24-08-2026, 11:05 AM
Mientras trataba de hacer una traducción instantánea del Enji-comiendo-uvas a el lenguaje común, Kibai alzó una ceja mientras veía como el comandante Juan se le acercaba (a una velocidad alta para ser un cangrejo tortuga, la verdad) diciéndole que cerrase los ojos mientas agitaba el brazo que no tenía convertido en una enorme pinza como si fuese un molinillo de café amagando con golpearlo. El mink tuvo tuvo que hacer un esfuerzo consciente por contener una risa al escuchar las palabras que intercambiaban ambos marines. Desde que los había conocido hacía un par de dáis, le resultaba muy sorprendente que hubiese algo tan diferente a la férrea disciplina de la División 60, aunque sin duda eran un solplo de aire fresco de los más agradecido.
— Con todo respeto señor, para ver sus golpes teniendo en cuenta el olor a marea baja que despide, podría hacerlo con los ojos cerrados y tres vendas encima, por su acaso! — dijo el mink con alegría mientras soltaba una breve carcajada.
No obstante, lo que le había dicho el capitán Enji si había llamado mucho su antención. Recordaba lo que el Emperador Zarutsuki había dicho en la final de los Juegos, cuando el Lunarian había detenido el combate entre Shin y el bucaneer pirata porque según él su Haki le había permitido averiguar las intenciones de los dos rivales. Dejando el plato de fruta a un lado, recogió todos los huvos revueltos con una mano y se lo llevó a la boca, tragandolo todo en apenas un par de bocados. Limpiándose los bigotes con el dorso de la mano izquieda, Kibai se puso en pie, tocándose la cicatriz del vientre, que le había enviado un pequeño latigazo de dolor. A pesar de que ya podía ponerse en pie y hacer una vida normal, lo cierto es que aún de vez en cuando le daba alguna molestia que otra.
— Señor, pueden contar conmigo, no será lo mismo que darnos todos de golpes en la arena del coliseo de los Juegos, pero estoy seguro de que seremos muchos más fuertes tras esto.
Con una expresión de fingida solemnidad, el mink adoptó una posición de firmes, hinchando el pecho a la vez que alzaba la barbilla.
— De modo que puede incluirme entre sus alumnos, Enji-senséi!
Kibai se mantuvo en aquella posición, aguardando las respuestas de parte del gyojin cangrejo y del humano peliblanco.
— Con todo respeto señor, para ver sus golpes teniendo en cuenta el olor a marea baja que despide, podría hacerlo con los ojos cerrados y tres vendas encima, por su acaso! — dijo el mink con alegría mientras soltaba una breve carcajada.
No obstante, lo que le había dicho el capitán Enji si había llamado mucho su antención. Recordaba lo que el Emperador Zarutsuki había dicho en la final de los Juegos, cuando el Lunarian había detenido el combate entre Shin y el bucaneer pirata porque según él su Haki le había permitido averiguar las intenciones de los dos rivales. Dejando el plato de fruta a un lado, recogió todos los huvos revueltos con una mano y se lo llevó a la boca, tragandolo todo en apenas un par de bocados. Limpiándose los bigotes con el dorso de la mano izquieda, Kibai se puso en pie, tocándose la cicatriz del vientre, que le había enviado un pequeño latigazo de dolor. A pesar de que ya podía ponerse en pie y hacer una vida normal, lo cierto es que aún de vez en cuando le daba alguna molestia que otra.
— Señor, pueden contar conmigo, no será lo mismo que darnos todos de golpes en la arena del coliseo de los Juegos, pero estoy seguro de que seremos muchos más fuertes tras esto.
Con una expresión de fingida solemnidad, el mink adoptó una posición de firmes, hinchando el pecho a la vez que alzaba la barbilla.
— De modo que puede incluirme entre sus alumnos, Enji-senséi!
Kibai se mantuvo en aquella posición, aguardando las respuestas de parte del gyojin cangrejo y del humano peliblanco.
La Caja de Pandora
