarme demasiado tiempo en este lugar, Jalindra… —Pausa un momento sus palabras antes de sonreír con más ahínco. —Maestra Jalindra. —La rubia asiente en una ligera sonrisa amable, como si cerraran un trato solo conocido por ellas. —¿Qué te mueve a enseñar a personas que no sabes si volverás a ver en tu vida? —La pregunta escapa sin darse cuenta. Jalindra vuelve a mirar a sus estudiantes.
—El conocimiento no sirve de nada si no es compartido. Además, es divertido ver a las personas salir de su zona de confort para aprender algo completamente nuevo, como tú. —Una ligera risa escapa ante la expresión anonada de la amazona. Jalindra es la primera en retirarse, Runin la sigue, no sin antes llevarse las tazas y la charola con ella. De repente pierde de vista a su nueva maestra. ¿Dónde se supone que se ha metido?
—¿Jalindra? —Deja los platos en la cocina, incluso los lava rápidamente para poder continuar en la búsqueda de la birkaniana. Después de quince minutos empieza a fruncir el entrecejo. —¡Eh, cariño! Hasta donde sé los maestros tienden a enseñar a sus alumnos, no a escapar de ellos. —Grita. El silencio del lugar parece romperse con cada interacción y paso de la morena por el lugar, como si su singular personalidad llenase todo el ambiente.
—Jajajaja, ya comenzó. —Ravi, uno de los alumnos, algo sudado por la actividad, pasa a su costado. —Percepción, señorita Runin. La primera lección ya dió inicio. —La sien en la frente de la morena empieza a vibrar exaltada debido a la cólera repentina. ¿Por qué tanto misticismo con las cosas? —Espera que te encuentre, cariño… —Masculla entre dientes. La busca en cada una de las habitaciones, abre cajones, golpea paredes con sus nudillos para ver si hay paneles huecos, incluso busca bajo los muebles y rodea rocas sin lograr hallarla. ¿Cuánto tiempo pasa? Al menos dos horas antes de aburrirse por completo.
Exhausta va al patio, allá donde habían estado entrenando Ravi y el otro alumno. Sube sobre una piedra, más que para vigilar, para descansar. ¿Qué había dicho Jalindra? Algo sobre concentrarse en lo desconocido. Aquel par de chicos habían estado entrenando aún con los ojos cerrados. ¿Ella podría llegar a hacer lo mismo? Se cruza de piernas, cierra los ojos y respira a profundidad, tratando de relajar el cuerpo para después relajar la mente.
¿Cómo estarán sus compañeros? ¿Estarán en el barco o seguirán explorando la isla? ¿Se habrán juntado con algunos piratas más? ¿Se deberá quedar a cenar ahí o mejor regresar al pueblo y buscar una habitación para pasar la noche? Si aprovecha el tiempo podría incluso regresar al barco y… se da cuenta que su mente está llena de preguntas. No logra escuchar nada a su alrededor porque está demasiado ocupada pensando en cosas tan irrelevantes como nimias.
”Concentración.”
¿Es necesario hacer eso? Podría haber obtenido más información o preguntar por cosas más útiles. ¿Qué debería hacer? ”Vacía tu mente.” Se dice a sí misma. ¿Cómo se puede hacer tal cosa? ¿Por qué pensarlo es más fácil que hacerlo? El tiempo transcurre, el viento sopla, incluso el sueño parece atraparla entre sus garras cuando cabecea repetidas veces. Niega intentando despertarse, hasta se da una pequeña cachetada para espabilar. Vuelve a cerrar los ojos.
”Nada.”
No siente nada, absolutamente nada. Se siente un fracaso. Podría justificarlo, decir que la falta de información le impide buscar el conocimiento pertinente para llevar a cabo la “misión” que se ha impuesto. ¿Y si Jalindra solo se ha escapado para volver al pueblo a comprar más comida y ella solo está ahí, sentada, siendo una imbécil? ”No.” Si existe algo peor que no intentarlo, es buscar excusas en medio de ello.
Por momentos el ruido parece demasiado fuerte, otras veces incluso el viento incomoda su cuerpo, sus sentidos. ¿Cuánto tiempo transcurre? Al principio parece lento, fatídico, parece contar los segundos; después la necesidad de correr tras los minutos desaparece. Las palabras de los demás alumnos desaparecen aún estando ellas ahí, no siente frío ni calor, parece relajada mas no dormita, incluso el hambre parece un constructo por momentos.
La espalda permanece recta. Los ojos no vuelven a abrirse, incluso alguna hormiga molesta en su mano mas ella no hace ademán por alejarla. ¿Cuándo fue la última vez que se tomó el tiempo de respirar hasta sentir que sus pulmones se llenan del aire más limpio que alguna vez ha podido respirar? En medio de la oscuridad algo vibra, un pequeño destello rojizo a su diestra, no parece estar cerca pero tampoco tan lejos. El diluido color parece tomar fuerza por momentos, se remueve, incluso parece voltear hacia la dirección de la morena. Ambas se percatan una de la otra. ¿Qué es esa extraña sensación cálida que asciende por todo su cuerpo? Como si, por un momento, se hubiera convertido en uno con algo más grande que sí misma.
—¿Jalindra? —Como si de un interruptor se tratase, el romper la concentración le obliga a volver a entrar en automático. Los sentidos físicos aparecen, el destello se apaga, mas la mirada de Runin se dirige a un punto en específico. —¿Estás ahí? —No se ha dado cuenta pero el tiempo ha transcurrido, los últimos rayos de luz se anteponen entre ella y el verde escenario, descienden haciendo del atardecer algo inminente. Jalindra no aparece mas Runin no pierde la certeza de saber el paradero de la misma.
Es así hasta que algo se remueve en ella. Jalindra ha estado ahí, está segura, pero ha vuelto a desaparecer. Se levanta de la roca, salta hacia abajo para emprender camino. ¿A dónde se ha ido? ¿Piensa verle la cara nuevamente? Está a punto de salir corriendo cuando se detiene de golpe. No. —No te encontraré si solo te persigo, ¿no es así? —Cierra los ojos volviendo a tratar de concentrarse, es un proceso lento, demasiado lento para ser verdad, pero lo intenta.
Después de media hora aparece otro destello de luz rojiza, esta vez parece más brillante que antes, como si hubiera tomado forma, al menos un poco. Runin abre los ojos para volver a seguirla, al hacerlo sabe que ha vuelto a escapar. ¿Está bien hacerlo de ese modo? De fondo se escucha más ruido que antes. ¿Hacia dónde está tratando de dirigirla? La amazona exhala todo el aire de sus pulmones antes de volver a inspirar con más ánimo. Vuelve a cerrar los ojos, el proceso se repite hasta encontrar la luz carmín, solo que esta vez decide no volver a abrir los ojos.
No mentirá. Tropieza una vez, la segunda le hace perder el equilibrio, la tercera incluso le obliga a caer, mas el destello es palpable, la ve, es más intenso que antes, menos superfluo. ¿Es ella? Tiene que ser ella, está convencida. Es por ello que vuelve a levantarse, sin pena, ignorando alguna risa a su alrededor. No, Runin está enfocada en algo que lleva horas tratando de entender. ¿Eso es a lo que se refería Jalindra con “aura”? La persigue, lento, después lo hace más rápido.
El aura se mueve y Runin lo hace con ella. A la derecha, a la izquierda, ¿arriba? Salta sobre una roca enorme, tan solo golpeándose un poco el pie derecho. ¿Hacia dónde va? ¿Está dando vueltas alrededor del recinto? Eso parece. Nuevamente pierde la noción del tiempo, enfocada en la sensación maravillosa de acercarse a un primer objetivo. El color rojizo toma forma, es más como una persona y menos como una bola de energía random. Estira el brazo para agarrarla y, de repente, el destello se convierte en muchos destellos diferentes. Muchas personas reunidas en un mismo lugar. El concierto mental de luces le obliga a abrir los ojos, areada.
—Felicidades, Runin, has logrado ver algo más que el rostro de las personas. —Jalindra está frente a ella, Runin si ha logrado agarrar su mano. —No te preocupes, la sobrecarga de información genera dolor al principio, pero sé que podrás con ello. Ahora ven con nosotros. —Los estudiantes, vecinos, conocidos e incluso personas del pueblo se han reunido a comer juntos. ¿Cuándo han reunido mesas y comida? ¿Tanto tiempo ha logrado concentrarse en un único objetivo? Es de noche, las estrellas rozan el cercano cielo y el estómago ruge.
Durante la cena y las charlas, Runin no deja de observar las auras, les pone nombres, rostros, voces. El dolor de cabeza pronto desaparece, incluso el sueño se hace irrelevante cuando su mente parece esclarecerse tanto. Al pasar la media noche y con las personas alejándose después de haber limpiado todo, Runin se acerca a su extraña maestra. —Los he “visto”. —Pronuncia, robándole una sonrisa a Jalindra.
—Mañana verás más de lo que has podido ver hoy, Runin. Aprendes rápido. Mañana trata de no quedarte dormida en medio del entrenamiento o te tomará más tiempo. —La mujer se aleja hacia su propia habitación. Runin relame sus labios antes de sonreír, confiada. —Rojo. Eres de un bonito carmín, maestra. Ravi es de color miel, Reya es de color azul. Lain es color rosa. —Jalindra se detiene un momento. —¿Y tú, Runin? ¿Qué color eres? —La amazona sonríe, cerrando los ojos.
—Verde, siempre verde. —El entrenamiento durante ese día culmina. Durante la noche la fémina cae rendida en un sueño plácido, tan relajado que incluso cree no poder volver a despertarse, pero lo hace, claro que lo hace.
CAPÍTULO III: La fuerza.
—Hola, hola, dormilona. ¡Las personas no pueden aprender si viven durmiendo todo el tiempo! ¡Arriba, arriba! ¡Te hice el desayuno! Si no te despiertas te tocará hacer el almuerzo y ahora mismo somos como diez personas en la casa. ¿Tanto quieres cocinar? —Reya es el nombre de la aprendiz que aparece en el campo de visión de la adormilada Runin, no, en realidad ni siquiera abre sus ojos, puede notar el aura azulada revolotear a su alrededor. ¿Por qué tanta insistencia? Con pereza logra sentarse, medio abre un ojo para darse cuenta que la luz del día aún no llega.
—¿A tí qué te pasa? —Murmura la pelinegra mientras busca con su mano su siempre confiable morral. De él extrae su brazalete, solo para verificar que todo está en orden. Más tranquila relame los labios, con algo de pereza, siempre con parsimonia. —¿Tienes ganas de morirte, cariño?
—Qué miedo, no, gracias. —Reya niega repetidas veces, aún así le estira las gachas de avena con frutas. No parece apetecible pero el sabor es llevadero. —Puedes usar los baños del complejo. Después te acompañaremos a donde está la señorita Jalindra, bueno, en realidad te daremos algunas indicaciones y tú la buscarás. Nosotros te seguiremos.
Runin, exasperada, chasquea la lengua. Tiene toda la disponibilidad de seguir durmiendo, pero al final decide hacer algo de caso, come, se da un baño cuidadosa de sus heridas y lo siguiente que sabe es que tiene a Raya y a Ravi tras su espalda. Parecen bastante animados, se ríen tontamente, divagan sobre qué habrá en el almuerzo, piensan en ideas complejas para los entrenamientos de Runin.
Ella intenta mantener, inútilmente, la calma. Intenta concentrarse en las auras y los colores, en ocasiones son tenues, parecen ir y venir, parpadean o se mantienen mas ninguna resalta sobre la otra. Colores desde marrón a naranja, mostaza y pistacho, motas de chocolate y grises infranqueables. En ocasiones las risas del par de intrusos rompen su concentración haciendo que todo desaparezca a su alrededor, así que cierra los ojos, vuelve a iniciar y continúa. A veces es sencillo, otras le cuesta más.
—¿La de quedarse calladitos se la saben, quizá? Estoy haciendo todo el uso de la paciencia que no tengo para evitar meterles un puñetazo en la cara. —La afilada mirada se estampa contra Ravi y Raya. El primero respira profundo, como si intentase agarrar valor ante la temeridad y hostilidad de la amazona. —¡Es parte de, lo juro! —Trata de sonar grave pero sale como un hilillo de voz bastante gracioso. —Para que estés lista… ¡Ve un poco más hacia la derecha!
Y claro que está lista. ¿Quién no lo estaría después de caminar dos horas de lado a lado por indicaciones superfluas de sus acompañantes? Primero dio vueltas por la estancia, después por el pueblo hasta llegar al mercado del día anterior. ¿Tanto drama insano para volver al punto de partida? Aunque debe admitir que algo ha cambiado en ello. Con cada minuto transcurrido la necesidad de concentrarse en exceso empieza a menguar. Las auras se ven más claras, pocas veces deja pasar alguna que pasa a su lado, incluso puede decir con exactitud el color de cada una de ellas.
Si eso es parte del extraño entrenamiento del par de jóvenes, está funcionando. Podría agradecerles, sin embargo cree que ha hecho suficiente escuchando sus barbaries durante todo ese tiempo. ¡Es un “gracias” más que digno! Es ahí cuando lo nota, como si hubiera entrado en el espacio necesario para encontrar a su maestra, a la de todos ellos. Runin sonríe con cierto deje de gracia y confianza, se contornea hasta llegar a Jalindra, incluso le da un par de toquecitos en el hombro.
—Cariño, ¿Cómo justificas madrugar para venir al mercado? —Cuestiona, trata de no explotar en coraje porque pronunciarlo lo vuelve más real y molesto. ¡Quiere seguir durmiendo!
—Al fin llegaste, si no nos apresuramos el pescado fresco se agotará, Runin. —La mujer deposita algunas fundas en los brazos de la anonada amazona. —Sígueme. El día de hoy te enseñaré algo más que identificar presencias y ver sus colores. ¿Te sientes más acostumbrada al haki de observación? A lo poco que has logrado aprender, me refiero. —La rubia mujer se detiene de vez en cuando para constatar precios de las verduras de temporada antes de continuar su camino.
—Marco y Polo, o sea, Ravi y Raya, estuvieron incordiando toda la mañana. ¡Desde antes de que saliera el sol, cariño! —Empieza a quejarse, bufa un poco. ¡Ah! Un nuevo color aparece frente a su mirada, es blanco hueso, se queda algo perpleja antes de acortar los pasos, de nueva cuenta, con su maestra. —Pero he de admitir que me siento más familiarizada a esta habilidad. —Sin perder el tiempo le da las compras a los dos estudiantes. Les guiña el ojo, siguiendo su camino. —¿Qué tienes planeado enseñarme? ¿Algo divertido?
—En cierta medida lo es. —Asiente, relajada. b]—Tal como ayer, hoy harás lo mismo. Solo que no me buscarás específicamente a mí, buscarás a las personas que consideres “más fuertes”. En el combate que tuviste me di cuenta que no eres consciente de los peligros a los que te enfrentas. Solo te lanzas a la acción sin pensar en las consecuencias, sin analizar qué tan rápido puedes acabar con el combate o qué tanta desventaja tienes en él.[/b] —Explica al detenerse frente un puesto improvisado que expone diferentes tipos de arroz.
—Incluso la temeridad debe tener un límite. El conocimiento que vas a adquirir te ayudará a constatar ese límite. Si deseas tomar la decisión consciente de enfrentar a alguien quedará marcado por ti misma; pero si deseas alejarte en la búsqueda de más experiencia para enfrentar a alguien, será completamente válido. —Explica. Runin entrecierra la mirada, parece pensativa. Aún si conoce la información es posible que no le importe y siga adelante… Aunque podría funcionar cuando necesite proteger a alguien y deba mantener a los suyos alejados de algunos tipos de peligro.
—¿Cómo lo sabré? Si alguien es más fuerte o débil. —Cuestiona, prestando atención a su alrededor.
—Su tamaño. —La respuesta es sencilla. Runin mira alrededor dándose cuenta que todas las auras tienen un tamaño igual para ella. —Sé lo que te estás preguntando y si, estoy en lo correcto. Es por su tamaño. Concéntrate en las personas más poderosas que puedas encontrar en este mercado. Solo no olvides de comprar el pescado. —Jalindra se adelanta, parece ajena a todo aunque en ningún momento pierde de vista a Runin.
La amazona decide que no puede ser tan complicado. Respira profundo, se coloca contra una de las paredes del mercado; cierra los ojos, trata de no respirar demasiado fuerte, de dejarse envolver por las voces, los colores, los aromas. Con el pasar de los largos minutos los sentidos empiezan a desaparecer hasta que la percepción es todo lo que requiere para percibir a las personas que están ahí.
¡Ah! ¡Ahí está! La primera aura que percibe sobre las otras es una de color naranja pálido. La morena hace todo lo necesario para centrarse en ella, para evitar perderla, camina por el mercado de la ropa así que se interna como si de una persecución se tratase, aunque la otra personas tan solo camina con tranquilidad. —¡Hey! ¡Detente! —Una mano se estira, la mujer se voltea y ¿una anciana en sus 80? La risa de Ravi se escucha detrás de ella, tal parece que la están vigilando. No solo eso, incluso una pequeña risa aparece a un costado. ¡Jalindra está ahí mismo! Se ve… diferente riéndose.
—Fu-fu-fu, muy gracioso, cariño… fufufu, la verdad es que suena bien cuando ríes. —Pronuncia. Vuelve a buscar un lugar sin tantas personas para volver a concentrarse una vez más. El segundo intento es tan desastroso como el primero, ¿Qué tan grande debe ser para notar la diferencia de tamaños? ¿Un poco? ¿Exageradamente grande? ¿Cómo notar si alguien ha entrenado o simplemente es un prodigio? Las cuestiones se acumulan nublando su juicio. EL tercer intento confunde el tamaño del aura de un niño pequeño. Esta vez quien se ríe es Reya, pero no la deja sola.
—Es cierto que no siempre será exorbitante, pero tampoco te guies por milímetros. Solo siéntelo. —“Solo siéntelo” ¿Qué tipo de consejo es ese? Al principio se ofusca por lo mismo. Las diferencias mínimas se vuelven normativas y eso confunde su mente, su juicio.
”No, si continúo así no podré notar las diferencias más grandes.”
Se dice a sí misma. Todo es cuestión de prueba y error, así es como funciona Runin Kitay, es por ello que se libra de las ataduras de la duda y deja que su mente vuele tan lejos como le permita, siempre centrada en lo que realmente busca. Para cuando quiere darse cuenta, ya ha empezado a relajarse, entendiendo el concepto, el por qué, el cómo.
Es así como la mañana pasa entre errores y aciertos, unos más superfluos que otros. ¡Ah! ¡Ravi no es tan débil como parece! ¡Reya incluso lo supera con ligera diferencia! Un hombre corpulento es más débil que un joven en sus veinte, menudo y de sonrisa segura. Una mujer de apariencia tímida es incluso más fuerte que ellos. ¡Eh! ¡Ese es Lain! Es… Más fuerte que los estudiantes, sin duda. ¿Qué hace vendiendo frutas en vez de pasar junto a Jalindra en el dojo? Es algo curioso, sin duda alguna.
—Parece que este entrenamiento te sienta mucho mejor que el primero. Eres un caso perdido, guiada por la fuerza bruta. ¿No? Jajaja… —Bromea, parece estar un poco menos tensa, más relajada en comparación a la primera mirada que se dieron el día anterior. Los estudiantes se ven felices por salir a explorar más allá de sus entrenamientos diarios, las personas saludan a la rubia, algunos incluso a Runin.
—¿Qué puedo decir, cariño? Cada quién tiene su propia fortaleza. ¿No es así? Fufufu. —Ha comprado un poco de vino que no duda en beber, se lo ofrece a Jalindra mas ella niega.
—¿Eres consciente que aún no comemos el almuerzo? —Cuestiona la rubia con una pequeña sonrisa, encaminándose de regreso hacia el dojo para hacer todos juntos el almuerzo.
—Detalles. —Runin niega, quemeimportista, siente que se está olvidando algo mas no está segura de qué puede ser.
—¿Cómo prefieren el pescado? ¿Asado, frito o hervido? —Runin detiene sus pasos, retrocede un par antes de salir corriendo. ¡El pescado! Al menos ha sido una mañana fructífera. Lo que queda de la tarde es algo mucho más… complejo.
CAPÍTULO IV: Las Emociones
El almuerzo queda bien, en especial porque Ravi ha terminado por encargarse de la mayoría de actividades en la cocina. Runin al caso ha pelado algunas papas y puesto a hervir una que otra cosa, la mayoria del tiempo ha pasado entretenida observando a los demás estudiantes, a los transeúntes en el camino hacia el dojo, incluso el aura de Ravi y Reya es mucho más claro, el tamaño se vuelve definido. No ha dejado de utilizar lo aprendido desde la mañana. Una parte de ella ansía tomar una siesta, desconectar el cerebro para evitar sobrecargarse de información y sensaciones. Incluso le duele la cabeza.
Busca la habitación que le han ofrecido con anterioridad mas no logra acostarse más de cinco minutos sobre el suelo cuando una voz truena en el lugar. La emocionada Reya vuelve a proclamar su conocido y constante —¡Es hora, es hora! —¿Acaso Jalindra solo acepta a personas madrugadoras con grados de energía superior al promedio? Runin cumple una de las dos ideas, la de levantarse temprano, jamás. ¡Menos de buen humor!
La morena levanta la cabeza, el enfado reflejado en el rostro, una vena en la sien y otra en el cuello. Está a punto de empezar a girar uno de sus brazos cuando Jalindra ingresa a la habitación. ¿Oh? ¿Tan pronto? Ciertamente ha pedido aprender todo de golpe debido al poco tiempo que tiene y, sabe a la perfección, que de haberlo podido hacer en un solo día, lo hubiera hecho.
—¿Me preguntarás si estoy listo para algo sumamente místico? —Runin sonríe de medio lado, Jalindra le regresa el gesto antes de sentarse en el suelo, frente a ella. —¿Sabes lo que sigue, verdad? —La morena tuerce un poco el gesto, se sienta bien, no quiere quitarle un solo ojo encima a la rubia. Trata de rememorar las palabras del día anterior, algunas escapan: colores, auras, poder, tamaño, sentidos… ¿emociones? ¿Podría ser eso? La amazona relame con parsimonia su labio superior, respira profundo.
—Dime que no se trata de las emociones, cariño. —Levanta un poco los hombros ante la ligera sonrisa de Jalindra. —Mi percepción me dice que te estás riendo a costa de mi. —Jalindra exhala una risa corta, suave.
—Buen intento, pero deberás hacerlo mejor que eso. —Jalindra respira profundo, cierra los ojos. Runin la imita. —El haki de observación permite ver las emociones de las personas, como te había comentado antes. Desde las buenas intenciones hasta la hostilidad más notoria, el miedo, la alegría, el sufrimiento, incluso la mentira. Eso último se supone que se te da especialmente bien ¿No? Excepto por la de ayer. —La amazona ríe con ligereza, Jalindra continúa.
—Esto no es magia, no es una lectura perfecta del alma, no es el tarot o un juego oscuro. Incluso es posible engañar a alguien que utiliza el haki de observación. —Runin frunce el entrecejo, hace un pequeño sonido de decepción.
—Como todo en la vida, nada es perfecto, al menos por ahora. Aquellos que tienen un basto control sobre sus emociones o los que tienen grandes dotes de actuación podrán escapar de tu percepción. Así que, como recomendación, ten cuidado con ello, más al principio que serás una novata. —Se escucha un suspiro, la kuja la imita, relajándose junto a la maestra. —En situaciones normales sé que podrás dominarlo. No te asustes.
—Cariño, yo nunca me asusto. —Runin responde. Ve el aura de Jalindra en tonos carmín, sin ningún tipo de vacilación ni fluctuación, no percibe nada extraño o diferente. El radio parece extenderse cuando nota en las cercanías, en alguna habitación cercana a Ravi, parece meditar luego del almuerzo, sentado, puede ver el tamaño de su aura, él si parece fluctuar un poco. Reya no se mueve, debe estar tomando la siesta, nada novedoso sale de ella. Un par de estudiantes más caminan limpiando la estancia a los alrededores, sus auras fluctúan. —¿Cómo puedo saberlo?
—Hacer las preguntas correctas es un buen inicio, Runin… ¿Notas algún cambio en alguna de las personas alrededor? No en su tamaño o color. —La amazona asiente. —Pequeñas fluctuaciones. En algunos es más notorio, otros no tienen… Son diferentes. Ravi parece tener motas de humo que no dejan de retorcerse, como… incomodidad. Reya duerme, no tiene nada. Hay un estudiante que parece brillar mucho, como si algo lo deslumbrara o como si él deslumbrase, no sé cómo explicarlo.
—Es una buena forma de intuirlo. Hay quienes lo notan de maneras diferentes. Vamos. Es hora de nuestro último entrenamiento. —Jalindra se levanta, estira la mano hacia la Kuja quien abre los ojos aceptándola. Los pasos las llevan hacia el exterior del complejo, una persona está esperando afuera. Un hombre de apariencia amable, el agradable vendedor de fruta: Lain.
—¡Señorita Runin! Un gusto poder verla nuevamente. Esta mañana la vi en el mercado entrenando, ¿te sientes lista percibiendo la fuerza de otros? —El hombre se pone de pie, es alto, la sonrisa deslumbrante ilumina la tarde.
—No necesito haki para intuir que me estás ocultando algo, Lain. ¿Un vendedor de fruta cualquiera? No lo creo. —Runin sonríe al acercarse, Lain hace una pequeña reverencia.—Vendedor de fruta durante el día, alumno de la señorita Jalindra por la tarde y noche. ¿Al final he tenido algo de razón, señorita Runin? ¿Ha logrado entender los motivos para mejor usando el haki de observación? —La amazona suspira, asiente sin poder evitarlo dándose cuenta de que no todo puede resolverse con puños. Un entrenamiento en el que ha tenido que pensar, analizar, concentrarse y tratar de no dormirse… Es algo tan nuevo como extraño y casi extravagante, al menos desde su perspectiva.
—La última prueba viene conmigo. No quiero ponerla nerviosa ni nada de eso, ¿si? Es lo último que quiero. —Busca el lugar idóneo, los tres se sientan sobre una estera que Lain coloca en el suelo de tierra. —Usted deberá leerme, señorita Runin. Analizar mis emociones, desde la más notoria hasta la más recóndita de mi ser. No se lo pondré fácil, ¿Está bien? Sé que puede lograrlo. —Jalindra asiente. Runin suspira, cierra los ojos para no hacer “trampa”.
En un principio nota el aura color rosa de Lain, después su tamaño, demostrando que no es alguien débil en lo absoluto. Es ahí cuando comienza lo complejo. No nota fluctuación alguna, al menos en un principio, es un hueso duro de roer. Después de lo que parece una media hora ve algo, un cambio. Runin decide hacer preguntas. —¿Estás enamorado de Jalindra? —El hombre se sobresalta, su aura lo hace con él.
—¡¿Q-Qué dice, señorita Runin?! N-No es nada como eso. —Ahí están, más fluctuaciones, una tras otra. Se turba, se enreda como si los nervios dominan su habla, sus movimientos. ¿Oculta algo? No parece mentir, no existe hostilidad en ningún aspecto, pero si la timidez propia de quien busca resguardar algo valioso. —¿Empezaste a entrenar Haki para poder estar cerca de ella? —El aura cambia, se nota más relajada a pesar del pequeño nervio que flota en el ambiente, en él. Algo de seguridad se refleja.
—N-No. La verdad si quise aprender de una prodigio, pero no por esas razones. —No miente, es honesto. —Te pusiste muy nervioso cuando pregunté que te gustaba alguien… Puede que no sea Jalindra, entonces… ¿Podrá ser otra estudiante? —El aura de Lain se turba. Permanecen en silencio un largo tiempo, Runin quiere trazar cada aspecto de aquello que puede ver, incluso de lo que no.
Emite un par de preguntas más. Sobre su puesto de fruta, si él es el dueño, qué edad tiene, desde cuándo entrena con Jalindra, cuáles son sus objetivos en la vida. Se entera que le gustaría salir al mar azul, bajar de Skypiea a conocer ese mundo nuevo que tan extraño es a ojos de tantos. Habla sobre su familia, sobre su pequeña mascota llamada “Cheryl” un gato. Eso le hace recordar a Runin que Cardan debe estar preocupado por ella. Por un instante se desconcentra pero vuelve enseguida al ruedo.
Las fluctuaciones cada vez se hacen más evidentes: Cuando Lain siente emoción y alegría, su aura parece brillar. Cuando siente nerviosismo fluctúa como volutas de humo, ante el temor parece diluirse un poco, las ideas de tristeza hacen que su color parezca más opaco. Solo hay algo que llama mucho su atención. Ha estado mintiendo y es sobre la primera pregunta, ahí cuando durante un instante su aura se ha sobresaltado, como un latido obvio que de vez en cuando aparece. Runin expone cada uno de sus aprendizajes durante lo que, en realidad, han sido horas de entrenamiento por la tarde.
Deben rozar casi las cinco cuando ella al fin abre los ojos y los demás estiran sus cuerpos. Jalindra parece impasible, relajada, incluso un deje de satisfacción provoca que Runin sonría. ¿Es el final del camino acaso? Ha cumplido con los tres causales, al menos de la forma más básica porque deberá continuar practicando cuando se retire de la isla.
—No es Jalindra. Lo siento si eso te sienta mal, maestra. —Jalindra sonríe, niega suavemente. —Pero sé que debes estar enamorado de alguien aquí. ¿Conozco a esa persona?
—Jajaja, no, señorita Runin, para nada. —Miente. Runin ríe un poco sin poder evitarlo, Lain incluso sonríe, nervioso. —Lo ha hecho bien, señorita Runin. ¿Se queda a dormir hoy con nosotros y mañana parte? —El hombre cuestiona, levantándose y ayudando a las féminas a hacerlo también. Runin se lo piensa, al final asiente. Una noche más no matará a nadie.
La cena es amistosa, los estudiantes se reúnen, ayudan a cocinar, limpiar, emplatar. Incluso Jalindra parece sonreír más, disfrutando del momento, de las charlas, del deseo de continuar en un ambiente tan cálido. Runin disfruta del escenario dado por el grupo, bromea hacia Lain y su posible interés amoroso, durante la noche se da cuenta que es Reya, no dice nada, se lo llevará consigo como un dulce recuerdo, a la espera de que el hombre pueda confesarse un día. A la mañana siguiente Runin está lista para partir hacia su barco. Lleva su morral, sus cosas, frutas, incluso algo de ropa que le ha dado Jalindra. Va cargada, no importa, es lo suficiente fuerte para cargar con todo durante horas.
Un último vistazo hacia atrás le hace sonreír. Puede verla, ve perfectamente el aura de Jalindra, ve su color carmín, el considerable tamaño, su fuerza. Incluso puede notar una fluctuación, algo que durante momentos aparecía provocando duda en la morena de mirada chocolate pero que ahora puede darle nombre… orgullo. Ha entrenado a alguien más, una pirata kuja que no piensa olvidar a su maestra. Si algún día tiene suerte masterizando lo que ha aprendido, le gustaría regresar a contárselo, a mostrarle su progreso.
—¡Adiós, maestra! La próxima vez te presentaré a Cardan. —Porque les ha hablado sobre él. Respirando profundo se interna en un camino que la llevará hacia su tripulación. ¿Qué estarán haciendo ese grupo de locos?
Petición
Karmas
